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Con la sangre no se negocia ¿o sí?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: martaruizcastillo

En España está prohibida la venta de sangre y su comercialización. Donar es un acto altruista y voluntario. Su extracción y procesamiento dependen exclusivamente de las administraciones públicas a través de la red nacional de servicios y centros de transfusión con el Ministerio de Sanidad como última “autoridad competente”, según la legislación vigente.

En Madrid, sin embargo, la polémica está servida y hay sectores que acusan al Gobierno regional de comercializar con las donaciones de sangre, de utilizar el plasma que los ciudadanos donan para ayudar a salvar vidas, como una forma encubierta de subvencionar a Cruz Roja, que cobra 67 euros cada bolsa de sangre que extrae en la calle. Esto es, al menos, lo que denuncia la Asociación de Empleados del Centro de Transfusión de Madrid (ADECETMA). Las autoridades regionales y la propia ONG niegan las acusaciones.

La culpa de todo este debate que ha sido llevado a los tribunales y a las calles con manifestaciones varias, la tiene el Convenio Específico entre el Servicio Madrileño de Salud, a través del Centro de Transfusión y el Comité Autonómico de Cruz Roja Española en la Comunidad de Madrid, firmado en diciembre de 2013 y que entró en vigor a comienzos del año siguiente. Desde entonces y hasta el 31 de julio de 2016, el Gobierno regional ya ha desembolsado 16 millones de euros a esta institución.

Es este un asunto delicado porque estamos hablando de vidas humanas, de personas que ceden, nada más y nada menos, que su sangre a cambio de nada; bueno, sí, a cambio de algo tan importante como dar vida, permitir que otras personas se recuperen de una enfermedad o de un accidente, que puedan ser sometidas a una operación y tantas otras actuaciones que se logran con este gesto, sin duda, altruista como pocos.

Atrás quedaron esos oscuros años en los que en España estaba permitida la venta de sangre, en los que las extracciones se realizaban por diferentes entidades públicas y privadas sin orden ni concierto. En Madrid se crea a mediados de los 80 el Centro de Transfusión para organizar, gestionar y unificar todo esto y dar al proceso de las donaciones la seguridad y calidad necesarias para donantes y receptores. Por eso, resulta cuanto menos alarmante la sospecha de que en la capital pueda existir en torno a esta actividad pública y gratuita un componente económico.

Esta es la tesis que mantiene ADECETMA. Sus denuncias se han hecho eco entre colectivos que defienden la sanidad pública y critican la privatización más o menos encubierta de la misma por parte del Gobierno regional, como Marea Blanca, con denuncias por escrito y en forma de protesta en las calles de la capital y la propia ADECETMA con campañas propias.

Campaña contra la venta de sangre. (Autor: ADECETMA)
Campaña contra la venta de sangre. (Autor: ADECETMA)

“Esto es algo que sólo ocurre en Madrid”, asegura la portavoz de la Asociación, Deli Edreira, que nos cuenta que en ese proceso de unificación de la gestión de todo lo que tenía que ver con la hemodonación, todas las organizaciones que extraían sangre se fusionaron en torno a la Unidad de Centro de Transfusión (UCT). Todas menos Cruz Roja. “Por algún motivo que nunca hemos entendido, Cruz Roja seguía extrayendo sangre, procesando y distribuyéndola paralelamente a la UCT. Eso fue así durante veintitantos años y en diciembre de 2013 la Comunidad de Madrid dice que va a firmar un convenio, que ya está cerrado, que sólo falta la firma con Cruz Roja para que sea ésta la que se encargue de la extracción de sangre en los puntos de calle”. En dicho convenio se le da a la ONG la exclusividad en cuanto a extracciones en la vía pública.

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Mujer protesta con la frase “Yo la dono, no la vendas” en Madrid durante una manifestación (Autor: Susana Vera / Reuters)

Desde el Servicio Madrileño de Salud, un portavoz rechaza una por una las críticas de quienes cuestionan el fondo del convenio. Explica que antes de dicho acuerdo, en la Comunidad de Madrid había dos unidades que gestionaban las donaciones de sangre, el Banco Público y Cruz Roja. “Eso en el panorama nacional era una anomalía, en el sentido de que es la Administración la responsable de la gestión de las donaciones y de los derivados de la sangre y demás”. Para acabar con dicha anomalía y teniendo en cuenta “el buen trabajo de Cruz Roja, y en especial el que atañe a la donación en vía pública, se consideró que una buena forma de integrar esa actividad y que hubiera un solo banco público, que el es Centro de Transfusión, Cruz Roja continuara con su actividad a través de un convenio”. Lo que la Consejería mantiene es que “es una actividad de la administración que, como otras, se realiza a través de una concesión a una entidad que, en este caso, es una ONG, no una empresa”.

GASTOS ¿QUÉ GASTOS?

“Con lo que no estamos de acuerdo es con ese detalle. ¿Por qué tiene que ser Cruz Roja la que extraiga la sangre?”, se pregunta la representante de ADECETMA, para quien lo lógico hubiera sido que fuera el propio Centro de Transfusión, de carácter público, el que absorbiera la actividad que está realizando Cruz Roja. Edreira va más allá al apuntar que el verdadero problema es que la Comunidad de Madrid, con el dinero de todos los madrileños, “está pagando 67 euros por cada bolsa de sangre que aporta” la ONG.

¿67 euros por qué?, preguntamos al portavoz del Servicio Público de Salud de Madrid. “Esa es la valoración que se ha hecho del coste. Incluye el combustible, los salarios, algunos materiales – otros no, porque son del Centro de Transfusiones –  y recursos. Se hace un baremo y se establece por unidad, y lo que da es 67 euros”, responde. ¿Cruz Roja no gana nada?, preguntamos. “¡Claro que no! Porque si ganara sería una actividad comercial. No puede ganar nada y no gana nada. Está establecido así y baremado así para que sea así, pero, lógicamente, esa actividad tiene un coste que se repercute para que la entidad pueda llevar a cabo esa actividad”.

Bolsas de sangre donadas. (Autor: Michaela Rehel / Reuters)

Para ADECETMA, la respuesta no aclara nada. “Eso lo dicen pero no lo demuestran. Nosotros, desde que empezó todo el proceso estamos hartos de solicitarles a través de numerosas vías, a través de un juez, a través de la Consejería, información sobre los gastos. Esa cantidad, esos 67 euros ¿en concepto de qué? ¿Por qué se ha llegado a esa cantidad? ¿Por qué son 67 y no 90 ó 30? Pero no conseguimos que nos lo expliquen. Lo único que dicen es que tienen que soportar los gastos. Evidentemente, los habrá, pero nosotros decimos: unidades móviles son las de la Comunidad de Madrid, que se las han cedido; el material para hacer la extracción de sangre se les cede también gratuitamente, es decir, lo compra el Centro de Transfusión y se les suministra. Lo paga el Centro de Transfusión, lo pagamos todos los madrileños”, comenta Edreira.

Ni siquiera en el tema de los sueldos la Asociación está de acuerdo con lo que dice la Consejería. “Y luego, efectivamente, hay que pagar al personal que realiza esa actividad. Pero eso tampoco nos convence demasiado porque aquí, en el Centro de Transfusión, el personal que estaba realizando esa actividad se le ha quitado de la ubicación donde estaba para dárselo a Cruz Roja. Así que no hubiera sido necesario si esto hubiera seguido siendo un servicio público. No hubiera sido necesario pagar a una segunda persona para hacer lo mismo que hacía la primera. Es quitar a unos para poner a otros”.

Cruz Roja ha salido al paso también de este debate. Ya lo hizo en su día con una ilustrativa nota de prensa que nos reenvían ahora en la que, entre otras cosas, asegura que “Cruz Roja jamás ha hecho ni hará negocio con esto”. Su experiencia en más de 161 países trabajando en este ámbito lo confirma. Pero, aunque sea altruista tiene un coste, indica la ONG. ¿Qué coste? “De contratación de profesionales sanitarios que garanticen el proceso de la hemodonación, de mantenimiento de autobuses, de compra de material… La Comunidad de Madrid cuantifica estos costes y, en nuestro caso, ha calculado una tarifa de 67 euros por bolsa de sangre”. Una cantidad que la propia entidad asegura que es insuficiente ya que la actividad le resulta “deficitaria”. Otra cosa es que, como dice, tenga todo el derecho a recuperar parte de los costes a través de esos 67 euros.

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Cruz Roja explica en qué gasta los 67 euros que le paga la Comunidad de Madrid por cada bolsa de sangre (Autor: Cruz Roja)

Sospechas

La pregunta es: ¿por qué se firma un convenio con Cruz Roja cuando existe una entidad pública que puede hacer ese mismo trabajo y que lo hacía sin sobrecoste, teniendo en cuenta que el Centro de Transfusión tiene el personal adecuado y es en el propio centro donde esa sangre extraída por Cruz Roja se procesa y se distribuye a los hospitales?

El portavoz de la Sanidad Pública Madrileña explica que “partimos de una situación en la que hay una entidad, una ONG con mucho arraigo que es Cruz Roja, con un funcionamiento muy bueno, sobre todo en donaciones en vía pública, que obtenía muchísimo más que el Centro de Transfusión”; a esto se añade que en el Centro “no se contaba con el personal suficiente como para asumir la actividad que tenía Cruz Roja, y en lugar de decidir que todo lo asuma el Centro y decir ‘se acabó la actividad de Cruz Roja porque sí’, se entendió que era mejor unificar las dos actividades, siempre siendo actividad de la administración”. Insiste mucho el portavoz en que se optó por el convenio porque “Cruz Roja tenía más actividad y lo hacía muy bien”; un convenio como “cualquier otro de la administración”, puntualiza.

Por ejemplo y, para que se entienda mejor, explica que en el caso de la drogodependencia, muchísimas actividades de prevención y asistencia las realizan ONGs y “no son subvenciones, son convenios, son contratos, y no pasa absolutamente nada, y es obligación y es titularidad de la administración hacer esa labor”. “Es que en ese caso, si sabemos que las madres contra la droga en tal sitio llevan tiempo haciendo esa labor y son las que mejor lo hacen, pues se les concede esa actividad pero con las directrices y la cobertura que hay que dar y que es de la Administración”, insiste.

Volviendo al tema de las donaciones de sangre subraya que “cuando la realidad es que tienes una ONG que está haciendo un gran trabajo y especialmente en lo que es donación en vía pública, se valora y se decide que la mejor forma de integrar ambas actividades de la administración, pero que se hagan aparte, sea a través de un convenio con quien lo está haciendo en mayor volumen y muy bien. Ya está”. Esto no significa que el Centro de Transfusión lo fuera a hacer mal, puntualiza, pero “se valoró el hecho de que Cruz Roja tenía más peso en vía pública, una imagen más potente, y mucha más presencia en aquel momento que el Centro de Transfusión y por eso se decidió que se quedara con eso”.

Bolsas de sangre de donaciones. (Autor: Michaela Rehel / Reuters)
Tubos de ensayo en un centro de la Cruz Roja. (Autor: Gary Cameron / Reuters)

ADECETMA pone en duda esta explicación. “Eso no es verdad porque el Centro de Transfusión funcionaba con unos niveles de calidad muy altos, con lo cual lo único que chirriaba era que se estuviera haciendo por dos vías. La solución habría sido que se absorbiera por el Centro lo que estaba haciendo Cruz Roja”. Aunque en la Asociación admiten que no saben “mucho más”, sí tienen sus sospechas de qué hay detrás del convenio y explican cuáles son éstas. “Si se está realizando una actividad en buenas condiciones, con excelentes resultados y de pronto alguien decide dárselo a una entidad que, no nos equivoquemos, es una entidad privada, es una empresa y funciona como tal, realizando actividades y cobrando por ellas, como subvención o como lo que sea, pero está realizando una actividad por la que cobra; si esta es la situación, nosotros lo que sospechamos y lo que puede sospechar cualquiera es que se ha hecho por el dinero; porque de alguna manera había que beneficiar económicamente a Cruz Roja, para ayudarle en su mantenimiento o lo que sea“.

En este apunto, Eli Edreira recuerda que el convenio se firmó coincidiendo con la crisis económica en España, momento en el que las subvenciones a organizaciones no gubernamentales y humanitarias se redujeron mucho. “Y Cruz Roja se vio afectada como Cáritas o cualquier otra asociación”. “Sospechamos, porque realmente nadie nos lo ha confirmado, que aquí se está funcionando por dinero” e insiste en que “realmente, no sería necesario pagar esos 67 euros por cada bolsa para que se realice la actividad porque se estaba haciendo sin necesidad de desembolsar ese dinero”. Esto es así, además, porque si un donante va a un hospital público, “ese sobre coste de 67 euros, desaparece. Porque no nos olvidemos que ese dinero se paga única y exclusivamente por extraer la sangre y llevarla al Centro de Transfusión que es el que se encarga de procesarla y distribuirla, que tiene un coste añadido. Al final, el precio de la bolsa es mucho más que esos 67 euros. No habría que pagar ese dinero si todo esto lo hicieran los trabajadores del Centro de Transfusiones que lo estaban haciendo”, concluye.

Vetos políticos y batalla judicial

Para el Gobierno de la Comunidad de Madrid el convenio “ha sido criticado por algunos grupos de la oposición que, en algunos casos, han llegado a que en determinados ayuntamientos de la región se esté dificultando el acceso de las unidades móviles de Cruz Roja. El portavoz de Sanidad está convencido de que la polémica se ha politizado “y, a partir de ahí, el lío”. Toda actividad tiene unos costes pero “claro, cuando hablas de dinero parece que el discurso como que se corrompe, pero está la gente que trabaja en Cruz Roja, el combustible de los autobuses, etcétera – pero no de ahora, sino de toda la vida – y lo mismo cuando hay una cesión de compuestos sanguíneos de una comunidad a otra, los costes repercuten, de siempre, y eso no significa que haya una ganancia, que haya un beneficio o que haya una actividad comercial porque no la hay, entre otras cosas porque en España está prohibido desde los años 80”. Además, añade, al hablar de costes, parte de los trabajadores del Centro de Transfusión o de representantes sindicales no estaban de acuerdo por su propio interés o por lo que ellos defiendan, y se generó un poco este debate que lleva años”.

No sólo no supone ningún problema, asegura el portavoz, sino que la gestión de las donaciones a partir del convenio “funciona correctamente”, hasta el punto que “la Comunidad de Madrid este año pasado, por primera vez estaba en autoabastecimiento prácticamente de forma global; de forma puntual hacemos llamamientos a la donación, de siempre. Pero de forma global, prácticamente no tenemos que solicitar absolutamente nada a ninguna otra Comunidad Autónoma y eso antes no era así. Es decir, que el funcionamiento real último está siendo muy bueno”. E insiste en que “se ha politizado, se ha mezclado, se ha querido confundir lo que son unos costes que se bareman y que se repercuten, porque así tiene que ser, con una actividad comercial que no existe”.

Unidad Móvil de Cruz Roja
Unidad Móvil de Cruz Roja (Autor: cruzroja3cantos.blogspot.com)

Nos cuenta también que los críticos no dicen que “en virtud de este convenio la actividad de procesado de sangre y distribución de sus derivados dejó de hacerlo Cruz Roja para hacerlo el Centro de Transfusión”. Es cierto que el Centro ya lo hacía pero también es verdad que la ONG tenía su propio laboratorio y toda esa actividad dejó de hacerla. “Lo que quiero decir es que no es un convenio de cesión de una actividad, es un convenio en el que una ONG deja de hacer una actividad para que la asuma la administración porque ésta tiene más recursos“. “Quizá no lo hemos sabido contar”, admite después de explicar que el convenio, en definitiva, lo que hace es un reparto de tareas.

Más allá de este debate, lo que preocupa a los responsables de la Sanidad Pública de la Comunidad es la actitud de algunos ayuntamientos de la región con las donaciones en puntos de calle. “Lo grave es que para oponerse al convenio se dificulte el acceso de unidades móviles a determinados ayuntamientos“. ¿Eso está ocurriendo?, preguntamos alarmados. “Sí, claro. Hay cuatro o cinco municipios, el primero fue San Fernando de Henares, luego Mejorada, no sé si Velilla…todos del Corredor del Henares”. Unas actuaciones con las que no está de acuerdo el Partido Socialista en la Asamblea, según cuentan desde la Consejería de Sanidad, a pesar de que “algún ayuntamiento socialista con apoyo de Podemos también ha entrado en esto”. “Entendemos que puedes estar más o menos de acuerdo con el convenio, a pesar de que nos hemos desgañitado explicándolo; será mejorable o no, pero no se comercializa nada; lo que es terrible es no dejar a tus ciudadanos que tengan esa opción de donar sangre porque en esos municipios no hay hospital, no hay punto de donación fijo”.

El convenio de la discordia tiene una duración de seis años. Cruz Roja seguirá cobrando 67 euros por bolsa de sangre extraída en la calle durante otros tres años lo que supondrá unos 52 millones de euros, según cálculos de la ADECETMA. Donar seguirá siendo una actuación voluntaria y altruista, más allá del debate político.

El asunto, mientras, permanece abierto a la espera del recurso ante el Tribunal Supremo presentado recientemente por los trabajadores del Centro de Transfusiones, después de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazara en abril un recurso contra el acuerdo. Los motivos para no admitir la demanda no dejan de ser sorprendentes puesto que en la resolución, la justicia de Madrid considera que el convenio denunciado “no repercute directamente” en los intereses de los empleados del citado organismo público. Ni siquiera entró a valorar el fondo de la denuncia. ADECETMA espera que el Supremo sí lo haga y estime si la denuncia tiene o no fundamento jurídico.

Donante de sangre. (Autor: donasangre.org)
Donante de sangre. (Autor: donasangre.org)

El ridículo de Harvard

Jordi Bernal

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Conocida y repetida es la sentencia de Tarradellas: “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”. No parecen los políticos independentistas actuales muy dados al recuerdo del presidente que reinstauró la Generalitat de Cataluña democrática en la los años de la Transición. El ridículo es su modo de actuar. Ridículo Junqueras cuando, sin ruborizarse ni abrocharse la americana por imperativo físico, afirmó que podía parar la economía catalana unos días sin más y más chulo que un pisador ubérrimo de uvas. La cara de los eurodiputados debió de ser inenarrable. No entro ya en el hecho de que Junqueras afirmara en otra ocasión que el torturador Miquel Badia fue un demócrata ejemplar. Como siempre, tratándose de Junqueras, la historia es pura mitomanía falsaria. De meapilas mixtificador, vamos. De programa bien-pagá-y-Soler de TV3.

Luego está el ministro de exteriores (sic) del estalinista Psuc Romeva. El nadador sin pelo ni Cheever que le escriba. El compañero de viaje borderline. Ahí está quejándose de que cazas españoles sobrevuelen cielo catalán. Una vez más, el flipe de los representantes europeos tuvo que ser considerable: un tipo que lloriquea por que las fuerzas armadas de su país realizan ejercicios militares en su espacio aéreo.

Si no fuera suficiente, superando a Nat King Cole 4% Arturo Mas, o sería Luther King, yo ya no sé, aparece en escena haciendo el clown uno de Gerona. Y dice, previo viaje pagado por usted y moi, que los EEUU son muy libres y España una cacicada decimonónica. Les recuerda, con apuntes de bachiller, los fundamentos de la democracia norteamericana. Sí, esa que no admite segregaciones ni deslealtades tejanas ni tonterías de pastelero. Se le olvida apuntar al convergente que, en Cataluña, se utiliza el calificativo “unionista” como estigma. Y que su Frente de Liberación Popular para un referéndum se basa en un pacto con comunistas que quieren acabar con la democracia liberal.

También se le olvida, en Harvard oh yeah y pagado por usted y moi, al pastelero de Gerona recordar que la soberanía de España, al igual que la de Estados Unidos, reside en el conjunto de sus ciudadanos. Valor de ley, si atendemos a la formación cultural puramente yanqui.

No se puede ir por la vida haciendo el ridículo, pastelero. Incluso más acá de la política.

El viejo topo se hace europeísta

Juan Claudio de Ramón

Se critica el decorado: algunos lo quieren minimalista; otros, suntuoso. Casi todos coinciden en que falla la iluminación, pero cada uno pondría el foco en un lugar distinto. El encargado de la tramoya, que se ha ido complicando a lo largo de los años, está bajo constante escrutinio. El casting suscita comentarios de todo tipo, aunque hay consenso en que los intérpretes de antaño tenían más grandeza. Un desarrollo interesante es que cada vez se presta más atención a los actores secundarios, e incluso sucede que alguien a quien se creía figurante concentra de pronto todas las miradas. Sobre todo, preocupa el guion: según una influyente escuela de comentaristas, le falta dramatismo y le sobran acotaciones. No se atiene a moldes conocidos: no está claro si es comedia del arte o teatro épico; más parece que se está inventando un nuevo género. Sobre todo, la trama ha dejado de avanzar. Algunos sospechan, aunque no se atreven a decirlo, que el problema está en un público filisteo que no entiende: habría que evacuar el patio de butacas, o mejor aún, representar la obra a telón bajado. Los espectadores creen, en cambio, que es el director el que no entiende nada y están como locos por traspasar la cuarta pared.

Da igual. El caso es que todos hablan de lo mismo. La Unión Europea es ya la única obra en cartel, the only show in town, como se dice en inglés. La utopía tecnocrática de un puñado de altos funcionarios de los años cincuenta se ha colado en los bares de todo el continente. En Europa se habla, en suma, de Europa, dato que no parece condecirse con prematuras actas de fallecimiento. Por una suerte de heterogénesis de los fines, o acaso eso que Hegel llamaba argucias de la razón, todas las amenazas existenciales de la Unión Europea están contribuyendo a generar esa conciencia europea que nos hacía falta, peso previo y necesario para la conformación de un demos europeo. Sí, un nutrido grupo de espectadores ha abandonado el palco; ahí se les ve discutiendo acaloradamente entre ellos a la salida del teatro, sin saber a dónde dirigirse ni si les hará falta paraguas. Cunde la sensación de que si finalmente la obra bajase del cartel, a los pocos días los europeos empezarían a producir el remake.

En el primer acto, los europeos se mataban; en el segundo, aprendieron a cooperar; no descartemos que al acabar el tercero, que ahora empieza envuelto en brumas, seamos los europeístas los que también podamos exclamar, admirados: ¡Bien excavado, viejo topo!

China y la búsqueda de los 14 millones de niños que 'nunca' nacieron

Redaccion The Objective

Foto: China Stringer
Reuters

China tiene la capacidad estadística para darnos sorpresas. En este país inmenso de 1.370 millones de personas han aparecido de la noche a la mañana en sentido metafórico, pues ha sido entre 2012 y 2016, otros 14 millones hasta ahora desconocidos. La cantidad es asombrosa por elevada; equivale a los habitantes de ciudades como Estambul o Londres, lo cual sería difícil de explicar que sucediera en otro país que no fuera China.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron
Un niño, en la sala de espera de un aeropuerto. | Foto: Ng Han Guan/AP Photo

El fenómeno, sin embargo, tiene una explicación. Cuando en 1979 el Partido Comunista implantó la ley del hijo único, que consistía en limitar el número de nacimientos a un hijo o hija por familia, implantó al mismo tiempo un sistema injusto y tramposo para poner freno a una cantidad de nacimientos que se escapaba del control del Estado. Durante todos estos años y hasta diciembre de 2015, las familias han tenido que pagar tasas abusivas y a todas luces discriminatorias para registrar a los hijos nacidos fuera de lo permitido. Por ejemplo, en 2012, la tasa se encontraba sobre los 40.000 dólares, una cifra difícilmente asumible para una familia media. Las estadísticas oficiales presumen que esta medida ha evitado 400 millones de nacimientos adicionales, pero reducir esta posibilidad a las familias con capacidad económica ha creado problemas que ahora comienzan a atenderse.

“La cantidad de chinos sin censar equivale a los habitantes de ciudades superpobladas como Estambul o Londres”

El resultado, casi cuarenta años después, es una masa que se agolpa para registrarse en el hukou, que es un sistema similar a nuestro censo, sin el cual un ciudadano no tiene derecho a recibir atención sanitaria, ser escolarizado o cobrar una pensión. Un ciudadano que no existe para el hukou, no existe para la Administración. Los 14 millones de ciudadanos nuevos han vivido todos estos años en la sombra, como si un documento los hubiera puesto por primera vez en el mapa, y el gobierno prevé localizarlos a todos en un plazo inferior a tres años.

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Un grupo de niños en un orfanato chino en 2007 | Foto: Elizabeth Dalziel/AP Photo

No hay vida posible sin hukou. Este documento no solo recoge el nombre y la fecha de nacimiento, sino también el número de familiares o el estado civil. Así que China ha decidido facilitar el acceso al documento reconociendo, después de todo este tiempo, que se trata de un derecho fundamental de sus ciudadanos. Y, entre estos, destacan los olvidados por la Historia reciente, como los que nacieron fuera de la ley del hijo único o aquellos que, por no tener padres, no han podido certificar su fecha de nacimiento.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti volador con albóndigas

María Hernández

Foto: aaditya sood
Flickr

Oh Tallarines que están en los cielos gourmet. Santificada sea tu harina. Vengan a nosotros tus nutrientes. Hágase su voluntad en la Tierra como en los platos. Danos hoy nuestras albóndigas de cada día y perdona nuestras gulas así como nosotros perdonamos a los que no te comen. No nos dejes caer en la tentación (de no alimentarnos de ti) y líbranos del hambre… Ramén.

Así es la oración que los pastafaris dedican a su dios, el Monstruo del Espagueti Volador (Monesvol). Ya, suena a broma, pero no lo es. La Iglesia Pastafari, también conocida como la Iglesia del Monstruo del Espagueti Volador, existe y se está intentado constituir como una religión legal en España.

¿Quiénes son los pastafaris?

Adoran a un dios formado por espaguetis y albóndigas, creen que los piratas fueron los primeros pastafaris y que el cielo tiene un volcán de cerveza y una fábrica de strippers. Su infierno es parecido, pero con cerveza pasada y strippers con enfermedades de transmisión sexual.  Los miembros de esta religión también tienen un elemento, como la cruz en el Cristianismo o el velo de las mujeres en el Islam, que los identifica y los diferencia del resto: un colador. Sí, un colador en la cabeza, suponemos que limpio, es el símbolo de quienes siguen al Monesvol.

Definen a su dios como “un ente supranatural benevolente que creó el mundo hace unos 5.000 años, cuando iba un poco borracho, aunque el mundo se ha construido para que los humanos crean que es mucho más antiguo de lo que es”.

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El Monesvol creó el mundo cuando iba algo borracho. | Foto: Doug nakatomi/flickr

“Creemos que la religión – digamos el Cristianismo, el Islam, el Pastafarianismo – no necesita una creencia literal para proveer una iluminación espiritual”, explican en su página web. Son conscientes de que no todo aquel que se declara pastafari cree ciegamente en su monstruo, su cielo de cerveza y en sus orígenes piratas, por lo que aceptan que haya muchos niveles de creencia y que ninguno sea más legítimo que otro. “No tienes que creer para ser parte de nuestra Iglesia, aunque esperamos que con el tiempo veas la verdad. Pero los escépticos, así como miembros de otras religiones, son siempre bienvenidos”, añaden.

Los orígenes del Pastafarianismo

¿A quién se le ocurrió esta extraña y cómica religión? Fue Bobby Henderson, que en 2005 era un joven estudiante de 24 años, quien creó el Pastafarianismo. Envió una carta al Consejo de Educación de Kansas, Estados Unidos, al darse cuenta de que planeaban enseñar en las escuelas la teoría alternativa del Diseño Inteligente, una postura seudocientífica que defiende que ciertas características del universo y de los seres vivos se explican mejor a través de una causa inteligente. Henderson utilizó la carta para satirizar el Creacionismo y pedir que se incluyera también en las escuelas la enseñanza sobre el Pastafarianismo, alegando que sus creencias eran tan válidas como las del Diseño Inteligente.

“No tengo ningún problema con la religión. Con lo que tengo un problema es con la religión planteada como ciencia”

“Tenemos evidencias de que un Monstruo Espagueti volador creó el universo. Ninguno de nosotros, por supuesto, estaba allí para verlo, pero tenemos informes escritos de ello. Tenemos varios grandes volúmenes explicando todos los detalles de Su poder. Además, os sorprenderá oír que somos más de 10 millones, y creciendo. Tendemos a ser muy reservados, ya que mucha gente dice que nuestras creencias no están corroboradas por evidencias observables”, decía la carta de Henderson. Al final, el estudiante incluyó un dibujo bastante simple y sarcástico del Monesvol creando el universo.

Con esta sátira, que ya se ha convertido en una religión oficial en varios países, Henderson pretendía denunciar que las religiones se enseñasen como ciencias. “No tengo ningún problema con la religión. Con lo que tengo un problema es con la religión planteada como ciencia. Si hay un dios y es inteligente, entonces supongo que tiene sentido del humor”.

¿Está reconocido el Pastafarianismo?

La carta de Henderson se hizo viral en internet, y poco después los grandes medios de comunicación se hicieron eco de su original propuesta. Poco a poco, sus apoyos fueron creciendo y este movimiento se convirtió en una religión con millones de seguidores en todo el mundo. Tanto se popularizó, que su creador decidió crear el Evangelio Pastafari, que ahora marca las guías de esta singular religión.

Adoran a un dios formado por espaguetis y albóndigas, creen que los piratas fueron los primeros pastafaris y que el cielo tiene un volcán de cerveza y una fábrica de strippers.

Sin embargo, no todos los países están de acuerdo en el que el Pastafarianismo sea una religión igual de válida que las que están reconocidas oficial o socialmente. Este debate se considera en algunos lugares de gran importancia para la libertad religiosa, y los pastafaris luchan para que se les reconozca el derecho a legalizar su particular iglesia en diferentes países del mundo.

Ya lo han conseguido en algunos países. En Holanda, por ejemplo, son reconocidos oficialmente como religión desde 2016, y en Nueva Zelanda está permitido casarse bajo los ritos pastafaris. En Austria incluso hay pastafaris que han conseguido mostrar su devoción por el Monesvol en su documento de identidad, apareciendo en la foto que los representará en cualquier documento oficial con su colador en la cabeza.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 1
Un austriaco logró aparecer en su carnet de conducir con un colador en la cabeza. | Foto: Heinz-Peter Bader/Reuters

En España, sin embargo, la Iglesia Pastafari no ha tenido tanto éxito. Ha intentado constituirse como una religión legal, pero ya se lo han denegado cuatro veces. Ellos no desisten y siguen intentando que los incluyan en el Registro de Entidades Religiosas. Tras la última negativa que recibieron, el pasado mes de enero, los pastafaris han decidido recurrir la decisión del Ministerio de Justicia a la Sala de lo Contencioso- Administrativo de la Audiencia Nacional.

Cómo ser pastafari

Los pastafaris aceptan a cualquiera, incluso a personas de otras religiones. No emiten juicios sobre temas controvertidos como el matrimonio homosexual, por lo que afirman que nadie debe sentirse discriminado y que todos son bienvenidos.

Unirse a la Iglesia del Pastafarianismo es muy sencillo, simplemente hay que tener la voluntad de hacerlo. Y, para el que quiera dar un paso más, en su página web ofrecen la posibilidad de comprar, por 25 dólares, un certificado de pastafari y, por 15 dólares más, una tarjeta similar a un documento de identidad.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 2
Los pastafaris pueden conseguir su tarjeta de miembro en la página web. | Foto: venganza.org

En definitiva, los pastafaris dan la bienvenida a cualquiera que quiera pasar la eternidad en un cielo de cerveza y strippers.

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