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Con la sangre no se negocia ¿o sí?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: martaruizcastillo

En España está prohibida la venta de sangre y su comercialización. Donar es un acto altruista y voluntario. Su extracción y procesamiento dependen exclusivamente de las administraciones públicas a través de la red nacional de servicios y centros de transfusión con el Ministerio de Sanidad como última “autoridad competente”, según la legislación vigente.

En Madrid, sin embargo, la polémica está servida y hay sectores que acusan al Gobierno regional de comercializar con las donaciones de sangre, de utilizar el plasma que los ciudadanos donan para ayudar a salvar vidas, como una forma encubierta de subvencionar a Cruz Roja, que cobra 67 euros cada bolsa de sangre que extrae en la calle. Esto es, al menos, lo que denuncia la Asociación de Empleados del Centro de Transfusión de Madrid (ADECETMA). Las autoridades regionales y la propia ONG niegan las acusaciones.

La culpa de todo este debate que ha sido llevado a los tribunales y a las calles con manifestaciones varias, la tiene el Convenio Específico entre el Servicio Madrileño de Salud, a través del Centro de Transfusión y el Comité Autonómico de Cruz Roja Española en la Comunidad de Madrid, firmado en diciembre de 2013 y que entró en vigor a comienzos del año siguiente. Desde entonces y hasta el 31 de julio de 2016, el Gobierno regional ya ha desembolsado 16 millones de euros a esta institución.

Es este un asunto delicado porque estamos hablando de vidas humanas, de personas que ceden, nada más y nada menos, que su sangre a cambio de nada; bueno, sí, a cambio de algo tan importante como dar vida, permitir que otras personas se recuperen de una enfermedad o de un accidente, que puedan ser sometidas a una operación y tantas otras actuaciones que se logran con este gesto, sin duda, altruista como pocos.

Atrás quedaron esos oscuros años en los que en España estaba permitida la venta de sangre, en los que las extracciones se realizaban por diferentes entidades públicas y privadas sin orden ni concierto. En Madrid se crea a mediados de los 80 el Centro de Transfusión para organizar, gestionar y unificar todo esto y dar al proceso de las donaciones la seguridad y calidad necesarias para donantes y receptores. Por eso, resulta cuanto menos alarmante la sospecha de que en la capital pueda existir en torno a esta actividad pública y gratuita un componente económico.

Esta es la tesis que mantiene ADECETMA. Sus denuncias se han hecho eco entre colectivos que defienden la sanidad pública y critican la privatización más o menos encubierta de la misma por parte del Gobierno regional, como Marea Blanca, con denuncias por escrito y en forma de protesta en las calles de la capital y la propia ADECETMA con campañas propias.

Campaña contra la venta de sangre. (Autor: ADECETMA)
Campaña contra la venta de sangre. (Autor: ADECETMA)

“Esto es algo que sólo ocurre en Madrid”, asegura la portavoz de la Asociación, Deli Edreira, que nos cuenta que en ese proceso de unificación de la gestión de todo lo que tenía que ver con la hemodonación, todas las organizaciones que extraían sangre se fusionaron en torno a la Unidad de Centro de Transfusión (UCT). Todas menos Cruz Roja. “Por algún motivo que nunca hemos entendido, Cruz Roja seguía extrayendo sangre, procesando y distribuyéndola paralelamente a la UCT. Eso fue así durante veintitantos años y en diciembre de 2013 la Comunidad de Madrid dice que va a firmar un convenio, que ya está cerrado, que sólo falta la firma con Cruz Roja para que sea ésta la que se encargue de la extracción de sangre en los puntos de calle”. En dicho convenio se le da a la ONG la exclusividad en cuanto a extracciones en la vía pública.

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Mujer protesta con la frase “Yo la dono, no la vendas” en Madrid durante una manifestación (Autor: Susana Vera / Reuters)

Desde el Servicio Madrileño de Salud, un portavoz rechaza una por una las críticas de quienes cuestionan el fondo del convenio. Explica que antes de dicho acuerdo, en la Comunidad de Madrid había dos unidades que gestionaban las donaciones de sangre, el Banco Público y Cruz Roja. “Eso en el panorama nacional era una anomalía, en el sentido de que es la Administración la responsable de la gestión de las donaciones y de los derivados de la sangre y demás”. Para acabar con dicha anomalía y teniendo en cuenta “el buen trabajo de Cruz Roja, y en especial el que atañe a la donación en vía pública, se consideró que una buena forma de integrar esa actividad y que hubiera un solo banco público, que el es Centro de Transfusión, Cruz Roja continuara con su actividad a través de un convenio”. Lo que la Consejería mantiene es que “es una actividad de la administración que, como otras, se realiza a través de una concesión a una entidad que, en este caso, es una ONG, no una empresa”.

GASTOS ¿QUÉ GASTOS?

“Con lo que no estamos de acuerdo es con ese detalle. ¿Por qué tiene que ser Cruz Roja la que extraiga la sangre?”, se pregunta la representante de ADECETMA, para quien lo lógico hubiera sido que fuera el propio Centro de Transfusión, de carácter público, el que absorbiera la actividad que está realizando Cruz Roja. Edreira va más allá al apuntar que el verdadero problema es que la Comunidad de Madrid, con el dinero de todos los madrileños, “está pagando 67 euros por cada bolsa de sangre que aporta” la ONG.

¿67 euros por qué?, preguntamos al portavoz del Servicio Público de Salud de Madrid. “Esa es la valoración que se ha hecho del coste. Incluye el combustible, los salarios, algunos materiales – otros no, porque son del Centro de Transfusiones –  y recursos. Se hace un baremo y se establece por unidad, y lo que da es 67 euros”, responde. ¿Cruz Roja no gana nada?, preguntamos. “¡Claro que no! Porque si ganara sería una actividad comercial. No puede ganar nada y no gana nada. Está establecido así y baremado así para que sea así, pero, lógicamente, esa actividad tiene un coste que se repercute para que la entidad pueda llevar a cabo esa actividad”.

Bolsas de sangre donadas. (Autor: Michaela Rehel / Reuters)

Para ADECETMA, la respuesta no aclara nada. “Eso lo dicen pero no lo demuestran. Nosotros, desde que empezó todo el proceso estamos hartos de solicitarles a través de numerosas vías, a través de un juez, a través de la Consejería, información sobre los gastos. Esa cantidad, esos 67 euros ¿en concepto de qué? ¿Por qué se ha llegado a esa cantidad? ¿Por qué son 67 y no 90 ó 30? Pero no conseguimos que nos lo expliquen. Lo único que dicen es que tienen que soportar los gastos. Evidentemente, los habrá, pero nosotros decimos: unidades móviles son las de la Comunidad de Madrid, que se las han cedido; el material para hacer la extracción de sangre se les cede también gratuitamente, es decir, lo compra el Centro de Transfusión y se les suministra. Lo paga el Centro de Transfusión, lo pagamos todos los madrileños”, comenta Edreira.

Ni siquiera en el tema de los sueldos la Asociación está de acuerdo con lo que dice la Consejería. “Y luego, efectivamente, hay que pagar al personal que realiza esa actividad. Pero eso tampoco nos convence demasiado porque aquí, en el Centro de Transfusión, el personal que estaba realizando esa actividad se le ha quitado de la ubicación donde estaba para dárselo a Cruz Roja. Así que no hubiera sido necesario si esto hubiera seguido siendo un servicio público. No hubiera sido necesario pagar a una segunda persona para hacer lo mismo que hacía la primera. Es quitar a unos para poner a otros”.

Cruz Roja ha salido al paso también de este debate. Ya lo hizo en su día con una ilustrativa nota de prensa que nos reenvían ahora en la que, entre otras cosas, asegura que “Cruz Roja jamás ha hecho ni hará negocio con esto”. Su experiencia en más de 161 países trabajando en este ámbito lo confirma. Pero, aunque sea altruista tiene un coste, indica la ONG. ¿Qué coste? “De contratación de profesionales sanitarios que garanticen el proceso de la hemodonación, de mantenimiento de autobuses, de compra de material… La Comunidad de Madrid cuantifica estos costes y, en nuestro caso, ha calculado una tarifa de 67 euros por bolsa de sangre”. Una cantidad que la propia entidad asegura que es insuficiente ya que la actividad le resulta “deficitaria”. Otra cosa es que, como dice, tenga todo el derecho a recuperar parte de los costes a través de esos 67 euros.

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Cruz Roja explica en qué gasta los 67 euros que le paga la Comunidad de Madrid por cada bolsa de sangre (Autor: Cruz Roja)

Sospechas

La pregunta es: ¿por qué se firma un convenio con Cruz Roja cuando existe una entidad pública que puede hacer ese mismo trabajo y que lo hacía sin sobrecoste, teniendo en cuenta que el Centro de Transfusión tiene el personal adecuado y es en el propio centro donde esa sangre extraída por Cruz Roja se procesa y se distribuye a los hospitales?

El portavoz de la Sanidad Pública Madrileña explica que “partimos de una situación en la que hay una entidad, una ONG con mucho arraigo que es Cruz Roja, con un funcionamiento muy bueno, sobre todo en donaciones en vía pública, que obtenía muchísimo más que el Centro de Transfusión”; a esto se añade que en el Centro “no se contaba con el personal suficiente como para asumir la actividad que tenía Cruz Roja, y en lugar de decidir que todo lo asuma el Centro y decir ‘se acabó la actividad de Cruz Roja porque sí’, se entendió que era mejor unificar las dos actividades, siempre siendo actividad de la administración”. Insiste mucho el portavoz en que se optó por el convenio porque “Cruz Roja tenía más actividad y lo hacía muy bien”; un convenio como “cualquier otro de la administración”, puntualiza.

Por ejemplo y, para que se entienda mejor, explica que en el caso de la drogodependencia, muchísimas actividades de prevención y asistencia las realizan ONGs y “no son subvenciones, son convenios, son contratos, y no pasa absolutamente nada, y es obligación y es titularidad de la administración hacer esa labor”. “Es que en ese caso, si sabemos que las madres contra la droga en tal sitio llevan tiempo haciendo esa labor y son las que mejor lo hacen, pues se les concede esa actividad pero con las directrices y la cobertura que hay que dar y que es de la Administración”, insiste.

Volviendo al tema de las donaciones de sangre subraya que “cuando la realidad es que tienes una ONG que está haciendo un gran trabajo y especialmente en lo que es donación en vía pública, se valora y se decide que la mejor forma de integrar ambas actividades de la administración, pero que se hagan aparte, sea a través de un convenio con quien lo está haciendo en mayor volumen y muy bien. Ya está”. Esto no significa que el Centro de Transfusión lo fuera a hacer mal, puntualiza, pero “se valoró el hecho de que Cruz Roja tenía más peso en vía pública, una imagen más potente, y mucha más presencia en aquel momento que el Centro de Transfusión y por eso se decidió que se quedara con eso”.

Bolsas de sangre de donaciones. (Autor: Michaela Rehel / Reuters)
Tubos de ensayo en un centro de la Cruz Roja. (Autor: Gary Cameron / Reuters)

ADECETMA pone en duda esta explicación. “Eso no es verdad porque el Centro de Transfusión funcionaba con unos niveles de calidad muy altos, con lo cual lo único que chirriaba era que se estuviera haciendo por dos vías. La solución habría sido que se absorbiera por el Centro lo que estaba haciendo Cruz Roja”. Aunque en la Asociación admiten que no saben “mucho más”, sí tienen sus sospechas de qué hay detrás del convenio y explican cuáles son éstas. “Si se está realizando una actividad en buenas condiciones, con excelentes resultados y de pronto alguien decide dárselo a una entidad que, no nos equivoquemos, es una entidad privada, es una empresa y funciona como tal, realizando actividades y cobrando por ellas, como subvención o como lo que sea, pero está realizando una actividad por la que cobra; si esta es la situación, nosotros lo que sospechamos y lo que puede sospechar cualquiera es que se ha hecho por el dinero; porque de alguna manera había que beneficiar económicamente a Cruz Roja, para ayudarle en su mantenimiento o lo que sea“.

En este apunto, Eli Edreira recuerda que el convenio se firmó coincidiendo con la crisis económica en España, momento en el que las subvenciones a organizaciones no gubernamentales y humanitarias se redujeron mucho. “Y Cruz Roja se vio afectada como Cáritas o cualquier otra asociación”. “Sospechamos, porque realmente nadie nos lo ha confirmado, que aquí se está funcionando por dinero” e insiste en que “realmente, no sería necesario pagar esos 67 euros por cada bolsa para que se realice la actividad porque se estaba haciendo sin necesidad de desembolsar ese dinero”. Esto es así, además, porque si un donante va a un hospital público, “ese sobre coste de 67 euros, desaparece. Porque no nos olvidemos que ese dinero se paga única y exclusivamente por extraer la sangre y llevarla al Centro de Transfusión que es el que se encarga de procesarla y distribuirla, que tiene un coste añadido. Al final, el precio de la bolsa es mucho más que esos 67 euros. No habría que pagar ese dinero si todo esto lo hicieran los trabajadores del Centro de Transfusiones que lo estaban haciendo”, concluye.

Vetos políticos y batalla judicial

Para el Gobierno de la Comunidad de Madrid el convenio “ha sido criticado por algunos grupos de la oposición que, en algunos casos, han llegado a que en determinados ayuntamientos de la región se esté dificultando el acceso de las unidades móviles de Cruz Roja. El portavoz de Sanidad está convencido de que la polémica se ha politizado “y, a partir de ahí, el lío”. Toda actividad tiene unos costes pero “claro, cuando hablas de dinero parece que el discurso como que se corrompe, pero está la gente que trabaja en Cruz Roja, el combustible de los autobuses, etcétera – pero no de ahora, sino de toda la vida – y lo mismo cuando hay una cesión de compuestos sanguíneos de una comunidad a otra, los costes repercuten, de siempre, y eso no significa que haya una ganancia, que haya un beneficio o que haya una actividad comercial porque no la hay, entre otras cosas porque en España está prohibido desde los años 80”. Además, añade, al hablar de costes, parte de los trabajadores del Centro de Transfusión o de representantes sindicales no estaban de acuerdo por su propio interés o por lo que ellos defiendan, y se generó un poco este debate que lleva años”.

No sólo no supone ningún problema, asegura el portavoz, sino que la gestión de las donaciones a partir del convenio “funciona correctamente”, hasta el punto que “la Comunidad de Madrid este año pasado, por primera vez estaba en autoabastecimiento prácticamente de forma global; de forma puntual hacemos llamamientos a la donación, de siempre. Pero de forma global, prácticamente no tenemos que solicitar absolutamente nada a ninguna otra Comunidad Autónoma y eso antes no era así. Es decir, que el funcionamiento real último está siendo muy bueno”. E insiste en que “se ha politizado, se ha mezclado, se ha querido confundir lo que son unos costes que se bareman y que se repercuten, porque así tiene que ser, con una actividad comercial que no existe”.

Unidad Móvil de Cruz Roja
Unidad Móvil de Cruz Roja (Autor: cruzroja3cantos.blogspot.com)

Nos cuenta también que los críticos no dicen que “en virtud de este convenio la actividad de procesado de sangre y distribución de sus derivados dejó de hacerlo Cruz Roja para hacerlo el Centro de Transfusión”. Es cierto que el Centro ya lo hacía pero también es verdad que la ONG tenía su propio laboratorio y toda esa actividad dejó de hacerla. “Lo que quiero decir es que no es un convenio de cesión de una actividad, es un convenio en el que una ONG deja de hacer una actividad para que la asuma la administración porque ésta tiene más recursos“. “Quizá no lo hemos sabido contar”, admite después de explicar que el convenio, en definitiva, lo que hace es un reparto de tareas.

Más allá de este debate, lo que preocupa a los responsables de la Sanidad Pública de la Comunidad es la actitud de algunos ayuntamientos de la región con las donaciones en puntos de calle. “Lo grave es que para oponerse al convenio se dificulte el acceso de unidades móviles a determinados ayuntamientos“. ¿Eso está ocurriendo?, preguntamos alarmados. “Sí, claro. Hay cuatro o cinco municipios, el primero fue San Fernando de Henares, luego Mejorada, no sé si Velilla…todos del Corredor del Henares”. Unas actuaciones con las que no está de acuerdo el Partido Socialista en la Asamblea, según cuentan desde la Consejería de Sanidad, a pesar de que “algún ayuntamiento socialista con apoyo de Podemos también ha entrado en esto”. “Entendemos que puedes estar más o menos de acuerdo con el convenio, a pesar de que nos hemos desgañitado explicándolo; será mejorable o no, pero no se comercializa nada; lo que es terrible es no dejar a tus ciudadanos que tengan esa opción de donar sangre porque en esos municipios no hay hospital, no hay punto de donación fijo”.

El convenio de la discordia tiene una duración de seis años. Cruz Roja seguirá cobrando 67 euros por bolsa de sangre extraída en la calle durante otros tres años lo que supondrá unos 52 millones de euros, según cálculos de la ADECETMA. Donar seguirá siendo una actuación voluntaria y altruista, más allá del debate político.

El asunto, mientras, permanece abierto a la espera del recurso ante el Tribunal Supremo presentado recientemente por los trabajadores del Centro de Transfusiones, después de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazara en abril un recurso contra el acuerdo. Los motivos para no admitir la demanda no dejan de ser sorprendentes puesto que en la resolución, la justicia de Madrid considera que el convenio denunciado “no repercute directamente” en los intereses de los empleados del citado organismo público. Ni siquiera entró a valorar el fondo de la denuncia. ADECETMA espera que el Supremo sí lo haga y estime si la denuncia tiene o no fundamento jurídico.

Donante de sangre. (Autor: donasangre.org)
Donante de sangre. (Autor: donasangre.org)

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Navidad obscena

Manuel Arias Maldonado

Foto: JON NAZCA
Reuters

En Navidad, de un tiempo a esta parte, uno siente nostalgia de la Navidad. O sea, de la Navidad tal como era antes o como uno la recuerda: breve, concentrada, sintética. Su modesta estructura se componía de una semana preparatoria y una quincena de ejecución: desde las vísperas de la lotería hasta la comida de Reyes. Se parecían, o querían parecerse, al anuncio de turrones El Almendro que rodó Víctor Erice: sentimentales pero austeras, representaban un breve descanso organizado alrededor de la idea de la reunificación familiar. Su contención las hacía soportables, hasta el punto de que uno no dudaba en darles una cautelosa bienvenida.

Ahora, en cambio, se hace difícil no estar de acuerdo con los neomarxistas que denuncian la colonización mercantil del mundo de la vida. Por más que uno comprenda la importancia del consumo privado para la buena salud de la economía, parecemos empeñados en dar la vuelta a la conocida inscripción de Delfos que recomienda vivir sin excesos. ¡Todo en demasía! El calendario es implacable: la maquinaria estético-comercial navideña se activa con el así llamado Black Friday en la última semana de noviembre, momento en que también suele procederse al cada vez más melodramático alumbrado de nuestras ciudades, después se intensifica durante el largo puente de diciembre y aún incrementa su presión -formidables descuentos mediante- cuando se acercan las fechas marcadas en rojo en el calendario oficial. En paralelo, se suceden los ágapes: la moda imparable de las comidas navideñas -sean de empresa, gimnasio o asociación excursionista- atraviesa todo diciembre dejando tras de sí un rastro de matasuegras y éxitos de los 80.

De manera que bajo el fulgor deslumbrante de las bombillas LED, compradores y festejantes se amontonan en unos centros urbanos intransitables durante seis semanas orgiásticas. Los tiempos cambian: hemos pasado de Erice a Amenábar. Para cuando llega la cena de Nochebuena, no digamos la Nochevieja, el agotamiento es total: uno solo desea que el rápido curso del tiempo le transporte pronto al escenario posvacacional. Y uno siente, sí, una punzada de nostalgia por las viejas Navidades. Aunque se pregunta, también, si no será él quien se está haciendo viejo.

Continúa leyendo: El último gag de Andy Kaufman

El último gag de Andy Kaufman

Jaime G. Mora

Foto: CLAUDIO ONORATI
AP

‘Jim & Andy’ es un documental perturbador. Relata la interpretación que hizo Jim Carrey de Andy Kaufman en la película ‘Man on the Moon’, que se estrenó en 1999, cuando Carrey era una estrella de Hollywood, y no ese tipo desquiciado al que acusan de haberle contagiado tres enfermedades sexuales a su exnovia. Hace veinte años Carrey era una estrella de Hollywood, decía, y Milos Forman lo eligió como protagonista del filme. Había pasado más de una década de la muerte del comediante Kaufman y era hora de llevar su vida a las salas de cine. Kaufman no se veía como un humorista. decía que nunca había contado un chiste y se consideraba más bien un “artista de variedades”.

Kaufman no buscaba hacer reír a la gente, sino provocar, y lo llevaba todo al extremo, aunque eso supusiera ganarse el odio de seguidores y ejecutivos. Los que le aplaudían y los que le pagaban, casi nada. Uno de sus ‘números’ más recordados tuvo lugar en pleno movimiento feminista: se le ocurrió organizar peleas de “lucha libre” con mujeres, a las que mandaba a casa a fregar y cuidar de los niños. Hacía todo lo posible, ya fuera en la televisión o en el ring, para enfurecerlas. Era un personaje excesivo para todo, incluso para morir: una variante muy rara del cáncer de pulmón se lo llevó por delante cuando solo tenía 35 años. Lo intentó curar con “medicina natural” y con la ayuda de chamanes.

Jim Carrey, para interpretar su papel, optó por hacer de Kaufman a todas horas, también después del “corten”, y todo aquello quedó grabado. El documental, disponible en Netflix después de haberle quitado el polvo a esas viejas cintas, muestra cómo fue aquel rodaje tan delirante. Se ven las caras de incredulidad de los actores cuando descubren la actitud del actor en el set, la impotencia inicial del director de la película, que no sabe cómo tratar a Carrey, o más bien a Kaufman. Carrey se presentó desde el minuto uno como Andy, y se relacionó con sus compañeros como si fuera su personaje: gritando, disfrazándose, llevando al plató a los Ángeles del Infierno…

“Estaba en Malibú, mirando el océano y pensando: ¿Dónde estará ahora Andy? ¿Qué estará haciendo?”, dice Carrey al recordar los días previos al rodaje. “De repente, Andy Kaufman apareció, me tocó el hombro y me dijo: puedes descansar. Yo haré mi película”. El hilo conductor del documental es una entrevista al actor, que habla fijamente a cámara, sin apenas moverse, con una barba poblada que lo aleja de esa imagen con la que triunfó en los años 90. Dice cosas como “Andy me poseyó, hasta tal punto que llegué a pensar que nunca me liberaría de él”, “A veces no puedo dormir porque siento que he salido de mi cuerpo y solo soy una nube de amor y gratitud y energía” “No somos nada. Y tener eso claro es increíblemente liberador”.

Hacer de Kaufman a todas horas, dice Carrey, lo llevó a dudar incluso de su propia identidad. Cuando acabó la película se sintió vacío, como si él no fuera nadie. ¿Quiénes somos? ¿Somos en realidad quienes creemos ser? En estas reflexiones sobre la identidad se ve que Carrey lleva años haciendo meditación, su remedio para luchar contra la depresión. Pero más que estos desvaríos espirituales, lo interesante de la cinta es ver hasta dónde llegó Carrey haciendo de Kaufman en la vida real. Se plantó sin ningún complejo en la casa de Steven Spielberg para hablar con él, sal en las noticias un incidente que tuvo con otro actor durante la grabación, se plantó en una fiesta en la mansión Playboy como si fuera uno de los personajes de Kaufman…

Carrey convirtió todo el rodaje de ‘Man on the Moon’ en un gag de Kaufman, que para eso lo grabó todo. El último gag de Kaufman. Puede que Carrey sea un lunático, desde luego lo parece, pero es un lunático brillante.

Continúa leyendo: Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 2
Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

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Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

Continúa leyendo: Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

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