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Cuatro millones de personas mueren cada año por no tener acceso a un váter

Lidia Ramírez

Foto: Lidia Ramirez

De los más de siete mil millones de habitantes de la Tierra, unos seis mil millones tienen móvil. Pero hoy, en pleno siglo XXI, unos 2.500 millones de personas, la mayoría en zonas rurales, no tienen un inodoro en el lugar donde viven, y unos 1.100 millones –el 15% de la población mundial– todavía defecan al aire libre, es decir, en campos, cunetas o vías de tren, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ello, desde 2013, cada 19 de noviembre se celebra el Día Mundial del Retrete. Así lo estableció la ONU en un intento de crear conciencia sobre la importancia del acceso a servicios básicos de saneamiento.

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Y es que detrás del humor relacionado con los inodoros y los excrementos y a la cantidad de memes que este día dará lugar, existen hechos y cifras muy serios que reflejan claramente por qué 100 países —desde Afganistán hasta Vietnam— se reunieron para aprobar la resolución que consagraba un Día Mundial del Retrete. Desde Acción contra el Hambre nos cuentan que cuatro millones de personas mueren cada año –más de 7.500 al día– como consecuencia de las agudas diarreas que sufren provocadas por la carencia y ausencia de condiciones higiénico-sanitarias a la hora de defecar. “De esas cuatro millones de personas, un millón y medio son niños menores de cinco años”, nos apunta Pablo Alcalde, responsable de Agua y Saneamiento e Higiene de la organización internacional. Esto se traduce en más de 1.800 muertes de pequeños por día por enfermedades diarreicas debido a la falta de saneamiento, –únicamente la neumonía y las infecciones respiratorias son más mortales–. Además, no podemos olvidar el peligro al que quedan expuestas más de 527 millones de mujeres y niñas que no tienen más elección que hacer sus necesidades al aire libre y que a menudo son violadas cuando tienen que buscar un sitio más íntimo.

(Thomas Mukoya/Reuters)
Un retrete al aire libre en Abiyán, ciudad principal de Costa de Marfil. (Foto: Thomas Mukoya/Reuters)

10 millones de virus

Esa es la cantidad que puede encontrarse en tan solo 1 gramo de heces. Y, sin embargo, cada día, prácticamente 2.000 millones de toneladas de excrementos humanos, con una cantidad vertiginosa de virus, bacterias y huevos de lombrices potenciales, se esparcen por nuestro planeta con el riesgo de ser pisados, tocados o ingeridos a través del agua o los alimentos.

1.800 niños mueren cada día por enfermedades diarreicas 

Un niño lleva un envase plástico para llenar de agua cerca de un vertedero en Bombai, India. (Foto: Arko Datta/Reuters)
Un niño lleva un envase de plástico para llenar de agua cerca de un vertedero en Bombai, India. (Foto: Arko Datta/Reuters)

La Organización Mundial del Retrete (worldtoilet.org), el único organismo mundial dedicado única y exclusivamente a la mejora de las condiciones de aseo y saneamiento en todo el mundo, ha sido pionera en la creación de SaniShop, una empresa social cuyo objetivo es la mejora de las condiciones de saneamientos mediante la potenciación de los empresarios locales. La organización comenzó su enfoque basado en el mercado en Camboya en 2009 en colaboración con la Universidad de Carolina del Norte. Desde entonces SaniShop Camboya ha construido 11.211 letrinas en los hogares y formado a más de 500 albañiles para que puedan construir  letrinas de bajo coste y de alta calidad con materiales locales. Del mismo modo, SaniShop India ha levantado 889 aseos y ahora expande también su proyecto en Mozambique, sobre todo, en áreas periurbanas de la ciudad de Maputo.

Trabajadores de SaniShop trabajando en la instalación de una letrina. (Foto: worldtoilet.org)
Voluntarios de SaniShop trabajando en la instalación de una letrina. (Foto: worldtoilet.org)

De este modo la labor de la ONG, que en 2015 logró recaudar más de 200.000 euros mediante donaciones y actividades, se extiende alrededor del mundo con un importante trabajo en escuelas, donde parece ser que este derecho humano ha sido olvidado.

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Mediante el programa World Toilet College (WTC), la asociación intenta acabar con esta carencia. Según el censo de 2011, 400.000 escuelas en la India no cuentan con un sanitario, lo que hace que el 23% de las niñas abandonen sus estudios. También en China el dato es alarmante, ya que sólo el 62% de los colegios tienen baño y algunos, sobre todo en zonas rurales, son viejos, antihigiénicos y no están conectados a un sistema de descarga. Un estudio llevado a cabo por UNICEF constató que sólo el 69% de las escuelas de todo el mundo disponen de instalaciones de saneamiento.

Por otro lado, en Camboya han puesto en marcha una campaña crowdfunding, StartSomeGood, para construir letrinas flotantes llamadas Handy Pod que procesan los excrementos y reducen el número de patógenos hasta casi eliminar el riesgo al bañarse. Y es que para las familias y los niños que viven allí, los residuos humanos se vierten en el mismo agua, fuente que utilizan para bañarse, lavarse, cocinar, nadar y beber ya que no hay aseos disponibles para usar. Además, desconocen los riesgos que para la salud plantea esta acción.

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Imagen de una Handy Pod. (Foto: Nsikan Akpan)

Romper tabúes: aseos y empleo

El objetivo de celebrar este día es que se tomen medidas para llegar a los 2.500 millones de personas que viven sin acceso a un váter, además de romper un tabú y “volver a fijarse en una crisis de salud pública que por vergüenza se ha estado ocultando demasiado tiempo”, señala el responsable de Agua y Saneamiento e Higiene de Acción contra el Hambre, Pablo Alcalde. El tema de este año, aseos y empleo, se centra en cómo la higiene puede afectar a los medios de subsistencia.

El informe anual de la ONU sobre saneamiento, Día Mundial del Retrete 2016: aseos y empleo, lanza el mensaje de que los retretes salvan vidas, aumentan la productividad, crean empleo y las economías crecen. Así, en él se puede ver cómo la transmisión de enfermedades en el lugar de trabajo, principalmente debido a las malas condiciones de limpieza, causa el 17% de todas las muertes relacionadas con el trabajo; además, se calcula que la pérdida de productividad debido a enfermedades ocasionadas por la falta de saneamiento cuesta a muchos países hasta el 5% de su PIB. Es más, según muestra el estudio, cada año se pierden aproximadamente 260.000 millones de dólares en todo el mundo a causa de las repercusiones de una higiene inadecuada y del agua insalubre en muchos aspectos de la economía. En este sentido se espera que el logro de la meta fijada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015 de conseguir que la mitad de la población tuviera acceso al agua potable y a servicios de saneamiento permitiría evitar 322 millones de días de baja por enfermedad al año, lo que supondría un ahorro anual de unos 7.000 millones de dólares  para el sector de la salud.

La transmisión de enfermedades en el lugar de trabajo causa el 17% de todas las muertes laborales

Acción contra el Hambre en Mauritania y Filipinas

Importante labor la que Acción contra el Hambre lleva a cabo en Mauritania y Filipinas para devolver la dignidad a quienes hoy viven amenazados por el hambre. “Muchas veces este tipo de trabajo es poco visible ya que trabajamos en zonas donde la vulnerabilidad es muy alta”, explica Pablo Alcalde, “sin embargo, este tipo de acciones son las que permiten a la población avanzar”, añade, apuntando que el váter es el invento que más vidas salva. 

(Foto: Gregoria Canatoy/Acción contra el Hambre)
Una aldeana contruye su propia letrina con la formación de Acción contra el Hambre. (Foto: Gregoria Canatoy/Acción contra el Hambre)

Filipinas: ‘Zonas de Defecación Cero’

El 8 de noviembre de 2013 el supertifón Haiyan, de vientos de más de 300 kilómetros por hora, arrasó la zona central de las islas Filipinas, dejando tras de sí más de 6.000 fallecidos, miles de desaparecidos, 4 millones de personas desplazadas y afectando severamente a la vida de unos quince millones de personas. Los daños en viviendas, infraestructuras y medios de vida fueron tan devastadores que Haiyan ha sido considerado el peor desastre que se recuerda en Filipinas. Desde entonces la ONG, además de apoyo nutricional y asistencia psicosocial, trabaja en garantizar el suministro de agua potable, en la rehabilitación de redes de saneamiento y en la formación de las comunidades en el mantenimiento de las mismas. “La declaración de ‘Zonas de Defecación Cero’ (ZOD) al aire libre ha sido una de nuestras mayores apuestas para promover la higiene”, destaca Alcalde. Desde entonces, 493.042 personas han conseguido apoyo en agua, higiene y saneamiento, 5.544 letrinas han sido construidas en los lugares de evacuación y 71 barangays o barriadas se declaran ‘Zona de Defecación Zero’.

Mauritania: saneamiento liderado por la comunidad

El trabajo de la organización en Mauritania es una labor de “sensibilización” tratando de convertir a la comunidad en líderes de su propio proyecto de saneamiento: “se trata de mostrar a la población la necesidad de la autoconstrucción de este tipo de infraestructuras, lo que llamamos villas libres de defecaciones al aire libre, que tienen un alto impacto en la mortalidad por diarrea”, destaca el responsable de Agua y Saneamiento e Higiene de la organización internacional.  De esta forma, intentan superar el enfoque clásico en el que los ingenieros de una organización humanitaria llegan y construyen letrinas.

Varios niños se arremolinan alrededor de una letrina en Mauritania. (Foto: José Luis Diago/Acción contra el Hambre)
Varios niños se arremolinan alrededor de una letrina en Mauritania. (Foto: José Luis Diago/Acción contra el Hambre)
Varios albañiles locales construyen sus propios aseos. (Foto: José Luis Diago/Acción contra el Hambre)
Albañiles locales construyen sus propios aseos en Mauritania. (Foto: José Luis Diago/Acción contra el Hambre)

Bill Gates busca el váter perfecto

La fundación Bill y Melinda Gates busca desarrollar sanitarios seguros y sostenibles. Para ello puso en marcha en 2011 un programa, Desafío Reinventar el Inodoro, a través del cual ha otorgado una serie de subvenciones a 16 investigadores repartidos por todo el mundo para que trabajen en buscar el váter perfecto.

Desafío Reinventar el Inodoro China

En agosto de 2013, la fundación anunció Desafío Reinventar el Inodoro China. Allí invertirá un total de cinco millones de dólares para apoyar a los investigadores chinos para impulsar la investigación, el desarrollo y la producción de la “próxima generación de aseos”. Este reto es el primer esfuerzo dirigido a un país específico.

Aparato de saneamiento  desarrollado por la Universidad de Toronto capaz de desinfectar y recuperar  los nutrientes de los desechos humanos.  (Foto: Fundación Bill y Melinda Gates)
Aparato de saneamiento desarrollado por la Universidad de Toronto capaz de desinfectar y recuperar los nutrientes de los desechos humanos. (Foto: Fundación Bill y Melinda Gates)

Desafío Reinventar el Inodoro India

En octubre de 2013, el Departamento de Biotecnología (DBT), dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología del Gobierno de la India y la Fundación Bill y Melinda Gates, puso en marcha Desafío Reinventar el Inodoro India. Esta alianza apoyará proyectos de investigación y desarrollo de saneamiento llevados a cabo por individuos y organizaciones indígenas para ampliar los servicios de saneamiento asequibles a las comunidades pobres.

Así son algunos de los váteres más precarios del mundo

Un residente usa un inodoro público flotante en la ribera del río Ciliwung en Yakarta, Indonesia.  (Foto: Beawiharta/Reuters)
Un residente usa un inodoro público flotante en la ribera del río Ciliwung en Yakarta, Indonesia. 28 de diciembre de 2006. (Foto: Beawiharta/Reuters)
Un inodoro flota en el río Nun cerca de Yenagoa, estado de Bayelsa, en la región del delta de Nigeria 8 de octubre de 2015.  (Foto: Akintunde Akinleye/Reuters)
Un inodoro flota en el río Nun cerca de Yenagoa, estado de Bayelsa, en la región del delta de Nigeria. 8 de octubre de 2015. (Foto: Akintunde Akinleye/Reuters)
Varios retretes en un campo de refugiados de Idlib, Siria. 20 de noviembre de 2015. (Foto: Ammar Abdullah/Reuters)
Varios retretes en un campo de refugiados de Idlib, Siria. 20 de noviembre de 2015. (Foto: Ammar Abdullah/Reuters)
Un baño público en una zona residencial para los trabajadores inmigrantes en la aldea de Shigezhuang, Beijing, China. 13 de octubre de 2015. (Foto: Jason Lee/Reuters)
Un baño público en una zona residencial para los trabajadores inmigrantes en la aldea de Shigezhuang, Beijing, China. 13 de octubre de 2015. (Foto: Jason Lee/Reuters)
Un retrete al aire libre en un campo en Gorba, en el estado de Chhattisgarh, India. 16 de noviembre de 2015. (Foto: Adnan Abidi/Reuters)
Un retrete al aire libre en un campo en Gorba, en el estado de Chhattisgarh, India. 16 de noviembre de 2015. (Foto: Adnan Abidi/Reuters)

Para tomar medidas y unirte al movimiento global, colabora con www.worldtoiletday.info  #DíaMundialdelRetrete

¿Y si el yihadismo es invencible?

Andrés Ortiz Moyano

Foto: Romeo Ranoco
Reuters

“Las personas necesitan ejemplos drásticos para salir de la apatía. Como hombre pueden ignorarme o destruirme, pero como símbolo puedo ser incorruptible, inmortal”.

“¿Qué clase de símbolo?”.

“Algo primario, algo aterrador”.

Sirvan como ejemplo ilustrativo, quizás frívolo o gratuito por la tesis que viene a continuación, las palabras de Bruce Wayne a su buen Alfred para justificar el nacimiento del caballero oscuro.

Y es que no hay nada peor que batirse el cobre con un enemigo descabezado, fantasmal. A pesar de que nos empeñemos en demostrar lo contrario, los seres humanos somos individuos racionales. Creemos en lo que vemos y entendemos, y aquello que escapa de nuestra sobresaturada gnosis adquiere unas connotaciones de terror arcano y supersticioso que nos inquieta irremediablemente. En la guerra y los conflictos ocurre algo parecido. Las fronteras ya no existen, y es en este panorama donde ha medrado el terrorismo islámico. Pensemos en el Daesh. Parece que llevemos toda la vida sufriéndolos cuando, en realidad, hace apenas tres años nadie sabía quiénes eran.

La proclama del califato puso dirección postal y razón social a un enemigo que luego tardamos un tiempo en tomar en serio. Concretamente, lo que esperaron para atacarnos en nuestro propio suelo. Y antes, que exterminaran yazidíes, prostituyeran hazaras o aniquilaran minorías cristianas y chiíes, no parecía ser para tanto.

En cualquier caso, todo apunta a que la historia de su califato será fugaz, pues tres-cuatro años no son nada en la inmensidad de la Historia. Pero lo terrible, para nosotros, etnocentristas, es lo que está por llegar. Le hemos dado credibilidad y alas a la supuesta omnipresencia y omnipotencia red de ‘franquicias’ Daesh. Este meteórico ascenso se entiende, por supuesto, como consecuencia de este mundo de tuits, hashtags y análisis prematuros e irresponsables. Vivimos aterrados porque puedan asesinarnos cuando, estadísticamente, es más probable que nos mate la coz de una mula torda.

Y, sin embargo, así es. Como decía el señor Wayne, el verdadero terror se alza etéreo por encima de territorios y banderas, por encima de credos y xenofobias; se ha convertido en algo «inmortal, primario y aterrador». Se ha consolidado como una suerte 2.0 del anillo de Sauron, capaz de aunar a todo extremista, radical, amargado e incluso perturbado que deteste a su prójimo, por una falsa licencia religiosa, pero que, en realidad, es debido a la más profunda y cobarde mezquindad humana.

Sirvános como botón de muestra la tan célebre figura de los lobos solitarios. A pesar de su llamativo nombre, en realidad no existen. No en vano, se ha demostrado que, en la mayoría de los casos, hay al menos una mínima conexión entre los terroristas ejecutores y la matriz, lo que, por lógica, los convierte en terroristas puros y duros. Pero otra cosa es ese ‘franquiciado’ yihadista que organiza sus propias acciones de microterror, provocando el mayor daño posible con los medios más escasos y rudimentarios, y en el último instante grita “Allahu Àkbar” (y nosotros, zotes, hemos sido cómplices del secuestro de esas palabras de educación y paz). Es ese tipo, y no el otro, el que simboliza la indestructibilidad del yihadismo. El triunfo del mal radica en aquel que corre a abrazarse a un simbolismo perverso e intangible que trasciende la lógica.

Por ello, quizás debamos reflexionar de forma honesta. ¿Y si no podemos ganarles? ¿Y si ya hemos perdido la batalla dejando que el enemigo tangible se convierta en un inmortal abstracto? Como decía el Santiago de la formidable novela homónima de Mike Resnick, «los revolucionarios no queremos ganar porque no vamos a ganar. Pero es que quizás lo que queramos es no perder». Y así es. Nadie en su sano juicio se puede creer que este u otro califato futuro se vaya a extender a lo largo y ancho del planeta, pero quizás no le haga falta o simplemente no lo busque. Les basta con tenernos amedrentados, supersticiosos ante su supuesto poder infinito. Y parece que sí, asumiendo esta realidad, la yihad sea, en nuestro acervo, indestructible.

El discurso del rey

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Sergio Barrenechea
AFP

Nunca he creído en la posibilidad de un nacionalismo cívico genuino, primario. La historiografía ha abrazado esa etiqueta para distinguir cierta percepción nacional asociada a los valores de la república francesa, ese “plebiscito cotidiano” del que escribió Renan, en oposición al más étnico y simbólico nacionalismo alemán que emergió con el romanticismo del siglo XIX, y que procede del anterior Sturm und Drang promovido por el filósofo Herder.

La rivalidad entre estas dos cosmovisiones quedó reflejada en los intensos debates que protagonizaron Fustel de Coulanges y Mommsen sobre la filiación francesa o germana de Alsacia, un enfrentamiento que estaría presente en la gestación de las dos guerras mundiales.

El ardoroso intercambio oculta, envuelta en prodigios literarios y dialécticos, una realidad mucho más prosaica: la colisión de dos nacionalismos inspirados en la uniformidad de la raza, la unidad lingüística y la homogeneidad cultural. No cabe duda de que Alemania alumbraría el nacionalismo más supremacista que hemos conocido, pero no debemos pasar por alto que la nación francesa se había construido a sangre y fuego. Que había sido la Francia derrotada y humillada en 1870 la que había puesto su educación pública al servicio de un relato nacional común, adoctrinador, cohesionador. Que fue también Francia quien instituyó la segregación social y política sobre el principio de la lengua cuando hubo recuperado Alsacia y Lorena.

Bajo la retórica de apariencia cívica era habitual que aflorara un alma etnicista. Sucede también en Cataluña, que además ha llegado 200 años tarde a la cita de la fundación nacional. Y aunque se intenta esgrimir el carácter cívico del movimiento independentista, lo cierto es que el etnicismo lo impregna todo, incluso los discursos de tradicionales unionistas, por mucho que provengan de Las Alpujarras.

La discusión sobre los fundamentos de la nación no terminó tras la derrota de los fascismos, y en la década de los 90 se renovó con la guerra de Yugoslavia como telón de fondo y la publicación de las obras de Anthony D. Smith y de Dominique Schnapper. Si el primero apelaba al etnosimbolismo como el sustrato de las naciones, la segunda ponía el foco sobre la noción de ciudadanía. Para la francesa, la nación está íntimamente ligada a la soberanía y a una “comunidad de ciudadanos” unidos por vínculos democráticos.

Es solo entonces, con las naciones consolidadas, con Europa apaciguada y con un proyecto de integración política en marcha, cuando el nacionalismo puede emanciparse de su carácter etnosimbólico original para erigirse en nacionalismo cívico. Cabe ya olvidar los mitos, las mentiras y las fechorías que permitieron la fundación nacional para ensalzar el vínculo democrático.

La liturgia que presenciamos ayer en el Congreso de los Diputados, con la conmemoración del cuarenta aniversario de las elecciones democráticas, puede catalogarse como una muestra inequívoca de nacionalismo cívico. El discurso del rey, que agrupó a los representantes de las primeras Cortes, a los padres de la Constitución y a los actuales parlamentarios, fue una crónica de las vicisitudes que hemos protagonizado como país. Un viaje de la inestabilidad, la exclusión y el enfrentamiento a la solidez institucional, al pluralismo y a la convivencia. Un relato de progreso, no exento de mitos, exageraciones y omisiones, por supuesto, que puso el énfasis en el carácter de reconciliación y encuentro que supuso la Transición.

El recuerdo del 15 de junio de 1977 tomó el cariz de una escenificación teatral: la representación de una fecha histórica señalada como momento fundacional de la nación cívica. Una nación sostenida en un respeto kelseniano a las leyes que guardan la democracia y blindan las fronteras del estado de derecho, como no se cansó de repetir el rey Felipe. El nacionalismo cívico es, al fin, la conquista más alta que pueden permitirse las naciones viejas.

Verdades ponzoñosas y mentiras saludables

Gregorio Luri

Foto: Paul Hanna
Reuter

En Las mentiras convencionales de la civilización (1883), Max Nordau intentó fundar un régimen político basado en una concepción científica del mundo y que, en consecuencia, fuera refractario a cualquier tipo de mentira: religiosa, aristocrática, política, económica, erótica, de prensa… Le salió una bonita fábula literaria.

El proyecto fue retomado por James Morrow, un Jonathan Swift de nuestro tiempo, en su novela The City of Truth (1990), imaginándose la vida en Veritas, una ciudad sin mentiras, en la que todo el mundo es tan sincero que ni tan siquiera las metáforas están bien vistas. En la puerta de los ascensores puedes encontrar esta advertencia: “El mantenimiento de esta máquina se lleva a cabo por personas que detestan su trabajo. Tú sabrás lo que haces”. Los campamentos de verano para niños se llaman “Ahí os quedáis, chavales!”. Los anuncios comerciales hablan de los defectos de los productos que promocionan. Los políticos cuentan con pelos y señales sus trapicheos. El nombre de las hamburguesas es “bocadillos de carne de ternera asesinada”. Las fórmulas de cortesía son completamente honestas: “Suyo, pero sólo hasta cierto punto”. Los libros más leídos tienen títulos como “La mendacidad de las buenas maneras”.

El protagonista de The City of Truth es Jack Perry, un “deconstruccionista.” Su oficio consiste en destruir las viejas palabras mentirosas. No comprende cómo pudo vivir la humanidad en un mundo en el que los políticos mentían, las mujeres llevaban maquillaje, los niños creían en el ratoncito Pérez y no te podías dirigir a una desconocida para informarle de que estabas sexualmente a tono.

Veritas es la distopía de la transparencia absoluta.

Lo que James Morrow nos muestra irónicamente, Ibsen se lo tomó muy en serio. En Casa de muñecas y en Pato salvaje nos asegura que los seres humanos no podemos vivir en condiciones de absoluta realidad. Necesitamos enmascarar las miserias de nuestra naturaleza. Por eso nos inventamos el pasado del que nos gustaría proceder, el presente en el que querríamos vivir y las ilusiones que imaginamos merecer.

Parece que ninguna ciudad puede soportar el cinismo de los deconstruccionistas empeñados en desvelarle al grillo que canta feliz creyéndose un jilguero, que sólo es un miserable grillo o a la cría de centauro que galopa por la playa, que sólo es un mito. Bien lo sabía el gran Menéndez Pelayo cuando escribe que “temeridad sería negar la predicación de Santiago en España, pero tampoco es muy seguro el afirmarla”. Maeztu, dándole a la ironía una forma más grave, consideraba imprescindible defender la participación del apóstol Santiago en la batalla de Clavijo sobre un caballo blanco, sin transigir ni con que fuera tordo.

Yo sospecho que el mal de España es que nunca ha sabido mentirse a sí misma de forma verosímil.

Por qué Corea del Norte debería preocuparte por sus hackers y no por sus bombas

Redacción TO

Foto: AP Photo

La amenaza es real. Las pruebas balísticas constantes de Corea del Norte, con su extravagante líder Kim Jong-un y su carrera nuclear hacia ninguna parte, ponen en tensión a las potencias occidentales, que celebran reuniones y organizan actos para prepararse para el día en que esos lanzamientos sean algo más que ensayos. Con todo, lo cierto es que existe otro peligro, mayor y silencioso, que podría desencadenarse en cualquier momento sin la solemnidad de un lanzamiento atómico.

Para la revista Newsweek, la situación recuerda al escenario del siglo pasado, a pesar de las grandes diferencias. Entre 1914 y 1918 tuvo lugar la Primera Guerra Mundial, pionera en el uso de nuevas tecnologías, que se convirtió en la más mortífera hasta entonces, dejando en los campos de batalla cerca de 17 millones de muertos. Justo después, en 1918, la conocida como gripe española se expandió por todo el mundo y se estima que se saldó con entre 50 y 100 millones de muertos.

Por qué Corea del Norte debería preocuparte por sus hackers (y no por sus bombas)
Kim Jong-un observa un ensayo balístico. | Foto: KCNA KCNA/Reuters

En este reportaje se equipara, por un lado, la I Guerra Mundial con una hipotética ofensiva nuclear norcoreana y, por otro, la epidemia de gripe española -inesperada, invisible- con un ataque cibernético de nivel planetario que desataría el caos en nuestras sociedades, completamente informatizadas. Estos símiles encuentran el respaldo del director actual de la CIA, Michael Hayden, que asegura desconocer las posibles consecuencias de este tipo de ofensivas al ser “un nuevo tipo de arma” sin precedentes.

En este sentido, la vulnerabilidad de nuestros equipos es evidente. El pasado mes de mayo, un ransomware con una capacidad muy limitada puso en jaque hasta 99 países aprovechando las fallas de seguridad de los dispositivos de Microsoft. Afectó al sistema de salud británico, al banco más importante de Rusia, el Sberbank, y también al Ministerio de Interior del país, bloqueó la actividad en la sede de Telefónica en Madrid y fulminó millones de ordenadores en India y China.

“Ahora tenemos que preocuparnos por Siria, Irán y Corea del Norte”, asegura un alto mando de la Agencia Nacional de Seguridad

El principal sospechoso del ataque, todavía sin identificar, es Corea del Norte. “Solía preocuparnos que Rusia y China tumbaran nuestras infraestructuras”, aseguró Stewart Baker, general de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, en una entrevista para Pew Research Center. “Ahora tenemos que preocuparnos por Siria, Irán y Corea del Norte. Y, próximamente, tendremos que hacerlo por Hezbollah y Anonymous”.

Hemos confiado todo este tiempo en ordenadores y sistemas de software el funcionamiento de las redes de energía, de los aeropuertos, de los bancos, de los satélites, de absolutamente todo. Ahora el internet de las cosas despunta como uno de los grandes retos de la humanidad y ya estamos conectando entre sí coches, teléfonos móviles, electrodomésticos… Estamos creando puertas de acceso para los hackers que quieran introducirse en nuestro día a día sin darnos cuenta.

Por qué Corea del Norte debería preocuparte por sus hackers (y no por sus bombas) 2
Una pareja de hackers, en este caso ucranianos y miembros del grupo RUH8. | Foto: Gleb Garanich/Reuters

La revista Newsweek dibuja un escenario donde los semáforos no funcionarían, el transporte público quedaría bloqueado, no sería posible que saliera ningún vuelo y los satélites dejarían de emitir señales. No habría sistema de pago con tarjeta y no se podría retirar dinero de los bancos, desencadenando un problema de gestión de recursos y de desabastecimiento generalizado. Y así sucesivamente.

Un relato alarmista que, sin embargo, pone de manifiesto el riesgo al que estamos sometidos. Si un grupo de hackers norcoreanos fueron los verdaderos autores del ramsonware que despertó tanta inquietud en los países más poderosos del planeta, ¿qué ocurriría si ejecutaran un ataque verdaderamente poderoso?

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