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Esclavos en el siglo XXI

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier

El papa Francisco ha dado una voz de alerta al mundo. A comienzos de febrero, el pontífice instó a los gobiernos a erradicar la “vergonzosa plaga, indigna de una sociedad civil que supone que aún existan casos de esclavitud en el mundo”.

No es una cosa del pasado. En el planeta hay 35,8 millones de esclavos, según la segunda edición del “Global Slavery Index” de laWalk Free Foundation (16% más que en 2013). El 61% de estos viven entre la India, China, Pakistán, Uzbekistán y Rusia.

La sumisión moderna es un crimen oculto que puede tomar muchas formas, como el trabajo forzado o la trata de personas, según reseña el informe de la ONG. “Todas implican que una persona prive a otra persona de su libertad individual con la intención de explotarla a través de su uso, transferencia o eliminación”. En su mayoría, estas personas son obligadas a realizar trabajos manuales, a prestar servicios sexuales en prostíbulos o son mantenidas en cautiverio para pagar con su servidumbre por sus deudas supuestas o reales.

Mauritania ocupa el primer lugar en el ranking de los países con más casos. 4% de su población, 155.600 personas, están en situación de esclavitud. Aunque el gobierno adoptó en 2013 planes para su erradicación, como crear un tribunal encargado de los juicios para estos casos, la Walk Free Foundation considera que tendrán que pasar muchos años para que la situación en el país realmente mejore.

La mayoría de los esclavos en este país son moros negros. Los hombres y niños son pastores de camellos, ganado y cabras, obligados a trabajar en el campo. Las mujeres, por su parte, deben realizar tareas domésticas como cargar agua, recoger leña, preparar la comida y cuidar a los hijos de sus amos.

Uzbekistán, nación de Asia Central cuya economía recae mayormente en la producción y exportación de algodón, es el segundo país en el que una mayor porción de la población está esclavizada. La cifra más conservadora señala que 1.201.400 de los uzbekos (el 3,97% de la población) son sometidos para la producción de algodón.

Aunque el número de jóvenes trabajando en los campos de algodón disminuyó en 2013, aún se espera que los estudiantes de entre 15 y 18 años sean “voluntarios” para la cosecha, salvo que puedan pagar una tasa de exoneración.

Entre el top 10 de los países con más esclavos también se incluyen: Haití, Catar, la India, Pakistán, la República Democrática del Congo, Sudán, Siria y la República Centroafricana.

Haití es el tercer país del mundo con mayor proporción de habitantes esclavizados: 237.700 personas, un 2,3 % de su población. Con frecuencia éste es el resultado de la práctica de enviar a niños de familias pobres a trabajar con otras más ricas. Estos menores son conocidos como “restavek” y en sus nuevas residencias muchas veces sufren abuso sexual, verbal y físico.

En la pujante Catar un 1,4% de la población (29.400 personas) está esclavizada. La mayoría de las víctimas son inmigrantes sometidos a prácticas de trabajos forzados y a servidumbre doméstica. También, la demanda de mano de obra barata para ejecutar las obras del Mundial de fútbol del 2022 ha generado presión internacional sobre el Gobierno para que responda a los reportes sobre la explotación laboral.

La India, aunque ocupa el quinto puesto en la lista de los países con mayor proporción de sus habitantes esclavizados (un 1,1% de su población), es el Estado con mayor número de esclavos en el mundo: 14.285.700 millones de personas.

Allí, miembros de las castas “inferiores”, de tribus, minorías religiosas e inmigrantes son afectados desproporcionadamente por la esclavitud moderna, que ocurre sobre todo en los sectores de hornos de ladrillos, tejido de alfombras, bordados y otros productos textiles. La sumisión por deudas es particularmente común en este país de 1.250 millones de habitantes, con familias sometidas durante generaciones.

En los últimos cinco países incluidos en el informe de la Walk Free Foundation la gran cantidad de esclavos es, en parte, consecuencia de los conflictos internos. Más de 1% de la población de cada uno de estos está esclavizada.

“Los conflictos ponen fin, casi de inmediato, al Estado de Derecho y la explotación se convierte en una amenaza”, reseña el texto.

En Pakistán, el número de esclavos suma los 2.058.200. El trabajo forzado para pagar deudas es la forma más frecuente. Las provincias de Punjab y Sindh son las más afectadas por este flagelo. Las personas sometidas trabajan fundamentalmente en fabricación de ladrillos, agricultura y tejido de alfombras. Hay además 10 millones de trabajadores infantiles, de los que 3,8 millones tienen entre 5 y 14 años. Muchos son explotados en el comercio sexual.

La cifra de esclavos en la República Democrática del Congo alcanza a 762.900 personas, lo que se traduce en un 1,1% de su población. Muchos de los trabajadores sometidos laboran en las minas. Además, el 10% de los 300.000 niños soldados del país han sido secuestrados y obligados a unirse a grupos rebeldes.

La explotación de mujeres y niños en trabajos domésticos, comercio sexual y matrimonios infantiles forzados son las formas más frecuentes que adopta la esclavitud moderna en Sudán, donde hay 429.000 personas sometidas (equivalente al 1,1% de la población).

Cada vez hay mayor cantidad de reportes sobre refugiados y personas que buscan asilo en Eritrea, tras ser vendidos a traficantes egipcios por grupos sudaneses. Con frecuencia quienes han sido sometidos también son torturados con el objetivo de obtener sumas de dinero de sus familiares.

La existencia de 258.200 esclavos en Siria tiene gran relación con la guerra civil que vive ese país desde 2011. Muchos de los sometidos son niños reclutados por las fuerzas del Gobierno de Bashar al Assad y por grupos rebeldes que operan en el país. En medio de la guerra civil, que cumple 4 años, las niñas sirias han sido vendidas como novias y obligadas a casarse o a prostituirse. El surgimiento del Estado Islámico en la región ha significado un incremento de estas prácticas.

El último en la lista de países con más esclavitud en relación con su población es la República Centroafricana con 52.200 personas. Muchas víctimas allí son forzadas al comercio sexual, al matrimonio infantil y a combatir en las filas de los rebeldes ugandeses que se han trasladado al país.

Los peores de Europa y de América Latina

Europa tiene el porcentaje más bajo de personas sometidas a esclavitud: en todo el continente hay 566.200 víctimas sometidas a explotación sexual o económica, lo que equivale al 1,6% de todos los esclavos del planeta.

Rusia resalta como el país con más esclavos de la región euroasiática. Está en el puesto número 5 de 167 estudiados con 1.049.700 personas esclavizadas. Esto ocurre debido a que el país es el centro de los flujos migratorios en la región Euroasiática y, en consecuencia, centro de trata y la explotación de inmigrantes. Se estima que en este país trabajan entre 5 millones y 12 millones de inmigrantes, la mitad de estos en condiciones ilegales que derivan en muchos casos, por desesperación, en situaciones de explotación.

La vecina Ucrania tiene 112.600 víctimas. España, por su parte, ocupa el lugar 150 con 6.100 personas en esta situación.

En el otro extremo destacan Islandia y Luxemburgo, con sólo 100 víctimas cada uno.

Al otro lado del Atlántico, México es el segundo país de América Latina en sufrir este flagelo, después de Haití. Se ubica en el lugar 18 respecto al mundo con 266.900 esclavos. Lo sigue Brasil en el número 32 con 155.300, y luego Colombia en el 47, con 105.400.

Las medidas gubernamentales

El informe de la Walk Free Foundation resalta los esfuerzos de los países para luchar contra la esclavitud moderna. Salvo Corea del Norte, todos los concernidos por la investigación adoptaron leyes para criminalizar ciertas formas de esclavitud moderna, aunque solamente Estados Unidos, Brasil y Australia aplicaron medidas para impedir este crimen en los mercados públicos y en las cadenas logísticas de las empresas.

Brasil cuenta con una “lista negra” publicada por el Ministerio del Trabajo y Empleo que señala las compañías sancionadas por “explotación de mano de obra esclava”. En 2007 incluyó 192 empresas que al aparecer allí quedaron automáticamente imposibilitadas de obtener préstamos en bancos oficiales del gobierno. En 2014, un total de 109 empleadores fueron acusados durante el primer semestre del año de tener 421 trabajadores en condiciones análogas a las de la esclavitud. La mayor parte de las intervenciones en ese país tuvieron lugar en haciendas y fábricas del ámbito rural.

En Estado Unidos, el presidente Barack Obama en la orden de 2012 conocida como “Fortalecimiento de Protección Contra la Trata de Personas en los contratos federales” endureció la política de tolerancia cero ante el tráfico humano. Aun así, en ese país de 316 millones de habitantes hay 60.100 esclavos.

La esclavitud sigue siendo motivo de discusión en los parlamentos del mundo. A finales de febrero, Human Rights Watch y la ONG británica Kalayaan exigieron a la Cámara de los Lores de Reino Unido que modifique el proyecto de ley sobre la Esclavitud Moderna para que se restablezca el derecho de los trabajadores domésticos migrantes a poder cambiar de patrón o empleador.

Allí donde William Wilberforce, abolicionista inglés, lideró una campaña en contra de la esclavitud y logró que su proyecto fuese aprobado en 1807 continúan resonando sus palabras: “Puedes elegir mirar hacia otro lado pero ya nunca podrás decir que no lo sabías”.

Anna Carolina Maier

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El más viejo fantasma

Pablo Mediavilla

Foto: Jean-Marc Bouju
AP

Diría que es un sueño, si no estuviera seguro de haberlo vivido. Eran dos o tres mansiones blancas en lo alto de una colina de tierra roja. No tenían puertas, ventanas o muebles; eran carcasas de otro tiempo habitadas por familias enteras; la lumbre al pie de la escalinata y las miradas desconfiadas -quizás solo cansadas- hacia los recién llegados. Los niños, que no tienen miedo, se acercaron, y rieron a carcajadas con la crema solar que les aclaraba las mejillas. Estábamos en una antigua hacienda belga en la región de Bunia, al noreste de la República Democrática del Congo, y los descendientes de los esclavos ocupaban las residencias de los amos.

Cada brazo amputado, cada castigo bíblico que los belgas infligieron a los congoleños para que sacaran más caucho y maderas y oro, engrosó la fortuna del rey Leopoldo II y de Bélgica. Con ella pagó la construcción de la estación de tren de Amberes, una de las más fastuosas del mundo, en la que, como describe W.G. Sebald en su novela Austerlitz: “resultaba apropiado que en los lugares elevados, desde los que, en el Panteón romano, los dioses miraban a los visitantes, en la estación de Amberes se mostraran, en orden jerárquico, las divinidades del s. XIX: la Minería, la Industria, el Transporte, el Comercio y el Capital”. Es una historia vieja y, como todas, ilumina el presente.

Llegan ahora imágenes de ventas de esclavos en Libia. Se sabía ya, pero la CNN ha conseguido las primeras imágenes, grabadas con un teléfono móvil, vehículo del horror contemporáneo. Son jóvenes negros, fuertes, aterrados, y, como antaño, sus cualidades tienen precio. Dice el periodista que el negocio se solventa en minutos. En París, otros jóvenes negros se manifestaron contra la ignominia, y futbolistas negros, como Kondogbia, del Valencia, o Pogba, del Manchester United, han expresado su indignación por el asunto. Desde que Italia -la Italia sobrepasada y abandonada por el resto de Europa en el rescate de refugiados en el mar- paga a los señores de la guerra libios para frenar los envíos a sus costas, el tráfico se ha reducido en un 85%. Los tratantes han virado el negocio, sin más.

La esclavitud no desapareció, solo dejó de practicarse a la luz del día. Es probable que, por cuestiones demográficas, haya más esclavos ahora que en el siglo XIX. Está presente en todos los continentes, en los burdeles de nuestras nacionales y en los campos de cultivo de medio mundo; en los talleres de costura y en las fábricas que, por no saber, no sabemos ni que existen. En la soltura de la transacción libia está la costumbre de lo que nunca se ha abandonado. La imagen digital nos devuelve la incredulidad y el terror ante el más viejo fantasma. Querríamos olvidarlo, devolverlo a la oscuridad, pero una vez visto, ya no es posible.

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León Tolstói y la fórmula rusa

Romhy Cubas

Foto: Wikicommons
Wikimedia Commons

León Tolstói moldeó la literatura rusa junto a Dostoievski, Chéjov, Pushkin y Gógol. Entre los nombres y apellidos que se afincan en los clásicos del país euroasiático el escándalo de Anna Karénnina al dejar a su familia para alimentar sus aventuras románticas personales, o la coquetería caprichosamente humana de Natalya Rostova en Guerra y paz, siguen leyéndose un siglo después con prejuicios y reacciones no muy disímiles a los de aquellas élites arcaicas que se horrorizaban con tanta facilidad en las ficciones de Tolstói.

El tamaño de su nombre es tan amplio como los años que han pasado desde que escribió Infancia su primera obra publicada en 1852 mientras servía en el ejército. Esta autobiografía seguida por dos tomos más: Adolescencia (1854) y Juventud (1856), se establece como el punto común que une a los grandes contadores de la literatura, sin importar la época o el lugar: el diario y la libreta como meta personal se convierten en el confesionario perfecto para cuestionar lo incuestionable en una década determinada.

Esas pequeñas anotaciones que se transforman en grandes obras fueron particularmente punzantes en el caso de Tolstói, quien inclusive inspiró un movimiento “Tolstoiano” basado en su filosofía y pensamiento religioso. El novelista ruso, quien luchó por muchos años con dudas existenciales tan individuales como sus posiciones, llegó a ser un duro crítico de la Iglesia Ortodoxa de Rusia, e inclusive fue expulsado de esta tras la publicación de Anna Karénnina y su tajante crítica “nacional” en 1877.

Su crítica no fue solo contra el Estado y sus instituciones, sino que en sus disertaciones intentó encontrar una lógica en la figura de Jesús como ser humano, concentrándose particularmente en su famoso Sermón de la Montaña. Aunque se identificaba a sí mismo como cristiano, Tolstói no creía en Cristo como aquél ser milagroso y divino que resucita y transforma el agua en vino. Para el escritor la clave en la incógnita de Jesús no residía en su “divinidad” sino en sus enseñanzas e indicaciones.

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León Tolstói cuadro restaurado por la artista rusa Olga Shimina | Imagen vía: Klimbim

En cuando a la universalidad de Tolstói esta no solo reside en sus novelas sino en el cuestionamiento emocional y espiritual que lo alejó de la coalición más poderosa de Rusia entonces, la Iglesia y el Estado, para inclusive plantearse el suicidio ante el sin-sentido de sus funciones.

Conocedor de ambas caras, la aristocrática y la ascética, su linaje y riquezas fueron un punto de ebullición para reñir contra la corrupción y falsedad de aquellas instituciones que gobernaron su vida durante tantos años. Desde adolescente entabló un viaje de autoconocimiento, no tan acelerado como el de Rimbaud, pero si igualmente sostenido en las ambivalencias morales de la sociedad. Tolstói logró beneficiarse de todo lo que hace un gran escritor: cuestionar y examinar, señalar lo común y fiscalizarlo por no extenderse en sus pluralidades. Por ejemplo, escribe sobre el “quimérico” concepto del amor y analiza sobre “el conocimiento confuso que tienen los hombres sobre que en el amor existe el remedio para todas las miserias de la vida”.

“Todo hombre sabe que en el sentimiento del amor hay algo especial, capaz de resolver todas las contradicciones de la vida y de dar al hombre ese completo bienestar, cuya lucha constituye su vida. (…) Pero es un sentimiento que viene rara vez, dura solo un poco, y es seguido por sufrimientos aún peores, dicen los hombres que no entienden la vida.

Para estos hombres, el amor no aparece como la única y legítima manifestación de la vida, como concibe la conciencia razonable, sino solo como una de las mil eventualidades diferentes de la vida; como una de las mil fases variadas a través de las cuales el hombre pasa durante su existencia.” […]

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Retrato de Leo Tolstói | Imagen vía: Getty Images

Pensamiento político

En el estudio La relevancia contemporánea del pensamiento político de Leo Tolstói del Dr Alexandre J. M. E., éste reflexiona sobre los innumerables libros y ensayos publicados por el novelista ruso en sus últimos treinta años de vida. El ensayo propone que sus posiciones radicales en cuanto a la política y la religión, que llegaron incluso a ser tildadas como un “Cristianismo Anárquico”, su descontento con el Estado, la Iglesia, la economía y las revoluciones en Rusia, son tan válidas y relevantes en el siglo XXI como lo fueron en el siglo XIX.

“El estado, ya sea autocrático o democrático, continúa usando la violencia o la amenaza de esta para imponer su voluntad a quienes disienten de su agenda. La Iglesia continúa prestando poca atención a lo que Tolstói ve como las implicaciones claras y verdaderamente revolucionarias de la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Un sistema económico profundamente injusto sigue prosperando en lo que Tolstói vio como la premisa inaceptable de la propiedad privada”, escribe el académico.

Por esto la contribución de Tolstói sigue siendo única, no solo en su defensa intransigente hacia la no violencia y hacia la enseñanza como ejemplo, tal cual la implementaría Gandhi décadas después con el sacrificio no violento como método revolucionario. En la era de la globalización Tolstói podría advertir hoy lo mismo que advertía tras convertirse al “cristianismo” con casi 50 años de edad.   

“Muchos se han inspirado para seguirlo desde entonces. Pero sigue siendo cierto que la mayoría de la gente aceptará felizmente la necesidad de usar la violencia a veces, y especialmente para cambiar lo que se considera un sistema político y económico profundamente injusto. Pocas personas cometen el mal voluntariamente, o al menos racionalizan más el mal que cometen como el daño colateral de los medios que están justificados por el fin que se persigue. El pensamiento de Tolstói es una advertencia contra esta lógica. Advierte que los medios se convierten en fines, que los fines se pierden si se adoptan medios violentos. Tolstói advierte contra la adopción de la violencia para expresar ese descontento”, concluye Alexandre.

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Portada de Anna Karenina | Imagen vía Penguin Random House

Pero aunque la visión de Tolstói es revolucionaria, también es esencialmente masculina. Es cierto que sus novelas más leídas y universales se producen con la escritura de personajes femeninos que forman parte de un evento único que cuestiona la civilización elitista y social de la época. Sucede con la inusual independencia de Anna Karénnina, o en  La Sonata de Kreutzer, en donde este reflexiona sobre las relaciones maritales de una manera tan franca como inocente al entrever clichés y formas machistas sobre el amor y el “cortejo” sentimental. No obstante, el fracaso de su matrimonio y las borrascas maritales que lo atormentaron durante este muestran sus semillas en cada personaje torturado e infiel de sus novelas, nunca con mayor fuerza como en La muerte de Iván Ilich.

Es evidente que las novelas de Tolstói surgen de los pequeños detalles de su diario, se nutren de chismes, recuerdos de la infancia, rutina familiares y jergas sociales. En una de sus primeras anotaciones a la edad de 18 años, en marzo de 1847 escribe lo que sería la eterna pregunta de su vida y su trabajo, la esencia de su literatura y de sus confesiones tardías:

“Sigo encontrándome con la pregunta: ‘¿Cuál es el objetivo de la vida del hombre?’ Y, sin importar el resultado que logren mis reflexiones, sin importar lo que considere fuente de vida, invariablemente llegó a la conclusión de que el propósito de nuestra la existencia humana es proporcionar un máximo de ayuda para el desarrollo universal de todo lo que existe (…) Esta es toda la esencia de la vida: ¿quién eres? ¿Qué eres?”

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El cambio climático hace posible la producción de vino en lugares que nunca imaginarías

Redacción TO

Foto: BENOIT TESSIER
Reuters

¿Imaginas llevar a una cena con amigos un vino polaco? ¿Y un vino inglés? Con dificultad un español escogería un vino que no fuera español. Quizá uno italiano o francés. Sin embargo, el calentamiento global puede hacer que esta circunstancia cambie. Todo porque el mapa de los países productores de vino está evolucionando sin parar.

Mientras los expertos se debaten sobre las áreas del mundo donde el cambio climático puede beneficiar o perjudicar la producción de vino, como explica en un reportaje la revista Quartz, parece incuestionable que a las áreas tradicionales se sumarán otras hasta ahora difíciles de imaginar. Porque al tiempo que la temperatura media global aumenta, las tierras más fértiles para el cultivo se alejan del ecuador en dos direcciones: hacia el norte y hacia el sur.

Hay estudios que sostienen con firmeza esta tesis. En 2013, la revista Proceedings of the National Academy of Sciences publicó uno a todas luces pesimista donde se sostiene que el vino que se produce en zonas como la Borgoña francesa o el Valle de Napa californiano no será posible en medio siglo, dado que el clima no será el idóneo para su producción.

El cambio climático hace posible la producción de vino en lugares que nunca imaginarías 1
Una cosecha de uvas en Parras de la Fuente, México. | Foto:
Daniel Becerril/Reuters

Así, la misma investigación determina que la nuevas regiones europeas mejor acondicionadas para la producción serán Inglaterra, Polonia y Austria. Toda una sorpresa. En Estados Unidos, por su parte, esta condición se extendería a estados como Montana, Wyoming o Michigan, ubicados en el norte del país e históricamente desligados de la cultura enológica.

La revista Quartz señala las zonas que guardan más posibilidades de librar esta competición. Una de ellas sería Inglaterra, concretamente la región de South Downs, donde se estaría produciendo un champán cremoso y apetecible. Esta zona se podría beneficiar, en unos años, de unas condiciones climáticas equiparables a las de la región francesa de Champagne.

En Estados Unidos, la nueva esperanza sería Michigan, donde ya se cultiva a pequeña escala, pero podría continuar creciendo como lo ha hecho hasta ahora: en los últimos 10 años ha pasado de tener 16 bodegas a 130. En Australia, por su parte, existe Tasmania, que en pocos años podría competir con el vino del Valle de Barossa, el mejor de ese país.

Con todo, hay investigaciones que se esfuerzan por desmentir las conclusiones del estudio anteriormente citado y que sostienen que si bien el calentamiento global está ampliando el campo de la producción vinícola a más zonas del planeta, países como España o Italia no dejarán de ser grandes productores. Más allá de que algún estudio sostenga que el cava española perderá calidad por el cambio de temperatura.

Continúa leyendo: Así son los anuncios que Rusia compró en Facebook para influir en las elecciones de EEUU

Así son los anuncios que Rusia compró en Facebook para influir en las elecciones de EEUU

Redacción TO

Foto: Kiyoshi Ota
Reuters

La última campaña presidencial de Estados Unidos fue un ejemplo clave para mostrar el papel que puede jugar la manipulación informativa en unos resultados electorales. El duelo entre Donald Trump y Hillary Clinton hizo popular el término fake news, se caracterizó por la proliferación de noticias falsas y demostró la responsabilidad de las redes sociales en esta desinformación, según reveló la semana pasada el Congreso de Estados Unidos. Después de una doble jornada de audiencia abierta llamada “Medios sociales y las elecciones de 2016”, el comité permanente de Inteligencia del Congreso desveló los datos sobre la injerencia rusa en estos comicios a través de las redes sociales.

Facebook, Twitter y Google entregaron al comité de Inteligencia del Congreso la información sobre el uso que hizo Rusia de sus plataformas durante las elecciones. De junio de 2015 a agosto de 2017, la Agencia Rusa de Investigación en Internet compró 3.393 anuncios en Facebook que llegaron a 126 millones de usuarios estadounidenses.

Por su parte, en Twitter había más de 36.000 cuentas de bots rusos tuiteando sobre las elecciones que hicieron 1,4 millones de tuits que vieron 288 millones de personas. En Youtube, cuentas rusas subieron más de 1.000 vídeos. “Esto es solo la punta del iceberg”, señaló en su informe el Comité permanente de Inteligencia del Congreso.

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Anuncio en el que se compara a Hillary Clinton con Satán. Estaba dirigido a los usuarios estadounidenses que habían manifestado interés en la Biblia, en el Cristianismo y en Jesús en Facebook. | Foto:HPSCI Minority Exhibit

Adam Schiff, miembro de este comité, explicó que la influencia de Rusia en las elecciones de 2016 no se limitó a la publicación de los correos electrónicos de Hillary Clinton, sino que hicieron un gran uso de las redes sociales para ayudar a la campaña de Trump. “Si los rusos y Trump coordinaron estos esfuerzos, todavía no lo sabemos, pero es verdad que los rusos montaron lo que podría describirse como una campaña de gasto independiente en nombre de Trump. Los anuncios rusos, por ejemplo, promocionaban historias sobre los presuntos problemas de salud o legales de Hillary Clinton”, dijo Schiff.

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Anuncio en Facebook contra la candidata demócrata Hillary Clinton. | Foto:HPSCI Minority Exhibit

Además, la campaña en las redes sociales también “fue diseñada por el Kremlin para promover un objetivo más amplio: sembrar la discordia en Estados Unidos al encender los ánimos en una serie de cuestiones divisivas”, según Schiff.

Los anuncios tocaban temas especialmente polémicos en el país, como el racismo, la inmigración ilegal, el islam y la sharía, el cristianismo, la comunidad LGTB, y representantes demócratas, como Hillary Clinton y Bernie Sanders. El objetivo era buscar la polarización de los usuarios hacia el apoyo o el rechazo a estos asuntos.

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Un anuncio pagado por Rusia en contra del movimiento Black Lives Matter. | Foto: HPSCI Minority Exhibit

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Uno de los anuncios de Facebook pagados por Rusia que vincula a la comunidad LGTB con el demócrata Bernie Sanders. | Foto:HPSCI Minority Exhibit

Una de las temáticas más recurrentes de estos anuncios es la intolerancia hacia la comunidad musulmana. En los anuncios pagados por Rusia se difunden mensajes de odio y también noticias falsas como la posible implantación de la sharía en Estados Unidos.

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Publicación pagada por Rusia en contra de la implantación de la sharía en EEUU. | Foto:HPSCI Minority Exhibit

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Anuncio a favor de la prohibición del burka. | Foto: HPSCI Minority Exhibit

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¿Quieres que esto esté prohibido en América? Dice el anuncio de Facebook. | Foto: HPSCI Minority Exhibit

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Publicación que vincula a Hillary Clinton con los musulmanes americanos. | Foto: HPSCI Minority Exhibit

“Los rusos lo hicieron tejiendo cuentas, páginas y comunidades falsas para impulsar el contenido y los vídeos politizados y para movilizar a los estadounidenses reales para que firmen peticiones en línea y participen en mítines y protestas. También compraron anuncios”, afirmó el congresista Schiff.

Algunos de los anuncios también se mostraron en Instagram, propiedad de Facebook.

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Anuncio comprado por Rusia que muestra el apoyo a la tenencia de armas en Estados Unidos. | Foto:HPSCI Minority Exhibit

Rusia explotó las vulnerabilidades reales que existen en las plataformas en línea, por lo que debemos identificarnos, exponernos y defendernos contra operaciones similares de influencia encubierta en el futuro. Las compañías aquí hoy deben jugar un papel central a medida que buscamos proteger mejor la expresión política legítima, al tiempo que evitamos que el ciberespacio sea mal utilizado por nuestros adversarios”, concluyó Schiff.

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Anuncio de apoyo a Donald Trump publicado en Facebook y pagado en rublos. | Foto:HPSCI Minority Exhibit

Algunos de los anuncios comprados desde Rusia son peticiones directas de apoyo a Trump. En este caso, el anuncio iba dirigido a aquellos que ya habían manifestado interés por el candidato republicano y por su campaña. El coste de esta publicidad fue de 14.606,52 rublos, según la información que se ha hecho pública en el Congreso.

En enero de 2017, el ICA (Intelligence Community Assesment) de Estados Unidos desveló lo que las compañías de redes sociales han empezado ahora a reconocer ahora. “El presidente ruso Vladimir Putin ordenó llevar a cabo una campaña de influencia en 2016 dirigida a las elecciones presidenciales de EEUU. Los objetivos de Rusia eran debilitar la fe del público en el proceso democrático estadounidense, denigrar a la secretaria Clinton y hacer daño a sus elegibilidad y a su presidencia potencial”, señala el ICA. Además añade: “Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por el presidente electo Trump, por lo que aspiraban a ayudar a la elección de Trump desacreditando a la secretaria Clinton”.

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