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Esclavos en el siglo XXI

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier

El papa Francisco ha dado una voz de alerta al mundo. A comienzos de febrero, el pontífice instó a los gobiernos a erradicar la “vergonzosa plaga, indigna de una sociedad civil que supone que aún existan casos de esclavitud en el mundo”.

No es una cosa del pasado. En el planeta hay 35,8 millones de esclavos, según la segunda edición del “Global Slavery Index” de laWalk Free Foundation (16% más que en 2013). El 61% de estos viven entre la India, China, Pakistán, Uzbekistán y Rusia.

La sumisión moderna es un crimen oculto que puede tomar muchas formas, como el trabajo forzado o la trata de personas, según reseña el informe de la ONG. “Todas implican que una persona prive a otra persona de su libertad individual con la intención de explotarla a través de su uso, transferencia o eliminación”. En su mayoría, estas personas son obligadas a realizar trabajos manuales, a prestar servicios sexuales en prostíbulos o son mantenidas en cautiverio para pagar con su servidumbre por sus deudas supuestas o reales.

Mauritania ocupa el primer lugar en el ranking de los países con más casos. 4% de su población, 155.600 personas, están en situación de esclavitud. Aunque el gobierno adoptó en 2013 planes para su erradicación, como crear un tribunal encargado de los juicios para estos casos, la Walk Free Foundation considera que tendrán que pasar muchos años para que la situación en el país realmente mejore.

La mayoría de los esclavos en este país son moros negros. Los hombres y niños son pastores de camellos, ganado y cabras, obligados a trabajar en el campo. Las mujeres, por su parte, deben realizar tareas domésticas como cargar agua, recoger leña, preparar la comida y cuidar a los hijos de sus amos.

Uzbekistán, nación de Asia Central cuya economía recae mayormente en la producción y exportación de algodón, es el segundo país en el que una mayor porción de la población está esclavizada. La cifra más conservadora señala que 1.201.400 de los uzbekos (el 3,97% de la población) son sometidos para la producción de algodón.

Aunque el número de jóvenes trabajando en los campos de algodón disminuyó en 2013, aún se espera que los estudiantes de entre 15 y 18 años sean “voluntarios” para la cosecha, salvo que puedan pagar una tasa de exoneración.

Entre el top 10 de los países con más esclavos también se incluyen: Haití, Catar, la India, Pakistán, la República Democrática del Congo, Sudán, Siria y la República Centroafricana.

Haití es el tercer país del mundo con mayor proporción de habitantes esclavizados: 237.700 personas, un 2,3 % de su población. Con frecuencia éste es el resultado de la práctica de enviar a niños de familias pobres a trabajar con otras más ricas. Estos menores son conocidos como “restavek” y en sus nuevas residencias muchas veces sufren abuso sexual, verbal y físico.

En la pujante Catar un 1,4% de la población (29.400 personas) está esclavizada. La mayoría de las víctimas son inmigrantes sometidos a prácticas de trabajos forzados y a servidumbre doméstica. También, la demanda de mano de obra barata para ejecutar las obras del Mundial de fútbol del 2022 ha generado presión internacional sobre el Gobierno para que responda a los reportes sobre la explotación laboral.

La India, aunque ocupa el quinto puesto en la lista de los países con mayor proporción de sus habitantes esclavizados (un 1,1% de su población), es el Estado con mayor número de esclavos en el mundo: 14.285.700 millones de personas.

Allí, miembros de las castas “inferiores”, de tribus, minorías religiosas e inmigrantes son afectados desproporcionadamente por la esclavitud moderna, que ocurre sobre todo en los sectores de hornos de ladrillos, tejido de alfombras, bordados y otros productos textiles. La sumisión por deudas es particularmente común en este país de 1.250 millones de habitantes, con familias sometidas durante generaciones.

En los últimos cinco países incluidos en el informe de la Walk Free Foundation la gran cantidad de esclavos es, en parte, consecuencia de los conflictos internos. Más de 1% de la población de cada uno de estos está esclavizada.

“Los conflictos ponen fin, casi de inmediato, al Estado de Derecho y la explotación se convierte en una amenaza”, reseña el texto.

En Pakistán, el número de esclavos suma los 2.058.200. El trabajo forzado para pagar deudas es la forma más frecuente. Las provincias de Punjab y Sindh son las más afectadas por este flagelo. Las personas sometidas trabajan fundamentalmente en fabricación de ladrillos, agricultura y tejido de alfombras. Hay además 10 millones de trabajadores infantiles, de los que 3,8 millones tienen entre 5 y 14 años. Muchos son explotados en el comercio sexual.

La cifra de esclavos en la República Democrática del Congo alcanza a 762.900 personas, lo que se traduce en un 1,1% de su población. Muchos de los trabajadores sometidos laboran en las minas. Además, el 10% de los 300.000 niños soldados del país han sido secuestrados y obligados a unirse a grupos rebeldes.

La explotación de mujeres y niños en trabajos domésticos, comercio sexual y matrimonios infantiles forzados son las formas más frecuentes que adopta la esclavitud moderna en Sudán, donde hay 429.000 personas sometidas (equivalente al 1,1% de la población).

Cada vez hay mayor cantidad de reportes sobre refugiados y personas que buscan asilo en Eritrea, tras ser vendidos a traficantes egipcios por grupos sudaneses. Con frecuencia quienes han sido sometidos también son torturados con el objetivo de obtener sumas de dinero de sus familiares.

La existencia de 258.200 esclavos en Siria tiene gran relación con la guerra civil que vive ese país desde 2011. Muchos de los sometidos son niños reclutados por las fuerzas del Gobierno de Bashar al Assad y por grupos rebeldes que operan en el país. En medio de la guerra civil, que cumple 4 años, las niñas sirias han sido vendidas como novias y obligadas a casarse o a prostituirse. El surgimiento del Estado Islámico en la región ha significado un incremento de estas prácticas.

El último en la lista de países con más esclavitud en relación con su población es la República Centroafricana con 52.200 personas. Muchas víctimas allí son forzadas al comercio sexual, al matrimonio infantil y a combatir en las filas de los rebeldes ugandeses que se han trasladado al país.

Los peores de Europa y de América Latina

Europa tiene el porcentaje más bajo de personas sometidas a esclavitud: en todo el continente hay 566.200 víctimas sometidas a explotación sexual o económica, lo que equivale al 1,6% de todos los esclavos del planeta.

Rusia resalta como el país con más esclavos de la región euroasiática. Está en el puesto número 5 de 167 estudiados con 1.049.700 personas esclavizadas. Esto ocurre debido a que el país es el centro de los flujos migratorios en la región Euroasiática y, en consecuencia, centro de trata y la explotación de inmigrantes. Se estima que en este país trabajan entre 5 millones y 12 millones de inmigrantes, la mitad de estos en condiciones ilegales que derivan en muchos casos, por desesperación, en situaciones de explotación.

La vecina Ucrania tiene 112.600 víctimas. España, por su parte, ocupa el lugar 150 con 6.100 personas en esta situación.

En el otro extremo destacan Islandia y Luxemburgo, con sólo 100 víctimas cada uno.

Al otro lado del Atlántico, México es el segundo país de América Latina en sufrir este flagelo, después de Haití. Se ubica en el lugar 18 respecto al mundo con 266.900 esclavos. Lo sigue Brasil en el número 32 con 155.300, y luego Colombia en el 47, con 105.400.

Las medidas gubernamentales

El informe de la Walk Free Foundation resalta los esfuerzos de los países para luchar contra la esclavitud moderna. Salvo Corea del Norte, todos los concernidos por la investigación adoptaron leyes para criminalizar ciertas formas de esclavitud moderna, aunque solamente Estados Unidos, Brasil y Australia aplicaron medidas para impedir este crimen en los mercados públicos y en las cadenas logísticas de las empresas.

Brasil cuenta con una “lista negra” publicada por el Ministerio del Trabajo y Empleo que señala las compañías sancionadas por “explotación de mano de obra esclava”. En 2007 incluyó 192 empresas que al aparecer allí quedaron automáticamente imposibilitadas de obtener préstamos en bancos oficiales del gobierno. En 2014, un total de 109 empleadores fueron acusados durante el primer semestre del año de tener 421 trabajadores en condiciones análogas a las de la esclavitud. La mayor parte de las intervenciones en ese país tuvieron lugar en haciendas y fábricas del ámbito rural.

En Estado Unidos, el presidente Barack Obama en la orden de 2012 conocida como “Fortalecimiento de Protección Contra la Trata de Personas en los contratos federales” endureció la política de tolerancia cero ante el tráfico humano. Aun así, en ese país de 316 millones de habitantes hay 60.100 esclavos.

La esclavitud sigue siendo motivo de discusión en los parlamentos del mundo. A finales de febrero, Human Rights Watch y la ONG británica Kalayaan exigieron a la Cámara de los Lores de Reino Unido que modifique el proyecto de ley sobre la Esclavitud Moderna para que se restablezca el derecho de los trabajadores domésticos migrantes a poder cambiar de patrón o empleador.

Allí donde William Wilberforce, abolicionista inglés, lideró una campaña en contra de la esclavitud y logró que su proyecto fuese aprobado en 1807 continúan resonando sus palabras: “Puedes elegir mirar hacia otro lado pero ya nunca podrás decir que no lo sabías”.

Anna Carolina Maier

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Confíe en los cooperantes

Melchor Miralles

El periodista Melchor Miralles analiza en #elSubjetivo el escándalo de los abusos sexuales en la ONG Oxfam y hace un llamamiento para que volvamos a confiar en los cooperantes de estas organizaciones.

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Qué ideología defiende hoy Rusia (y por qué conviene conocer a San Pablo para saberlo)

Miguel Ángel Quintana Paz

Foto: Natallia Ablazhei
Reuters/File

Pocas dudas existen de que la política rusa sigue recabando interés en lares occidentales, y por buenos motivos. Los vínculos de Rusia con las últimas elecciones en EE. UU., su amenaza hacia los más recientes comicios europeos, su papel durante los turbios sucesos catalanes del pasado otoño: todo ello está siendo investigado, a menudo de modo bien competente, por nuestros periodistas, académicos, jueces y agencias de inteligencia.

Ahora bien, quizá también nos pueda aportar algo el análisis filosófico de las ideas que están detrás de esas actividades rusas. Ello no significa olvidar, ni mucho menos, que Vladímir Putin es ante todo un político pragmático; y que, por lo tanto, ninguna ideología resulta capaz de explicar todas y cada una de sus acciones. Pero incluso ante el más pragmático de los gobernantes cabe parafrasear aquello que John Maynard Keynes aseveraba de los “hombres prácticos”: que hasta aquel que se cree más exento de toda influencia intelectual, en realidad es solo el esclavo de algún intelectual difunto. En el caso de Rusia no son solo difuntos, además, sino pensadores bien vivitos y coleando los que están proporcionando al proyecto político de Putin cierto empaque en el mundo de las ideas. ¿Cuáles son aquellos y qué tesis son estas?

La verdad es que sus nombres (Alexander Projanov, Serguei Kurguinian, Leonid Ivashov, Natalia Narochnitskaya…) resultan poco conocidos entre nosotros, con excepción del principal de ellos, Alexander Duguin. Aunque Putin se cuida mucho de elevarles al rol de ideólogos oficiales de su política (pues implicaría compartir con ellos cierto poder, lo cual le resulta más antipático al mandatario ruso que compartir su cepillo de dientes), tampoco ha ocultado las buenas relaciones que les ligan: cuando hace dos años visitó con oropeles de nuevo emperador bizantino el Monte Athos, epicentro espiritual de la iglesia ortodoxa, no solo se hizo acompañar por el patriarca de su propia iglesia rusa, Kirill, sino también por Duguin mismo. Y la mejor prueba de que esas relaciones son buenas de verdad es que tienen una traducción contante y sonante: el Izborsk Club, think tank que reúne a los principales intelectuales de esta corriente, halla generosa financiación en el Kremlin.

Ahora bien, ¿qué ideas caracterizan a este grupo? Una primera paradoja que nos encontraremos al abordarlas es el papel central que ellas juega el marxista Antonio Gramsci, a pesar de que los autores citados se muevan hoy (aunque no siempre en su pasado) lejos del pensamiento comunista. En efecto, para estos intelectuales lo más importante en el mundo actual no es tanto ejercer directamente el poder (rol que dejan gustosos a Putin, y a él no le resulta menos gustosa tal dejación). Por encima de la política está lo que llaman “metapolítica”, que tiene que ver con lo que Gramsci llamaba “hegemonía cultural”: esa lenta tarea de ir influyendo a la opinión pública a través de los medios de comunicación, internet, la educación, las creaciones culturales, los pequeños grupos de estudiosos; en definitiva, todo aquello que vaya haciendo calar entre las masas, silenciosamente, un clima favorable a su propia forma de pensar.

Hablo de “forma de pensar”, pero quizá debería referirme más bien a “forma de sentir”. Pues este es otro punto clave del movimiento que estamos analizando. Para los representantes de este “nuevo conservadurismo ruso” o “conservadurismo postsoviético” (tales son los nombres que se les han atribuido) o “cuarta teoría política” (este es el nombre que a veces se atribuyen ellos mismos, frente a liberalismo, comunismo y fascismo) no importa tanto convencer con razones cuanto persuadir con emociones. De hecho, uno de los muchos errores que atribuyen al liberalismo occidental (su bestia negra) es la mentira, que este propaga, de que la política tiene que ver con argumentos racionales, con “datos” o con “verdades” que uno capte con su mera razón. Las democracias liberales engañan a sus ciudadanos y al resto de pueblos de la Tierra desde tiempos de la Ilustración, según estos rusos, porque en realidad la política tiene que ver con sentir juntos cosas importantes (la patria, la religión, la comunidad propia), y no tanto con hallar soluciones meramente cerebrales a los problemas del día a día.

En coherencia con tales planteamientos, los neoconservadores rusos no critican a Occidente mostrando sus errores o sus contradicciones, sino sobre todo su fealdad: nuestras democracias están vacías por dentro; son moralmente deformes; vagan ayunas de sacrificio, heroísmo y todas las virtudes que hacen la vida digna de ser vivida; en ellas triunfan solo los mercaderes, los mangantes, los rebaños satisfechos y los mediocres. Al igual que una mala película, lo malo de Europa y Estados Unidos no es que no tengan razón, sino que son aburridas y deprimentes. Y, por tanto, los textos de Duguin y sus compañeros no son tanto monótonos tratados academicistas en que se refuten una a una las libertades occidentales, sino más bien vibrantes manifiestos, de tono panfletario, repletos de símbolos y metáforas, en los que se aspira a ofrecer una alternativa más alta y noble a la plebeyez de nuestras decadentes sociedades.

Es en ese juego de símbolos y alegorías donde entra en juego San Pablo. Y lo hace de la mano de un autor del pasado, Carl Schmitt, que junto con el antes citado, Gramsci, suele figurar en el arsenal de todos los críticos radicales de nuestras democracias (algunos bien próximos a nosotros los españolitos). En efecto, Schmitt recuperó para la teoría política una palabra que en los textos de San Pablo aparece solo una vez (es, pues, lo que se llama un hápax legómenon) y que ha traído siempre de cabeza a los intérpretes de la Biblia. La palabra en cuestión es “katechon”.

Pablo la utiliza en el segundo capítulo de la segunda carta a los tesalonicenses, cuando explica a sus discípulos que no esperen de inmediato la Segunda Venida de Jesús, porque antes debe triunfar “el hijo de la perdición”, “el hombre de iniquidad” (no sabemos exactamente a quién se refería; quizá al Anticristo del que hablaba San Juan). Y hay sin embargo, siempre según San Pablo, algo que está reteniendo la victoria de este malvado: se trata de un “retenedor” o, en griego, katechon (aún sabemos menos a qué o quién aludía). Si nos fijamos en lo dicho, además (y ello complica aún más las cosas), resulta que ese katechon tiene un papel terriblemente ambivalente: por una parte, impide el triunfo momentáneo del Mal; pero, por otro, como este triunfo es requisito previo para la posterior llegada definitiva de Cristo, de hecho, está impidiendo también la victoria definitiva del Bien y el Paraíso final.

Como es previsible, esta ambigüedad del término katechon ha dado lugar a ríos de tinta durante dos milenios que lo han interpretado de una u otra forma; y Carl Schmitt contribuyó, con su particular afluente, a ello. Schmitt utilizó además esta metáfora de manera no menos ambivalente que el propio San Pablo. A veces resaltó su rol positivo (aquello que impide el triunfo del desorden, por ejemplo, los reyes medievales que, a la caída del Imperio, preservaron Europa del caos). Otras veces, en cambio, empleó el término de modo más bien peyorativo (se lo atribuyó verbigracia a EE. UU. y al Reino Unido que, para él, como simpatizante con el nazismo, no es que representaran lo mejorcito del mundo posterior a la II Guerra Mundial).

Toda esa ambivalencia se deja sin embargo de lado en Alexander Duguin, aunque recoja el término de las manos de Schmitt: el katechon para este ruso y los suyos es siempre alguien o algo positivo (no en vano han dado ese nombre a su principal web de difusión internacional). Se encarna en aquello (por ejemplo, Rusia) que preserva al mundo cristiano actual del caos, amenazado como se halla tanto por la superficialidad espiritual de Occidente como por el fanatismo violento del islam. La Rusia-katechon retiene en nuestro mundo la nobleza del mensaje evangélico, las culturas nacionales de los países cristianos, que si no fuera por ella (y por Putin, claro) quedarían sepultadas por culpa tanto de los debiluchos occidentales (que, como no creen en nada, dejan que sus países se inunden de musulmanes y ateos), como por un islamismo que no duda en recurrir a la violencia para ampliar su poder.

Ahora bien, resulta palpable que, pese a todo, la postura de esta ideología rusa frente a Occidente no puede escapar a cierta ambigüedad: por una parte, los occidentales somos para ella unos réprobos decadentes; por otra parte, sin embargo, pertenecemos a la antigua Cristiandad y, por consiguiente, somos potenciales aliados suyos en su tarea del katechon, de “detener el mal”. Con lo que resulta que, después de todo, la ambivalencia que había en San Pablo no la han perdido estos rusos por completo. Y eso quizá ayude a explicar un tanto la, por otra parte, paradójica política exterior rusa: que lo mismo apoya la unidad de España que juguetea con la secesión de Cataluña; lo mismo apoya a la ultraderecha de nuestro país que a la ultraizquierda ídem; lo mismo parece querer salvarnos de nuestros demonios que ansiar enfrentarnos de una vez por todas con ellos. Sin que además quede muy claro que lo que venga luego vaya a ser el Paraíso Final.

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El huracán María: suicidios, oscuridad y comenzar de nuevo

Anna Carolina Maier

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

La tasa de suicidios en Puerto Rico aumentó en un 57% durante 2017 (253 muertes de este tipo) en comparación con 2016 (192). El principal funcionario de Salud dijo a The New York Times que ya están viendo “los síntomas de una severa crisis de salud mental” que se ha profundizado tras el paso del huracán María en septiembre del año pasado. Desde entonces, para muchos la vida se apagó.

En el cuadro de datos que ofrece el Departamento de Salud de Puerto Rico se observa un aumento a partir de septiembre -con 27 muertes por suicidio- que se mantiene hasta diciembre y no baja de al menos 20 suicidios por mes en una isla en la que viven 3,4 millones de personas, según datos oficiales de 2016.

El huracán María: suicidios, oscuridad y comenzar de nuevo

En Puerto Rico, el suicidio es la tercera causa de muertes violentas (en Estados Unidos es la décima). Se debe, entre otras cosas, a la recesión económica que cuenta ya más de 16 años; a que el 45% de la población está en la pobreza y el desempleo dobla la media de Estados Unidos. A esto se le suma la devastación que dejó María, lo que ha aumentando este riesgo y ha hecho de los balcones y las pastillas una amenaza constante para muchas personas que perdieron casi todo. La mayoría de los que preservan la vida y el ánimo tienen que “empezar de nuevo”.

Otros que no han mantenido la calma cuentan con una asistencia que ha salvado vidas. Las llamadas telefónicas a los centros de asistencia de personas con ataques de ansiedad y depresivos que se concentran en La Línea PAS (1-800-981-0023) no cesan, tal y como lo muestra un documental hecho por The New York Times publicado en septiembre. Allí se cuenta la historia del 1,5 millones de personas que ya entonces llevaban más de 40 días sin electricidad y sin sus principales pertenencias. En el reportaje las voluntarias de esta línea de ayuda cuentan cómo cada vez que llueve las llamadas incrementan debido a que las personas entran en pánico al pensar en que una situación como María se pueda repetir.

El huracán María: suicidios, oscuridad y comenzar de nuevo 3
A finales de enero, las autoridades informaron de que 450.000 personas permanecían sin electricidad | Foto: Carlos García Rawlins / Reuters

La Línea PAS opera todos los días del año, 24 horas. El surgimiento de esta ‘hot-line’ nació tras el ataque terrorista al World Trade Center, en Nueva York del 11 de septiembre de 2001. “El programa empezó dos días después, el 13 de septiembre, porque la gente no sabía qué hacer o con quién hablar”, contó la directora del programa, Monserratte Allende, una de sus fundadoras al medio local Primera Hora.

Muchas vidas han sido salvadas gracias al trabajo de más de 10 profesionales que desde una humilde oficina ubicada en Bayamón se sientan ante ordenadores y teléfonos para responder a los pedidos de ayuda, emergencias o ofrecer simplemente respuestas a aquellos que se sientan desolados, tristes o no tengan con quién hablar.

Los psicólogos que allí trabajan tienen claro que las llamadas no cesarán en los próximos meses. El servicio energético, que resultó devastado por el huracán, no será restablecido en su totalidad hasta junio, informó Thomas Holden, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (Usace, en inglés), según el medio local El Nuevo Día.

A finales de enero, las autoridades informaron de que 450.000 personas permanecían sin electricidad cuando ya se habían cumplido cuatro meses del paso del fenómeno natural que destruyó por completo la red eléctrica de la isla, dejando así al 100% de los abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) sin el servicio. El problema no se ha resuelto aún y algunos no tendrán luz hasta junio.

“Creemos que alcanzaremos el 100% para mayo o junio”, expresó Holden, director del Programa de Reparación de la Red Energética del Usace a El Nuevo Día. De modo que muchas familias pasarán hasta nueve meses sin luz.

Holden añadió que para el 28 febrero, un 95% de abonados debería tener luz. El restante 5% consiste de abonados ubicados en áreas bastantes remotas o cuya conexión con la AEE fue dañada prácticamente en su totalidad. Ese 5% es el que será el último en restablecerse para junio.

El pasado 17 de enero un vídeo con unos niños brincando de jubilo en una escuela de San Juan de Puerto Rico se volvió viral. Hizo recordar a muchos lo afortunados que son por el simple hecho de tener luz. Los chicos de la Academia Bautista celebraban que había vuelto la electricidad tras 112 días en oscuridad. Aún así, ese día el 40% de la población seguía sin luz.

Además, el ciclón destruyó unas 57.000 viviendas y dejó al menos 254.000 fuertemente afectadas. Otro de los resultados fue un éxodo masivo de puertorriqueños a EEUU. Aún se desconoce el número de familias que huyeron de la isla y que se encuentran en refugios en distintas ciudades.

La pérdida humana ha sido brutal. La cifra oficial de muertes directas e indirectas se eleva a 64, pero otros estudios independientes hablan de centenares de fallecidos. De hecho, un análisis estadístico publicado por The New York Times sugiere que podría tratarse de más de mil muertes.

María causó daños por valor de 90.000 millones de dólares.  “Se ubica como el tercer desastre climático y meteorológico más costoso jamás registrado en el país, e Irma se clasifica como el quinto”, señaló un informe de la Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).

El pasado 1 de Febrero se dio a conocer que el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos (HUD) otorgó 1.500 millones de dólares para ayudar a Puerto Rico a recuperarse , pero la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) y el departamento del Tesoro estadounidense determinaron -el 17 de enero- que no desembolsarán el préstamo de 94.400 millones de dólares que solicitó el gobernador Ricardo Rosselló.

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El gobernador Ricardo Rosselló solicitó 94.400 millones de dólares para recuperar la isla. | Foto: Alvin Baez

El Gobierno de Estados Unidos está dispuesto a ayudar, pero quiere garantías por la experiencia reciente del mal manejo de recursos que llevó a Rosselló a anunciar en mayo del año pasado que la isla se declaraba en quiebra con el fin de reestructurar su multimillonaria deuda de más de 70.000 millones de dólares.

La cadena Univisión reportó este miércoles que FEMA ha comenzado a notificarles a unas 200 familias puertorriqueñas que ya no les pagarán más los hoteles en donde se han estado hospedando durante las últimas semanas tras haber perdido sus viviendas. A pesar de esto, unas 3.700 familias seguirán recibiendo la ayuda del TSA hasta el próximo 20 de marzo. FEMA ha gastado 21.3 millones de dólares en el pago de hoteles, según sus portavoces, con el programa que es temporal y periódicamente revisa el estado de las familias para determinar su elegibilidad. Los que opten por volver a la isla, tendrán que empezar de nuevo.

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Perder el Sur

David Mejía

Foto: Seth Perlman
AP Images / Archivo

En una carta fechada el 24 de agosto de 1855, Abraham Lincoln escribe a su amigo Joshua F. Speed:

«Tengo la impresión de que estamos degenerando a un ritmo muy rápido. Como nación comenzamos declarando que “todos los hombres han sido creados iguales”, y en la práctica se lee: “todos los hombres han sido creados iguales, excepto los negros”. Cuando los ignorantes tomen el control, se leerá: “todos los hombres han sido creados iguales, excepto los negros, los extranjeros y los católicos”. Cuando alcancemos este punto, preferiré emigrar a algún país que no finja amar la libertad.  A Rusia, por ejemplo, donde el despotismo se manifiesta puro,  sin pátina de hipocresía».

En esta carta, el futuro presidente Lincoln denuncia una erosión paulatina de la premisa fundacional del proyecto americano. Muestra que una democracia no necesita el advenimiento repentino de una tiranía para dejar de serlo. Para degenerar, a una democracia le basta con ceder espacio a la discriminación y la injusticia, o con resignarse a tolerar la humillación de una parte de sus ciudadanos. Lincoln pasó a la historia como el presidente que ilegalizó la esclavitud, pero también como el dirigente que estuvo dispuesto a pagar el precio más alto —la guerra civil— para que el mal no subsistiera.

Casi un siglo después, tras el asesinato de Kennedy en noviembre de 1963, ascendió a la presidencia el tejano Lyndon B. Johnson, hasta entonces Vicepresidente. Johnson era menos fotogénico que su predecesor, pero su impacto en las vidas más discriminadas y desfavorecidas del país fue infinitamente mayor. Su legado más recordado son la Ley de Derechos Civiles de 1964, y la Ley de derecho de voto de 1965.

Para aprobarlas, Johnson se enfrentó a la obstinada oposición de sus propios compañeros del Partido Demócrata. Pocos recuerdan que en aquel momento los demócratas gobernaban casi la totalidad de los estados del Sur; “Solid South”, lo llamaban. Los gobernadores demócratas eran conscientes de que la aprobación de medidas federales para des-segregar el Sur les expulsaría de las instituciones. Y así fue. El sureño Johnson destrozó el régimen de Jim Crow, pero también la solidez electoral de su partido en el Sur. Johnson asumió el riesgo —y después las consecuencias— de hacer lo correcto. Perdió el Sur, pero quien quedó retratado para la historia no fue él, sino quienes le retiraron el voto y la palabra.

Parece cada vez  más claro que en España, un partido nacional que apueste por medidas que profundicen en la igualdad y la justicia, corre el riesgo de desaparecer en determinadas regiones. Es lo que evita que exista una justa redistribución interterritorial de la riqueza, que se apruebe un impuesto de sucesiones general que combata la desigualdad de origen, que se protejan los derechos lingüísticos de los castellanohablantes, y hasta que se persiga a quienes atentan contra sedes de periódicos o partidos políticos. El temor a la insignificancia provoca que se baile al son de hegemonías locales, o de frívolas modas pasajeras, y se dejen de lado valores fundamentales. Si Johnson hubiera obrado igual, quizá en Mississippi aún gobernaría el Partido Demócrata, pero los negros seguirían sentados al fondo del autobús.

Si las cosas siguen así, al igual que Lincoln, me plantearé emigrar allá donde el desprecio a la igualdad se manifieste claro y conciso, sin asomo de hipocresía. Y discúlpenme si, como Johnson, entre perder votos y perder la decencia, prefiero a quienes optan por lo primero.

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