Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

#OscarsSoWhite: ¿Son los premios de Hollywood racistas?

Cecilia de la Serna

Foto: Cecilia de la Serna

Esta noche habrá un protagonista afroamericano sobre el escenario del teatro Dolby de Los Ángeles, el actor Chris Rock, que presentará una gala muy blanca. Tan blanca, que ningún otro afroamericano se subirá a ese mismo escenario a recoger un premio, ya que no hay ninguno entre los nominados. Esto confirma una tendencia que viene de lejos, que dura décadas, y que ha merecido el hartazgo de los miembros de este colectivo.

Race films: un desafío del siglo XX

Las reivindicaciones raciales en Hollywood no son una novedad. En el cine de la primera mitad del siglo XX, los actores negros se veían obligados a interpretar todo tipo de papeles estereotipados. Nunca tenían el papel del bueno de la película, sino todo lo contrario. Eran, normalmente, criminales de poca monta, gángsters. Si tenían suerte, podían llegar a interpretar a un criado. Eran papeles planos, sin mucho fundamento, que respondían a estereotipos racistas, alimentando el pensamiento colectivo que degradaba a los afroamericanos a ciudadanos de segunda en Estados Unidos. Pero lo más grotesco del asunto es que, a menudo, eran actores blancos que se pintaban la tez de negro los que interpretaban estos papeles degradantes. Es una herencia del blackface, o maquillaje empleado para representar a un afroamericano. Esta costumbre viene del teatro del siglo XIX, y es un claro ejemplo de racismo, ya que se usaba -de la misma manera que en el cine- para estereotipar y mofarse de los personajes negros.

Entonces llegaron los race films. Películas hechas por pequeños colectivos y productoras independientes que rompían con estos estereotipos. Más de 500 películas se realizaron bajo esta premisa, aunque se han perdido más de 400 en el camino. Tuvieron muchísimo éxito entre la población afroamericana. Sólo podía ser así, ya que su proyección estaba limitada a cines donde, por la segregación obligada, sólo podían acudir negros.

El pionero de este cine tenía nombre de Oscar, aunque ninguna estatuilla en su palmarés: Oscar Micheaux. Realizó más de 40 películas que hablaban de temas que tocaban el día a día de esta comunidad, como la discriminación o la explotación laboral. Intentó dibujar personajes reales, que se asemejaran a una comunidad que no se regía por los estereotipos que imponía Hollywood. Micheaux abrió la puerta a otros realizadores negros a seguir un camino difícil, necesario y que guiara otro gran movimiento que traspasó las pantallas: el que lideró Martin Luther King por los derechos civiles en Estados Unidos.

Con el paso de las décadas de los 40, 50 y 60, Hollywood empezó a incluir personajes negros más ricos en matices, menos encorsetados por los prejuicios. Fue un cambio lento, alentado por los cambios demográficos en Estados Unidos, y el avance sin retorno del movimiento de King. La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color ejerció presiones sobre las productoras para que eliminaran los estereotipos raciales de las películas de Hollywood, con el objetivo de mejorar la imagen de una comunidad repleta de barreras. Éstas accedieron, a principios de los 40, aunque el acuerdo no siempre se cumplía. Al menos, los negros conseguían entrar en los argumentos de los films con papeles protagonistas, como los de Louis Armstrong y Duke Ellington en Cabin in the Sky (1943).

Los Race Films se enfrentaron a toda una industria que generaba millones de dólares cada año y que influía como nadie –hasta la llegada de la televisión- en el pensamiento colectivo, más allá incluso de Estados Unidos. Después de haber traspasado todos los obstáculos, de haber superado los fantasmas de hace más de medio siglo, cuesta creer que los conflictos raciales sigan en el centro de la polémica de Hollywood.

En el centro de la polémica

Todo comenzó cuando Will Smith, uno de los actores más reconocidos del panorama hollywoodiense, se rebeló. Puso sobre la mesa una reivindicación que cree justa y necesaria. Por segundo año consecutivo, ningún actor afroamericano ha sido nominado en ninguna de las cuatro categorías de mejor actor y mejor actriz, tanto protagonista como de reparto. Para protestar por este hecho, el actor y miembro de la Academia que otorga los premios, anunció que no acudiría a la ceremonia. Smith recogía así las voces de Jade Pickett, su esposa, y del director Spike Lee, precursores del movimiento #OscarsSoWhite, que ha arrasado en las redes sociales.

#OscarsSoWhite… Again. I Would Like To Thank President Cheryl Boone Isaacs And The Board Of Governors Of The Academy Of Motion Pictures Arts And Sciences For Awarding Me an Honorary Oscar This Past November. I Am Most Appreciative. However My Wife, Mrs. Tonya Lewis Lee And I Will Not Be Attending The Oscar Ceremony This Coming February. We Cannot Support It And Mean No Disrespect To My Friends, Host Chris Rock and Producer Reggie Hudlin, President Isaacs And The Academy. But, How Is It Possible For The 2nd Consecutive Year All 20 Contenders Under The Actor Category Are White? And Let’s Not Even Get Into The Other Branches. 40 White Actors In 2 Years And No Flava At All. We Can’t Act?! WTF!! It’s No Coincidence I’m Writing This As We Celebrate The 30th Anniversary Of Dr. Martin Luther King Jr’s Birthday. Dr. King Said “There Comes A Time When One Must Take A Position That Is Neither Safe, Nor Politic, Nor Popular But He Must Take It Because Conscience Tells Him It’s Right”. For Too Many Years When The Oscars Nominations Are Revealed, My Office Phone Rings Off The Hook With The Media Asking Me My Opinion About The Lack Of African-Americans And This Year Was No Different. For Once, (Maybe) I Would Like The Media To Ask All The White Nominees And Studio Heads How They Feel About Another All White Ballot. If Someone Has Addressed This And I Missed It Then I Stand Mistaken. As I See It, The Academy Awards Is Not Where The “Real” Battle Is. It’s In The Executive Office Of The Hollywood Studios And TV And Cable Networks. This Is Where The Gate Keepers Decide What Gets Made And What Gets Jettisoned To “Turnaround” Or Scrap Heap. This Is What’s Important. The Gate Keepers. Those With “The Green Light” Vote. As The Great Actor Leslie Odom Jr. Sings And Dances In The Game Changing Broadway Musical HAMILTON, “I WANNA BE IN THE ROOM WHERE IT HAPPENS”. People, The Truth Is We Ain’t In Those Rooms And Until Minorities Are, The Oscar Nominees Will Remain Lilly White. (Cont’d)

Una foto publicada por Spike Lee (@officialspikelee) el

Las voces que se han alzado contra la discriminación en las nominaciones de los Oscar se multiplican.  Los actores afroamericanos han recibido el apoyo de otros, como George Clooney, que respaldó a Will Smith en una carta: “Hace diez años, la Academia hacía un trabajo mejor. Había muchos más afroamericanos nominados. Pero el problema no es a quién se nomina, sino ¿cuántas opciones hay disponibles en el cine para las minorías, particularmente en películas de calidad?“.

El propio Barack Obama también se manifestó al respecto. Dijo que este debate forma parte de un problema más profundo. El Presidente de los Estados Unidos se declaró a favor de esta controversia, asegurando que la diversidad es esencial para hacer mejor arte.

14 premios en 88 ediciones

La reivindicación de #OscarsSoWhite se apoya, sobre todo, con datos. En la historia octogenaria de los Oscar, tan sólo 14 premios han recaído sobre actores negros. Las nominaciones a las distintas categorías de interpretación siguen la misma tendencia, y van a la baja. En los últimos años han decaído hasta cero nominaciones de las dos últimas ediciones:Nominaciones-Actores-Negros

Halle Berry es la única actriz afroamericana en ganar un Oscar a la mejor actriz protagonista por su papel en Monster’s Ball, hace ya catorce años. Según los que encabezan esta protesta, dos factores determinan esta pobre representación de intérpretes negros en los Oscar: por un lado, los papeles que les proponen son generalmente menos ricos que los de los blancos, por otro, cuando los papeles son merecedores de un premio, apenas les tienen en cuenta.

OscarsSoWhite

Las minorías deben verse representadas en todas las vertientes artísticas. Gracias a los discursos de actrices como Jennifer Lawrence o Patricia Arquette, ahora se presta atención en la industria a las desigualdades salariales entre hombres y mujeres. El colectivo homosexual se ha hecho un hueco en este mundo, gracias a interpretaciones como las de Cate Blanchett y Rooney Mara en Carol, nominadas ambas a mejor actriz y mejor actriz de reparto este año. Sean Penn recibió el Oscar por interpretar al activista Harvey Milk. Los hispanos también se sienten ignorados por una industria que no parece capaz de adaptarse a los tiempos que vienen, a una sociedad en constante cambio. La Academia ya ha entonado el mea culpa, a través de su Presidenta, y ha asegurado que hará cambios para arreglar esta situación.

Continúa leyendo: Tu cara aparece en una obra de arte y una 'app' de Google te ayuda a encontrarla

Tu cara aparece en una obra de arte y una 'app' de Google te ayuda a encontrarla

Redacción TO

Foto: Kumail Nanjiani
Twitter

Google Arts&Culture es el museo virtual más grande que existe. La aplicación se puede descargar en cualquier dispositivo desde hace más de un año y medio. Google colabora con más de 1.200 museos, galerías e instituciones de 70 países para que sus exposiciones estén disponibles online para todo el mundo. Además de permitir visitas virtuales a exposiciones —todo a través de la pantalla del móvil—, la app recupera historias como la de la Savitribai Phule, la mujer que ayudó a instalar la primera escuela para niñas en la India; cuenta con reportajes visuales sobre las luces de neón en Hong Kong y con reivindicaciones sobre cómo los trabajos de perlas africanos artesanales cambiaron el mundo. Pero Google Arts&Culture no se ha hecho viral por nada de esto.

La verdad es que nos hemos dado cuenta de que existe por una cuestión bastante ególatra. La app de Google ha lanzando una función que encuentra, con solo subir un selfi, la obra de arte, cuadro o retrato a la que te pareces. Así, tu selfi con poca luz en 2018 resulta ser súper parecido a un óleo del Barroco que se encuentra en el Rijksmuseum de Amsterdam. Si es que nada nos gusta más a los humanos que vernos, aunque sea reconvertidos en un retrato de un señor con bigote del siglo XVII.

La aplicación encuentra el parecido entre los autorretratos y las obras de arte gracias a la inmensa colección de cuadros de Google y a una función muy avanzada de reconocimiento facial. Un porcentaje en la parte superior indica el parecido entre ambas imágenes. “Siempre tratamos de encontrar formas interesantes e interesantes para que la gente hable sobre el arte, y esta fue una de ellas”, dijo a The Washington Post Patrick Lenihan, portavoz de Google.

De momento, esta función solo está disponible en Estados Unidos, y no en todo el país. Google ha declinado comentar si hay planes de expandir esta función a otros países. Esto no ha impedido que miles los usuarios hayan encontrado ya su parecido. Además, de la actriz Felicia Day o el actor Kumail Nanjiani, el cantante Gil McKinney, el músico Pete Wentz y numerosos periodistas norteamericanos, los niños de Stranger Things o Bojack también se han apuntado a encontrarse (este último es de los pocos que ha conseguido casi un 90% de parecido).

Ahora solo cabe esperar que estos miles de retratos igualen nuestro interés por el arte al que ya tenemos por los selfis.

Además, si algo ha demostrado esta app, es que Google tiene fichadas no solo las obras de arte mundialmente reconocidas… Aquí la prueba:

Continúa leyendo: Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya

Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya

Jorge Raya Pons

Foto: ACADEMIA DE CINE
RRSS

A pocos metros de la sede del Partido Popular en Madrid, compartiendo incluso fachada, está el edificio de la Academia de Cine, apenas reconocible por una placa en una calle particularmente lustrosa de Madrid –Zurbano, lo dijo The New York Times en 2015, es una de las mejores calles para vivir en Europa–. Allí se congregaban, a menos de tres semanas de la entrega de los Goya, siete de los autores nominados a mejor guión original y a mejor guión adaptado (Pablo Berger, Carla Simón, Andoni de Carlos, Paco Plaza, Fernando Navarro, Alejandro Hernández y Coral Cruz) y todos ellos compartieron las virtudes y miserias de ser guionista en una industria tan dura. También las experiencias de escribir las películas que ahora representan.

La moderadora arranca y les plantea una cuestión: la dificultad de encontrar superficies comunes entre todas las cintas, tan diversas. Hay terror, hay drama, hay comedia. “Quizá que todas salen de las tripas”, responde Alejandro Hernández, guionista de El autor. Y Pablo Berger, que escribe los propios guiones que dirige –está nominado por Abracadabra–, encuentra la afinidad de sus compañeros cuando dice que el patrón común que todos comparten es que son los “raritos” del circuito: “No vamos por autopistas, sino por carreteras secundarias”.

Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya
Tres de las favoritas a mejor guión de los Goya.

En estas carreteras transita desde muy poco Carla Simón, que fue el gran descubrimiento del cine español. Tanto que su debut en el largometraje, Estiu 1993, es la candidata a representar al país en los próximos Oscar. En aquel guión puso el corazón y su historia: siendo una niña perdió a sus padres y fueron sus tíos quienes la acogieron en su familia. Curiosamente, en una película donde la muerte está tan presente apenas se menciona: la propia Simón no supo que sus padres estaban muertos hasta que cumplió los 12. Sí comprendió, en cambio, que nunca volvería a verlos. Su reto en este guion, dice, no fue tanto rebajar la sensibilidad como añadirla: ella es mucho más fría.

Paco Plaza y Fernando Navarro comparten su experiencia como tándem creativo detrás de Verónica: ellos aspiraban a construir el gótico vallecano [sic] con esta película. Esto es, respetar el género de terror pero también el costumbrismo español, contar una historia con personajes que conocemos y con brotes de humor necesario. Es una cuestión fundamental en su manera de comprender el cine: reivindican que el verdadero género no solo asusta, sino que ilumina los laberintos de la psicología humana: Verónica, reivindican, es también la historia de una adolescente que se resiste a crecer. Igual que El exorcista es el relato de una chica poseída, sí, pero también la imagen de una madre que se siente culpable por no prestar las atenciones que reclama su hija.

Sorprende, en cualquier caso, que en este evento apenas contemos dos mujeres: es una situación que no pasa desapercibida para Cruz y Simón, que tienen perspectivas distintas de un mismo escenario. “Tendría que haber muchas más mujeres”, dice Simón. “Es un proceso largo, pero cada vez hay más mujeres educándose. Se necesitan referentes. Hay trabajo por delante. Yo conservo la esperanza y en Cataluña tengo más amigas directoras que amigos directores”.

Hernández cuenta que estudió cine en Noruega, donde asegura que, durante aquel año, de 27 películas que se hicieron, 14 estaban dirigidas por mujeres, y sostiene que como profesor ha descubierto que las mujeres –sus alumnas– son más talentosas que los chicos en promedio, tienen historias más interesantes que compartir. “Tenemos un manantial que se pierde en las tuberías”, dice, con cierto lamento. Cruz considera que si las mujeres son minoría en el cine es responsabilidad, al menos en parte, de las propias mujeres: “Tenemos que ser más ambiciosas, escribir género”. Cree que la mujer debe pensar en grande y en la taquilla para ser considerada, no limitarse a proyecto pequeño, casi íntimos. Y luego se disculpa con Simón, que es una honrosa excepción.

Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya 1
Tres de las películas nominadas al Goya por su guión.

La cita, llegada a su conclusión, comienza a cobrar tintes reivindicativos, especialmente por Navarro, al que secunda el resto. Porque un conflicto con el que tienen que lidiar los guionistas, cada día, es la precariedad y el olvido. No hay película sin guión y nunca la hubo, protestan. Esta situación –el olvido– se remarca cuando Simón y Plaza tienen que abandonar la sala por compromisos relativos a la ceremonia: nadie reclama, sin embargo, a los guionistas. Esta observación corre a cargo de Navarro, entre el humor y la resignación.

Él mismo recuerda la ocasión en que quisieron plantear –hace cinco años– una tabla salarial de mínimos que permitiera unas retribuciones acordes al trabajo que ejercen los guionistas, así como una serie de derechos fundamentales: muchos invierten meses de trabajo sin cobrar, no reciben el dinero hasta que el proyecto se consolida. Las claves para la subsistencia hasta entonces son un misterio. En aquel momento, la respuesta de Competencia fue contundente: una multa de 36.000 euros para Alma, el sindicato del que forman parte. Ahora negocian con el Gobierno para conseguir unas condiciones más favorables, tal y como ocurre en Estados Unidos. El éxito de esta medida, sospechan, pasa por la unidad del colectivo y la comprensión de las televisiones: a día de hoy, son las que más ficciones producen en España.

Continúa leyendo: Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine

Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine

Néstor Villamor

Foto: RRSS
RRSS

Oprah Winfrey triunfó. No solo se llevó uno de los mayores galardones de la industria del cine, el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, sino que, en la pasada edición de los Globos de Oro, dio uno de los discursos más memorables que se recuerdan en estos premios. Desde la forma en la que recordó cómo le impactó ver en directo a Sidney Poitier convertirse en el primer actor de color en ganar un premio Oscar a la reinvindicación de la lucha contra el machismo. Sus palabras no solo hicieron estallar (de alegría) a internet, sino que hasta movieron mercados bursátiles y crearon hordas de tuiteros clamando por que la presentadora se postule como candidata a la presidencia de su país. Pero, aunque memorable, no es la primera vez que un discurso de una estrella de cine llega cargado de reivindicaciones políticas o sociales y provoca reacciones intensas entre el público.

Ocurrió el año pasado cuando Meryl Streep recibió el mismo premio que esta vez se ha llevado Winfrey. Con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones, Estados Unidos estaba a punto de estrenar presidente en el momento de la gala. Y la actriz más respetada de Hollywood (y, por extensión, del mundo) quiso aprovechar la ocasión para hablar de la actuación que más le había llamado la atención de todo el año. “Ha habido una actuación este año que ha dejado aturdida. Ha hundido sus garras en mi corazón. No porque fuera buena: no tenía nada de bueno. Pero fue efectiva e hizo su trabajo. Hizo a su público objetivo reír y enseñar los dientes. Fue ese momento en el que la persona llamada a ocupar el asiento más respetado de nuestro país imitó a un periodista con discapacidad, alguien a quien superaba en privilegios, poder y capacidad de devolver un golpe. De algún modo me rompió el corazón cuando lo vi”.

La reacción no se hizo esperar. A Streep le llovieron los aplausos. Quien no se quedó contento fue Donald Trump, que publicó un tuit en el que decía: “Meryl Streep, una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood, no me conoce pero me atacó anoche en los Globos de Oro”. En un tuit siguiente la llamaba “lacaya de Hillary [Clinton] que perdió a lo grande”.

Pero la calma que mostró en su discurso la ganadora de tres Oscar contrasta con el entusiasmo que había exhibido solo dos años antes en la ceremonia de los Oscar, en la que aplaudió con vehemencia el discurso de Patricia Arquette, ganadora del galardón a la mejor actriz de reparto. “A cada mujer que ha dado a luz, a cada pagadora de impuestos y ciudadana de esta nación. Hemos luchado por la igualdad de derechos de todos los demás. Es momento de que tengamos igualdad de sueldos de una vez por todas e igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos de América”.

Antibelicismo

Donald Trump no fue el primer presidente vapuleado en el discurso de una personalidad del mundo del cine. Le ocurrió a George Bush, hijo, cuando, en 2003, el director Michael Moore ganó el Oscar al mejor documental y decidió no callarse su opinión sobre la Guerra de Irak. “Nos gusta la no ficción pero vivimos en tiempos ficticios. Vivimos en un tiempo en el que tenemos resultados electorales ficticios que eligen a un presidente ficticio. Vivimos en un tiempo en el que tenemos a un hombre enviándonos a la guerra por razones ficticias”. Moore no solo no se topó con la acogida que sí recibieron Winfrey, Streep y Arquette, sino que recibió abucheos de los asistentes.

A quien no abucheó el público fue a Halle Berry cuando en 2002 se convirtió en la primera mujer afroamericana en recibir un Oscar a la mejor actriz. “Este momento es mucho más grande que yo”, dijo al recibir su galardón. “Este momento es para Dorothy Dandridge, Lena Horne, Diahann Carroll. Es para las mujeres que hay a mi lado, Jada Pinkett, Angela Basset, Vivica Fox. Y es para cada mujer de color sin nombre y sin cara que ahora tiene una oportunidad porque esta puerta se ha abierto esta noche”.

Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine
Al recibir su premio de la Academia, Hale Berry mencionó en su discurso a Dorothy Dandridge, la primera mujer afroamericana en ser nominada al Oscar a la mejor actriz. | Foto: Raw / AP

Y otra puerta se abrió cuando Lena Waithe se convirtió en la primera mujer afroamericana en lograr el Emmy al mejor guion de una serie cómica por Master of None. Después de, en primer lugar, dar las gracias a Dios, dio un discurso que ocupó la atención de la prensa al día siguiente: “A mi familia LGBQTIA [lesbianas, gays, bisexuales, queer -un término paraguas que hace referencia a todas las minorías sexuales-, transexuales, intersexuales y asexuales]. Os veo a todos y cada uno de vosotros. Las cosas que nos hacen diferentes son superpoderes. Cada día, cuando salgáis por la puerta, poneos vuestra capa imaginaria y conquistad el mundo porque el mundo no sería tan bonito como es si vosotros no estuvierais en él”.

También sobre el colectivo LGTB se pronunció Sean Penn cuando, en 2009, ganó su segundo Oscar por interpretar al icónico activista gay Harvey Milk. “Creo que es buen momento para que aquellos que votaron para prohibir el matrimonio gay se sienten y reflexionen y anticipen su gran vergüenza y la vergüenza a ojos de sus nietos si continúan con esos apoyos. Tenemos que tener igualdad de derechos para todo el mundo”.

Quien puso un tinte político a una gala de los Oscar sin hacer alusión a nadie fue Leonardo DiCaprio. Cuando en 2016 se llevó el premio al mejor actor no habló de presidentes, ni de mujeres. Ni de afroamericanos, ni de lesbianas. Ni falta que le hizo: habló del planeta. “El renacido iba sobre la relación del hombre con el mundo natural. Un mundo que colectivamente sentimos en 2015 como el año más caluroso desde que hay datos. Nuestra producción tuvo que mudarse a la punta Sur de este planeta solo para poder encontrar nieve. El cambio climático es real, está ocurriendo ahora mismo, es la amenaza más urgente a la que se enfrenta nuestra especie”. Mientras DiCaprio hablaba, Kate Winslet, en su asiento, estaba al borde de las lágrimas.

Continúa leyendo: Fue un asesinato cualquiera

Fue un asesinato cualquiera

Carlos Mayoral

Foto: Natacha Pisarenko
AP

Una chica cualquiera camina un día cualquiera por un lugar cualquiera cuando se cruza un tipo en su vida para sesgarla con las manos. Sólo existe una variable a la que no se le puede asignar el valor “cualquiera” en esta ecuación, y es precisamente al tipo que asalta la escena. Es así, se trata del único que actúa con premeditación y, por tanto, del encargado de elegir el resto de variables. A menudo, este tipo lleva consigo vigilancia extrema, avisos penales, condenas pasadas… No le importa, continúa protagonizando penosamente la escena. Porque a ese tipo no le guían los teléfonos pinchados, las órdenes de alejamiento o los años a la sombra. A ese tipo le guía un instinto primario mucho más poderoso y peligroso, un instinto que pasó por alto el coto que debería de haberle impuesto la educación, un instinto que no atiende a razones externas. Sólo importa el yo, el ego, con toda la ceguera en las decisiones que eso conlleva.

Por eso, cuando los posts, las columnas, los tweets, las viñetas y otras tribunas de distinto pelaje le sugieren a cada mujer que se defienda, que no permita que su chico le controle el móvil, que suba a o baje el dobladillo de la falda en función de sus gustos o que se líe a estacazos con el asaltante surge una duda: ¿Alguien cree que al tipo en cuestión le va a importar lo que vio en el móvil o dejó de ver, si el dobladillo de la falda sugería esto o aquello, si la denuncia le prohíbe tal o cual asunto, si la mujer planta cara o se somete? La respuesta, a mi juicio, es muy simple. A esas alturas, como ya se ha dicho, él decide, él controla y él es único al que le pertenecen las variables; el resto de la ecuación, para desgracia de la sociedad que habitamos, puede ser ocupado por “cualquiera”. Es decir, ya no importa lo que se haga desde el plano individual. Sin embargo, ahí siguen las tribunas, jaleando, imponiéndote su cuota de responsabilidad a ti, cualquiera, exigiendo que no te fijes en un Montesco si eres una Capuleto o reclamando por qué saliste sola de casa a esas horas por ese barrio.

Obviamente, esta columna no aportará demasiadas soluciones. En este sentido, es igual de ruidosa que las anteriormente criticadas. Sólo se le ocurre, desde la barrera que impone el género aún en el siglo XXI, sugerir que no se puede llevar a cabo únicamente un juicio individual, remedios que sólo incluyan movimientos particulares, sean estos una denuncia o un estacazo. La solución debe ser impuesta de una manera global, a través de eso que ha aparecido por el texto un par de párrafos atrás: educación. O, si se quiere, algún término análogo: pedagogía, concienciación, cultura. Es decir, hay que conseguir que no se críe ese instinto, porque una vez aparece, me temo, ya no hay remedio. Sobrepasado ese límite, será él quien elija cuándo, dónde y cómo. Por muchos consejos que queden por vocear, por muchos dedos que continúen señalando a cualquiera.

TOP