El negocio de la marihuana, entre la ética y la legalidad. (Foto: Nancy Wiechec/Reuters)
El negocio de la marihuana, entre la ética y la legalidad. (Foto: Nancy Wiechec/Reuters)
En las pasadas elecciones del 8 de noviembre los norteamericanos dieron un importante espaldarazo al consumo y venta de marihuana. Los habitantes de California, Massachusetts, Nevada y Maine aprobaron en las urnas la legalización de la marihuana con fines recreativos. ¿Cuáles son las perspectivas de este floreciente negocio que baila entre la legalidad estatal y la ilegalidad federal? ¿Qué ocurrirá bajo la administración de Donald Trump? Si lo que se está gestando en EEUU se aplicase en España, ¿cómo se transformaría el negocio de la marihuana? Analizamos uno de los negocios con más futuro del siglo XXI.

Si vas a Colorado (EEUU) es más probable que des antes con una tienda que dispensa marihuana que con un Starbucks. Esta realidad es un ejemplo del creciente e imparable negocio del cannabis en Estados Unidos. En las pasadas elecciones del 8 de noviembre los norteamericanos no sólo decidieron fumarse al stablishment eligiendo a un candidato como Donald Trump, sino que también dieron un espaldarazo al consumo y venta de marihuana. Los habitantes de California, Massachusetts, Nevada y Maine aprobaron en las urnas la legalización de la marihuana con fines recreativos. Esto implicará que los mayores de 21 años podrán poseer la sustancia, así como cultivar plantas de marihuana en sus residencias privadas y comprar 28,5 gramos de marihuana para usarla con fines recreativos. Esta cobertura de legalidad va acompañada de una gravada de impuestos, como ocurre con el tabaco y el alcohol.

Tras este respaldo, ya son ocho los estados donde se permite el consumo recreativo de la marihuana (Colorado, Alaska, Oregón , Washington, California, Massachusetts, Nevada y Maine), además del Distrito federal de Washington DC. Mientras que en otros 29 estados está permitido su empleo con fines terapéuticos y medicinales. Pese a esta corriente de permisividad, la ley federal lo considera ilegal sin excepción. Una paradoja que amenaza y ralentiza la proliferación de un negocio que ha demostrado su potencial y beneficios en aquellos estados en los que ha podido desarrollarse.

FILE -- HOLD FOR TUESDAY NOV. 15, 2016 EARLY RISER BY BOB SALSBERG -- In this Wednesday, Nov. 9, 2016 file photo a marijuana joint is rolled in San Francisco. Newly-approved laws in four states allowing the recreational use of marijuana are seen as unlikely to change rules regarding use of the drug in the workplace.  (AP Photo/Marcio Jose Sanchez)

Son ocho los estados de EEUU donde se permite el consumo recreativo de la marihuana. (Marcio Jose Sanchez/AP)

Un ejemplo de la emergente industria del cannabis es Colorado, que aprobó la legalización de la marihuana en 2014. Seis meses después, los beneficios no sólo se notaron en las arcas públicas sino también en las calles, gracias a un importante descenso en los índices de criminalidad. Según Policy Mac, el estado ganó el primer semestre tras su legalización 20 millones de dólares al mes, un aumento de más del 50% con respecto a lo que se esperaba en un principio.

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Los campesinos transportan plantas de marihuana recién cosechadas, en Los Suenos Farms, la mayor granja de marihuana legal al aire libre de América, en Avondale, en el sur de Colorado. (Foto: Brennan Linsley/AP)

Además de la recaudación por impuestos, el estado estima que ha ahorrado entre 12 y 40 millones de dólares al reducir drásticamente las detenciones relacionadas con la marihuana, que suponen cerca del 50% de todos los delitos vinculados con las drogas en Estados Unidos. Este ahorro permite al mismo tiempo destinar más recursos a la lucha contra otros crímenes. De acuerdo con datos del gobierno, en la ciudad y el condado de Denver el índice de homicidios descendió un 42% desde la legalización del cannabis.

La salida de la clandestinidad dio la oportunidad a pequeños productores y comerciantes a afianzar un negocio con unas perspectivas de crecimiento más altas incluso que el sector de la telefonía. La profesionalización y la mejora de la calidad han dado lugar a empresas muy punteras provistas de las últimas tecnologías que se alejan de la típica imagen de un invernadero zarrapastroso gestionado por alguien que nada tiene que ver con un empresario. Tripp Keber, es la personificación del futuro de la marihuana. Este ex promotor inmobiliario fundó, junto a Chuck Smith, Dixie Brands, una de las empresas más vanguardistas en la industria del cannabis. Desde hace cinco años, estos pequeños magnates han convertido Dixie en una de las marcas líderes del sector y tienen participaciones de propiedad en 17 empresas relacionadas con el cannabis.

La legalización en California, uno de los estados más ricos y poblados, espoleará el negocio de la marihuana. (Haven Daley/AP)

La legalización en California, uno de los estados más ricos y poblados, espoleará el negocio de la marihuana. (Haven Daley/AP)

Keber lo vio claro desde el principio como demuestra esta declaración realizada hace dos años en una entrevista para la revista Rolling Stone: “En Colorado, 100.000 pacientes crearon una industria de 300 millones de dólares el año pasado (2013, cuando se legalizó la marihuana con uso medicinal). Ahora imagina cómo sería el mercado legal para todos los adultos (con la legalización del consumo recreativo en 2014). Los estudios muestran que alrededor del 10% de ellos tiene alguna relación con el cannabis. El 10% de los 5 millones de habitantes de Colorado es alrededor de medio millón de personas. Recibimos 60 millones de turistas cada año. Incluso si tan sólo el 5% de esos turistas hiciera una compra, eso es 3 millones de personas al año. Estamos hablando de un crecimiento vertical”, auguraba.

Teniendo en cuenta que más de 32 millones de estadounidenses ya consumen marihuana, en el horizonte se vislumbra un vasto mercado parcialmente establecido. Según la consultora Arcview Market Research, el año pasado las ventas legales llegaron a los 6.000 millones de dólares. Y para el año 2020, estima que se multiplicarán por tres.

Director of Quality Assurance Thomas Shipley prunes dry marijuana buds before they are processed for shipping at Tweed Marijuana Inc  in Smith's Falls, Ontario, April 22, 2014.   REUTERS/Blair Gable/File Photo - RTSU7W7

Laboratorio de calidad de la empresa de marihuana ‘Tweed’, radicada en Ontorio, Canadá. (Foto: Blair Gable/Reuters)

De esta gran tarta de consumidores también están sacando tajada las startup, que contemplan esta industria como un vivero virgen e inexplorado, con infinitas posibilidades de negocio. Un  estudio de New Frontier estima que las startups relacionadas con el mundo del cannabis recaudaron en Estados Unidos 213 millones de dólares a lo largo de 2015. Unas cifras que esperan duplicarse con el consumo legalizado en más estados y gracias a la cada vez mayor aceptación por parte de la sociedad americana, con un 58% a favor de la legalización.

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Encuesta sobre la opinión de los ciudadanos norteamericanos en cuanto a la legalización de la marihuana. (Gráfico: Gallup)

El sector ya tiene algunos inversionistas estrella. Como el famoso rapero Snoop Dogg, que asegura que fuma 81 porros al día. Dogg, de 44 años, se asoció con la empresa canadiense Tweed, que provee marihuana y accesorios y ha invertido en una aplicación llamada Eaze, que se dedica a la entrega de marihuana a donde tú la necesites. Además, uno de los hijos de Bob Marley, Ky-Mani Marley, se ha reunido con funcionarios en busca de permisos para la marihuana que se cultiva en California. Hasta un gigante tecnológico como Microsoft ha decidido entrar en este floreciente negocio. El gigante de Redmond se ha asociado con una startup de Los Ángeles, Kind, para crear un software que ayude a realizar un estricto seguimiento del proceso que va desde la semilla hasta la venta final. Este software estaría impulsado por la plataforma en la nube de Microsoft, Azure, y con su desarrollo se espera que se faciliten tanto las ventas como el comercio.

Prueba de la alta aceptación de la sociedad americana fue la última Conferencia anual de negocios de la marihuana que tuvo lugar en Las Vegas en el mes de noviembre. Fue la más numerosa de cuantas se recuerda, pasando de apenas 400 personas en 2012 a más de 10.000 en esta quinta edición. En este encuentro se mostraron las infinitas diversificaciones del sector del cannabis: equipos de extracción, infusiones, dulces, bebidas, servicios de consultoría para inversionistas, medios de comunicación especializados, servicios de etiquetas, cigarrillos electrónicos, y mucho más. La gran cantidad de avances que se exhibieron dan cuenta de que el futuro de la marihuana pasa por la alta tecnología.

Sesgo racial en las detenciones 

Pero estas ganancias y grado de aceptación tienden a oscurecerse ante la triste realidad que se desarrolla en muchos otros estados. Mientras en Colorado y Washington se licitan a productores y vendedores de marihuana, en otros lugares la policía continúa llevando a cabo redadas contra las plantaciones.

El cambio de tendencia en Estados Unidos, un país de tantos contrastes y tan puritano en algunos aspectos, viene desde abajo. Lo que está ocurriendo forma parte de un movimiento político en el que se ha impuesto la voluntad popular. Porque la marihuana no sólo es dinero, también es un estigma. La lucha para acabar con la Guerra contra las Drogas en el fondo es un movimiento para detener el encarcelamiento masivo de minorías. “El consumo de la marihuana, como el de todas las drogas ilícitas, es casi igual en todas las razas, excepto que la población afroamericana es arrestada en una tasa cuatro veces mayor que la gente blanca”, reconoció Stephen Downing, antiguo subjefe de la Policía de Los Ángeles (LAPD) y dirigente del grupo Agentes del Orden Contra la Prohibición (LEAP).

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Los datos de arrestos relacionados con la marihuana en EEUU revelaron una tendencia consistente de sesgos raciales significativos. (Foto: Henry Romero/Reuters)

Un análisis de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) encontró que las detenciones hechas por posesión de marihuana representan más de la mitad de todas las detenciones relacionadas con drogas en EEUU. De los 8,2 millones de arrestos hechos por el cannabis entre 2001 y 2010, el 88% fueron simplemente por portación de hierba. En todo el país, los datos de arrestos revelaron una tendencia consistente de sesgos raciales significativos.

Los que defienden la legalización argumentan que normalizar el consumo de la ‘maría’ reduce los costes del sistema de justicia, el hacinamiento en las cárceles y la violencia entre los grupos de narcotraficantes. Teniendo en cuenta que la marihuana representa el 50% de los ingresos de los carteles, darle a este negocio una pátina de legalidad supondría un duro golpe contra el crimen organizado.

¿Qué pasará con el cannabis en la era Trump?

La época de mayor esplendor de la marihuana ha sido bajo la administración Obama. Además del éxito de las consultas populares, la razón principal por la que los profesionales del cannabis no están siendo arrestados por agentes federales y procesados por la corte federal es por un memorando de 2013 del fiscal general James M. Cole que dirigía a los fiscales federales a centrar sus esfuerzos en actividades delictivas, con el mensaje implícito de tolerar traficantes de marihuana regulados por el estado.

Pero con Donald Trump en la Casa Blanca esto puede cambiar. Sobre todo conociendo el nombre del nuevo secretario de Justicia, el senador por Alabama, Jeff Sessions. Sessions es un ultraconservador y quizás uno de los mayores oponentes contra el movimiento de reforma de la marihuana. Su nombramiento al frente del Departamento de Justicia de Estados Unidos podría poner fin a la legalización del cannabis. Sus declaraciones destilan cierta nostalgia de la época de Ronald Reagan, cuando la por entonces Primera Dama Nancy Reagan encabezó una campaña a favor de la guerra contra las drogas. Sessions incluso ha llegado a sugerir que sólo “las malas personas” se involucran con las drogas.

La posición del nuevo secretario de Justicia es una amenaza para el gran esquema de la legalización en Estados Unidos, pero ¿qué posición tiene Trump sobre la marihuana? En 1990, Trump dijo que estaba a favor de legalizar todas las drogas, pero recientemente durante la campaña electoral aseguró que se opone a legalizarla, pero apoya su acceso médico y cree que los estados deberían ser libres para adoptar sus propias políticas con respecto al uso recreativo.

Perspectivas

Si la tendencia en Estados Unidos continúa por la senda de la legalización de la marihuana y la regulación federal no le pone palos en las ruedas, nuevas leyes pueden abrir perspectivas importantes para los empresarios. Actualmente la principal traba para la expansión del sector son las contradicciones entre la legislación estatal y federal, que impide que un brownie de marihuana cocido en Oregón pueda ser vendido en Washington, pese a que en ambos estados está permitido el uso recreativo pero con diferentes disposiciones.

La firma de investigación y asesoría financiera GreenWave Advisors estima que las ventas de productos de marihuana en Estados Unidos serán de 6.500 millones de dólares en 2016 y de unos 30.000 millones de dólares en 2021, si los productos derivados del cannabis estuvieran legalizados en los 50 estados del país.  Sin duda, en Estados Unidos está naciendo una de las mayores oportunidades de negocio del siglo XXI.

¿Y si todo esto pasara en España?

La legislación española con respecto a la marihuana se ha ido flexibilizando con el paso del tiempo. De hecho, España es en la actualidad uno de los países europeos más liberales en cuanto al cannabis. Su política descentralizada impulsa un alto grado de autogestión por parte de las comunidades autónomas, cada una de las cuales desarrolla sus propias medidas sobre el negocio y consumo de esta sustancia.

Sin embargo, la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana establece en su artículo 36 una serie de normas de obligado cumplimiento a nivel nacional. El párrafo 16 dice así: “El consumo o la tenencia ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, aunque no estuvieran destinadas al tráfico, en lugares, vías, establecimientos públicos o transportes colectivos, así como el abandono de los instrumentos u otros efectos empleados para ello en los citados lugares” será considerado una infracción grave. Por tanto, consumir marihuana de forma legal queda relegado a los lugares especialmente habilitados para ello. Son los llamados clubs de cannabis.

La legislación española con respecto a la marihuana se ha ido flexibilizando con el paso del tiempo. (Foto: Julie Gordon/Reuters) .

Podría decirse que estos clubs hicieron su aparición formal en España en 2001 de la mano del Club de Catadores de Cannabis de Barcelona. Pero la primera piedra de su organización se remonta a 1993, cuando la Asociación Ramón Santos de Estudios Sobre el Cannabis (ARSEC, con sede en Barcelona) envió una carta a la Fiscalía Antidroga preguntando si sería un delito cultivar marihuana para el consumo personal de un grupo de usuarios adultos. La respuesta fue clara: su propuesta no podría considerarse una conducta delictiva. Con el beneplácito jurídico en la mano, la agrupación decidió plantar marihuana destinada a unas 100 personas. Se llegó incluso a hacer una intensa campaña divulgativa en los medios de comunicación al respecto. Sin embargo, la plantación fue incautada. La Audiencia Provincial absolvió a los responsables y el caso fue recurrido ante el Tribunal Supremo. La sentencia final fijaba una condena mínima de prisión (que quedó suspendida) y sanciones económicas para los directivos de ARSEC. El Supremo argumentó que, aunque en este caso no se pretendía traficar, el cultivo de cannabis era peligroso en sí mismo y debía ser castigado.

La puerta parecía cerrarse para la expansión de los clubs de cannabis, pero muchas otras asociaciones recogerían el testigo de ARSEC. En 1997, la agrupación vasca Kalamudia cultivó 600 plantas destinadas a cerca de 200 personas, entre las que había parlamentarios regionales, concejales de varios partidos políticos y profesionales de múltiples disciplinas. La cosecha tuvo qu recogerse poco después sin consecuencias legales. Dos años después, en 1999, repitió su plantación y tampoco contó con el rechazo de las autoridades. Las asociaciones dieron un carácter estable a sus cultivos, apoyados jurídicamente por un informe del gobierno regional de Andalucía que impulsaba el establecimiento de estos clubs para obtener marihuana de forma legal.

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La industria del cannabis ha ido expandiéndose por España con diferente calado. (Foto: Vincent West/REUTERS).

Desde entonces, la industria del cannabis ha ido expandiéndose por todo el territorio nacional con diferente calado. Sin lugar a dudas, Barcelona se ha convertido en el epicentro del negocio con más de 200 clubs de cannabis, cuando en todo el país existen unos 800. Su crecimiento se ha desarrollado a la par que la normativa española, cuyo mencionado artículo 36 de la Ley de Seguridad Ciudadana prohíbe su venta pero no su consumo. Así, es legal la venta de semillas y el cultivo de marihuana para el consumo personal en estos lugares privados. Los usuarios pagan una determinada cuota para un periodo concreto, reciben la cantidad de marihuana correspondiente y la pueden consumir únicamente dentro de los clubs. Para convertirse en miembro sólo hay que tener 18 años y el respaldo de otro socio.

La controversia jurídica del mercado del cannabis llega con el párrafo 18 de la ley: “La ejecución de actos de plantación y cultivo ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas en lugares visibles al público, cuando no sean constitutivos de infracción penal” también será considerado una infracción grave. Esta aparente contradicción provoca que los clubs se muestren muy reticentes a la hora de exhibir públicamente sus campos de cultivo. Se han dado numerosos casos de incautaciones de cosechas cuando la asociación cumplía con la legalidad. Por ejemplo, el del club Pannagh -un referente para los usuarios españoles-, que fue intervenido en 2005 y en 2011.

Cerca de cuatro millones de españoles, el 10% de la población de entre 15 y 64 años, declaran haber fumado cannabis (AP Photo/Rich Pedroncelli)

Cerca de cuatro millones de españoles, el 10% de la población de entre 15 y 64 años, declaran haber fumado cannabis (Foto: Rich Pedroncelli/AP)

Sus miembros fueron acusados de un delito de tráfico de drogas y su cultivo fue incautado. La Federación de Asociaciones de Usuarios de Cannabis de Euskadi declaró en su momento que no entendía cómo se estaba regulando el negocio por un lado y contrarrestándolo con “estrategias represivas” por el otro. Por tanto, el vacío legal favorece el negocio de la marihuana en los clubs y los locales comerciales, los llamados grow shops, donde se vende todo el material necesario para su cultivo doméstico. Algunos de estos establecimientos son franquicias cuyo desembolso inicial de apertura puede sobrepasar los 10.000 euros. Una inversión que se suele recuperar al cabo de un año, lo que se traduce en un rendimiento muy atractivo para muchas personas que quieren salir de las listas del paro.

El Ayuntamiento de Rasquera, en Tarragona, se prestó voluntario para acoger un proyecto de plantación de marihuana de la Asociación Cannábica Barcelonesa de Autoconsumo. El pueblo tiene 900 habitantes y hay un 40% de paro. El club estaba dispuesto a pagar 650.000 euros al año por las tierras, que en su momento significaba una especie de tabla de salvación para las arcas municipales. Pero la Justicia paralizó la operación y el alcalde, defensor de la idea, tuvo que abandonar su puesto.

Cerca de cuatro millones de personas, el 10% de la población española entre 15 y 64 años, declaran haber fumado cannabis alguna vez. Casi un 2% fuma de manera habitual cada día, según datos del Ministerio de Sanidad. Los partido políticos, a raíz de la formación de un nuevo Gobierno, han planteado sus propias medidas con relación al mercado de la marihuana en España. Un negocio que maneja cifras millonarias y que en 2016 sigue estancado en arenas movedizas, entre la ética y la legalidad.

Raquel Cespedes y Christian Rubio