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Ruanda, cien días de genocidio

Jorge Raya Pons

Foto: Ben Curtis
AP Photo

Los tutsis presagiaron que algo horrible ocurriría después de la noche del 6 de abril de 1994. A las 20:15h de aquel día, el avión del hutu Juvénal Habyariamana fue derribado cuando se dirigía al aeropuerto de Kigali, capital de Ruanda. Habyariamana era el presidente del país, y todo hacía sospechar que el ataque había sido orquestado por los tutsis, aunque una investigación en Francia ha señalado a los hutus como responsables. Los siguientes cien días se recuerdan como unos de los más sangrientos de la historia reciente. En poco más de tres meses fueron asesinadas al menos 800.000 personas en Ruanda, el 10% de sus habitantes, a cinco muertes por minuto. Solo una tercera parte de esos cuerpos pudo ser identificada.

La historia del enfrentamiento entre hutus y tutsis comienza muchos años antes. Pese a que entre ellos han tratado de remarcar los atributos étnicos que les separan, la única realidad es que la diferenciación procede más bien de la clase social a la que pertenecen. Antes de la guerra, los tutsis representaban el 14% de la población y, sin embargo, tenían el control económico del país. Eran ganaderos y su voluntad se imponía sobre la mayoría hutu, el 85% de la población más humilde, mayoritariamente campesina. Ambos estratos habían convivido en una paz relativa durante siglos, pero fue con la llegada de los europeos cuando se tensaron las relaciones. En 1921, Bélgica convierte Ruanda en su colonia y, 12 años más tarde, con el apoyo de la élite tutsi, el reino decide incluir en los documentos de identidad de los ruandeses la distinción étnica; a partir de entonces se reconocería a los ciudadanos como hutus, tutsis o twas, una tribu que representaba el 1% restante, pero que fue la primera en poblar las tierras de Ruanda, mucho antes de que los otros llegaran.

Ruanda, cien días de genocidio
El difunto presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana, en una rueda de prensa posterior a su reunión con su homólogo francés, Francois Mitterrand, en octubre de 1990. | Foto: Michael Lipchitz/AP Photo

La tensión, desde ese instante, comenzó a dispararse. Los hutus se sabían superiores en número y a la vez oprimidos, y decidieron organizarse para revertir la situación. En agosto y septiembre de 1959 se crearon los primeros partidos políticos y en noviembre esa tensión se transformó en violencia; los hutus provocaron graves revueltas y fueron asesinados miles de tutsis en todo el país. Otros miles escaparon a países vecinos, de los cuales 200.000 escogieron la anglófila Uganda. Primero con las armas y después en las urnas, el poder hutu se hizo con el control del país y declaró la independencia. Corría el año 1962. Se estableció un modelo de persecución sistemática de la etnia tutsi, que al mismo tiempo realizaba ataques constantes en poblados hutus fronterizos con Uganda. En 1973, el general Habyarimana perpetró con éxito un golpe de Estado y gobernó el país hasta su asesinato.

Una masacre ignorada

La radio del gobierno, llamada Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, era la principal herramienta de propaganda, la gran agitadora. Las provocaciones contra los tutsi se emitían día y noche e invitaban a la mayoría hutu a “acudir al trabajo”, haciendo clara referencia a empuñar machetes y granadas para acabar con la presencia tutsi en el país. Fueron las semanas más oscuras de Ruanda. Los Interahamwe, el grupo paramilitar más importante de los hutus, tomaron las ciudades de todo el país y recibieron la carta blanca del gobierno para iniciar la purga.

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Un equipo de voluntarios, enterrando cuerpos en una fosa común. | Foto: Corinne Dufka/Reuters

“La sensación es que un país se vuelve loco por cuestiones profundamente enterradas en el subconsciente”, dice Teresa González, cooperadora de Médicos del Mundo, que trabajó con refugiados ruandeses en Goma, Congo, en 1994. “Había gente que hasta entonces no se había sentido hutu o tutsi y que de pronto comenzó a hacerlo. Sucedió algo similar en Bosnia con muchos musulmanes. Te da la sensación de que estas personas renuncian a su identidad individual para incorporarse a una masa que no piensa y que solamente desata y recibe violencia”.

Los milicianos tenían nombres, direcciones y censos de los tutsis; habían heredado de los belgas estos datos. Hacían controles de carretera, buscaban de puerta en puerta. Mataban a los hombres y mujeres a machetazos, aunque a las últimas preferían violarlas antes. Los quemaban con crueldad, eran capaces de hacer cumplir torturas innombrables. Era difícil imaginar una salida para los perseguidos, estaban acorralados. Los cálculos estiman que 1,7 millones de hutus participaron en la ejecución del genocidio.

El general Dallaire estimó que con 5.000 soldados bastaba para interrumpir la masacre, pero la ONU desestimó su propuesta

“La comunidad internacional le dio la espalda a todos los ruandeses que murieron”, dice Mila Font, que trabajó en 1994 con Médicos Sin Fronteras en el campo de refugiados de Benako, Tanzania, donde llegaron a cohabitar 250.000 personas.

Era abril de 1994 y el gobierno de Estados Unidos no quería intervenir militarmente en ningún país. Bill Clinton, entonces presidente, tenía reciente la última operación en Somalia, dos años antes, donde perdió a 19 soldados, y no quería correr el riesgo de sufrir la misma suerte en Ruanda. Pero las Naciones Unidas (ONU), a través de una resolución de 1948, les obligaba a hacerlo en aquellos lugares donde se estuviera produciendo un genocidio. Así que la estrategia de Clinton consistió en no reconocer como genocidio lo que estaba ocurriendo en Ruanda y responder con eufemismos a las preguntas de los periodistas. Cruz Roja, para entonces, elevaba la cifra de asesinados a 100.000 personas.

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Kofi Annan, en una visita a Ruanda tras el fin del genocidio. | Foto: Brennan Linsley/AP Photo

El general Roméo Dallaire, al mando de la fuerza de paz de las Naciones Unidas, conocida como Unamir, estimó que con 5.000 soldados bastaba para interrumpir la masacre y acusó a los franceses de financiar a los hutus, denunciando que estaban entrando en el país miles de machetes de fabricación china. Incluso meses antes de la muerte del presidente ruandés, en enero, advirtió de que tenía información sobre grupos de hutus que planeaban el exterminio masivo de las poblaciones tutsi del país y que contaban con los hombres y las herramientos necesarias para asesinar hasta 3.000 personas por hora, prediciendo una locura que no tardó en confirmarse. La primera respuesta que recibió de Kofi Annan, jefe de la misión de paz en Ruanda por la ONU, fue poco esperanzadora: “Se rechaza la operación contemplada porque excede el mandato confiado a la Unamir”.

La segunda respuesta consistió en una retirada considerable de tropas. De las 2.750 iniciales, quedaron en Ruanda solo 250.

Víctimas y victimarios

Francia decidió intervenir en junio de 1994, cuando Cruz Roja ya había elevado la cifra de muertos al medio millón. El Frente Patriótico Ruandés (FPR), el principal partido y movimiento de los tutsis, temió esta circunstancia; desconfiaba de las intenciones de los franceses y le preocupaba que se implicaran directamente en la batalla que ellos libraban especialmente en las zonas fronterizas. No obstante, el objetivo de la llegada de los europeos se debía a que iban a permitir la salida pacífica de los tutsis hacia otros países. Esto abrió un pasillo que el FPR no desperdició y en un mes se habían hecho con Kigali, dando la guerra por terminada. En ese momento las víctimas pasaron a convertirse en victimarios.

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Una cola de ruandeses de la etnia hutu espera a las puertas del campamento. | Foto: Stringer/Reuters

Los tutsis habían recuperado Ruanda, pero los hutus sentían miedo por su retorno, por la toma de represalias, y decidieron salir del país. Fue un éxodo inimaginable, de cerca de dos millones de personas. Esto produjo la huida de incontables verdugos que nunca fueron enjuiciados, que se camuflaron entre el gentío. “Entre la multitud de cientos de miles de hutus que salían en masa se encontraba gente que había sido partícipe de la tragedia, que eran victimarios”, cuenta Teresa González. Esta realidad también pudo comprobarla Mila Font en su campamento en Tanzania. Font cuenta que su campo estaba bien organizado en comparación con otros en los que estuvo anteriormente, pero que llegó un momento en que descubrieron que los mismos que habían maquinado y ejecutado el genocidio estaban beneficiándose de los asentamientos para refugiados: “Tuvimos que dejar de trabajar allí. Veíamos que esos líderes utilizaban a las personas como escudos humanos. Fue una decisión muy difícil que llevó mucha discusión interna. Continuar allí implicaba convertirnos en cómplices de todo aquello, y tuvimos que tomar esa decisión”.

La tragedia de Ruanda, continúa Font, acompañó a los refugiados hasta los campamentos: “Nos enfrentábamos diariamente a muchos problemas. Las luchas tribales, el ser tutsi o ser hutu, era uno de los motivos. Había ataques, violaciones… En muchos casos eran los responsables del genocidio”. Todavía recuerda cuando se acercaba junto a su marido, que era cooperante de Médicos Sin Fronteras de Holanda, a la orilla del río Kagera, que es la frontera natural entre Ruanda y Tanzania. Allí contaban muertos: “Íbamos los fines de semana para ver si bajaban cadáveres por el río. Era una forma de saber lo que pasaba al otro lado de la frontera”.

“Lo fácil sería pensar que los buenos eran los tutsis y los malos, los hutus. Pero estaríamos olvidando el tiempo en que los tutsis oprimían a los hutus”

En 1997, los países vecinos decidieron desmontar los refugios y forzar a los exiliados a regresar a Ruanda, donde les esperaban los tutsis. En ese retorno se produjeron ataques a poblaciones ruandesas y en Gatonde, una de ellas, se encontraban tres cooperantes españoles de Médicos del Mundo: Manuel Madrazo, Maria Flors Sirera y Luis Valtueña. Fueron disparados a bocajarro. Socorro Avedillo, ahora jubilada, formaba parte del equipo que fue asaltado, pero se salvó porque en aquel momento no estaba en Ruanda, sino en el Congo. Tras recibir la noticia, renunció a regresar a Gatonde: “Nosotros fuimos el últimos grupo en estar allí. Yo llevaba mucho tiempo en África y trabajaba en sitios de miseria. Pero aquello me dejó tocada. Mi viaje duró 20 días porque ocurrió lo de Flors, Manolo… y nadie me preguntó si me quería quedar, aunque tenía claro que no. No había mucho que hacer, no estaba preparada para quedarme. De los cuatro españoles del equipo, tres habían muerto… La experiencia fue muy fuerte”.

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Una ruandés lleva en brazos el cadáver envuelto de un niño. | Foto: Corinne Dufka/Reuters

Teresa González, después de haber viajado y de haber conocido, no acepta los maniqueísmos. “Yo creo que hay gente buena y hay gente mala, pero no hay grupos buenos y grupos malos. Lo fácil sería pensar que en Ruanda los buenos eran los tutsis y los malos, los hutus. Pero estaríamos olvidando el tiempo en que los tutsis oprimían a los hutus. Yo creo que la mayor parte de los victimarios no querían ser parte de eso. Y es cierto que los hutus hicieron una masacre, pero cuando volvieron se convirtieron en víctimas”.

Teresa desconfía profundamente de las masas, aborrece los nacionalismos, ha visto de cerca cuáles son sus consecuencias y no siente reparos para defender su postura: “Hay muchas veces que me dicen que soy una exagerada cuando hablo sobre el nacionalismo, pero he vivido demasiadas circunstancias en las cuales se ha identificado a un pueblo como peor por ser distinto y se ha llegado a punto que no se imaginaban. Me dicen que eso solo pasa en África, pero no. Yo he estado en Sarajevo y allí eran personas como tú y como yo. Es como si te abrieran los ojos y te mostraran lo más horrible de la humanidad. Y esto ocurre cuando detectamos un culpable al que responsabilizar de todos los males y, sobre todo, cuando detectamos que es alguien de quien nos podemos vengar”.

AK-47, el arma que todos los combatientes quieren

Rodrigo Isasi Arce

Foto: ILYA NAYMUSHIN
Reuters/File

Mozambique es la única nación que lo tiene en su bandera, Zimbawe, Timor Oriental y la Guardia Revolucionaria de Irán, en sus escudos, Emir Kusturika le dedica una canción, Sadam Hussein tenía uno de oro. El Automat Kaláshnikova de 1947 es el arma más vendida del mundo, el más imitada, el más fabricada y el que todo combatiente desea poseer y disparar, al menos una vez en la vida. Tanto es así, que se dice que los soldados americanos que combatían en Vietnam, abandonaban su rifle M16 y recogían los AK-47 de los enemigos porque eran mucho más fiables y no se atascaban. En la actualidad los infantes de marina de EEUU llevan cargadores de AK-47 debido a lo común que es el arma.

Pero el AK-47 es también el arma más mortífera del mundo. Aproximadamente 250.000 personas mueren cada año, según Amnistía Internacional, por balas de los Kalashnikov. No obstante, el propio Mijaíl Kaláshnikov nunca se reprochó a sí mismo la sangre derramada como consecuencia de su invento, argumentando que él creó este rifle para proteger a su patria. “Duermo bien. Los políticos son los culpables de no haber llegado a un acuerdo y recurrir a la violencia”, dijo en 2007.

El AK-47, de 4,3 kilogramos de peso, sin contar la munición, es también una de las armas más extendidas por el mundo, y desde la propia compañía nos aseguran que se han producido más de 70 millones de rifles de asalto Kalashnikov de varias modificaciones.

Rifle de asalto AK-47 de oro de Sadam Hussein en la Agencia de Inteligencia de Defensa en Washington | Foto: Cliff Owen/AP Photo File

Mijaíl Kaláshnikov, quien era un comandante de carros de combate durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó su carrera como diseñador de armas después de sufrir una lesión en el hombro durante la Batalla de Briansk, ciudad rusa situada a 380 km al suroeste de Moscú. Durante su estancia en el hospital en 1942 escuchó a los soldados heridos quejarse de los rifles soviéticos y decidió inventar un arma nueva.

El primer fusil Kaláshnikov fue producido en 1947, y rápidamente se convirtió en el fusil de asalto estándar del Ejército de la Unión Soviética (URSS) y luego del Ejército ruso desde 1949, por lo que su creador fue galardonado con el Premio Stalin y la Orden de la Estrella Roja. Mijaíl Kaláshnikov escribió en sus memorias que “con un arma no se puede arar la tierra ni cultivar cereales, pero sin ella uno no podrá defender su tierra natal, ni proteger la patria y a su pueblo”.

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Mikhail Kalashnikov muestra un modelo de su rifle de asalto AK-47 | Foto: Vladimir Vyatkin/AP Archivo

Pero el AK-47 no solo se fabrica en Rusia, son más de 30 los países que tienen los derechos de reproducción de este arma, entre ellos China, Israel, India, Egipto, Bulgaria y Nigeria, y más de 100 en los que sus Fuerzas Armadas, o al menos una parte de ellas, los utilizan.

Ni aun cubierta de arena o barro, sumergida bajo el agua o a 30 grados centígrados bajo cero, deja de disparar en torno a 600 balas por minuto. Esto la convierte en el arma más fiable del mundo. Su bajo costo de fabricación y de adquisición ha hecho que se convierta en el arma preferida de algunos ejércitos y de muchos grupos insurgentes y terroristas. Osama Ben Laden no podía separarse de su AK-47, al menos en sus comparecencias televisivas. Según algunos informes, fue EEUU el que le entregó al fundador de Al Qaeda su primer AK-47 para luchar contra los soviéticos en Afganistán.

Según Michael Hodges, autor del libro AK-47: La historia del arma del pueblo, el número de kalashnikovs en el mundo podría ascender a 200 millones. Un kalashnikov cada 35 personas. Se siguen fabricando de forma legítima en más de 30 países, con China como principal fabricante y el mercado internacional como destino. Pero las armas fabricadas legalmente pueden transformarse rápidamente en contrabando ilegal. El principal mercado de exportación de China son los estados africanos, donde muchas veces terminan en el mercado negro porque los soldados mal pagados las venden, o porque algunos estados las emplean para armar con ellas a fuerzas rebeldes de otros países.

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Copia estadounidense de un AK-47 en Idex 2017 | Foto: Rodrigo Isasi

El AK-47 entró en el Libro Guinness de los Récords como el arma más extendida en el mundo, con más de 100 millones de rifles en uso.

Tan demandada es el arma, y tan bien se conserva con el paso de los años, que a día de hoy sigue estando presente en los mostradores de las principales ferias de Defensa del mundo, como Idex, la más importante del sector en Oriente Próximo. Kalashnikov Corporation no duda en presentarla en sociedad allá donde va, acompañada de sus “hermanas” más modernas o incluso de otras armas de la compañía con fines deportivos y no militares. Y es que no en vano hay que recordar que son muchas las Fuerzas Armadas de esta región las que utilizan el AK-47, como el ejército sirio, el jordano o el iraquí, entre otros.

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Balas de AK-47 en Idex 2017 | Foto: Rodrigo Isasi

La corporación Kalashnikov ha comunicado que ha lanzado un plan de contrataciones para aumentar un 30% su fuerza laboral debido al creciente aumento de pedidos de exportación. En concreto, este plan contempla contratar 1.700 personas que se incorporarán a la actual plantilla de 6.500 trabajadores.

Es tan fácil disparar este rifle que hasta los niños podrían hacerlo, y de hecho, por desgracia, lo hacen. No es difícil ver imágenes de niños en Siria, Yemen, Palestina o Somalia, por citar solo algunos, empuñando un AK-47. En Rusia, todavía se siguen realizando campamentos militares de verano en los que los niños son instruidos en el manejo de este arma, y en Estados Unidos, muchos padres llevan a sus hijos a campos de tiro para practicar con este u otros rifles similares. Según un reciente estudio de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), publicado por Pediatrics el 19 de junio de 2017, en EEUU, cada día mueren o resultan heridos cerca de 19 menores por armas de fuego.

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Un niño ruso apunta un rifle Kalashnikov en un campamento de verano de estilo militar para los delincuentes juveniles | Foto: Sergei Karpukhin/Reuters File

El comercio de armas

En España están prohibidas este tipo de armas, que se consideran de guerra. En nuestro país existen a día de hoy 10,4 armas de fuego por cada 100 personas, según los datos de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, en un ranking mundial que lideran Estados Unidos (88,8) y Suiza (45,7). Pero no se puede adquirir ningún tipo de arma automática, de esas que, como establece la ley desde 1993, se recargan “automáticamente después de cada disparo y con las que es posible efectuar varios disparos sucesivos mientras permanezca accionado el disparador”. El AK-47 no solo se considera arma de guerra por su automatismo, sino también por el calibre de munición que utiliza: 7,62 milímetros. Y la ley establece también que están prohibidas las “armas de fuego o sistemas de armas de fuego de calibre inferior a 20 milímetros cuyos calibres sean considerados por el Ministerio de Defensa como de guerra”.

El principal flujo de AK-47 de contrabando hacia Europa central proviene de los países balcánicos que formaban la antigua Yugoslavia y Albania. Otro de los principales campos de adquisición de armamento es la Darknet, donde los usuarios comparten información y contenidos digitales de manera privada y es posible adquirir de manera ilegal drogas, armas y pornografía infantil.

El bajo coste de fabricación siempre ha sido una de las ventajas más importantes del AK-47. El precio promedio global del rifle de asalto se estimó en 534 dólares en 2005, según el economista de la Universidad de Oxford Phillip Killicoat. Aunque en los países africanos el precio del AK-47 es, en promedio, unos 200 dólares más barato.

Las guerra de las espartanas

Teodoro León Gross

Foto: Darren Whiteside
Reuters

Días atrás resultó bastante ridículo oír algunas voces invitando a rasgarse colectivamente las vestiduras al ver que las espartanas de Coca-Cola, tras años de conflicto laboral, habían logrado captar la atención de la gente sólo al desnudarse en Interviú. Almas de cántaro, pero si esa es una lección de 1º de Sociedad del Espectáculo. No hay que ponerse estupendos con las lecturas pedagógicas; sencillamente las espartanas se han desnudado a sabiendas de que era un método directo para ser trending topic y poder mostrar su larga batalla en las Termópilas de los tribunales. De hecho, no se han cuestionado sus motivos: “Seis mujeres de trabajadores de Coca-Cola son portada de ‘Interviú’ para reclamar los derechos laborales que sus maridos ganaron en los tribunales”.

Claro que es más fácil prestar atención a las espartanas por ese posado que por el tortuoso conflicto laboral. Y sobre todo con un periodismo que compite cada vez más en el negocio del entretenimiento, como ayer enarbolaba Eli Pariser, fundador de Upworthy, sitio de viralización. Desnudarse conserva un plus de noticiabilidad aunque carezca de novedad –ya no queda gremio por despelotarse en un calendario, desde estudiantes o deportistas de todas las disciplinas a octogenarias entusiastas– y las espartanas han aprendido cómo va esto, porque desde hace tres años el mayor hit mediático del conflicto ha sido el desliz hipocritilla de Espinar. En realidad no hay noticia que resista tres años, y menos un embrollo judicial que se dirime de instancia en instancia, de recurso en recurso. Hay que ser creativos y provocadores.

Esas mujeres saben que no es fácil identificarse con un conflicto judicial lleno de tecnicismos, pero que es fácil simpatizar con ellas, por su tenacidad y porque es un duelo demasiado desigual. Coca-Cola, bajo la lógica de Goliat, con recursos de sobra para doblegar a los trabajadores de la planta de Fuenlabrada, ha convertido esto en una cuestión de autoridad. Marcos de Quinto incluso se reunió con tres ministros para aquel ERE que pelearon hasta el Tribunal Supremo y perdieron; por eso, al aplicar la sentencia, castigaron a los demandantes recolocándolos con su salario pero en definitiva poniéndolos a pasar botellas vacías a cajas. Ahora un juzgado de lo social les da la razón en eso, y habrá más recursos. En definitiva la batalla jurídica es larga y tediosa; en cambio, funciona bien el relato de ‘las espartanas desnudas por sus derechos’.

Claro que siempre habrá quien vea un cierto cinismo en llevar la batalla laboral a un posado en la portada en Interviú. Pero ‘en el amor y en la guerra todo vale’… sobre todo cuando se pelea en desventaja. Por demás entre la lógica mártir, como esas heroínas de La Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, o desnudarse, la elección parece fácil: mejor posar como guerreras semidesnudas o de pin-up de la marca. Eso sí, el riesgo de usar los resortes de ‘la sociedad del espectáculo’ es que se pueden sufrir las consecuencias de la ‘sociedad del espectáculo’: desnudarse para defender unos derechos laborales, y que se vean sólo unas señoras desnudas.

Londres, el día después de la tragedia

Redacción TO

Foto: DYLAN MARTINEZ
Reuters

La noche del sábado fue trágica para Londres, la ciudad que por segunda vez en dos meses sufre la ira del terrorismo yihadista. En esta ocasión, una furgoneta blanca de alquiler arrolló a decenas de personas a su paso por el puente de Londres y el mercado de Borough. Cuando llegaron allí, al que parecía su destino, bajaron tres personas armadas con cuchillos y se avalanzaron sobre los transeúntes, causando siete muertos y varias docenas de heridos, muchos de ellos en estado crítico.

Hoy la ciudad está de luto.

Londres, el día después de la tragedia 12
Una agente sostiene un ramo de flores con una nota de consuelo para las víctimas del mercado de Borough. | Foto: Peter Nicholls/Reuters

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Las banderas, también la comunitaria, han ondeado a media asta en todo Reino Unido. | Foto: Peter Nicholls/Reuters

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Varios botiquines médicos abandonados en la zona en que se produjeron los atentados. | Foto: Peter Nicholls/Reuters

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Varios equipos de la policía forense han trabajado a lo largo del domingo en los aledaños del mercado de Borough. | Foto: Peter Nicholls/Reuters

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La policía ha escoltado la zona afectada durante toda la mañana. | Foto: Peter Nicholls/Reuters

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Agentes armados, en su llegada matinal al puente de Londres. | Foto: Chris J. Ratcliffe/AFP Photo

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Theresa May, anunciando un endurecimiento de la estrategia contraterrorista en el mediodía del domingo. | Foto: Kevin Coombs/Reuters

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A primera hora de la tarde se han producido las primeras detenciones. | Foto: Justin Tallis/AFP Photo

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Los primeros 12 arrestados vivían en el barrio de Barking, al este de Londres. | Foto: Hannah McKay/Reuters

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Los vecinos de Barking seguían la intervención policial desde sus terrazas. | Foto: Hannah McKay/Reuters

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Una mujer, dejando una flor en el puente de Londres en memoria de las víctimas del doble atentado. | Foto: Neil Hall/Reuters

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Con el paso del día, ha sido cada vez más la gente que se ha acercado a la zona afectada a dejar notas y flores. | Foto: Peter Nicholls/Reuters

Barcelona se ha convertido en el campo de batalla de los vuelos low-cost de larga distancia

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

La batalla está abierta en Barcelona, la ciudad más turística de España, donde dos aerolíneas de bajo coste han empezado a competir en el emergente sector de vuelos de larga distancia a precios asequibles. Un primer vuelo hacia Los Ángeles salió el jueves desde el aeropuerto de El Prat, operado por Level, la nueva compañía de bajo coste creada especialmente para las largas distancias del grupo IAG, matriz de Iberia y British Airways.

Además, la compañía también conectará con San Francisco, Buenos Aires y Punta Cana. No estarán solos: el 5 de junio despega la competencia. La escandinava Norwegian, pionera en este segmento, iniciará sus vuelos hacia Nueva York, Los Ángeles, Miami y San Francisco, haciendo de Barcelona su quinta base de operaciones después de Londres-Gatwick, París-CDG, Bangkok y Ámsterdam.

En total, habrá 22 conexiones intercontinentales por semana desde la capital catalana a precios muy competitivos y las condiciones habituales de las aerolíneas de bajo coste (reservas anticipadas, elección de equipaje, etc.).

Considerados imposibles durante mucho tiempo por su falta de rentabilidad, los vuelos low-cost de más de cinco horas empiezan a convertirse en realidad. La emergencia de nuevas naves de menor consumo y la caída de los precios del carburante ha empujado a compañías como Air Asia, Norwegian o French Blue a aventurarse en este mercado potencialmente jugoso. Hasta el punto de llevar a IAG, que en 2014 descartaba operar en larga distancia desde Barcelona, a cambiar radicalmente de estrategia.

Un hub de bajo coste

Aunque se mantiene detrás de Madrid-Barajas en número de pasajeros y facturación, la especialización del aeropuerto de El Prat en el negocio low-cost lo coloca en buena posición en la carrera por ser el primer aeropuerto de España. Según la consultoría de negocio aéreo OAG, Barcelona fue en 2016 el primer hub europeo de bajo coste al tener el récord de enlaces posibles en este tipo de vuelos.

El atractivo de la ciudad más turística de España, con más de 9 millones de visitantes en hoteles en 2016, atrajo a compañías como Ryanair, Easyjet o Vueling e hizo aumentar el tráfico de pasajeros en un 60% entre 2009 y 2016.

No obstante, hasta ahora apenas disponía de vuelos intercontinentales de compañías tradicionales. “Existía una anomalía en el mercado: Barcelona es una ciudad con un perfil internacional muy elevado (…) pero las rutas de larga distancia con que contaba no estaban a la altura”, explica un portavoz de Norwegian que vio “una oportunidad de mercado”.

Barcelona atesora muchas ventajas para rentabilizar estos vuelos gracias a “un mercado doméstico importante, muchas llegadas de vuelos y compañías de bajo coste que animarán a los pasajeros a hacer escala en este aeropuerto”, explica John Grant, analista en OAG.

El importante impulso económico

Las numerosas conexiones de radio medio que aterrizan en Barcelona deberían alimentar los vuelos intercontinentales, un elemento clave para su sostenibilidad.

Level “aprovechará que Vueling (la low-cost de Iberia del mismo grupo) está muy presente en el mercado”, explica Philippe Berland, consultor en Sia Partners. Los pasajeros podrán, por ejemplo, llegar con Vueling desde París y tomar un vuelo Level hacia Estados Unidos. Además, “Barcelona está muy bien situada para servir a mercados como Asia o América Latina, que por ahora son limitados pero crecerán rápidamente con las low-cost”, señala Grant. Enfrente tendrá competidores como el aeropuerto de Londres-Gatwick, de características similares y con experiencia ya en este segmento.

Barcelona se ha convertido en el campo de batalla de los vuelos low-cost de larga distancia 1
Barcelona quiere afianzarse como el mayor hub de Europa. | Foto: Albert Gea / Reuters

Las autoridades catalanas están convencidas de que el efecto hub mejorará el dinamismo económico de la región, más allá del turismo. “Estaremos a 200 euros de Silicon Valley y de las empresas tecnológicas mas importantes del mundo“, celebra el secretario de infraestructuras del gobierno regional, Ricard Font. Las empresas catalanas, incluso las pequeñas, tendrán más facilidad para abrir mercados en Argentina o California, asegura Jaume Adrover, director de la sección aeroportuaria de la Cámara de Comercio de Barcelona.

Además, el número de empleos creados alrededor del aeropuerto será superior al generado por los vuelos de medio radio, añade. Actualmente El Prat genera 125.000 empleos directos, indirectos e inducidos (creados gracias a los nuevos puestos de trabajo de las compañías áereas). Norwegian, por ejemplo, prevé doblar sus efectivos este año a casi 800 personas.

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