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Ruanda, cien días de genocidio

Jorge Raya Pons

Foto: Ben Curtis
AP Photo

Los tutsis presagiaron que algo horrible ocurriría después de la noche del 6 de abril de 1994. A las 20:15h de aquel día, el avión del hutu Juvénal Habyariamana fue derribado cuando se dirigía al aeropuerto de Kigali, capital de Ruanda. Habyariamana era el presidente del país, y todo hacía sospechar que el ataque había sido orquestado por los tutsis, aunque una investigación en Francia ha señalado a los hutus como responsables. Los siguientes cien días se recuerdan como unos de los más sangrientos de la historia reciente. En poco más de tres meses fueron asesinadas al menos 800.000 personas en Ruanda, el 10% de sus habitantes, a cinco muertes por minuto. Solo una tercera parte de esos cuerpos pudo ser identificada.

La historia del enfrentamiento entre hutus y tutsis comienza muchos años antes. Pese a que entre ellos han tratado de remarcar los atributos étnicos que les separan, la única realidad es que la diferenciación procede más bien de la clase social a la que pertenecen. Antes de la guerra, los tutsis representaban el 14% de la población y, sin embargo, tenían el control económico del país. Eran ganaderos y su voluntad se imponía sobre la mayoría hutu, el 85% de la población más humilde, mayoritariamente campesina. Ambos estratos habían convivido en una paz relativa durante siglos, pero fue con la llegada de los europeos cuando se tensaron las relaciones. En 1921, Bélgica convierte Ruanda en su colonia y, 12 años más tarde, con el apoyo de la élite tutsi, el reino decide incluir en los documentos de identidad de los ruandeses la distinción étnica; a partir de entonces se reconocería a los ciudadanos como hutus, tutsis o twas, una tribu que representaba el 1% restante, pero que fue la primera en poblar las tierras de Ruanda, mucho antes de que los otros llegaran.

Ruanda, cien días de genocidio
El difunto presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana, en una rueda de prensa posterior a su reunión con su homólogo francés, Francois Mitterrand, en octubre de 1990. | Foto: Michael Lipchitz/AP Photo

La tensión, desde ese instante, comenzó a dispararse. Los hutus se sabían superiores en número y a la vez oprimidos, y decidieron organizarse para revertir la situación. En agosto y septiembre de 1959 se crearon los primeros partidos políticos y en noviembre esa tensión se transformó en violencia; los hutus provocaron graves revueltas y fueron asesinados miles de tutsis en todo el país. Otros miles escaparon a países vecinos, de los cuales 200.000 escogieron la anglófila Uganda. Primero con las armas y después en las urnas, el poder hutu se hizo con el control del país y declaró la independencia. Corría el año 1962. Se estableció un modelo de persecución sistemática de la etnia tutsi, que al mismo tiempo realizaba ataques constantes en poblados hutus fronterizos con Uganda. En 1973, el general Habyarimana perpetró con éxito un golpe de Estado y gobernó el país hasta su asesinato.

Una masacre ignorada

La radio del gobierno, llamada Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, era la principal herramienta de propaganda, la gran agitadora. Las provocaciones contra los tutsi se emitían día y noche e invitaban a la mayoría hutu a “acudir al trabajo”, haciendo clara referencia a empuñar machetes y granadas para acabar con la presencia tutsi en el país. Fueron las semanas más oscuras de Ruanda. Los Interahamwe, el grupo paramilitar más importante de los hutus, tomaron las ciudades de todo el país y recibieron la carta blanca del gobierno para iniciar la purga.

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Un equipo de voluntarios, enterrando cuerpos en una fosa común. | Foto: Corinne Dufka/Reuters

“La sensación es que un país se vuelve loco por cuestiones profundamente enterradas en el subconsciente”, dice Teresa González, cooperadora de Médicos del Mundo, que trabajó con refugiados ruandeses en Goma, Congo, en 1994. “Había gente que hasta entonces no se había sentido hutu o tutsi y que de pronto comenzó a hacerlo. Sucedió algo similar en Bosnia con muchos musulmanes. Te da la sensación de que estas personas renuncian a su identidad individual para incorporarse a una masa que no piensa y que solamente desata y recibe violencia”.

Los milicianos tenían nombres, direcciones y censos de los tutsis; habían heredado de los belgas estos datos. Hacían controles de carretera, buscaban de puerta en puerta. Mataban a los hombres y mujeres a machetazos, aunque a las últimas preferían violarlas antes. Los quemaban con crueldad, eran capaces de hacer cumplir torturas innombrables. Era difícil imaginar una salida para los perseguidos, estaban acorralados. Los cálculos estiman que 1,7 millones de hutus participaron en la ejecución del genocidio.

El general Dallaire estimó que con 5.000 soldados bastaba para interrumpir la masacre, pero la ONU desestimó su propuesta

“La comunidad internacional le dio la espalda a todos los ruandeses que murieron”, dice Mila Font, que trabajó en 1994 con Médicos Sin Fronteras en el campo de refugiados de Benako, Tanzania, donde llegaron a cohabitar 250.000 personas.

Era abril de 1994 y el gobierno de Estados Unidos no quería intervenir militarmente en ningún país. Bill Clinton, entonces presidente, tenía reciente la última operación en Somalia, dos años antes, donde perdió a 19 soldados, y no quería correr el riesgo de sufrir la misma suerte en Ruanda. Pero las Naciones Unidas (ONU), a través de una resolución de 1948, les obligaba a hacerlo en aquellos lugares donde se estuviera produciendo un genocidio. Así que la estrategia de Clinton consistió en no reconocer como genocidio lo que estaba ocurriendo en Ruanda y responder con eufemismos a las preguntas de los periodistas. Cruz Roja, para entonces, elevaba la cifra de asesinados a 100.000 personas.

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Kofi Annan, en una visita a Ruanda tras el fin del genocidio. | Foto: Brennan Linsley/AP Photo

El general Roméo Dallaire, al mando de la fuerza de paz de las Naciones Unidas, conocida como Unamir, estimó que con 5.000 soldados bastaba para interrumpir la masacre y acusó a los franceses de financiar a los hutus, denunciando que estaban entrando en el país miles de machetes de fabricación china. Incluso meses antes de la muerte del presidente ruandés, en enero, advirtió de que tenía información sobre grupos de hutus que planeaban el exterminio masivo de las poblaciones tutsi del país y que contaban con los hombres y las herramientos necesarias para asesinar hasta 3.000 personas por hora, prediciendo una locura que no tardó en confirmarse. La primera respuesta que recibió de Kofi Annan, jefe de la misión de paz en Ruanda por la ONU, fue poco esperanzadora: “Se rechaza la operación contemplada porque excede el mandato confiado a la Unamir”.

La segunda respuesta consistió en una retirada considerable de tropas. De las 2.750 iniciales, quedaron en Ruanda solo 250.

Víctimas y victimarios

Francia decidió intervenir en junio de 1994, cuando Cruz Roja ya había elevado la cifra de muertos al medio millón. El Frente Patriótico Ruandés (FPR), el principal partido y movimiento de los tutsis, temió esta circunstancia; desconfiaba de las intenciones de los franceses y le preocupaba que se implicaran directamente en la batalla que ellos libraban especialmente en las zonas fronterizas. No obstante, el objetivo de la llegada de los europeos se debía a que iban a permitir la salida pacífica de los tutsis hacia otros países. Esto abrió un pasillo que el FPR no desperdició y en un mes se habían hecho con Kigali, dando la guerra por terminada. En ese momento las víctimas pasaron a convertirse en victimarios.

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Una cola de ruandeses de la etnia hutu espera a las puertas del campamento. | Foto: Stringer/Reuters

Los tutsis habían recuperado Ruanda, pero los hutus sentían miedo por su retorno, por la toma de represalias, y decidieron salir del país. Fue un éxodo inimaginable, de cerca de dos millones de personas. Esto produjo la huida de incontables verdugos que nunca fueron enjuiciados, que se camuflaron entre el gentío. “Entre la multitud de cientos de miles de hutus que salían en masa se encontraba gente que había sido partícipe de la tragedia, que eran victimarios”, cuenta Teresa González. Esta realidad también pudo comprobarla Mila Font en su campamento en Tanzania. Font cuenta que su campo estaba bien organizado en comparación con otros en los que estuvo anteriormente, pero que llegó un momento en que descubrieron que los mismos que habían maquinado y ejecutado el genocidio estaban beneficiándose de los asentamientos para refugiados: “Tuvimos que dejar de trabajar allí. Veíamos que esos líderes utilizaban a las personas como escudos humanos. Fue una decisión muy difícil que llevó mucha discusión interna. Continuar allí implicaba convertirnos en cómplices de todo aquello, y tuvimos que tomar esa decisión”.

La tragedia de Ruanda, continúa Font, acompañó a los refugiados hasta los campamentos: “Nos enfrentábamos diariamente a muchos problemas. Las luchas tribales, el ser tutsi o ser hutu, era uno de los motivos. Había ataques, violaciones… En muchos casos eran los responsables del genocidio”. Todavía recuerda cuando se acercaba junto a su marido, que era cooperante de Médicos Sin Fronteras de Holanda, a la orilla del río Kagera, que es la frontera natural entre Ruanda y Tanzania. Allí contaban muertos: “Íbamos los fines de semana para ver si bajaban cadáveres por el río. Era una forma de saber lo que pasaba al otro lado de la frontera”.

“Lo fácil sería pensar que los buenos eran los tutsis y los malos, los hutus. Pero estaríamos olvidando el tiempo en que los tutsis oprimían a los hutus”

En 1997, los países vecinos decidieron desmontar los refugios y forzar a los exiliados a regresar a Ruanda, donde les esperaban los tutsis. En ese retorno se produjeron ataques a poblaciones ruandesas y en Gatonde, una de ellas, se encontraban tres cooperantes españoles de Médicos del Mundo: Manuel Madrazo, Maria Flors Sirera y Luis Valtueña. Fueron disparados a bocajarro. Socorro Avedillo, ahora jubilada, formaba parte del equipo que fue asaltado, pero se salvó porque en aquel momento no estaba en Ruanda, sino en el Congo. Tras recibir la noticia, renunció a regresar a Gatonde: “Nosotros fuimos el últimos grupo en estar allí. Yo llevaba mucho tiempo en África y trabajaba en sitios de miseria. Pero aquello me dejó tocada. Mi viaje duró 20 días porque ocurrió lo de Flors, Manolo… y nadie me preguntó si me quería quedar, aunque tenía claro que no. No había mucho que hacer, no estaba preparada para quedarme. De los cuatro españoles del equipo, tres habían muerto… La experiencia fue muy fuerte”.

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Una ruandés lleva en brazos el cadáver envuelto de un niño. | Foto: Corinne Dufka/Reuters

Teresa González, después de haber viajado y de haber conocido, no acepta los maniqueísmos. “Yo creo que hay gente buena y hay gente mala, pero no hay grupos buenos y grupos malos. Lo fácil sería pensar que en Ruanda los buenos eran los tutsis y los malos, los hutus. Pero estaríamos olvidando el tiempo en que los tutsis oprimían a los hutus. Yo creo que la mayor parte de los victimarios no querían ser parte de eso. Y es cierto que los hutus hicieron una masacre, pero cuando volvieron se convirtieron en víctimas”.

Teresa desconfía profundamente de las masas, aborrece los nacionalismos, ha visto de cerca cuáles son sus consecuencias y no siente reparos para defender su postura: “Hay muchas veces que me dicen que soy una exagerada cuando hablo sobre el nacionalismo, pero he vivido demasiadas circunstancias en las cuales se ha identificado a un pueblo como peor por ser distinto y se ha llegado a punto que no se imaginaban. Me dicen que eso solo pasa en África, pero no. Yo he estado en Sarajevo y allí eran personas como tú y como yo. Es como si te abrieran los ojos y te mostraran lo más horrible de la humanidad. Y esto ocurre cuando detectamos un culpable al que responsabilizar de todos los males y, sobre todo, cuando detectamos que es alguien de quien nos podemos vengar”.

Continúa leyendo: 7 curiosidades de Gadafi que no sabías

7 curiosidades de Gadafi que no sabías

Rodrigo Isasi Arce

El 20 de octubre de 2011, milicianos del Consejo Nacional de Transición asesinaban a Muammar Muhamad Abu-minyar Al Gadafi. La ciudad que  le vio nacer, Sirte, se convirtió en su tumba. Una vez realizada la autopsia, el cuerpo de Gadafi fue expuesto públicamente durante cuatro días, junto con el de su hijo Mutassim y su ministro de Defensa, Abu-Bakr Yunis Jabr, en una cámara frigorífica de la ciudad de Misrata. Las imágenes de su cadáver inundaron las portadas de todos los medios internacionales. Según anunció el gobierno provisional, al amanecer del 26 de octubre el cadáver de Gadafi fue enterrado por dos miembros del Consejo Nacional de Transición en un lugar desconocido del desierto, para evitar que pueda ser objeto de futuras peregrinaciones de sus seguidores.

7 curiosidades de Gadafi que no sabías
Portadas de medios internacionales informan sobre la muerte de Gadafi | Foto: Brendan McDermid/Reuters

La captura y muerte del líder marcó el fin de la Rebelión en Libia y la total liberación del país. El Consejo Nacional de Transición finalmente asumió de manera provisional, oficialmente, el gobierno y el control total del territorio. Se ha escrito mucho sobre la vida y la muerte de Gadafi, pero al menos hay 7 curiosidades sobre él que no conocías. Descúbrelas en este vídeo.

Continúa leyendo: Estas son las nuevas reglas que va a lanzar Twitter para combatir el odio y el acoso en la red

Estas son las nuevas reglas que va a lanzar Twitter para combatir el odio y el acoso en la red

Redacción TO

Foto: LUCAS JACKSON
Reuters

Twitter ha decidido poner solución a una de las principales críticas que enfrentaba la red social: su ambigüedad ante la creciente cantidad de mensajes de odio, violencia y acoso sexual. Así lo ha prometido el presidente ejecutivo y fundador de la compañía, Jack Dorsey, que ha anunciado a través de un hilo —cómo no—en Twitter unas nuevas reglas para combatir esta lacra. Dorsey no ha especificado cuando se pondrán en funcionamiento: “Se hará en las próximas semanas“.

Esta nueva normativa “más agresiva” irá contra “indeseadas insinuaciones sexuales, mensajes con desnudos, símbolos de odio, grupos violentos y tuits que glorifiquen la violencia“.  La compañía ha enviado este martes una serie de correos electrónicos a su Consejo de Confianza y Seguridad con algunas de las acciones que comenzará a emprender de forma inmediata, según ha tenido acceso la revista Wired.

Uno de los objetivos principales del nuevo reglamento de Twitter son las imágenes de desnudo no consensuado. La compañía ha ampliado el marco de lo que entran en esta categoría e incluirá ahora las imágenes tomada con cámaras ocultas y las fotografías conocidas como “creepshot” que implica mostrar los pechos o el trasero —aunque sea con ropa— de una mujer sin su consentimiento. Twitter ha endurecido las consecuencias por compartir este tipo de imágenes: bloqueo total y permanente para la cuenta que haya publicado de forma original este contenido, si quien lo ha compartido lo ha hecho con una intención de acoso, o si una cuenta se dedica a compartir constantemente este tipo de imágenes.

Debido a la cantidad de pornografía que se comparte en la red social y la imposibilidad de identificar con claridad todas las imágenes, la compañía asegura que prefiere estar en el lado de proteger a las víctimas y bloquear un contenido que pueda parecer no consentido, aunque finalmente no lo sea. Además la red social dará la posibilidad a los usuarios que han recibido imágenes pornográficas sin solicitarlas de informarlo para denunciarlo porque “este comportamiento es inaceptable”.

Por otro lado, Twitter va a avanzar en identificar las imágenes que contengan “símbolos de odio” con la etiqueta de imágenes “sensibles”, aunque no ha especificado que se considera como símbolo de odio. También va a luchar contra los tuits que glorifiquen o perdonen la violencia (además de las ya vigentes prohibiciones de contenido que amenaza con la violencia). Además, Dorsey ha advertido de que la compañía podrá tomar acciones contra organizaciones que reiteradamente utilicen el odio o la violencia “como medio para avanzar en su causa”.

En este comunicado, la empresa también señaló que esperaba que su nuevo “enfoque” y los próximos cambios que están por venir demuestren la seriedad con la que se están tomando los abusos dentro de la red social.

Boicot a Twitter

Esta última semana ha sido determinante para entender esta decisión. El miércoles pasado la red social bloqueó temporalmente la cuenta de la actriz Rose McGowan, que encabezaba una de las cruzadas para denunciar la violencia sexual que sufrían muchas mujeres en Hollywood. McGowan dijo alto y claro: “HW (Harvey Weinstein) me violó”.

Después, de ese demoledor tuit sigue una serie que critican a muchos compañeros de profesión por no hacer nada ante estas terribles situaciones. En uno de esos momentos, Twitter bloqueó la cuenta de la actriz. Aparentemente, porque había publicado un número de teléfono privado. McGowan cree que por mandar a Ben Affleck “a tomar por culo”. Después de esto bloqueo, se inició en Twitter una larga cadena de apoyo bajo el hashtag: #WomenBoycottTwitter. En la que un gran número de artistas no utilizaron la red social durante un día como forma de protesta.

No es la primera vez que Twitter trata de hacer frente al acoso que se puede sufrir en la red. A principios de este año, la compañía presentó nuevas herramientas que evitaban que los abusadores en serie crearan nuevas cuentas, una nueva función de “búsqueda segura”, la posibilidad de bloquear palabras determinadas, y bloquear tuits potencialmente abusivos y “de baja calidad” de aparecer en las conversaciones.

Continúa leyendo: Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y controvertido) de África

Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y controvertido) de África

Redacción TO

Tenemos la imagen de África como un todo –un continente sin matices–. Perdemos la perspectiva en el norte. Hay razones para ver una África de vanguardia, emocionalmente conectada con la música y con el arte. Un ejemplo de este ánimo es el Zeitz MOCAA –acrónimo de Museo de Arte Contemporáneo Africano Zeitz–. Tras los gruesos muros de cemento y los tubos cilíndricos que alcanzan el techo existe un catálogo monumental de arte moderno, una suerte de ARCO permanente, que pretende situar en el mapa del arte internacional al continente más olvidado de todos.

El espacio, que abrió sus puertas el pasado 22 de septiembre, es tan amplio e imponente que no sorprende descubrir que fue el edificio más alto del África Subsahariana durante medio siglo, desde que fue construido en 1921 en la zona portuaria de Ciudad del Cabo, una de las capitales de Sudáfrica. Se trata de una apuesta arriesgada para situar al país entre los epicentros culturales del mundo. Un arquitecto británico llamado Thomas Heatherwick ha sido el responsable del rediseño de aquella vieja planta industrial que ahora da cabida a cerca de 100 galerías, un jardín en la azotea, centros educativos de arte e incluso de fotografía.

“Si el Zeitz MOCAA tiene éxito, podría poner a Sudáfrica en una posición de considerable poder cultural, al buscar convertirse en el representante global de las experiencias visuales africanas contemporáneas”, escribe el crítico Antwuan Sargent en la revista especializada Artsy.

Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y polémico) de África
Vistas del museo y de su entorno. | Foto: Iwan Baan/Zeitz MOCAA

Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y polémico) de África 1
El museo, desde una perspectiva aérea. | Foto: Iwan Baan/Zeitz MOCAA

Tras el proyecto se encuentra la fundación de Jochen Zeitz, antiguo director general de la marca deportiva Puma, que es un gran coleccionista de arte africano. Tanto es así que expone toda su colección en este museo. En total, los asistentes pueden disfrutar de cerca de 300 obras de arte, algunas de ellas con un alto valor político y con artistas como Gabrielle Goliath, Nandipha Mntambo , Mouna Karray o Samson Kambalu. Hay representantes de la mayoría negra, y también con la minoría blanca.

De hecho, el aspecto racial no ha estado exento de polémica. El Zeitz MOCAA ha recibido críticas de algunos sectores, como recoge Artsy, que denuncian que la institución, dada su naturaleza africana, reciba un nombre alemán. Como si esta fuera una huella del pasado colonizado del continente. Más si cabe en un país donde el racismo se impuso con tanta fuerza, donde el apartheid se aplicó oficialmente hasta 1992, y en un lugar –el edificio– que está separado de la prisión en la que estuvo encerrado Nelson Mandela por apenas unos kilómetros.

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Una obra de Kendell Geers. | Foto: Zeitz MOCAA

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Una obra de Kudzanai Chiurai. | Foto: Zeitz MOCAA

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Una obra de Roger Ballen. | Foto: Zeitz MOCAA

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Una obra de William Kentridge. | Foto: Zeitz MOCAA

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Obras de Nandipha Mntambo. | Foto: Zeitz MOCAA

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Obras de Leonce Raphael Agbodjelou. | Foto: Zeitz MOCAA

Continúa leyendo: Reservoir Dogs cumple 25 años y sigue siendo lo más Tarantino que hay

Reservoir Dogs cumple 25 años y sigue siendo lo más Tarantino que hay

Nerea Dolara

Foto: IMDB
IMDB

Su primer largometraje marcó su estilo para siempre. ¿No lo crees? Mira los cinco elementos que se repiten en todo su cine y que comienzan aquí.

El 14 de octubre se cumplen 25 años del estreno de la película que pondría a uno de los directores contemporáneos más respetados en el mapa: Reservoir Dogs. El primer largometraje de Quentin Tarantino se ha convertido en un clásico de culto y aunque fue Pulp Fiction quien lo hizo una estrella, su primera incursión cinematográfica ya deja claras sus intenciones. De hecho, tiene casi todas las marcas de lo que se convertiría su cine… Tarantino, al parecer, tuvo claras desde el principio sus señas de identidad como autor. La trama es simple: un grupo de hombres, cuyos nombres son alias, planean un robo que sale mal. Terminan, quienes sobreviven, en el punto de encuentro y lo que resulta es una discusión general sobre quién es el topo que los ha traicionado. Así, nada más. Reservoir Dogs lo tiene todo y es por eso que se ha sostenido en el tiempo como una de las obras más respetadas del director.

Reservoir Dogs cumple 25 años y sigue siendo lo más Tarantino que hay 1
Reservoir Dogs, un clásico del cine de los 90 | Imagen vía IMDB

La violencia

Esta lista no tiene un orden establecido, pero si hubiese que comenzar por algo que define el cine de Tarantino y que Reservoir Dogs tiene en cantidad es la violencia: descarada, visible y casi regocijada en sí misma. Tarantino, fan como es de la serie B y el cine asiático de artes marciales, adora representar peleas y debe tener un proveedor de sangre falsa que ya es un millonario… En Reservoir Dogs hay una escena, de hecho, que es un clásico de las secuencias de Tarantino tanto como Mia Wallace y Vincent Vega bailando en Pulp Fiction o La Novia masacrando a los secuaces de O Ren Ishi en Kill Bill... y si has visto la película sabes cuál es. Mr. Blonde, o Victor Vega como descubrimos luego, tortura a un policía que ha tomado como rehén para descubrir quién los traicionó. Y lo hace al ritmo de Stuck In The Middle With You. La violencia es gratuita -Vega es un psicópata sin duda-, intensa y de cierta forma ligera, ese extraño equilibrio que logra Tarantino entre horrorizar y entretener que es tan complicado de explicar: una suma de adrenalina y terror. Y la música…

Las bandas sonoras

Tarantino es de esos directores que se involucra intensamente con sus soundtracks. No es de extrañar. La música forma parte crucial de algunas de las escenas más recordadas de sus películas, incluyendo la de Vega torturando al policía. El cineasta tiene predilección por la música de los sesenta y por pistas poco conocidas que, por esa razón, se asocian para siempre con sus imágenes. La escena de Vega en Reservoir Dogs no es traumática para el espectador por esa yuxtaposición humorística que le da la música, ese terrible entusiasmo con que Vega canta mientras el policía atado lo mira con terror y el detective encubierto no puede hacer nada. Es tenso y leve, es genial y simple, es absolutamente pop.

Los personajes

No sólo está aquí el hermano de Vincent Vega (John Travolta) en Pulp Fiction, sino que sus protagonistas son delincuentes. Tarantino nunca ha estado interesado en contar las historias de ciudadanos adaptados, ya sea en sus películas de época, como Inglorious Bastards, como en otras actuales, como Jackie Brown. Sí, siempre cuenta con un personaje ajeno al espacio de los delincuentes que tiene que involucrarse (aquí, el detective encubierto), no son disfrute y adrenalina, pero sus amores predilectos son los hombres que trabajan fuera de ley. Pero no se trata de los jefes. A Tarantino no le interesa el padrino, le interesan sus matones. Comienza con Reservoir Dogs y sigue durante mucho de su carrera. Su curiosidad insaciable con respecto a la cotidianidad de estos trabajadores del crimen lo lleva a explorar historias que antes de él poco se veían en el cine.

Los diálogos irrelevantes

Irrelevantes no por malos o innecesarios, sino por su naturaleza casual y, para cualquier otro narrador, desechable. Reservoir Dogs comienza con una reunión en un dinner (un set que también adora) en que los miembros del equipo que pretende asaltar el banco discuten sobre Like a Virgin de Madonna… durante varios minutos. Tarantino usa estas conversaciones para determinar rasgos de sus personajes, además de para darles humanidad. Son gente, aunque trabajen con armas y maten sin piedad. Son personas que oyen a Madonna… o que comen en McDonalds.

La estructura

Tarantino nunca ha sido fan de contar sus historias de manera lineal. No lo hace en su primera película, que salta desde el presente del robo que fue mal a puntos del pasado sin discriminación, y nunca lo hace en las demás. Ya sea diviendo la historia en bloques, episodios o capítulos; ya sea contando sin estructura temporal; o volviendo al mismo punto desde diferentes puntos de vista, el cineasta juega con el tiempo y el espectador, siempre.

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