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¿Se dirige Venezuela hacia una Guerra Civil?

Lidia Ramírez

Foto: CHRISTIAN VERON
Reuters

Cada día el futuro es más incierto en un país donde la vida no vale nada, donde la gente muere asesinada en las calles por manifestarse en contra de un Gobierno que ha llevado al país a unos niveles de desabastecimiento nunca vividos: el 90% de los productos básicos no se consiguen. 

Según el medio venezolano del periodista Nelson Bocaranda, Runrunes, 34 es el saldo de muertos de un mes de protestas en contra de un régimen chavista que no tiene ningún reparo en usar la represión y la militarización contra aquellos que ponen en práctica su derecho a la libertad de expresión. En su última maniobra, Nicolás Maduro ha anunciado una Asamblea Constituyente, a la que el presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Julio Borges, ha calificado como “el golpe de Estado más grave de toda la historia”.

Nicolás Maduro está violentando todos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de su pueblo. Un pueblo que el 19 de abril de 2013 lo eligió democráticamente como jefe de Estado, y que ahora, cuatro años después,  cuenta con el rechazo del 80% de la población, según los resultados de varias encuestas como Venebarómetro, Delphos o Datanálisis.

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Manifestación del 1 de mayo de 2017. | Foto: Carlos Garcia Rawlins/Reuters

Remitiéndonos a datos no oficiales que nos proporcionó el economista venezolano José Manuel Puente, el Gobierno lleva 17 meses sin publicar nada, el salario mínimo es el más bajo de los últimos 20 años (40.638 bolívares, unos 60 dólares, según la tasa oficial de cambio más alta), en 2016 la pobreza creció un 81%, (hoy día hay el doble de pobres que hace 18 años); y la inflación para el mes de febrero se encontraba en el 455%, la más alta del mundo. Y en esta situación no hay señales de que Maduro actuará sobre los desequilibrios económicos y sociales, ni hay signos de que enfrentar la crisis sea su principal prioridad.

Así, con un tipo de represión distinta a la clásica represión policial de las manifestaciones ciudadanas, el ambiente en la calle es cada día más tenso. “Hoy en día, se repelen las marchas y concentraciones disparando sobre los ciudadanos que participan en ellas, lo que explica el alto número de personas fallecidas”, nos cuenta el politólogo venezolano, Luis Salamanca, quien observa un patrón sistemático de ataque a las protestas por parte del Gobierno, consistente en la acción conjunta de los cuerpos policiales y militares y grupos motorizados, que operan con motos sin placas, y armados, y que “suelen disparar abiertamente contra la gente”. Igualmente, las fuerzas del orden “disparan contra la población” en sus zonas de residencia, arrojando bombas lacrimógenas indiscriminadamente. Ejemplo de ello es el ataque que sufrió el hospital materno-infantil en la noche del pasado jueves 20 de abril cuando recibió un ataque de bombas lacrimógenas.

Desde hace meses son varios los formadores de opinión que hablan de Guerra Civil, como el padre venezolano y ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Luis Ugalde, y el politólogo, Nicmer Evans, quien así lo manifestaba recientemente en un artículo de opinión en el diario venezolano El Estímulo: “Por un lado tenemos a los mercenarios progubernamentales (erróneamente llamados colectivos, que no lo son) convirtiéndose en el brazo armado del stalinismo facineroso con el amparo de un sector de la Fuerza Armada Bolivariana, y por el otro lado a unos guarimberos encapuchados financiados desde grupos facinerosos miameros, que empiezan a apertrecharse de armamento para la confrontación contra el gobierno y los mercenarios. Esto, sin duda alguna, es un claro escenario de confrontación civil que puede derivar en una guerra civil si seguimos alimentando el odio, la exclusión, la descalificación, el desprecio y la ofensa desmedida desde los actores políticos polarizados”.  -Esta información no ha sido contrastada por este periódico, es sólo y exclusivamente opinión del politólogo Nicmer Evans-.

Por su parte, los expertos y periodistas residentes en Caracas consultados por este periódico descartan una Guerra Civil, coincidiendo todos en estos argumentos:

-Una Guerra Civil implicaría, por una parte, un quiebre en la fuerza armada que, según el periodista venezolano, Víctor Amaya, “no ocurrirá pronto”.

Confrontación bilateral. Hasta el momento, según explica, el politólogo Luis Salamanca, sólo se trata de un ataque unilateral, de agentes del gobierno y agentes paramilitares, en contra de la población. “Cuando las fuerzas represivas y las paramilitares no actúan, las protestas son pacíficas, cumplen sus objetivos y los manifestantes se disuelven en paz. Lo que indica que terminan en violencia por la agresión del Estado y del paraestado”, asevera, y añade: “A veces, son heridos o muertos oficiales de policías y militares que el gobierno se los atribuye a la oposición, a los mismos manifestantes, pero hasta ahora no se ha establecido oficialmente la verdad. A veces aparecen manifestantes con armas pero nunca queda claro si las usan o no, o si son responsables de muertes o lesiones, como ocurrió en Táchira, con una chica que presuntamente fue asesinada por un señor opositor que disparaba contra los motorizados. En esos casos, y sólo en esos, el gobierno habla para referirse a muertos ‘chavistas’ sin que aún no se haya hecho la investigación científica”.

“La reserva moral del venezolano aún aísla la Guerra Civil”

-Víctor Amaya, periodista

Bandos confrontados con cierta igualdad en números.  Como hemos comentado anteriormente, el rechazo al chavismo es del 80% por lo que, según Amaya, “no podemos hablar de dos bloques. Lo visto hasta ahora no es confrontación pueblo contra pueblo a gran escala”. Por otro lado, hay que tener en cuenta lo poco identificada que se siente la población con un bando u otro. Según apunta Nicmer en El Estímulo, los números en la calle son una prueba irrefutable: 300.000 personas entre el PSUV y la MUD,  frente a 29.700.000 que no salen porque no se sienten convocados por ninguno de los dos bandos por miedo, por desconfianza o porque prefiere insistir en sobrevivir ante tan inmensa crisis económica.

-Y el cuarto punto sería el tipo de arma. En Venezuela, cuenta Alicia Hernández, corresponsal española en el país latinoamericano, quienes tienen las armas son los criminales y el Gobierno. “La oposición no tiene fuerza de fuego”, insiste. Quienes sí están armados “hasta los dientes” son los oficialistas, que han creado dos tipos de “organismos” paralelos a las fuerzas armadas legítimas, las milicias y los llamados colectivos, con los cuales tienen una ventaja descomunal y están dispuestos a dar esa “batalla”. “En ese escenario, lo que puede ocurrir es un genocidio. Pero antes de llegar ahí, tratarán de mantenerse en el poder por otros medios”.

En este punto, Víctor Amaya además distingue en el tipo de arma que usan los grupos “extremistas”. Por un lado, están los llamados ‘colectivos chavistas armados’, que usan armas cortas y largas; y por otro, los ‘guarimberos’ u opositores organizados, que usan tirolinas, piedras, objetos quemados y acciones de vandalismo genéricas.

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Un manifestante se enfrenta a la policía con un tirachinas. | Foto: Marco Bello/Reuters

Estallido social

Tanto como para Amaya, Hernández y Salamanca, lo más apropiado es hablar de “explosión social” o “levantamiento popular”, ya que, coinciden, “la reserva moral del venezolano aún aísla la Guerra Civil”. “La gente no sale a la calle pensando que va a estallar una guerra en cualquier momento, sí se habla de hastío”, nos cuenta Alicia.

28 años después, el recuerdo del Caracazo está más vigente que nunca. Sin embargo, los tres expertos creen que un estallido social tan particular como ese no ocurrirá pronto. Estos son sus argumentos:

-Un nuevo Caracazo destruirá los pocos centros de abastecimiento que hay en el país.

-Una explosión social de este tipo debe ser popular, de la gente de las barriadas, y estos están sometidos a todo tipo de control por las misiones, por los colectivos y por las fuerzas públicas. Además de las continuas amenazas que reciben de ser despojados de los beneficios que les da el Gobierno.

-Muchos de quienes participaron en el Caracazo de febrero de 1989 aún están vivos y recuerdan lo que eso implicó: represión, muertos y más penuria; y no siempre se está dispuesto a repetir eso.

Sin embargo, a diario se producen cientos de protestas sociales, por alimentos, por medicinas, por reclamos de servicios públicos, etc, y esto es lo que se hace llamar ‘mini caracazos’. Según datos aportados por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), en 2016 se produjeron 711 saqueos.

“El último capítulo de la democracia”

Tras 60 años de democracia, ¿está Venezuela respirando su último aliento democrático? Para el politólogo Luis Salamanca: sí. “Soy de los que cree que estamos viviendo el último capítulo de la democracia“, y este episodio, según el profesional de las ciencias políticas, se está dando como una confrontación aguda en la cual destacan dos factores: por un lado la movilización de las masas populares, “por primera vez en muchos años”, y por otro, la movilización de la clase media, “la que ha llevado siempre la voz cantante”.

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Varios estudiantes durante un homenaje a Juan Pablo Pernalete, quien murió tras ser durante una protesta. | Foto: Carlos Garcia Rawlins/Reuters

La pronta convocatoria de elecciones es una de las exigencias de los protestantes, para los que la solución pacífica sería ir a las urnas. Sin embargo, Maduro descarta esa posibilidad y sólo menciona los comicios de gobernadores, que debieron celebrarse en diciembre pasado, y de alcaldes, previstos para este año. Este es el escenario más realista, coinciden los expertos, que descartan elecciones generales.

En este punto, cada bloque de poder saca lo que tiene a la calle: la sociedad democrática saca su fuerza numérica, su fuerza social, hoy inmensa y mayoritaria, encabezada por la MUD; el oficialismo saca la represión, los colectivos, la descalificación y su intención de quedarse con el poder. Para Salamanca, el deadline de este capítulo será en 2018, el año decisivo. “El año que viene sabremos si el Gobierno usurpa el poder central o se somete a elecciones libres, justas y limpias. Yo creo que no podrá evitarlas, pero eso será una gran confrontación”.

En ese momento será cuando de nuevo volvamos a hablar de Guerra Civil.

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AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo

Redacción TO

Foto: Antonio Calanni
AP

Hay pocas circunstancias más frustrantes en la vida de un viajero que la cancelación o retraso de un vuelo, y sobre todo si ese viaje se hace por placer. En The Objective ya publicamos una breve guía de cómo proceder ante la cancelación de vuelo, que puede servir de ayuda a cualquier pasajero en apuros. Ahora presentamos AirHelp, la aplicación que te hace la vida más fácil si sufres alguna de las circunstancias citadas.

Según esta empresa especializada en la defensa de los derechos de los pasajeros, más de 110.000 personas en España sufrieron en julio retrasos, cancelaciones y sobreventa en aproximadamente unos 800 vuelos. Además, concreta que sólo un 1% de los afectados reclamaron una compensación, lo que se traduce en que las compañías aéreas deberían haber abonado 30 millones de euros tan sólo en ese mes por los retrasos, cancelaciones y casos de overbooking.

Para muchos, el proceso de reclamación se revela arduo y largo, por lo que no se plantean siquiera el ejercer su derecho como pasajero. Por suerte, la tecnología nos abre un mundo de posibilidades también en el fatigoso mundo de las solicitudes burocráticas.

Reclamación a golpe de clic

Desde AirHelp aseguran que el trámite con ellos pasa de durar horas a tan sólo 3 minutos, por lo que reclamar con este servicio, que cuenta con aplicación para smartphones, puede ser tan sencillo como hacer clic.

AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo 1
Una app que te quita dolores de cabeza. Literal. | Imagen: AirHelp

Para los retrasos de vuelo en los viajes hacia y desde los países de la Unión Europea, la compensación puede llegar hasta los 600 euros, y desde AirHelp aseguran que con su servicio los viajeros obtienen una compensación media de 400 euros por vuelo. Las cosas son más complicadas si tu vuelo se retrasa en suelo estadounidense: según Scott Ginsberg, gerente de AirHelp, las aerolíneas en Estados Unidos sólo están obligadas a compensar los retrasos prolongados en la pista, con lo que los derechos de los pasajeros se ven más limitados.

Para poder luchar correctamente por la debida compensación, y a pesar de la ayuda de AirHelp, el pasajero debe proceder a tenerlo todo muy bien acotado. Desde conservar la tarjeta de embarque, a preguntar por el motivo del retraso al personal o anotar la hora real de llegada al destino final, todos los datos que tengamos harán más fácil todo el proceso. Desde AirHelp resaltan además la importancia de no firmar ningún documento ni aceptar ninguna oferta o vale que pueden acarrear la pérdida de los derechos de reclamación.

Vuelos de hasta 5 años de antigüedad

AirHelp te permite comprobar tus vuelos de los últimos 5 años para conocer si tienes derecho a compensación, un servicio completamente gratuito, y reclamar cuando uno de tus vuelo esté afectado. Siempre sale más barato hacerlo uno mismo, ya que AirHelp se reserva una comisión del 25% por el servicio en el caso de ganar el caso, pero si la reclamación no llega a buen puerto, el usuario no debe pagar nada.

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Identidad

José Carlos Rodríguez

Foto: Alejandro Alvarez
Reuters

Un grupo de supremacistas blancos convocó una manifestación contra la retirada de una estatua del General Robert E. Lee en la ciudad de Charlottesville, Virginia. Es la ciudad en la que Thomas Jefferson construyó Monticello. Hubo una contramanifestación, convocada en parte por grupos no menos totalitarios, y el intercambio de argumentos se saldó con la muerte de una mujer. Ahora, la Universidad de Tejas retira los monumentos a los confederados. Ya se sabe, la historia la borran los vencedores. Pues de eso se trata. De reducir la historia a un conjunto de sloganes, vincularlos a unos símbolos, y borrar con ellos lo que quede del relato compartido del pasado. No sólo eso, sino que borran los símbolos en los que una parte de la sociedad puede verse reflejada.

El fondo ideológico de esta práctica orwelliana es la identidad. ¿Qué es la identidad? El camino de llegada de la igualdad. Si las personas han de ser iguales, deben serlo también a algo, que les otorgue su carácter; deben tener una identidad. Los individuos, con su infinita variedad, no tienen lugar aquí. Lo que eres entra dentro de tal o cual identidad. Y lo que pienses o hagas, poco importa. Lo que cuenta es en qué cajón te meten. Y qué conjunto de epítetos (pocos, para que se puedan recordar), asignan a cada identidad. ¿Hombre? Maltratador, explotador. ¿Afroamericano? Víctima. Y así, todo.

Se dice que la política de identidad es la gran contribución de Barack Obama a la política, que no todo va a ser encantar a la audiencia diciendo vaciedades. Pero el Partido Demócrata ya había hecho de las identidades su programa político desde Franklin D. Roosevelt. Sea como fuere, es a donde hemos llegado. La estatua del general Lee no es un monumento a una historia compartida. Es un instrumento político, el símbolo de una identidad. Una pieza en su tablero de ajedrez.

La identidad es una política de la izquierda. Y han tenido tanto éxito, o se han enfrentado a una derecha tan incapaz, que ahora hay personas que dicen pertenecer a una derecha identitaria. Cuando ocupas ambos lados del espectro político, está claro que has ganado.

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Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Lorena G. Maldonado

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus.

Claro que no todo el mundo va a ser folclórico emocional, pero una cosa es la sobriedad -esa que nos angustió en la exquisita Shame– y otra la abulia: ahí Coppola en su filme protagonizado por un corrillo de hembras psicópatas y un macho castrado -qué iracundo, el cabo, cuando tiró la tortuga-. Casi extrañé la testosterona trumpista de Eastwood, que fue El Seductor en la de Don Siegel (¡1971!). Qué sangre tan acuosa aquí, qué raza tan pocha, qué poco cachondos estamos en este banquete de la revolución sexual.

La seducción: madre mía. A los que quiero les deseo que nunca les tonteen así. Una hora y media asistiendo a un cortejo de amebas. En los lavacabezas de la peluquería he vivido más tensión sexual. Al terminar, sentí por fin una trémula excitación mientras hundía mi patata gajo en la salsa, y recordé que no sé nada de cine -algunos amigos han montado un cinefórum y se esfuerzan, con mucha paciencia, en corregirme esta anemia cultural-, pero oye, me dije a mí misma, en el relato del deseo te defiendes, como todos los veleidosos. En el relato, por lo menos, que los engranajes ya son otra cosa -y sólo marchan si no se comete la torpeza de desmontarlos para entenderlos-.

¿Por qué me entusiasman Roberto Álamo, Bardem, Luis Tosar, Paul Dano o Alan Rickman y me quedo gélida con el mismísimo Brad Pitt? Miren: no lo sé. La vida tiene estas cosas. También el bueno de Colin Farrell me dejó en La seducción mortalmente aburrida, con las papilas gustativas de vacaciones, con una tristeza muy rara, parecida a la que uno siente cuando ve a una pareja besarse mal.

Sí. En el deseo llevamos años auscultándonos; pero en la seducción todos somos un poco bisoños, porque cada cuadrilátero es una historia. Entre los breves apuntes: uno, lo importante no es follar, lo importante es el contexto -o, si quieren, como decía Pessoa, lo fundamental del amor es lo que lo rodea-. En la película el contexto es delicioso, pero Coppola se pone muy esteta e ignora nuestro mejor secreto como civilización: debajo de tantas capas de diplomacia, seguimos debiéndonos a la suciedad.

Dos, el capricho físico no tiene nada que ver con la belleza del otro, sino con algo menos canónico y más oscuro: algo que está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña. No sé ustedes, pero yo me he quedado noqueada alguna vez con una carcajada perfectamente ejecutada, libre, limpísima, y se me han contraído las piernas. Colgarse de una risa -de sus ojos guiñados y su barbilla oscilante, redimida- es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío. Ya quisiera esa autoridad ese Colin Farrell de rasgos preceptivos que arrastra la perversión de un chupete.

Tres. Hay un aviso, siempre. El deseo tiene ese decoro: el del golpe primero, el de “huye o juega, pero no balbucees”. Y después todo eso tan hermoso que ha muerto a manos de Tinder: el ser conscientes de que cuando se enseñan las cartas, se acaba la partida. Todos empezamos de cero en cada conquista, todos hemos entendido que nadie, por suerte, es infalible, todos nos hemos puesto alhajas -como las cursis de la peli- y hemos comprobado, no sin cierto patetismo, que no sirven para nada, todos hemos experimentado celos verdosos y todos nos hemos vengado de forma más o menos poética -esto ya según la elegancia-. Pero ninguna de estas similitudes entre la sentimentalidad humana y La seducción me conectó en ningún momento con la historia: por poco reveladoras, por superficiales.

Me niego a creer -repito, desde mi corta educación cinematográfica, pero con mi derecho al desencanto a nivel usuario- que la de Coppola trascienda a reflejar ni un milímetro del alma de la mujer: no albergamos en el pecho esa casa de locas. No sacia mis ansias feministas que Colin Farrell sea un animal pánfilo, sin maldades: el sexo y la violencia requieren de un contrario a la altura. No, menoscabar la virilidad de un hombre no te subrayará como mujer. La poderosa Nicole Kidman no asume que el despecho no sólo es antierótico, sino que practicarlo jamás hizo a una ganadora.

Es irónico: tal vez en los setenta, cuando se estrenó El seductor, el espectador aún pudiese encontrar en el cine el morbo que no rascaba en su vida. Hoy, en medio del neoliberalismo rústico y su espesa oferta sexual, nos estamos volviendo unos reprimidos culturales. O peor: hemos dejado de reinventar las posibilidades del cuerpo. En seducción hemos desaprendido, es obvio -miren ahí a la gente en sus aplicaciones, llamando “tomar un café” al “echar un polvo”- y el sexo lo hemos cursado tanto que nos hastía. Quizá algún día, de nuevo, una risa. Quizá algún día, otra vez, la tensión dialéctica y las cartas boca abajo, en partida tirante y lenta. Mientras, contra la oquedad existencial, nos quedan las hamburguesas.

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Estas son las mejores imágenes del eclipse solar de 2017

Redacción TO

Foto: GEORGE FREY
AFP

Estados Unidos ha sido el mayor afortunado a la hora de contemplar la belleza del eclipse solar que ha tenido lugar este lunes. La Luna se ha interpuesto entre la Tierra y el Sol, ofreciendo en algunos lugares del mundo un espectáculo visual del que los estadounidenses han sido los espectadores más privilegiados, ya que este país ha sido el único donde se ha podido ver el eclipse solar total.

La última vez que Estados Unidos presenció un eclipse de estas características fue en 1979, y el próximo que podrá ver será en el año 2024. Por eso este año, el país se ha convertido en el lugar de peregrinación de todos aquellos aficionados a la astronomía y a muchos curiosos que quieren presenciar este extraño fenómeno, que ha comenzado en Oregón y ha acabado en Carolina del Sur.

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El eclipse solar visto desde la Bahía Depoe, en Oregón. | Foto: Mike Blake/ Reuters

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El efecto del anillo de diamante se observa en Madras, Oregón. | Foto: NASA/ Reuters
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El Sol forma una Luna creciente durante el eclipse solar en Charleston, Carolina del Sur. | Foto: Mandel Ngan/ AFP

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La Luna comienza a pasar frente al Sol en el Lago Ross, en Washington. | Foto: NASA/Reuters
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Las nubes oscurecen el eclipse solar en Mount Pleasant, Carolina del Sur. | Foto: Randall Hill/Reuters
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El eclipse solar visto desde el instituto de Madras, en Oregon. | Foto: Jason Redmond/Reuters

Sin embargo, también se ha podido observar este fenómeno astronómico desde otros lugares, como México, desde donde también han llegado imágenes que muestran la belleza de este esperado fenómeno astronómico. En España, el mejor lugar para ver el eclipse solar, aunque solo de una manera parcial, han las Islas Canarias. También se ha podido observar de manera parcial en lugares como Galicia o Cáceres, pero no ha tenido esta posibilidad la parte occidental del país.

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El eclipse solar parcial visto desde Ciudad de México. | Foto: Alfredo Estrella/AFP
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Vista del eclipse solar parcial visto desde el Museo de Historia Natural de Ciudad de México. | Foto: Pedro Pardo/ AFP


Así se vivió el eclipse solar desde las alturas. RTCV muestra el vídeo grabado desde un avión.

Así lo han visto los estadounidenses

Este eclipse solar ha sido un fenómeno muy esperado en varios lugares del mundo, pero especialmente en Estados Unidos. A lo largo del día, numerosas personas se han concentrado en distintos puntos del país para encontrar el mejor punto para poder ver sin ningún obstáculo el paso de la Luna frente al Sol. Nadie ha querido perderse este inusual fenómeno, e incluso el propio Donald Trump ha sido fotografiado disfrutando del eclipse desde la Casa Blanca.

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Donald Trump y Melania Trump ven el eclipse solar en la Casa Blanca. | Foto: Kevin Lamarque/ Reuters
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Un grupo de gente observa el eclipse solar desde el estadio Saluki en Illinois. | Foto: Scott Olson/ AFP
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Un grupo de gente observa cómo se aproxima el eclipse solar en Tennesee. | Foto: Jonathan Ernst/ Reuters

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