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Solo el 30% de las niñas en Afganistán van a la escuela

Los datos que se desprenden de este informe de 130 páginas, que analiza el acceso a la educación infantil en Afganistán después de la caída del régimen talibán, son descorazonadores. En el país hay 3,5 millones de menores que no van a la escuela, de ellos el 85% son niñas, según datos oficiales facilitados a HRW. Esto supone que dos tercios de las niñas no tienen acceso a educación. Solo el 37% de las adolescentes sabe leer y escribir. Esta cifra alcanza el 66% en los varones.

Solo el 30% de las niñas en Afganistán van a la escuela

Reuters

Najiba y su gemela tienen que recorrer tantos kilómetros hasta su escuela en la provincia de Daikundi, en el centro de Afganistán, que cuando llegan al colegio ya está cerrado. Lo mismo le ocurre a Khatera, de 15 años: «Vivo tan lejos de la escuela de niñas más cercana que en burro o en caballo tardaría desde la mañana hasta al anochecer». Estos son solo algunos de los testimonios recogidos por la ONG Human Rights Watch en su informe «Yo no seré doctora y un día tú estarás enfermo: el acceso de las niñas a la educación en Afganistán«.

Los datos que se desprenden de este informe de 130 páginas, que analiza el acceso a la educación infantil en Afganistán después de la caída del régimen talibán, son descorazonadores. En el país hay 3,5 millones de menores que no van a la escuela, de ellos el 85% son niñas, según datos oficiales facilitados a HRW. Esto supone que dos tercios de las niñas no tienen acceso a educación. Solo el 37% de las adolescentes sabe leer y escribir. Esta cifra alcanza el 66% en los varones.

Con estos números, Human Rights Watch tiene claro su veredicto: el acceso a la educación para las niñas está retrocediendo en Afganistán. Las causas de este retroceso están identificadas en el informe: falta de escuelas para niñas, lo que provoca la lejanía de los centros de muchas áreas rurales; la falta de maestras mujeres, puesto que muchas familias se niegan a que los hombres enseñen a sus hijas, especialmente cuando son adolescentes; la falta de instalaciones en los centros como paredes, muros o incluso baños, y sobre todo, la inseguridad que impera todavía al ir a clases para las niñas.

«Pasó en la calle de enfrente del colegio… Algunos estudiantes perdieron los ojos, sus caras se quemaron… Toda la familia decidió que ninguna niña de nuestra familia fuera a la escuela. Durante años, los he combatido y todavía sigo», cuenta Maliha, de 17 años, que sufrió un ataque de ácido por parte de los talibanes cuando estaba yendo a clase. Alrededor de 15 de sus compañeros fueron heridos, cuatro de gravedad.

La ONG critica sobre todo las dificultades de las niñas para acceder a la educación y recuerda que 40% del territorio está bajo control o disputado por los talibanes, que había prohibido la educación de las niñas bajo su régimen (1996-2001).  En esos territorios se suceden la violencia y los ataques a aquellas que tratan de acceder a la educación.

 

«Los hombres molestan y amenazan a las niñas pequeñas. Los hombres nos tocan e intentan otras acciones con nosotras. La mayoría son hombres de aquí que viven cerca. Nadie ha intentado pararlos. Nos ha pasado a muchas de nosotras, por lo que muchas chicas han dejado la escuela por eso», cuenta Chehrah, de 16 años, que vive a solo 100 metros de una escuela en Kandahar. Debido al acoso que sufría, le pidió a su padre si podía ir a otra escuela cercana en un área que creía más segura. La respuesta de su padre fue sacarla del colegio de forma permanente cuando tenía 12 años.

La ley afgana estipula que la escuela es obligatoria hasta los 14 años. «El objetivo declarado, garantizar la escuela para todas las niñas, está lejos de ser alcanzado«, concluye HRW.

 

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