The Objective
Publicidad
Actualidad

Ladrón de Guevara: «Se ha blanqueado a terroristas con la excusa del antifranquismo»

La abogada habla con David Mejía sobre su experiencia como abogada de víctimas del terrorismo y sobre su último libro.

Carmen Ladrón de Guevara es doctora en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Es fundadora del despacho De Guevara & Santiago, donde ejerce la abogacía principalmente en el ámbito del derecho penal y procesal. Desde 2017 alterna su actividad profesional con la docencia universitaria. Comenzó a colaborar con la Asociación de Víctimas del Terrorismo como voluntaria, y ahora forma parte de su departamento jurídico. Su primer libro se titula Avances y carencias en la protección jurídica a las víctimas del terrorismo (Colex, 2021). Su segundo libro, recientemente publicado, es Las víctimas del terrorismo de extrema izquierda en España: del DRIL a los GRAPO (1960-2006).

P. Tengo entendido que tu primer contacto con las víctimas del terrorismo se produjo casi por casualidad.

R. Sí, efectivamente. Yo estudiaba Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, y en 2005 un profesor nos invitó a ir a un juicio en la Audiencia Nacional. Mis compañeras y yo nos apuntamos, sinceramente, por no ir a clase. Yo no pensaba dedicarme al mundo del derecho; estudiaba Derecho y Administración de Empresas y tenía pensado dirigirme al mundo de la empresa, pero ahí nos plantamos. Y lo que viví ese día me impactó tanto que empecé a ir a más juicios en la Audiencia Nacional. Ese primer juicio era por un asesinato terrorista, se juzgaba al etarra Gadafi, y por aquel entonces no tenía ni idea de quién era -luego lo he sabido y me he enfrentado a él en varias ocasiones-. Y lo que más me impactó fue el ambiente que ahí se vivió. Recuerdo una sala llena de gente, había una fila de mesas en las que estaban los periodistas, y después estábamos en primera fila mis cuatro amigas y yo. A mi derecha tenía a una chica más o menos de nuestra edad, acompañada de una señora. Y en la esquina izquierda había un grupo de señores. Cuando salió el terrorista y lo metieron en la pecera, se montó un escándalo por parte del público que teníamos detrás, y entendí que la sala estaba llena de familiares y amigos del terrorista.

P. ¿Y cómo transcurrió el juicio?

R. Empezaron leyendo los hechos por los que se acusaba a ese terrorista, y la chica que estaba a mi lado se puso a llorar. Eran la hija y la viuda del policía asesinado, que habían venido solas a Madrid. Se habían enterado del juicio unos días antes por la prensa, habían cogido un tren, habían llegado a Madrid y se habían desplazado a la Audiencia Nacional sin saber ni dónde estaba ni a lo que se iban a enfrentar. Y estaban ahí solas, rodeadas de los familiares y amigos del terrorista que había asesinado a su padre y marido, y la única compañía que tenían era la mía y la de mis cuatro amigas, cinco estudiantes de derecho que estábamos en segundo de carrera y no sabíamos muy bien qué hacíamos ahí. Luego descubrí que el otro grupo de personas que había en la sala eran voluntarios de la Asociación Víctimas del Terrorismo que acompañaban a las víctimas. Eso me marcó: enfrentarse a un trámite tan duro para una víctima, como es enfrentarse al juicio del asesino de su familiar, y tener que hacerlo solas o acompañadas por otras víctimas, me lo planteé como un compromiso. Y como tenía turno de tarde en la universidad, iba a la Audiencia por las mañanas. Me hice amiga del policía de la puerta y me iba diciendo qué juicios había. Contacté con la Asociación de Víctimas y empecé a acompañar a las víctimas en ese trámite como voluntaria. Ingenua de mí, pensé que sería fácil conseguir a más gente de mi clase y que todos los días conseguiríamos llenar la sala de gente que no le fuera hostil a las víctimas. Pero lo que conseguí es que me acompañaran mis amigas y gente de mi entorno más cercano. Y así empezó ese compromiso.

P. Una de las cosas que más llama la atención de tu relato no es que las víctimas estuvieran solas, sino precisamente que no lo estaban: ahí estaban los amigos del acusado. ¿Por qué se permite -en la Audiencia Nacional- jalear a una persona acusada de cometer un delito tan grave?

R. Bueno, principalmente porque les ponían autobuses. Yo he visto cómo venían autobuses del País Vasco y traían a gente a acompañar y a jalear al terrorista de turno. Todas esas asociaciones del entorno de ETA, que han salido recientemente a la calle para reclamar directamente la excarcelación de los presos, son las que les facilitan abogados, las que ponen autobuses a los familiares para que puedan ir a las prisiones, y son las que ponían furgonetas y autobuses para venir a acompañar y a jalear a los etarras en la Audiencia.

P. ¿Pero por qué está permitido hacer en sala judicial lo que no está permitido hacer un cine?

R. En principio no se puede. Lo normal era que, cuando montaban follón, se les llamara al orden y se les expulsara. En la Audiencia he vivido momentos de tensión, momentos delicados, pero se ha intentado siempre mantener el orden, aunque no siempre se conseguía. Pero si alguien recuerda las imágenes del juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, ahí cambiaron las tornas. Fue la primera vez que fui a un juicio en el que éramos más los que acompañábamos a la víctima que los familiares de los etarras. Y al final, los que acabamos aplaudiendo una vez que el fiscal terminó su brillante alegato fuimos nosotros, y de hecho fuimos nosotros los expulsados de la sala. Entonces, por regla general se ha procurado mantener el orden aunque no siempre se haya conseguido. Pero es verdad que el ambiente era muy agresivo para las víctimas. Ya no solo hablo del desorden que ahí vivíamos, sino que había insultos, nos hacían fotos con los móviles, nos ponían chicles en la silla… Ese era el ambiente que vivíamos en la Audiencia Nacional en esos años.

P. ¿En qué consistía tu labor como acompañante de las víctimas?

R. En esos primeros años era una labor puramente humana, que las víctimas se sintieran acompañadas o rodeadas de gente que no les resultara hostil. Con los años, cuando me fui involucrando en la AVT, ese acompañamiento se amplió a recoger a las víctimas en la estación y acompañarlas a la Audiencia Nacional, porque había gente que nunca había estado en Madrid. O en juicios que duraban varios días, que supieran dónde podían comer o acompañarlas en el descanso. Pero sobre todo veía claro que una silla que ocupara yo, o gente de mi clase, era una silla que no ocupaba alguien que iba a jalear al terrorista. Eso era muy importante a nivel psicológico.

P. ¿En qué momento te das cuenta de que no vas a acabar en el mundo de la empresa, sino que vas a dedicarte al mundo del derecho y concretamente a esto?

R. Cuando acudí a ese primer juicio, estaba en segundo de carrera. Fueron pasando los años y vi que esto me gustaba, sobre todo me gustaba estar del lado de los buenos. Todo el mundo tiene derecho a una defensa, y como abogado no siempre estás del lado de los buenos. Pero en este caso, me permitía estar siempre del lado de los buenos. Entonces llegó el momento de tener que hacer prácticas en un despacho y se me planteó la oportunidad de hacerlas con abogados que llevaban este tipo de asuntos. Después, cuando se fue aproximando el final de la carrera, tenía que decidir qué hacer porque yo quería seguir con esto pero, efectivamente, mis planes eran otros. Además, si quieres ganar dinero no te puedes dedicar a esto, porque tampoco es que tengas un gran futuro profesional. Por otro lado, empezaba a haber víctimas que me pedían que me encargara de sus casos. Y también llevaba ya varios años observando a los abogados contrarios, y veía que formaban parte también de ese entorno de ETA. Eran militantes de su causa, y yo pensaba que las víctimas necesitaban también militantes de la suya. Ser abogado de víctimas no es ser un abogado normal. Sinceramente, pensé que iba a ser mi familia la que me iba a disuadir: «estos años de voluntariado ya se terminan, ahora dedícate a cosas serias y a ganar dinero». Pero fue todo lo contrario, mi familia siempre me animó y eso fue muy importante y determinante para que yo diera ese paso.

P. ¿Qué hace exactamente el abogado de una víctima? Porque entiendo que quien acusa a un terrorista es la Fiscalía de la Audiencia Nacional. ¿Intervenís como acusación particular?

R. Fundamentalmente, el papel del abogado de una víctima es personarse en nombre de la víctima como acusación particular. En nuestro caso, además, al ser abogados de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, en muchos de los procedimientos estamos como acusación popular en nombre de la asociación. Es verdad que desde su fundación, hace ya más de 40 años, la labor jurídica ha sido siempre un pilar fundamental de la asociación. En la mayoría de procedimientos que se siguen en la Audiencia Nacional por delitos de terrorismo, la asociación está personada como acusación popular, con independencia de que haya víctimas.

P. ¿Y qué beneficio hay en personarse como acusación particular o popular, frente a dejar que la Fiscalía actué por sí sola?

R. El beneficio es muy claro, además de que la víctima pueda participar activamente, hay un beneficio de información, que la víctima esté puntualmente informada de todo lo que ocurre relacionado con su procedimiento judicial. Y a la larga, es muy importante porque la Fiscalía no se preocupa de eso. Es verdad que en estos años se ha avanzado mucho, y en la Audiencia Nacional se creó una fiscalía específica de víctimas, y después se ha creado una fiscalía específica para los casos sin resolver. Pero la Fiscalía no tiene por qué tener ese contacto directo con la víctima. Y en estos 17 años de experiencia, me he percatado del déficit de información. Entonces, el hecho de que la víctima estuviese personada con su abogado le facilitaba el poder tener acceso a la información del procedimiento judicial. Por otra parte, en los casos de terrorismo en los que hay víctimas siempre hemos ido muy de la mano de la Fiscalía. Muchas veces se me ha permitido, precisamente por mi condición de abogada de víctimas, ir un poquito más allá de lo que puede ir la Fiscalía, y me he podido tirar a la piscina en algunos casos en los que la Fiscalía ha mantenido una posición, por decirlo de alguna manera, más conservadora.

P. Y entiendo que esa personación, como acusación particular o popular, está libre de cualquier tipo de influencia política que pudiera afectar a la Fiscalía.

R. Sí, efectivamente, aunque en los casos de atentados terroristas con víctimas mortales no he visto esas influencias políticas. En cambio en casos de terrorismo en los que no había víctimas, sí que lo he visto, y en procedimientos judiciales que se han podido seguir contra el entorno de ETA en momentos en los que el Gobierno estaba negociando con la organización, sí que he podido ver esos tentáculos de querer influir en el actuar de la Fiscalía.  

P. ¿Cuál dirías que es el momento más gratificante que has vivido en un juicio?

R. En una sala, gratificante, ninguno porque es un momento de mucha tensión. Ese momento en el que el terrorista sale y se me pone delante, como todavía me cuesta comprender la maldad humana, me cuesta comprender cómo una persona es capaz de acercarse a otra que está tomándose tranquilamente un café en un bar y pegarle tres tiros en la cabeza. Es algo que creo que no llegaré a comprender nunca, y más si tengo a las víctimas delante. El juicio es un momento de adrenalina máxima y cuando se acaba me desinflo; siempre llamo a la asociación para dar cuenta de cómo ha ido y hay veces que esa adrenalina sale y me emociono. Recuerdo que una vez llamé a la entonces presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza, me puse a llorar y me disculpé, y me dijo «Carmen, el día en que no te emociones dejarás de trabajar en esto; no te disculpes porque forma parte de tu implicación y tu compromiso». Así que el momento del juicio no es gratificante. Sí tiene una parte posterior gratificante cuando llamas a una víctima para decirle que han condenado al acusado. Es de los mejores momentos que puedes vivir en un procedimiento. Por el contrario, es muy duro cuando tienes que llamar para decir que le han absuelto, que sale en libertad o que sabes quién es pero no puedes seguir porque la causa está prescrita. Esas son llamadas durísimas.

«Parece que las víctimas del franquismo tienen derecho a la memoria y a conocer la verdad, mientras que las víctimas del terrorismo son tachadas de vengativas y de querer remover el pasado»

P. Por lo que dices, has vivido muchos momentos de tensión en los juicios con los acusados y su entorno.

R. Cariño no me tienen (ríe). Tengo que decir que he tenido momentos más tensos cuando iba de acompañante que cuando di el paso y me puse la toga. Les descoloqué, porque tampoco sabían muy bien quién era. Uno de sus abogados me dijo que siempre habían pensado que era de la Guardia Civil. Entonces, desde el momento en que me puse la toga me han respetado. Y momentos tensos, he tenido algún juicio con follón, hubo uno en concreto que era contra organizaciones juveniles del entramado de ETA que el Tribunal Supremo dijo que formaban parte de la organización, y hubo bastante tensión. De hecho hubo luego un juicio por desórdenes públicos.

P. ¿Qué relación tenías con los abogados del otro lado?

R. Al principio, siempre lo planteaban como juicios de ruptura, es decir, no querían formar parte. Lo habitual era que los propios acusados montaran lío para que les expulsaran de la sala, y era siempre una actitud avalada por los abogados. Y nunca habíamos tenido ningún tipo de relación ni de trato. Pero tengo que decir que en los últimos años esto ha cambiado. Ya no te encuentras con juicios en los que asista tanto público, ahora se limitan a sus familiares y poco más. Y por parte de los abogados, quitando casos muy puntuales en los que claramente no hay una buena relación, hay un trato correcto y cordial entre abogados que estamos en bandos contrarios. En estos 17 años hemos pasado de la tensión y la hostilidad, de no dirigirnos la palabra, a poder hablar.

Imagen: Carmen Suárez.

P. ¿Cuál es el caso más complejo técnicamente al que te has enfrentado y que has sacado adelante de manera satisfactoria?

R. Ha habido casos en los que quizá no teníamos una prueba sólida. En un caso teníamos la certeza de que era el comando Madrid, pero sabíamos que las pruebas no eran contundentes, y de hecho tuvimos que insistir mucho a la Fiscalía para seguir adelante. Y finalmente llegamos a juicio y condenaron a todo el comando. Técnicamente son también complicados los procedimientos de todo el entramado, porque son juicios con muchos acusados. Por ejemplo, en el juicio de Batasuna se enjuiciaba a los dirigentes de Euskal Herritarrock, Batasuna, Herri Batasuna, y se sentaban en el banquillo más de 40 personas físicas y 200 personas jurídicas, que eran todas las herriko tabernas. Fue un juicio que duró muchos meses y técnicamente fue muy complicado. Además, la instrucción estuvo muy parada porque se inundó parte de la Audiencia y había tomos que se habían deteriorado. Pero el tribunal nos reunió a todos los abogados y nos dijo que había que seguir adelante. Y reconstruimos la causa con lo que teníamos cada uno y el juicio salió. Para mí salió bien porque hubo una sentencia condenatoria, que luego fue ratificada por el Tribunal Supremo. Técnicamente esos son los juicios más complejos.

P. Y ¿qué relación has tenido durante estos años con la policía, la Guardia Civil y con el CNI?

R. Hay una buena relación, por supuesto. Quizá es más intensa desde el año 2011, cuando hago el informe sobre los casos sin resolver y damos la cifra de que más de 300 asesinatos de ETA estaban sin resolver. Ahí hubo una implicación ya más concreta, tanto de la Fiscalía, con la creación de una Fiscalía específica, como de las propias fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, con la creación de grupos específicos para ir revisando estos casos. Es una relación correcta, cada uno manteniendo nuestras posiciones, pero de colaboración, que es fundamental también para ellos. Muchas veces necesitan datos sobre víctimas y para ellos es importante tener una buena relación con nosotros.

P. Decías que no habías logrado entender la maldad. ¿Es algo que te preguntas a menudo? ¿Si los terroristas son personas malvadas por naturaleza o personas normales fanatizadas por una causa?

R. La verdad es que intento no darle muchas vueltas, porque mi trabajo consiste en que respondan por lo que han hecho. Pero es algo que muchas veces me plantean, me suelen preguntar si son psicópatas. Y la respuesta es que no necesariamente. No considero que en todos los casos haya una psicopatía, hay un proceso de radicalización en los terroristas que les hace justificar en una primera fase el uso de la violencia con fines políticos. Y a partir de un momento, no solo la justifican y aplauden, sino que dan el paso y pasan a asesinar. Este proceso de radicalización es más rápido en los casos de terrorismo yihadista que en los casos de ETA o de los GRAPO. Por tanto, no necesariamente hay una psicopatía, sino una persona que se ha radicalizado y llega a justificar que es lícito asesinar a alguien con fines políticos. Eso no quita que cuando yo me enfrento a estos individuos y los analizo durante el juicio, observando su lenguaje corporal, etc, muchas veces pienso que es el tonto de su pueblo. Pero claro, el tonto del pueblo ha asesinado a 14 personas. Luego tienes otros, como Txapote, que son pura sangre fría. Yo no le he visto torcer el gesto en ningún momento, en ninguno de los juicios, y han sido muchos los que he tenido con él. O Henri Parot, por ejemplo, que igual fuera de ese contexto parece hasta bonachón, y ha sido uno de los terroristas más sanguinarios. El caso de Txapote lo recuerdo porque fue en el juicio de Gregorio Ordóñez, y me cuesta comprender que alguien pueda entrar en un bar de San Sebastián, acercarse a una mesa y pegar tres tiros en la cabeza a una persona, darse la vuelta y marcharse. No hay radicalización posible que justifique eso.

P. Has hablado de los crímenes no resueltos de ETA, que son más de 300, y quería preguntarte si ves alguna posibilidad de que al menos un porcentaje significativo llegue a resolverse.

R. Un porcentaje significativo no, porque esa cifra la dimos en el año 2011, han pasado más de diez años y solo se han resuelto 16 casos. Y no nos queda mucho margen, porque el tiempo va en nuestra contra, y cada año que pasa es más difícil conseguir pruebas y por el plazo de prescripción. Cada vez tengo menos esperanzas, aunque todavía tengo algún juicio de algún caso que confío que podamos resolver. Pero por desgracia la cifra va a quedarse en torno a los 300. Ahora bien, el hecho de que no los podamos resolver judicialmente, y de que no podamos conseguir una condena, no quiere decir que la víctima no tenga derecho a saber quiénes fueron los responsables y a que se siga investigando. De hecho, ahora tengo varios proyectos y estoy escribiendo mucho sobre ese derecho a la verdad. La responsabilidad penal, por desgracia, prescribe -bueno, ahora ya no, porque hubo una modificación del Código Penal, pero no se puede aplicar con carácter retroactivo salvo en el último atentado de Barcelona y Cambrils-, pero eso no quita para que la víctima tenga derecho a que se investigue el atentado, se intente identificar a los responsables y tenga derecho a saber qué es lo que pasó, quiénes fueron, y las circunstancias que rodearon ese atentado. Y tengo que decir que he visto un cambio en la Audiencia Nacional, en la Fiscalía y en algunos jueces, que efectivamente dicen que primero se investigue y una vez podamos identificar a posibles responsables ya se dirá si está prescrito o no, pero lo primero es investigarlo. Mientras que hace unos años la tendencia era a decir que no se reabría un caso porque estaba prescrito. Este cambio es muy importante.

P. Además de la prescripción, ¿consideras que el clima político es desfavorable a reabrir archivos en 2023 y buscar culpables de un asesinato que sucedió en los años 80?

R. Sí, hay un ambiente desfavorable; en la calle o en redes sociales, esto lo vivo a menudo, te dicen que por qué remover todo esto, que es cosa del pasado. Pero en la Audiencia Nacional o en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no veo eso. Fiscales hay muchos y los hay que son más proclives o que sienten estos temas más que otros. Pero sí que he visto desde el año 2011 una voluntad en la Audiencia Nacional y en la Fiscalía. Hay jueces de instrucción que me han parado en los pasillos de la Audiencia y me han preguntado cuántos casos tenía su juzgado sin resolver, con ánimo de revisarlo. Y sigue habiendo juicios en la Audiencia Nacional, otra cosa es que se hable menos de ello. Para este año 2023 tenemos previstos algunos ya. Otra cosa es que, efectivamente, a la mínima que mueves un papel acusen a las víctimas de estar buscando venganza.

P. Curioso en un país donde se ha ido construyendo un paradigma tan memorialista en otros contextos.

R. Sí, es algo que me llama mucho la atención. Por supuesto que las víctimas del franquismo tienen derecho a que se investigue, a encontrar a sus familiares, por mi parte ni una crítica a eso. Pero parece que las víctimas del franquismo, que ha pasado hace más años, tienen derecho a la memoria y a conocer la verdad, mientras que las víctimas del terrorismo son tachadas de vengativas y de querer remover el pasado. Y esto ha pasado antes de ayer, todavía tenemos causas abiertas que no han sido enjuiciadas porque Francia no nos ha entregado a los responsables. No estamos removiendo nada.

P. Hablemos de tu último libro: Las víctimas del terrorismo de extrema izquierda en España: del DRIL a los GRAPO (1960-2006), en el que te ocupas de los grupos terroristas -de extrema izquierda y nacionalista- que no son ETA. La pregunta obligada es ¿por qué solo te ocupas de este terrorismo?

R. Me ocupo sólo del terrorismo de extrema izquierda y de grupos más desconocidos, y no me ocupo de ETA, no porque considere que ETA no es extrema izquierda y no es nacionalista, sino porque este libro lo que viene es a cubrir un vacío que había en relación con estas víctimas. Este libro está planteado como una continuación del libro Vidas Rotas, que se publicó a finales de 2010, sobre víctimas asesinadas por ETA. Para mí ese libro fue fundamental para hacer el informe sobre los casos sin resolver, ya que era la primera vez que se hacía una relación de las personas que habían sido asesinadas por ETA y se contaba quiénes habían sido, como había sido el atentado, y se intentaba identificar a los responsables. Años después, cuando hago el informe sobre los casos sin resolver de ETA, en la asociación me piden que lo haga también con los otros grupos, porque en la AVT tenemos víctimas asociadas de todos los grupos que han asesinado en España. Formar parte de la AVT me ha aportado abrir la mente y entender que no sólo hay víctimas de ETA. Entonces se me pide que haga el informe sobre casos sin resolver de los GRAPO, y claro, la primera dificultad que me encuentro es que no tengo ni siquiera una relación de quiénes han sido asesinados por los GRAPO. Por otro lado, en los años de voluntaria acompañando a víctimas, había ido a algún juicio de los GRAPO y me sorprendió descubrir que había otro grupo terrorista que había atentado y asesinado, que se estaban celebrando juicios pero que no se hablaba de esas víctimas. De hecho, la última víctima es del año 2006, tampoco es hace tanto. Siempre consideré que había una deuda pendiente con estas víctimas. Y cuando presenté los resultados provisionales de los casos sin resolver de los GRAPO, mencioné que la primera dificultad que había tenido era no contar con una obra de referencia como tuve en el caso de ETA, y dije que algún día alguien debería escribir el Vidas Rotas de los GRAPO. En esa presentación estaba el director del Centro Memorial, Florencio Domínguez, y al terminar me dijo que ese alguien podía ser yo.  

P. ¿Por qué no están incluidas las víctimas de grupos de extrema derecha?

R. Porque esa investigación le está correspondiendo a otra persona. El Centro Memorial lo planteó como un proyecto global. Ya se había escrito sobre víctimas de ETA, y había que escribir sobre el resto de grupos de extrema izquierda, de extrema derecha y de terrorismo yihadista. Y me consta que esas investigaciones las están llevando a cabo otras dos personas. En mi caso me centré sólo en las víctimas de extrema izquierda porque es lo que yo había vivido en mi experiencia de acompañar a víctimas, y tenía ese compromiso personal con las víctimas de los GRAPO. Sobre víctimas de grupos de extrema derecha también he escrito y he asistido a alguna víctima. Por ejemplo, en algún asunto de los GAL, hay víctimas que me han pedido asistencia y consejo.

Imagen: Carmen Suárez.

P. ¿El GAL se considera un grupo de extrema derecha?

R. Esta es la gran cuestión. Mira, cuando saqué el libro recibí dos ataques. Por un lado, por el título. A mí no me gustaba porque era muy descriptivo y soso, pero la editorial se decantó por él, y al final es lo que más ha molestado, cosa que me lleva a pensar que la editorial dio en el clavo. Andrés Trapiello me presentó el libro y dijo que el título era perfecto. He recibido ataques por los que niegan que haya habido terrorismo de extrema izquierda, algo que me ha parecido una cosa asombrosa, porque es como negar que el cielo es azul. ¿Qué son el GRAPO o ETA? Y por otro lado, el ataque fácil era que las víctimas de extrema derecha no están. Pues como decía, es un trabajo que se está haciendo. Ahora bien, ¿qué vamos a incluir en el terrorismo de extrema derecha? Esto es algo que he debatido y reflexionado con algunas personas. Y se podría ahí considerar terrorismo de extrema derecha y parapolicial en la misma categoría. Y claro, en el terrorismo parapolicial puede entrar el GAL.

P. Un grupo parapolicial financiado con fondos reservados gestionados por un gobierno del PSOE.

R. Claro, es complicado que se considere terrorismo de extrema derecha. Arcadi Espada escribió sobre el libro y me parece que hizo una apreciación muy acertada, decir que los GAL en todo caso sería terrorismo socialista, porque fue un grupo financiado por el Gobierno socialista. Entonces no podemos atribuir los GAL a la extrema derecha, pero sí sería un tipo de terrorismo parapolicial.

P. El GRAPO es el tercer grupo terrorista más mortífero de Europa, solo por detrás del IRA y de ETA, y por delante, por ejemplo, de las Brigadas Rojas.

R. Cuando empecé con la investigación pregunté a mi entorno cuánta gente había asesinado los GRAPO, y me decían que unas 30 o 40 personas. La primera vez que se da la cifra real de asesinados por los GRAPO es en este libro, y son 93 asesinados. Y efectivamente, en un seminario sobre cuestiones de terrorismo, puse encima de la mesa esta cifra y había entre los asistentes un profesor italiano, Mateo Re, que se quedó reflexionando sobre la cifra y puntualizó que, de ser cierta, que lo era, los GRAPO se convertirían en la tercera organización terrorista más letal de toda Europa. Porque, efectivamente, las Brigadas Rojas y la Baader Meinhof tienen un número de víctimas muy inferior. Claro, eso me hizo reflexionar más aún, ya no solo es que haya asesinado a 93 personas, y que la última víctima sea del año 2006, sino que estamos hablando de uno de los grupos terroristas más letales pero más desconocidos, y cuyas víctimas han sido más ignoradas.

«Con la excusa de que eran grupos antifranquistas, se ha blanqueado a mucho terrorista»

P. En el libro empiezas hablando de los DRIL. ¿Quiénes son?

R. El DRIL, Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación, es un grupo bastante peculiar, con ramificaciones tanto españolas como portuguesas. Se plantea en un primer momento como un grupo revolucionario para hacer frente a las dictaduras de Franco y de Salazar. En nuestro país tienen una única víctima mortal, la niña Begoña Urroz, considerada la primera víctima del terrorismo, en el año 1960. Durante un tiempo se le atribuyó a ETA, porque aparecía en unos papeles que se incautaron a un dirigente de ETA. Fue asesinada en San Sebastián, en la estación de autobuses; habían colocado artefactos explosivos en varias estaciones. Estallaron todas, pero la única que provocó daños personales fue ésta de la estación de Amara donde murió Begoña Urroz, de 20 meses. Luego secuestraron un barco portugués para forzar la negociación con las dictaduras de Franco y de Salazar, y hubo una víctima mortal fruto de ese secuestro, pero al no ser en territorio español, y estar más relacionado con Portugal, cito a la víctima, pero no analizo el caso.

P. Y qué piensas cuando escuchas a personas como Pablo Iglesias presumir de ser hijo de un «padre frapero», es decir, de referirse con orgullo y cierta frivolidad a la militancia en un grupo con víctimas mortales, aunque su padre no participara en ningún atentado.

R. Me provoca un rechazo absoluto y me preocupa. La polémica con Pablo Iglesias y su padre frapero sirvió para poner el foco en el FRAP, del que casi nadie sabía nada -me chocó el nivel de desconocimiento general que había sobre este grupo terrorista que asesinó a seis personas. Y es el propio Pablo Iglesias el que alardea de su padre frapero, se vanagloria de esa militancia de su padre en una organización terrorista. Pero el FRAP es una organización terrorista que ha asesinado a seis personas y esas víctimas están reconocidas como víctimas del terrorismo. Efectivamente, no hay datos para decir que el padre de Pablo Iglesias participara en ningún atentado, pero la acusación que hizo Cayetana Álvarez de Toledo fue de pertenencia. A mí me dio mucho que pensar, acababa de terminar un primer borrador y me di cuenta de la necesidad de este libro. Tengo que decir que esa polémica me sirvió para resolver una duda. Yo atribuía al FRAP cinco asesinatos. Pero había uno con el que siempre habíamos tenido dudas; no sabíamos si era de los GRAPO o del FRAP. Y cuando surge esa polémica, me empezaron a preguntar cuántas personas había asesinado el FRAP, e hice un hilo en Twitter con el perfil de las cinco personas asesinadas. Fue la primera vez, y llevaba ya años metiendo a terroristas de ETA en la cárcel, que recibí por redes sociales un ataque tan bestial por poner simplemente el nombre de las víctimas y el perfil de las personas que habían sido asesinadas por el FRAP. Lo que me llevó a prepararme para cuando saliera el libro, porque los ataques iban a ser importantes. Pero como digo, fue la primera vez que en redes sociales se me ataca por dedicarme a esto, y no fue por meter a etarras en la cárcel, sino por hablar de las víctimas del FRAP.

P. ¿Qué fue de la sexta víctima?

R. Como decía, hay una sexta víctima con la que tenía dudas. Me había decantado por los GRAPO porque tenía un informe de una asociación catalana que atribuía ese asesinato en Barcelona a los GRAPO. En un momento dado me contactó la viuda de Diego del Río, la víctima que me estaba generando ese conflicto, para plantearme una cuestión. Este atentado había sido en los años 60 y yo había pensado que esta víctima sería muy mayor o habría fallecido. Y lo primero que me dice es que ella tenía 17 años cuando asesinaron a su marido, tenía un niño de un año y estaba embarazada de seis meses, aunque finalmente lo perdió. El caso es que, a raíz de la polémica del FRAP, le había surgido una duda que me quería plantear. Le conté que yo tenía dudas sobre la autoría, y me dijo que, efectivamente, siempre les habían dicho que no estaba claro quién había sido, pero ella tenía unas certificaciones de la Delegación del Gobierno de Barcelona que se lo atribuía al FRAP y ellos siempre habían pensado que era el FRAP.  Me hizo llegar esos papeles y efectivamente era una certificación de la Delegación de Gobierno en Cataluña y hay una sentencia. En ese atentado asesinan a un policía y resulta gravemente herido otro, y en su proceso para ser reconocido como víctima del terrorismo, que tardó 30 años en que le reconocieran, se atribuye el atentado al FRAP. Por lo que modifiqué ese capítulo y esa víctima paso al capítulo del FRAP.

P. Me interesa mucho eso que dices de los ataques que te llegaron en Twitter. Se habla de un pacto de silencio sobre el franquismo, pero parece haber otro pacto de silencio respecto a las víctimas de aquellos grupos, cuyos autores fueron amnistiados o indultados.  

R. Sí, ahí es donde me di cuenta de que iba a meter el dedo en la llaga. En el libro hablo de 120 víctimas, de las cuales casi el 50% son en los últimos años del franquismo y en el periodo de transición. Con la excusa de que eran grupos antifranquistas, se les ha blanqueado y han tenido ese glamour o, como digo yo, ese halo de luchadores por la libertad que se nos ha querido vender. Entonces han quedado aparcados. Que hayan atentado ya en periodo de democracia son pocos grupos, el único que continúa hasta el año 2006 son los GRAPO y luego el terrorismo nacionalista. Es verdad que Terra Lliure tiene un asesinato mortal en los años 90. También el Ejército Guerrillero del Pueblo Gallego Libre. Y también es verdad que ha habido un proceso de blanqueamiento de estos terroristas, pero no nos equivoquemos: eran antifranquistas pero también eran terroristas. En España hubo un antifranquismo que fue pacífico, que no recurrió a la violencia. De hecho, los dos grupos más mortíferos son el brazo armado del Partido Comunista Marxista Leninista, los FRAP, y del Partido Comunista reconstituido, en el caso de los GRAPO, que surgen en contraposición al Partido Comunista oficial de Carrillo a quien consideraban un traidor. Por lo que la transición en España se llevó a cabo, no gracias a lo que ellos hicieron, sino a pesar de ellos, porque en todo momento pretendieron reventar ese proceso de transición a la democracia. Pero les ha amparado ese halo de heroicidad por haberse planteado como grupos que combatían el franquismo.

P. Y ese halo de heroicidad invisibiliza a sus víctimas.

R. Hay una víctima del FRAP que he sentido mucho, falleció durante la elaboración del libro. Cada vez que escribía sobre el trabajo de la Audiencia Nacional y de los terroristas que habían sido juzgados, siempre me llamaba a la sede de la AVT para protestar porque no hablaba del FRAP. Entonces le explicaba que el FRAP era anterior a la creación de la Audiencia Nacional y que no había habido ningún juicio sobre ese grupo, pero siempre me insistía. Le dije que algún día escribiría sobre el FRAP, y cuando empecé con el libro fue la primera persona con la que hablé. Al poco tiempo murió, y un día llegué a la asociación y había un policía esperándome. Me dijo que era hijo de una víctima del FRAP, y me puso encima de la mesa las enmiendas a la Ley de Memoria Histórica que algunos grupos parlamentarios habían presentado para reconocer como víctimas a los represaliados por el franquismo, y ahí incluían a miembros del FRAP y a miembros de los GRAPO. Y este chico me dijo que, con eso que se estaba tramitando, iban a reconocer como víctimas a los que atentaron contra su padre. Ahí fue la primera vez que me di cuenta de que estábamos en un proceso de blanqueamiento de la izquierda abertzale y de todo el entorno de ETA, pero que en España ya se había blanqueado a otros terroristas, que eran estos miembros de los GRAPO y del FRAP, que con esta ley efectivamente podían ser indemnizados, y ya después con la Ley de Memoria Democrática ni hablemos. Eso también me alertó y aumentó mi interés por que este libro saliera.

P. Para terminar: ¿a quién te gustaría que invitáramos a Vidas cruzadas?

R. Pues hay una persona que está trabajando mucho sobre el terrorismo en España, que es Gaizka Fernández Soldevilla. Ha escrito un libro sobre la historia del terrorismo en nuestro país, y creo que puede resultar muy interesante.

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D