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23-F: La radio de Bañón

Alfonso Bañón, diputado por Navarra de UCD, llevó una radio al Congreso que sirvió para que muchos de los presentes se enteraran de que el intento golpista se desinflaba por momentos.

Alfonso Bañón acudió al Congreso con una cartera. Dentro, recuerda que había un suplemento de El País y un pequeño transistor. La radio se la había traído un compañero de Canarias. Era pequeña, rudimentaria, de las de la época.

Cuando Tejero irrumpió armado en el Congreso, todos los diputados, o casi todos, se fueron al suelo. Obligados por las armas. La confusión, el pánico y la inseguridad pintaban las paredes del hemiciclo. Fueron momentos de tensión. Se pensó que las consecuencias podían ser graves. Desde debajo del escaño no había modo de recibir noticias de fuera.

El tiempo pasaba. Tejero permitió a los diputados volver a sentarse en sus escaños. Como cuenta Javier Moscoso (por aquel entonces diputado de UCD y posterior ministro socialista con Felipe González), los guardias civiles iban haciéndose los buenos. La “cárcel” iba perdiendo barrotes.

Después de la pose “humillante” (así la describen varios diputados) que obligó a los parlamentarios a poner las manos abiertas encima de sus escaños, Bañón se las apañó para abrir su cartera.

De ahí sacó el suplemento y la radio. Se puso a hacer crucigramas. Le encantaba el damero maldito que incluía "El Extraordinario" de El País. Pasó el transistor a sus compañeros de partido: Javier Moscoso y Fernando Abril Martorell (que había sido ex vicepresidente de Adolfo Suárez).

El pequeño transistor estuvo en peligro cuando un Guardia Civil advirtió a Moscoso y a Abril Martorell: “Hagan el favor, que me están comprometiendo”. Los dos diputados ucedistas solo fueron advertidos. Pudieron quedarse con la radio, una señal de que el golpe no iba bien, suele decir Moscoso.

La actuación del Rey, la situación del exterior, los tanques de Milans del Bosch en Valencia… La información llegaba al Congreso a través de la radio de Bañón. “Quizá fuera la única, o una de las pocas que había entre los escaños”, recuerda José Mari Sanjuán, también diputado ucedista sentado aquel día en esa zona del Congreso.

Cuando el Rey dijo que no a la opereta de Tejero, las paredes de San Jerónimo respiraron. El mensaje del monarca llegó al hemiciclo a través de esa pequeña radio. La noche del 23-F fue conocida como la de los transistores. El de Bañón fue uno de ellos.

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