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242 millones de esclavos en Europa

La esclavitud es la sujeción, por medio de la coacción, a la voluntad arbitraria de otra persona. Cuando se produce de forma masiva y tiene una cobertura ideológica, le llamamos socialismo. Pero dejémoslo a un lado para mirar a lo que siempre ha sido la esclavitud. Su historia nos sigue hablando, aunque no la escuchemos. Ha acompañado al hombre desde que adquirió estructuras sociales más o menos complejas, si no antes, pero no ha sobrevivido a los siglos XVIII y XIX, cuando desapareció de las sociedades avanzadas. La causa es que asumieron un sistema económico antitético, el capitalismo, que se basa en los derechos de la persona y en el trabajo libre.

Hay situaciones de esclavitud también en la actualidad, generalmente asociadas a actividades prohibidas por los Estados, como la prostitución. La fundación Walk Free recoge esos casos, pero los suma a otros que son más dudosos. Sus cuentas (un poco chapuceras pues reconocen un aumento global del 28 por ciento este año), arrojan un millón de esclavos en Europa.

El informe, tan laxo en la consideración de lo que es esclavitud, deja fuera la relación de los ciudadanos con el Estado. Walk Free la define como la situación en la que se le priva a una persona una parte “significativa” de su libertad para beneficiarse de ella. Según pone de manifiesto Civismo, en España el trabajador medio dedica 180 días del año a pagar impuestos, y a lo largo de su vida son 18 años de sueldo íntegro dedicados a alimentar la mano muerta del Estado. Y en la Unión Europea la situación es muy similar. De modo que lo que tenemos en Europa son 242 millones de esclavos, y no sólo uno.

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