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36 añazos

"En ese escenario electoral en el que Sánchez hace cosas tan raras, la izquierda sigue atenta los pasos de Íñigo Errejón, que puede echar abajo las expectativas de un Pablo Iglesias que se creía con cuerda para rato"

Foto: Victor Lerena | EFE

Va a cumplir 36 años antes de Navidad, así que de niño no tiene nada aunque a Iñigo Errejón todo el mundo le considera un crío de los que corren tras un balón en el patio del colegio. De crío nada. Errejón lleva la sangre en las venas y la estrategia política en la cabeza, tiene más vueltas que muchos de los dirigentes de renombre y ha convulsionado el escenario político hasta el punto de que ni los sociólogos más renombrados  se atreven a hacer pronósticos con cierto grado de exactitud, porque ese niño que no es niño, ha hecho saltar por los aires el tablero y son imprevisibles las consecuencias.

Cuenta un miembro de su equipo –por no decir “miembra”,  como Bibiana Aido, que Íñigo Errejón es el principal asesor de sí mismo, que escucha pero que es quien toma las decisiones y casi siempre son las mismas que había dado por correctas antes de escuchar.  Tiene  formación política y  trayectoria, le resbalan las acusaciones de bolivariano o de que trampeó con una beca de la universidad de Málaga. Ni caso. Lo que le importa es lo que tiene entre manos desde hace meses pero se ha concretado en los últimos días: crear un partido de izquierda que coopere con Pedro Sánchez para alcanzar un gobierno progresista. Gobierno progresista, así es como gusta a la izquierda llamar al gobierno que tienen en mente. Errejón, para  crear ese partido, ha utilizado el arma que tenía más cerca, Podemos, el partido que ayudó a fundar y donde empezó a sentirse incómodo hace más de dos años cuando su amigo Pablo Iglesias se dedicó a tomar decisiones de tipo personal que incidían directamente en el desarrollo de la práctica política.

Errejón fue desplazado como portavoz parlamentario y sustituido por la pareja de Iglesias, y también Carolina Bescansa pasó a segundo plano. Si en esa decisión de la portavocía  no empezó todo,  fue un cuarto de hora después, pero aquel nombramiento puso los cimientos de que hoy Podemos esté manga por hombro y su declive lo haya aprovechado Errejón para crear su propio partido con los restos del naufragio. A Podemos le ha hecho un roto y un descosido, y a ver qué pasa en noviembre con esos movimientos en la izquierda que se siguen con tanta inquietud en el círculo sanchista. Porque los informes que manejan dicen que Errejón se lleva un porcentaje muy alto de los votos de Podemos… pero también un puñado de votos del PSOE.

El Niño de 36 añazos se ha convertido en la figura de una campaña electoral que se inició con un mitin de Sánchez desde la misma Moncloa -pidiendo incluso el voto, lo que no se puede hacer- y siguió con un discurso en Naciones Unidas en el que se puso la medalla de que su gobierno exhumará los restos de Franco, mención que causó perplejidad en una Asamblea General en la que se habla de cuestiones de envergadura. En ese escenario electoral en el que Sánchez hace cosas tan raras, la izquierda sigue atenta los pasos de Íñigo Errejón, que puede echar abajo las expectativas de un Pablo Iglesias que se creía con cuerda para rato. Para mucho rato. Hoy ya no está tan claro que se mantenga como líder de la izquierda radical.

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