Daniel Capó

A golpe de shocks

Un economista de tanto prestigio como Tyler Cowen declaró, hace aproximadamente un año, que Europa lleva demasiado tiempo jugando con fuego y que no conviene confiar en exceso en el azar. Salvados por la campana a menudo –piensen en la crisis de deuda soberana, el referéndum escocés o el drama griego-, la presión sobre el proyecto europeo no ha hecho más que acrecentarse año tras año. Y cuando se llega a un punto determinado –o se tienen abiertos demasiados frentes-, la posibilidad de que acontezca algún tipo de fenómeno sísmico termina por ser inevitable. El brexit es un buen ejemplo de ello. Quiero decir que no siempre se puede confiar en que la rueda de la fortuna nos sonría.

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A golpe de shocks
Daniel Capó

Daniel Capó

De la biografía me interesan los espacios habitables. Creo en las virtudes imperfectas y en la civilizada inteligencia de la moderación

Un economista de tanto prestigio como Tyler Cowen declaró, hace aproximadamente un año, que Europa lleva demasiado tiempo jugando con fuego y que no conviene confiar en exceso en el azar. Salvados por la campana a menudo –piensen en la crisis de deuda soberana, el referéndum escocés o el drama griego-, la presión sobre el proyecto europeo no ha hecho más que acrecentarse año tras año. Y cuando se llega a un punto determinado –o se tienen abiertos demasiados frentes-, la posibilidad de que acontezca algún tipo de fenómeno sísmico termina por ser inevitable. El brexit es un buen ejemplo de ello. Quiero decir que no siempre se puede confiar en que la rueda de la fortuna nos sonría.

La frivolidad de Cameron tendrá consecuencias directas sobre el proyecto de la Unión, que sólo parece avanzar a golpe de shocks. Desorientada y sonámbula, la UE no puede permitirse seguir mirando al otro lado, mientras los discursos populistas crecen, la economía permanece estancada, la solidaridad entre países se deteriora y el Reino Unido abre la puerta a una desbandada general. La falta de liderazgo político resulta hoy todavía más evidente que ayer. Más dolorosamente evidente, diría yo. El enfermo de Europa no es ya España, Grecia o Portugal, sino todo el proyecto comunitario que, en su conjunto, no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Marc Bloch señaló en su clásico La extraña derrota que los grandes fracasos surgen de errores intelectuales: malas lecturas, malos análisis, malas decisiones… En la mañana del brexit no se vislumbra otra salida que más y mejor Europa. Las dos cosas. No una y no la otra. La alternativa es el desastre.

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