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A perro flaco todo son pulgas

Lo que nos faltaba. Si es que a perro flaco todo son pulgas. Ahora van los científicos de la universidad de Cincinnati, en Estados Unidos y con la mayor naturalidad del mundo dicen que tras largos y concienzudos estudios las personas guapas, bellas, bien parecidas, tienen menos posibilidades de contraer enfermedades.

Lo que nos faltaba. Si es que a perro flaco todo son pulgas. Ahora van los científicos de la universidad de Cincinnati, en Estados Unidos y con la mayor naturalidad del mundo dicen que tras largos y concienzudos estudios las personas guapas, bellas, bien parecidas, tienen menos posibilidades de contraer enfermedades. O sea, que a los feos, además de serlo, que ya es bastante desgracia, todas las plagas del universo. Que se vayan preparando a sufrir dolencias de todo tipo, ataques contra su integridad física, y lo que venga. 

Por otra parte ¿era necesario hacer público semejante descubrimiento? ¿Por qué no han tenido la suficiente sensibilidad para no herir a los ejércitos de gente fea que puebla el mundo? ¿Es que esos científicos no tenían otra cosa que hacer de estudiar las defensas de los guapos y guapas y feos y feas? Y por otra parte ¿Para qué sirve este estudio? Seguramente para nada.Claro que ahora cuando veamos a una mujer 10, podremos decirle sin faltar a la verdad, “está usted buenísima…desde un punto de vista médico” no vaya a ser que se mosquee el pibón. Ya es mala suerte. No te tocará la lotería de los euros, pero en la del reparto de enfermedades, tienes todas las posibilidades de llevarte una cuantas y sin jugar.

Ya solo te falta ser pobre para completar el cuadro. Y hablando de pobres, la alcaldesa de Madrid acaba de dar una buena patada en la espinilla a los más necesitados. Resulta que ahora, aparcar en Madrid con un coche viejo costará mucho más que si el vehículo es nuevo. Nuevamente los más humildes son los paganos de la cosa. Como si los que llevamos un coche de hace muchos años lo hiciéramos por gusto. Como si no nos gustara cambiar de coche cada tres o cuatro años. Pues nada, la señora Botella nos hace ahora este regalito. Nos acordaremos de ella cada vez que tengamos que aparcar y pagar ese suplemento por no poder cambiar de coche. Es decir, la tendremos muy presente cada día, para dedicarle una maldición por lo bajinis, no vaya a ser que nos escuche algún municipal y nos caiga una multa por desacato, que todo podría pasar. Volviendo al descubrimiento de los científicos sobre los feos y guapos, recuerdo aquel chiste en el que el paciente, muy feo y por lo tanto enfermo, acude al médico. El galeno, tras una ocultación con el fonendo, le dice al pobre hombre:

-Sr. López, creo que habría que ir pensando en hacerle una plaquita.

-¿De rayos X?

-No, no, de mármol. 

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