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Acertar con el diagnóstico

Continúa deteriorándose la situación en Cataluña, en una farsa sin fondo que ahora fantasea con la sangre en un intento desesperado por que brote la épica. Esa fantasía no es tanto la del crimen como la del martirio, pero esconde un impulso desdichadamente tanático en cualquier caso. Por fortuna, no muchos parecen dispuestos a seguirlo, pero, si lo siguieran, el resultado tampoco sería la épica, sino una farsa incrementada, más absurda aún, hasta la náusea. La irrisión ya es inaudita, con ese Consell per la República que Puigdemont ha montado en Bélgica, en plan Palmar de Troya del catalanismo, o con el estrafalario Torra en la Generalitat, un Ubú president que ha dejado pequeño a Pujol y a Boadella convertido en el guionista de Bambi. Los que en su día compramos el mito de Cataluña como avanzadilla europeizante de España seguimos pasmados ante el socavón.

La parte buena son los libros que están saliendo, algunos espléndidos. Para desgracia de los independentistas (y bochorno de sus descendientes), todo está quedando bien documentado. La ignorancia no será una coartada. Los dos últimos que he leído (los cito con los subtítulos también, que dicen mucho) son Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña. Breviario de tópicos, recetas fallidas e ideas que no funcionan para resolver la crisis catalana, de Juan Claudio de Ramón (Deusto) y Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. El autosacrificio catalán, de Rafa Latorre (La Esfera de los Libros). Al leerlos juntos he visto que resultan complementarios: el de De Ramón centrado en las ideas, en las palabras, y el de Latorre en los hechos; sin que falten hechos en el primero ni ideas en el segundo. Y los dos logran lo que el primero exige: acertar con el diagnóstico.

“La necesidad de acertar con el diagnóstico” a que urge Juan Claudio de Ramón, para no insistir en el error en el intento de solucionar o paliar el problema, o al menos para no seguir agravándolo, la cumple con brillantez en su libro, como venía haciendo con sus artículos. Este Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña podría haberse titulado Ejercicios de tiro, todos en el blanco. Van pasando los tópicos (“Hace falta tender puentes”, “El origen del problema está en la sentencia del Estatut”, “No se puede judicializar la política”, “Es un problema político que requiere una solución política”…) y ¡pumba! El índice es un listado de las piezas cobradas. La conclusión general, que también subraya Francesc de Carreras en el prólogo, es que la causa principal de la crisis catalana es endógena: el nacionalismo catalán. (Los factores exógenos podrán haber influido más o menos, pero secundariamente). Y como el nacionalismo se alimenta del oscurantismo y la mentira, la respuesta ha de ser ilustrada, restablecer la verdad. De Ramón, con su admirable paciencia, de lo que trata es de persuadir. Al menos, a los que no son todavía cerrados creyentes.

Rafa Latorre hace una crónica vibrante de la escalada enloquecida del independentismo, con una capacidad precisa de observación de la que no se evapora la sorpresa. Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido es un título que quiere preservar el carácter alucinante de la realidad que narra. Cuando en el futuro no se dé crédito, este libro será una prueba de que sucedió. La habilidad de Latorre por resaltar lo significativo alcanza al pasado, del que extrae perlas que hoy lo explican todo. Por ejemplo esta de 2010, que comenta con agudeza: “Montilla le había señalado al nacionalismo el enemigo y había enquistado la idea que provocaría la infección del procés. Hela aquí: “No hay tribunal que pueda juzgar ni nuestros sentimientos ni nuestra voluntad. Somos una nación”. Es difícil encontrar en la historia de las ideas políticas una impugnación tan perfecta de la democracia expresada en menos palabras. Es un milagro conceptual”. A continuación basta añadir esto de la solapa: “Así fue cómo una comunidad próspera de un país estable de la Unión Europea se embarcó en un proceso que la conducía a un destino incierto y peligroso”.

Este miércoles en el Congreso hay un pleno sobre Cataluña. Me temo que no todos los políticos que intervengan acertarán con el diagnóstico, ni siquiera algunos de los que desearían hacerlo. Tendrían que haber leído estos dos libros.

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