THE OBJECTIVE
Manuel Aguilera

Adiós a “Pedro J Calvorota”

A ciertas edades para los hombres mantener íntegra la cabellera puede ser la única conexión con su pasado glorioso. Dicen que donde hay pelo, hay alegría y mientras con los kilos de más puede haber marcha atrás con dieta y ejercicio.

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Adiós a “Pedro J Calvorota”

A ciertas edades para los hombres mantener íntegra la cabellera puede ser la única conexión con su pasado glorioso. Dicen que donde hay pelo, hay alegría y mientras con los kilos de más puede haber marcha atrás con dieta y ejercicio.

A ciertas edades para los hombres mantener íntegra la cabellera puede ser la única conexión con su pasado glorioso. Dicen que donde hay pelo, hay alegría y mientras con los kilos de más puede haber marcha atrás con dieta y ejercicio, las entradas y coronillas son el comienzo de una pesadilla recurrente.

Esta pesadilla podría llegar a su fin para alegría y alborozo de personajes tan dispares como el político Iñaki Anasagasti (inventor del sistema de flequillos superpuestos) o el periodista Pedro J Ramírez, cuya coronilla despejada le persigue dicen que desde niño y que fue bautizado por los Gomaespuma como “Pedro J calvorota”.

Un grupo de científicos estadounidenses ha invertido la pérdida de cabello en 3 personas con alopecia areata (que afecta a 2 de cada 1.000 personas en Reino Unido) dándoles un medicamento- ruxolitinib- utilizado para trastornos de la médula ósea.

Todo esto puede tener un impacto social no calculado por los científicos. Si deja de haber calvos no se podrán terminar los trabajos de investigación que intentaban concluir si los alopécico tenían más vigor sexual que los melenudos tal y como nos los contaban en la películas donde José Luis López Vázquez intentaba revolcarse con una sueca al grito de “Viva Escandinavia”.

Luego está la leyenda del “cabeza de bola de billar atractivo” o la de “a mí me ponen los calvos” que nos ha confesado alguna amiga. Todos sabemos que aquellos que dejaron su coco afeitado por la maquinilla es porque la entrada o la coronilla no le dejaban otra. Atractivos o no, son los precursores de hacer la necesidad virtud.

A estas alturas, habrán notado que yo sí tengo pelo y que estoy muy molesto de que mi única virtud de cuarentón echado a perder esté al alcance de cualquiera. Y otra vez por culpa de unos científicos que no tenían otra cosa mejor que hacer.

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