Gabriel González-Andrio

África, no pierdas la esperanza

La reciente muerte de un misionero español a causa del ébola parece que nos ha servido para despertar un poco nuestras narcotizadas conciencias. África ha sido, es y parece que seguirá siendo el eterno hermano pobre de nuestro planeta.

Opinión

África, no pierdas la esperanza

La reciente muerte de un misionero español a causa del ébola parece que nos ha servido para despertar un poco nuestras narcotizadas conciencias. África ha sido, es y parece que seguirá siendo el eterno hermano pobre de nuestro planeta.

La reciente muerte de un misionero español a causa del ébola parece que nos ha servido para despertar un poco nuestras narcotizadas conciencias. África ha sido, es y parece que seguirá siendo el eterno hermano pobre de nuestro planeta. Un lugar donde el único interés de los países ricos es aprovecharse de su riqueza natural, para ser aún más ricos.

Tengo unos amigos de RD del Congo que me cuentan las atrocidades que se comenten en su tierra ante la impunidad de una comunidad internacional a la que parece no interesar lo que allí ocurre. Salvo que estemos hablando de dinero, claro. Y esto es muy grave.

Nadie oculta que la corrupción, las luchas por el poder y una larga lista de dictadores han convertido a este continente en un lugar maldito. Es una verdadera pena, un fracaso de nuestra humanidad, que todo un continente siga agonizando en pleno siglo XXI.

Países enteros donde la supervivencia es lo único que importa. Estoy leyendo estos días “Correr para vivir”. En este libro, Lopez Lomong nos cuenta cómo pasó de ser un pobre niño soldado en la guerra civil de Sudán a convertirse en atleta olímpico norteamericano esponsorizado por Nike; de cómo sobrevivió sin familia al terrible campo de refugiados de Kakuma y de cómo logró salir de allí evitando así un futuro abocado a la desesperanza.

Lomong nació en un pequeño pueblo del sur de Sudán en 1985; a los 6 años fue secuestrado por unos soldados rebeldes de los que pudo escapar y llegar a un campo de refugiados en Kenia. Diez años después fue adoptado por una familia de Estados Unidos. Allí siguió aprendiendo a correr y tras un duro entrenamiento, en 2007 llegó a ser atleta. Ha participado en los JJOO de Beijing 2008 como abanderado, y en Londres 2012. Hoy dirige una fundación para llevar esperanza a su tierra natal.

Falta les hace.

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