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Agosto, ese mes excepcional

Damos por supuesto que agosto es un mes inhábil, casi de obligadas vacaciones, pero en agosto han ocurrido grandes cosas, cosas excepcionales, buenas y malas. En agosto de hace 102 años Europa inició la horrible gran guerra. Años después, Hiroshima y Nagasaki también sucedieron en agosto. Y fue en agosto cuando Martin Luther King “tuvo un sueño”. En agosto dimitió Nixon por el Watergate. Y se hundió el imperio soviético después de que Boris Yeltsin se encaramara en agosto a unos tanques. También en una noche de París, en agosto, murió Lady Di. Y en España en agosto se forjaron grandes acuerdos. Por ejemplo, se pactó en agosto la ilegalización de Batasuna tras el atentado de Santa Pola, y en agosto se acordó la reforma constitucional que permitió a España mantener su soberanía económica. Es un mes excepcional en el que ocurren cosas excepcionales, buenas y malas.

Cuando aún faltan dos semanas y media para que empiece agosto, hay indicios de que éste puede ser un agosto excepcional para España. Es poco probable, aunque no imposible, que sea el agosto en el que se fragüe la primera gran coalición de partidos constitucionalistas de la política española. Ésa sería una gran noticia. Pero también es poco probable, aunque no imposible, que sea en agosto cuando una amalgama de 10 partidos (el PSOE, los cinco de Podemos, y otros cuatro nacionalistas o independentistas de diversa filiación) corone presidente a Pedro Sánchez, el hombre al que -según él mismo enfatizó ayer mismo- hace dos años eligió la militancia socialista. Ésta sería una pésima noticia. Y, en el punto medio, este excepcional agosto podría traernos un acuerdo razonable para un gobierno razonable después de semanas de intensa y difícil negociación. Esa negociación, de hecho, empezó ayer al concluir Mariano Rajoy una primera ronda exploratoria con todos los partidos y entregarles a todos un extenso documento para negociar punto por punto la gobernabilidad de España.

Será en agosto, no en julio, porque lleva su tiempo pasar de la demonización del adversario político a la negociación leal de un acuerdo de legislatura. Y llevará aún más tiempo la negociación interna del PSOE con el PSOE para que el PSOE entienda que el líder del PSOE sólo podrá hacer el hercúleo esfuerzo de llevar al PSOE a pactar con el anti-PSOE (el PP) si antes el PSOE se compromete a garantizarle que seguirá siendo líder del PSOE, y el PSOE no le arrumbará al día siguiente como un juguete roto. En otras palabras, es David Cameron quien un 13 de julio terminó su mandato diciendo: “I was the future once”. Pedro Sánchez (quizá porque el español es idioma más  verborreico) habría preferido decir: “I want to be the future once again”. Y no es lo mismo.

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