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Foto: SUSANA VERA | Reuters

Llevo observándolos durante años y he llegado a creer que la reivindicación de la independencia es un pretexto para revolcarse en el barro de la historia, para suspender, siquiera por un minuto, la enojosa realidad y entregarse al melodrama con frenesí de derviche. Que antes, en fin, que un horizonte nacional, les concierne esa mística de karaoke que tiene su cénit en Els Segadors. En el penúltimo aliento de su juicio, Maragall trató de subvertir la tradición incrustando en el programa de la Diada a Mayte Martín y Miguel Poveda, y dejando Els Segadors para el principio. Con los teloneros. La iniciativa no sólo no prosperó sino que diez años después, no hay en Cataluña un solo acto institucional que no se abroche con la letrilla de marras.

El 6 de febrero, Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau recorrieron a pie el trecho que separa la plaza de San Jaime de la sede del TSJC, en el paseo de Lluís Companys. La comitiva, a la que se fueron adhiriendo partidarios, y en cuyas primeras filas se hallaba el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, bajó por la calle Jaime I, enfiló Platería y, a la altura del Fosar de las Moreras, kilómetro cero del independentismo, se detuvo para entonar El Cant dels Segadors. Ya a las puertas del juzgado, y antes de que el engranaje estatal engullera a la terna de procesados, el gentío se arrancó otras dos veces con el himno catalán.

El 20 de marzo, el Palau de la Generalitat acogió la apertura del 40º aniversario del retorno del presidente Tarradellas. Tras las preceptivas intervenciones de Puigdemont y el hijo de Tarradellas, Josep, la Coral de Veus del Vallès interpretó Els Segadors. Otro tanto aconteció el 24 de ese mismo mes en el Ayuntamiento de Manresa, con ocasión del 125 aniversario de las Bases de Manresa, si bien en este caso la interpretación corrió a cargo de la Capella de Música de la Seu y l’Orfeó locales.

La coletilla ‘Al término del acto, los asistentes entonaron El Cant dels Segadors’, tan enquistada en la prensa catalana como lo estuvo el mítico sintagma ‘El president de la Generalitat, Jordi Pujol,…’ cerró asimismo las crónicas de la asamblea general anual de la ANC (29 de abril), la declaración de Carme Forcadell en el TSJC (8 de mayo), la movilización convocada por la Generalitat en apoyo del reférendum (11 de junio) y la Patum de Berga (17 de junio), que presidió Puigdemont desde uno de los balcones.

Con el calor llegaron los festivales de rock, hogar del anciano. “El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha agradecido al grupo de rock británico Deep Purple que anoche interpretase por sorpresa unos acordes del himno catalán “El Segadors” durante su actuación en el Rock Fest Barcelona, que se celebra este fin de semana en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona)”. Visto con perspectiva, hablar de Els Segadors ‘por sorpresa’ parece una broma; es fama, además, que en ningún otro lugar se gastan como en Cataluña. Pero no no perdamos el hilo. Al día siguiente (3 de julio), al terminar el acto celebrado en el paraninfo de la Universidad de Barcelona en favor del referéndum, ‘los asistentes entonaron El Cant dels Segadors’. Y un día después, en el Teatro Nacional de Cataluña, el Govern presentó la ley del referéndum: “Podemos garantizar a los ciudadanos de Cataluña que el día 1 de octubre votaremos”, ha finalizado Puigdemont, segundos antes de que comenzara a sonar ‘Els segadors’, que ha marcado el fin del evento”.

No bien hubo acabado agosto, Puigdemont y otros miembros del Govern tuvieron oportunidad de ir aclarando la garganta en las fiestas de Sitges, y así desmelenarse el 6 de septiembre en el Parlament, como es de ley, por lo demás, en cualquier cita con la Historia. El último hito conocido fue el día 11, en que se conmemora, dicen los conmemorandos, el Día Nacional de Cataluña. Definitivamente, no hay en el mundo bromas iguales.

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