Guillermo Garabito

Aguantocracia

Los enemigos de Mariano Rajoy, que no han sido siempre los de España, terminan cayendo uno tras de otro como los frailecillos de los documentales de La 2. Los enemigos de Rajoy fueron amigos en el PP antes de que el presidente se revelara inmortal. Todos caen menos Mariano.

Opinión

Aguantocracia
Foto: Manu Fernandez
Guillermo Garabito

Guillermo Garabito

Valladolid, 1992. Columnista en ABC CyL. Colaborador en Onda Cero Valladolid. Escritor sin café.

Los enemigos de Mariano Rajoy, que no han sido siempre los de España, terminan cayendo uno tras de otro como los frailecillos de los documentales de La 2. Los enemigos de Rajoy fueron amigos en el PP antes de que el presidente se revelara inmortal. Todos caen menos Mariano. El marianismo equivale a una doctrina, una escuela de fijeza. La escuela de Moncloa marca una era y Arriola quedará retratado como alguno de los personajes secundarios del cuadro entre picassiano y olvidado. El marianismo es una forma de ser español, como el ‘cojonudismo’ intuido por Unamuno o el ‘cipotudismo’ que recopila Jorge Bustos ahora.

Mariano Rajoy, como el español a lo largo de la historia, sólo sabe resistir ante la adversidad. Únicamente sabe estar contra viento y marea en los momentos álgidos y ha condensado y refinado esa cualidad inherente del españolito histórico. Porque lo de este país casi siempre han sido victorias por desgaste, largas y al final: como en el Mundial de Sudáfrica.

Aguantar es español, pero el ‘marianismo’ bebe de muchas otras culturas y tradiciones. De la árabe y la paciencia de sentarse a esperar a ver pasar el cadáver del enemigo. Aunque es probablemente que indagando descubrieran que los árabes copiaron el proverbio a un señor de Pontevedra. El ‘marianismo’ es la resistencia pasiva de Gandhi pero a la española y sin huelgas de hambre.

Más ahora, que entre los independentistas hay discordia Y los independentistas huyen o mienten o reniegan. “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo…” La huida nada menos que a Suiza de Anna Gabriel es cuanto menos irónica. A base de aguantar, Mariano Rajoy ha conseguido que Anna Gabriel se peine. Sólo ha tenido que perseguirla la justicia para cambiar el ‘look’.

“La mejor victoria es vencer sin combatir.” Para algo se inventó la democracia. Y el 155. Puigdemont sigue en Bruselas, Junqueras y compaña en Estremera y poco a poco van desertando de obra y cuerpo presente los llamados por la justicia. Aunque Rajoy probablemente no haya leído ‘El arte de la guerra’. Mariano Rajoy es el último de Filipinas, un soldado de los Tercios españoles. O quizá únicamente sea un señor de Galicia con paciencia y mucho tiempo que perder.

Más de este autor

La vida sigue igual

«A Estados Unidos les separan Biden y Trump, aquí nos separan cuatro tipos más. Políticos empeñados en decirnos cómo tenemos que ver el mundo»

Opinión

Más en El Subjetivo

Jordi Amat

El manuscrito maldito de Josep Pla

«Pla, al describir la verborrea estéril de los políticos republicanos y las fatales consecuencias de su incapacidad, no disimuló su nítido adhesión al relato de la victoria franquista»

Opinión

José María Albert de Paco

Ho visto Maradona

«A Minguella le habría hecho falta un aval más fiable que sus propios ojos. Habría requerido un resto de esa prosa inflamada que a estas horas se derrama en los periódicos para persuadir a la directiva de Agustí Montal»

Opinión