Rafa Latorre

Aguirre por toda la eternidad

Esperanza Aguirre lleva yéndose desde el San Valentín de 2016. El día en que la Guardia Civil irrumpió en primera de planta del 13 de la calle Génova de Madrid, Aguirre decidió ir yéndose, anunció su dimisión como presidenta del PP de Madrid, asumió “la responsabilidad política de todos esos años” y emprendió un largo adiós en el que lleva ocupada un año y dos meses.

Opinión

Aguirre por toda la eternidad
Rafa Latorre

Rafa Latorre

"Periodista. Me gustaría poder decir que aprendí el oficio en el Shinbone Star pero fue menos épico. Trataré de no olvidar, lector, que su tiempo es escaso"

Esperanza Aguirre lleva yéndose desde el San Valentín de 2016. El día en que la Guardia Civil irrumpió en primera de planta del 13 de la calle Génova de Madrid, Aguirre decidió ir yéndose, anunció su dimisión como presidenta del PP de Madrid, asumió “la responsabilidad política de todos esos años” y emprendió un largo adiós en el que lleva ocupada un año y dos meses. 

Siempre que Aguirre anunció que se iba yendo -en 2012 se fue yendo por primera vez- Mariano Rajoy la despidió exactamente con la mismas dos palabras: “Lo comprendo”. La afectuosa despedida del presidente es una declaración política en la que se aprecia con toda nitidez el cariño que le guarda a su compañera de partido.

El día que detuvieron a su sucesor y al que fuera su mano derecha, Esperanza Aguirre derramó ante los periodista lágrimas socialdemócratas en una última impugnación, la estética, del ideario liberal. Porque su legado es eso, la perfecta refutación del programa teórico que comenzó a defender cuando siendo una joven concejala le organizaba homenajes a Ludwig Von Mises.

Independientemente de lo que digan los jueces, lo que ya sabemos es que en Madrid lo público y lo privado se confundían en una sórdida bacanal lubricada por el dinero del contribuyente. Eso fueron el nachismo y el granadismo, dos ramas, ella dirá que dos herejías, del aguirrismo. Eso ocurrió durante “todos esos años”, cuya responsabilidad política asumió la matriarca del liberalismo español realmente existente cuando, mientras la Guardia Civil revolvía los cajones del primer piso del 13 de la calle Génova, se sentó a reflexionar y llegó a la conclusión de que era el momento de empezar a ir yéndose. Por toda la eternidad.

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