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Amanecer tras la noche mágica

Amanece tras una noche mágica, para los niños y para los adultos con sensibilidad. Llamándome como me llamo y siendo mi santo desde que tengo uso de razón es un día más que especial para mí. Siempre me he dado mucha cátedra con los niños en materia regia y he presumido de una influencia inexistente para que mi mediación con Sus Majestades tuviera éxito. Los sueños, sueños son, y muchas veces se hacen realidad.

Esta noche y este día de Reyes, avatares de la vida, he practicado una soledad que me ha ayudado a entender la magia de los sueños. Tenía escrita la carta, he colocado los zapatos, he dejado manduca para los Reyes y los camellos, y aunque me ha costado conciliar el sueño, como sucede cada noche a la espera de que llegaran, me he dormido seguro de que al amanecer algunos de mis sueños no se cumplirían, pero si los de muchas de las personas a las que más quiero.

El cumplimiento de la ilusión no depende del dinero, de lo material, sino del corazón que se pone en el empeño. Perito en lunas y noches frías, he sido ambicioso en el pedir. Los Reyes Magos hacen la magia más cautivadora y enternecedora que se pueda imaginar, la de hacer felices a los inocentes, a los más pequeños.

No publicito el texto de mi carta porque espero que antes de la próxima noche mágica, lo que hoy no ha sido posible, se haga realidad. Confío en ello. Entre tanto, amanezco con una sonrisa real. La magia es también imaginación. Y los sueños, sueños son.

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