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Amor del S.XXI

Saltamos de pareja en pareja buscando a la persona ideal y pasan los años sin encontrarla, llevándonos a una soltería perenne. No me extraña que Gallardón quiera prohibir el aborto; si no fuera por los embarazos accidentales, la humanidad se extinguiría.

A pesar de lo que tratan de vendernos en los libros y las películas, no hay nada más frágil que el amor de hoy en día. Somos capaces de enamorarnos de una persona a miles de kilómetros de distancia a través de internet, pero el amor que sientes hacia ella dura hasta que el doble check del whatsapp os separa.

Las relaciones sentimentales son como una enorme burbuja de jabón: nos distraemos con sus reflejos de colores mientras cualquier obstáculo, por pequeño que sea, amenaza con romperla. Nuestros abuelos nunca lo habrían dejado porque él contestó dos semanas después a la carta que le envió tu abuela. Nosotros cortamos porque nuestra media naranja ha tardado más de media hora en responder un SMS. Saltamos de pareja en pareja buscando a la persona ideal y pasan los años sin encontrarla, llevándonos a una soltería perenne. No me extraña que Gallardón quiera prohibir el aborto; si no fuera por los embarazos accidentales, la humanidad se extinguiría.

Estamos en la era del capitalismo salvaje y las relaciones no pueden ser menos. Con el libre mercado tenemos tantas opciones diferentes que, en cuanto alguien "te falla", rompes el compromiso y buscas sustituto... Como si fuese la selección española de fútbol... No hemos aprendido que la perfección no existe (salvo en los abdominales de Cristiano Ronaldo) y hacemos tantos cambios de pareja hasta encontrar a la adecuada que nos estancamos en un falso 9 infructuoso. Cuando mantenemos una relación, pertenecemos a nuestra pareja cual producto que adquiere en unos grandes almacenes (de hecho, los necrófilos pueden hacerlo en la morgue y hasta se lo envuelven en una bolsa de plástico). Y, cuando nos adquieren, debemos mantener la calidad del primer día, conservar nuestra juventud, nuestra delgadez, nuestra solvencia económica y comportamos exactamente como nuestro amor espera ya que, si flaqueamos en cualquiera de estas áreas, la adoración que siente por nosotros se torna en ira, o desilusión, o aburrimiento y lo legitima para desecharnos como si fuésemos mercancía defectuosa. Porque el amor de hoy es tan superficial, egoísta y exigente que parece que lo haya inventado El Corte Inglés.

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