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Andalucía: el tiovivo de los candidatos

Foto: Julio Munoz | EFE

Hace mucho que las elecciones andaluzas son sólo el espectáculo de ver si el PSOE se baja de la Junta de Andalucía como un caballito rojo que se bajara de su tiovivo, o sea una cosa entre infantil, mágica e imposible, una espera adventista o un milagro pentecostal, algo sólo para creyentes o alucinados. El PSOE puede superar los 40 años en ese tiovivo de orgullo y agravio, dándoles vueltas a sus queridos pobres y a sus luceros enchinchetados en el hambre igual que los ojos en los caballos de madera. No parece que la feria vaya a cambiar.

Susana, que ha sustituido la imagen de rey gotoso de Chaves o Griñán por la de diosa madre, madre nutricia o señora algodonosa con muchos perritos que son todos los andaluces, ha hecho de su personalismo y su populismo una adaptación peronista / pujolista del viejo socialismo andaluz, guerrista, topiquista, novecentista sin novecentismo, que todavía habla de la derecha como si hubiera señoritos y todavía habla del señorito como si no fueran ellos, después de casi cuarenta años, los dueños de todo. Ahí están los ERE para demostrar cómo el dinero público se usaba como propio, cómo las inversiones se sustituían por regalos y cómo el trabajo o el favor se cambiaban por lealtad, exactamente igual que cuando aquellos caciques de capataz y mastín.

Andalucía sigue en los últimos puestos de todas las estadísticas, pero al socialismo andaluz le funciona aún ese relato de pastor, el de la derecha que se come a los pobres, que te va a quitar la paguita, que te va esconder las pastillas. Un discurso para pobres eternos, los que el PSOE andaluz se ha encargado de mantener en esa pobreza, en esa dependencia, creando un imbatible cuerpo electoral. Susana, especie de hada madrina sofista, abrazadora de abuelos, santa providente, ha mejorado incluso la retórica de sus antecesores, ésos a los que fue canibalizando al ascender, con lentitud y crujido de mantis. Susana ha añadido una mecedora de abuela y una nana de telenovela a un imperio de poder institucional entregado no a la gobernanza, sino a seguir ganando elecciones. Sí, es como si Papá Noel fuera mujer, tuviera detrás además un ejército de pajes y dulceros, y alguien quisiera ganarle unas elecciones entre niños de Dickens. Las encuestas dicen que ganará ampliamente, aun perdiendo escaños, y que la derecha no sumará para terminar con su era. Así que Susana espera que la cortejen los que ahora la persiguen con la tea, algo que debe de dar un morbo especial.

A Susana, al PSOE convertido ya en dinastía ptolemaica, con su Cleopatra de carroza municipal, se le vuelve a enfrentar un PP desmoralizado que ve, una y otra vez, que los números, las estadísticas, el paro, la pobreza, la corrupción, no pueden contrarrestar ese relato lleno de renos con nariz luminosa, camellos cargados de peluches y calcetines que paren regalos por la noche, más el Grinch de la derechona. Juanma Moreno, políticamente hijo de Arenas (y por tanto perdedor con Soraya) es un delfín de partido, con cierto entrenamiento pero personalidad leve, como un sobrino que sabemos que está sustituyendo a alguien en el kiosco, sólo para el verano, pero ahí sigue. No hizo nada diferente a Arenas o Zoido, sólo ponerle juventud y azafatismo a un PP que no se renovaba, que era incapaz de saber qué tenía que cambiar en Andalucía (estética, modos, base, zonas rurales) para poder gobernar, aparte de insistir en la épica picapedrera contra el PSOE. Ahora, con la mitad de sus votantes huidos a Ciudadanos, sus posibilidades son una alianza con los naranjas, los más atípicos de España quizá.

En Andalucía, Ciudadanos ha tenido que traer a Arrimadas y a Rivera a los mítines, porque Juan Marín es un señor de butaquita que hace política de butaquita y discursos de butaquita. Es así desde que era concejal en su pueblo, Sanlúcar de Barrameda, con un partido independiente, y sostenía al gobierno municipal del PSOE ajeno a cualquier preocupación por la renovación o la regeneración de la política. Era como un cuponero de sus concejalías esquineras, contento con sus cupones, con sus días de sol y pregón, contento con esa butaquita suya y con su cuñado colocado. En Sanlúcar, siempre entre los pueblos más pobres de España, a Marín y al PSOE les bastaba con que las fuentes de las plazas estuvieran llenas de salmorejo, con que no se apagara el sol como una tortilla de camarones fría, y con que la Virgen saliera a su hora. No parece eso ninguna nueva política ni esperanza. Pero la desesperación de Rivera, que llegaba por entonces comprando partidos enteros y captando o alquilando rebotados, y la coincidencia en Sanlúcar de varios cargos importantes de Cs en una especie de Verano Azul de manzanilla, roneo y urgencia, convirtió a Marín en el líder de Ciudadanos en Andalucía. Como hizo en Sanlúcar, sostuvo al PSOE de Susana poco más que a cambio de su sueldo de cuponero, en lo que es uno de los movimientos más incomprensibles de Rivera. Marín, ahora, finge el prurito de la renovación y el espanto, quiere hacerse naranja de verdad cuando aquí sólo fue un poco melón de postre para Susana. En Andalucía, Cs confía en el tirón nacional del partido, en la épica catalana, en la contradiosa que hace Arrimadas frente a Susana. Pero es más probable que Cs vuelva a dejar gobernar a Susana, y no que caiga el imperio socialista gracias a ellos.

La verdadera antisusana, sin embargo, es Teresa Rodríguez, de la confluencia Podemos-IU. Teresa es del sector ortigoso de Podemos, el que irrita a Iglesias, el que sigue en el romanticismo de cineclub del asambleísmo, no a la sombra del aparato. Tiene un discurso de izquierda clásica, anticapitalista, ruralista, sin los esnobismos posmarxistas de Somosaguas. Es, sí, la izquierda del antidinero, que no sabe, como pasa siempre, que hace falta dinero y que no nace de las barbas de los revolucionarios. O sea, la izquierda a la vez perversa e ingenua. Pero le ha plantado cara a Susana: no se tragan la una a la otra. Tiene tirón y verbo cercano, aunque sin el poder de confitera que tiene Susana. Ya ha declarado que no permitirá que gobierne la derecha, así que, si no es otra vez Marín, será Teresa la que sostenga, refunfuñando pero con los mismos efectos, ese reino de emperatriz infantil de Susana.

Vox, una extrema derecha como de montería y Covadonga, que se anunció en plan Curro Jiménez para presentarse ante los más rancios en su estética de culito prieto y trabucazo, tiene al juez Francisco Serrano, un juez de familia de ésos como de guantazo y a la cama, que habla de “terrorismo de género”. Mermará al PP y quizá consiga dejar en el Parlamento andaluz su hoguera trampera o rociera, su campamento viril, santo y ridículo. Habrá que ver cómo encaja en el juego partidista. Ya el PP lo está cortejando, un poco como si cortejara a un bandido mexicano.

El domingo, en fin, esperaremos a que pase algo cuando se pare el tiovivo. Pero a ver qué va a pasar cuando para un tiovivo, sino lo de siempre. Algunos bajarán, otros subirán, pero la máquina de luces y algodón de azúcar seguirá girando con el mismo dueño y el mismo horizonte. Si esperan un milagro, mejor vayan al fútbol. Y si esperan una profecía para las generales, busquen otro sitio donde la política no transcurra en la verbena de la patrona.

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