Víctor de la Serna

Ante una urgencia nacional

«Quizá el proceso iniciado por el órdago madrileño de Isabel Díaz Ayuso sirva de revulsivo y de regreso a un sistema de progreso»

Opinión

Ante una urgencia nacional
Foto: Fernando Villar| EFE
Víctor de la Serna

Víctor de la Serna

Periodista generalista a la antigua usanza, ha acabado especializándose en comunicación, cocina, vinos, baloncesto y las calles de Madrid.

Son muchos años desde 2004: no cuenten, son 17. Es el tiempo que nos separa de una España con relativa estabilidad económica y sociopolítica, que duró hasta que unos brutales atentados todavía no del todo comprensibles acabasen con ella y hundiesen la confianza de una sociedad en el sistema imperante, como se trasluce en los sucesivos resultados electorales. Tantos años de gobiernos profundamente negativos de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, con el interregno de gobierno absentista de Mariano Rajoy, han acabado con el brutal elemento revelador como es el de una pandemia de corte medieval: descubrimos que el país se había paralizado en un modelo económico sin cambios, sin innovación, sin porvenir, y que el empobrecimiento general y paulatino era la única salida… hasta que el coronavirus lo aceleró todo.

España seguía acogiendo turistas con sus divisas y fabricando automóviles de gasolina y diésel. No había investigación, no había innovación, y el empleo se sostenía sobre un crecimiento del sector público y unas pérdidas salariales que convierten a nuestros jóvenes en unos trabajadores de ingresos muy inferiores a los que sus padres obtenían al empezar su vida activa hace tres decenios. Una economía que volvía a sus orígenes tercermundistas —lo cual es suficiente para seguir atrayendo algo de inmigración: casi seis millones de extranjeros viven ya en España, aliviando nuestra caída en picado de la natalidad—, pero que acaba en la ruina.

No podemos continuar así y quizá el proceso iniciado por el órdago madrileño de Isabel Díaz Ayuso sirva de revulsivo y de regreso a un sistema de progreso. Pero la enseñanza, la investigación, la búsqueda de nichos para España en una nueva economía basada en prioridades como el medio ambiente, son urgencias que los partidos políticos existentes no saben cómo afrontar porque, entre otras cosas, sus cuadros han caído vertiginosamente de calidad en la era del populismo desatado y ya han quedado al desnudo las fábricas de nepotismo, corrupción y clientelismo en las que se han ido convirtiendo.

Muchos advierten de que no hay que ver las elecciones madrileñas como un ensayo general con todo de su versión nacional. Posiblemente sea una exageración, pero es que las circunstancias agobiantes son las que las han convertido en precisamente eso. Necesitamos atraer a una generación más preparada y honrada de políticos al servicio público, aunque a ninguno nos gusta tenerlo que hacer por una gravísima urgencia nacional, pero quizá sea nuestra última oportunidad de preservar el orden social, una unidad nacional hoy asaltada, y las esperanzas de futuro para las generaciones más jóvenes.

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