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Antonio Banderas for president

Foto: Chris Pizzello | AP

Olé, olé y olé. Poco más se puede decir de un andaluz con tanto arte como Antonio Banderas. Nuestro actor más internacional ha demostrado, una vez más, su compromiso con la libertad y la democracia.

Antonio Banderas explicaba en The Guardian lo que había sucedido en Cataluña el 1 de octubre, más allá de sentimentalismos y victimismos. Más allá de esas imágenes que hacen temblar a los pusilánimes.

Como él mismo confesó, sabía que se metía “en un jardín”, pero decidió salir de esa zona de confort donde viven tantos artistas y en la que es más fácil sonreír y no posicionarse. Tomó partido.

No es la primera vez que Banderas da la cara. Demostró su carácter luchador y sus dotes de orador en el discurso de reivindicación de una autonomía andaluza. Tirando por los aires las falsas dicotomías de una identidad monolítica. Se dirigió a Andalucía, a España y a la humanidad.

Pero hay otro discurso suyo mejor, que es el que formuló tras recibir el Goya de honor. Este hombre, cercano al PSOE y de orígenes humildes, demostraba que es el esfuerzo y no la queja el motor del progreso. Asumía, con madurez, que la vida es un partido, en el que hay que implicarse.

De nuevo, este artista nacido bajo el sol malagueño de agosto, ha hecho más por la diplomacia española que el ministro de exteriores Alfonso Dastis.

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