Enrique Esteve

APPéate. Una app para suicidarse

El gobierno sur coreano ha diseñado una aplicación para padres que rastrea las redes sociales de sus hijos y, tras detectar en ellas mensajes privados que sugieran o evidencien pensamientos suicidas, les alerta del peligro para que tomen medidas.

Opinión

APPéate. Una app para suicidarse

El gobierno sur coreano ha diseñado una aplicación para padres que rastrea las redes sociales de sus hijos y, tras detectar en ellas mensajes privados que sugieran o evidencien pensamientos suicidas, les alerta del peligro para que tomen medidas.

El último grito en apps viene de Corea del Sur y consiste en una aplicación aborta suicidios. Ante el alarmante número de jóvenes que deciden quitarse la vida, el gobierno sur coreano ha diseñado una aplicación para padres que rastrea las redes sociales de sus hijos y, tras detectar en ellas mensajes privados que sugieran o evidencien pensamientos suicidas, les alerta del peligro para que tomen medidas.

A primera vista podría parecer como si tan sofisticada app, destinada al control de los movimientos y el destino de la población, proviniese de Corea del Norte y de su inefable dictador Kim Jong Un. Por ello al leer la noticia, mientras pensaba en las posibles incursiones web 2.0 de Kim Jong, no pude por menos que imaginar una trama de Guerra Fría en la que, ante el lanzamiento por parte de Norcorea de una app para prevenir suicidios, Corea del Sur se apresuraba (auspiciada por el Tío Sam) a lanzar otra destinada a ponérselo fácil a todo aquel que quisiera apearse a mitad de trayecto. Se llamaría algo así como APPéate y vendría a ser un manual para el buen suicida en el que confluirían consejos para irse sin hacer ruido o salir por la puerta grande; anuncios de comercios donde comprar los mejores utensilios para la ocasión; guías de los lugares más populares para dar el último adiós, así como de los escenarios que vieron despedirse a suicidas VIP; foros para contactar con posibles compañeros de viaje e incluso con veteranos: valientes que ya hubieran dado el paso y se prestasen a compartir su experiencia desde el más allá. En definitiva una app que, al igual que las orientadas a facilitar el consumo de personas o de hamburguesas, proporcionando al usuario una lista exhaustiva de los individuos en busca de citas o de los McDonald’s más cercanos, pusiera al alcance de la mano eso que los defensores de la empresa privada y el neoliberalismo esgrimen no sin cierto cinismo cuando alguien se lamenta de los desmanes de los canales privados de telebasura: la posibilidad de cambiar de canal. O de apagar la televisión.

En mi película de Guerra Fría tenía sentido que Estados Unidos, vía Corea del Sur, lanzase APPéate, máxima expresión de la libertad de elegir, como respuesta a la dictadura norcoreana y sus mecanismos de control. Entonces volví a la realidad en la que, por el contrario, la noticia era que Corea del Sur sacaba una aplicación para evitar suicidios y Norcorea y el bueno de Kim Jong Un no pintaban nada en el asunto. Tenía sentido igualmente. Si te apeas no consumes. Y la libertad hoy día pasa indefectiblemente por el consumismo. App you need is love. 

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