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Aramburu y mi padre

Foto: Wikipedia | Wikipedia

Mi padre llegó a Zaragoza desde Arteixo en el año 1978, huyendo del servicio militar, un año antes que el escritor Fernando Aramburu. Entonces mi padre quería ser poeta. Entonces, Aramburu escribía poesía. El autor de Patria, que dedicaba su tribuna de ayer en El Mundo a mi ciudad, fue hasta allí para matricularse en Filología Hispánica. Contra el prejuicio que le despertó la primera visita a la facultad, los profesores eran jóvenes y brillantes y despertaban el interés de los alumnos. Con bastantes años de diferencia, he compartido profesores con Aramburu: Aurora Egido, María Antonia Martín Zorraquino y Agustín Sánchez Vidal también me dieron clase.

Hay más paralelismos entre la vida de Aramburu y la de mi padre: los dos llegaron del norte, los dos iban con un amigo y a los dos les sedujo la ciudad y la famosa hospitalidad aragonesa. A los dos les asustó un poco la no menos famosa franqueza aragonesa, que según mi padre es un eufemismo de brutalidad. Yo lo llamo el piropo aragonés y “Estás muy guapa, pareces otra” u “Oye, pues he leído lo tuyo y me ha gustado” son quizá los máximos exponentes. Los dos frecuentaban la misma zona, las mismas calles, el mismo mercado –el de Goya– en los mismos años. Los dos se enamoraron en Zaragoza.

Aramburu siguió siendo estudiante en Zaragoza, tiempo después se fue a Alemania. Años y libros después, Patria –que sucede en parte en Zaragoza– lo consagró como un gran narrador. Mis padres se casaron por lo civil en noviembre de 1980 y mi hermano fue bautizado, para tranquilizar a la familia de mi madre, en la parroquia de la avenida Goya. Yo nací dos años después, en 1983. Mi padre trabajó en un bingo, en la vendimia en Cariñena, como cuenta en la novela Cariñena, y empezó a trabajar en El día de Aragón. Ganó premios literarios y tuvo tres hijos más y, en un rasgo de excentricidad, todos con la misma mujer.

En su tribuna, Aramburu describe una Zaragoza en la que es más fácil ligar que en Donosti y en la que se respiraba una cierta modernidad. El escritor Rodolfo Notivol siempre cuenta que en Zaragoza la música y los bares con billar llegaron gracias a los americanos: en Zaragoza había una base americana, como cuenta Ignacio Martínez de Pisón en Carreteras secundarias. José María Conget escribió novelas de campus que transcurrían en Zaragoza. Inició un camino que han seguido muchos otros y que consistía en escribir desde Zaragoza y ser moderno y pop. Pienso en los libros de Félix Romeo, Rodolfo Notivol, Eva Puyó o Cristina Grande. Pienso en esos libros y escritores que han servido de modelo de los míos. Pienso también en Entresuelo, el libro que escribió Daniel Gascón, mi hermano mayor, sobre la historia de nuestra familia. Y pienso que menos mal que Fernando Aramburu vive en Alemania, así no lo confundo con mi padre.

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