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Arrimadas en nuevos tiempos

Foto: Horst Wagner | EFE

Es insostenible la cosa adánica con Inés Arrimadas, que quisieran tenerla en un relicario como a la ‘intelijencia’ pura o a la rosa de Juan Ramón Jiménez. Porque si la bella Inés ha querido ir a Waterloo a decirle al Lute del mocho que ‘la república no existe, @krles’ pues que tiene todo su derecho.

Y es que puede que jamás vieran los tiempos mejor parlamentaria. Y justo ahora, en estos días de narcisos en la Moncloa, de feministos cursis y perfumados, de cordones sanitarios y de radicales de pacotilla. Y sobre esta patulea está Inés, condenada por ir a Waterloo a la ‘Casa de la República’ por unos biempensantes que seguro la quieren inmaculada en ese Parlament que está cerrado a cal y Torra.

Está bien que Arrimadas se enfangue, deje las monerías autonómicas y se venga al Congreso de los Diputados. Está visto que de aquí al futuro, Cataluña o es el trágala separatista o es el 155 perpetuo -voto a Dios que no sería mala cosa-. Y entonces lo mejor que puede hacer Arrimadas es rebatirle a un Sánchez que ya le ha dado la patada a Pepet Borrell, en pisar el palacete de San Jerónimo, en probar las croquetas de Casa Manolo y en darle un poco de Norte a un Cs desnortado. Porque a Albert Rivera lo vemos tan blando que se diría todo de algodón.

Arrimadas va en busca de ese hervor político que consignamos aquí que no tiene Rivera, que quiere que lo incólume y el centro matemático pasen por la perpendicular del cuello vuelto de su jersey. El cambio de aire de Arrimadas la puede condenar al ostracismo o ponerle un retrato en el Prado. Lo malo es que no depende de ella.

En Madrid, mi Madrid se cuecen cosas, muchas. Y las navajas no se ven a la luz del sol, Inés.

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