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Opiniones libres de algoritmos

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Así habló Zuckerberg

Foto: Luca Baggio | Unsplash
Las grandes fortunas surgen generalmente de grandes visiones, y la de Ron Hubbard lo era: Crear una religión para que los incautos le llenasen los bolsillos, haciendo aportaciones que desgravan al fisco. El Zeigeist es cruel: nos dice que no hay verdades absolutas fuera de la ciencia, y eso obliga a quienes necesitan certidumbres totales al penoso esfuerzo de aprender sus hallazgos. Hubbard nos lo hace más fácil: pone el nombre de ciencia a una mala psicología, y dice que en realidad es una religión. Por fin podemos creer en la ciencia sin necesidad de conocerla. Como religión es un poco cara, pero sal a la calle e intenta comer sin pagar. Lo más a lo que llegarás es a un comedor regentado por monjitas.
Mark Zuckerberg ya era rico cuando convocó la primera reunión de grupos de Facebook. Tener a 1.320 millones de personas pendientes de su página 20 minutos al día puede parecer un logro importante, pero no está aún a la altura de sus ambiciones. Está preparando su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos en 2020. Si se compra al Partido Demócrata, sólo tiene que enfrentarse al presidente más impopular de la historia de los Estados Unidos, y lo tiene hecho. Pero aún no colma sus aspiraciones, y durante esa reunión dejó dicho que Facebook puede llenar el vacío que dejan las religiones.
Así habló Zuckerberg: “la gente que va a la Iglesia es más probable que haga voluntariados y contribuya a la caridad, no sólo porque es religiosa, sino porque son parte de una comunidad”. La pertenencia a denominaciones religiosas ha caído en las últimas décadas, dice, y añade: “Es un montón de gente que ahora necesita encontrar un sentido de propósito y encontrar apoyo en otro lugar”, en Facebook. Y ha cambiado la misión de su plataforma, que ya no es conectar al mundo, sino unirlo.
No creo que custodiar una riada de ‘likes’ le acerque a crear una religión. Hubbard por lo menos le dio una cobertura ideológica, aunque fuera intrascendente. Pero como decía G. K. Chesterton, “Cuando un hombre deja de creer en Dios puede creer en cualquier cosa”.

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