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Aturdidos por la realidad

"Toparse de repente con la realidad de una sentencia judicial y de una violencia organizada en Cataluña significa un choque para el que Sánchez está singularmente mal equipado"

Foto: Enric Fontcuberta | EFE
Lo más triste de los desórdenes en Cataluña es que cada partido parece estar reaccionando ante ellos, no con la prioridad de restablecer el orden en la vida ciudadana y garantizar la libertad de desplazamientos, sino por intereses electorales, con la mirada fija en el 10 de noviembre. A unos parece convenirles que se mantenga el desorden y a otros actuar con decisión para detenerlo. Pero ni siquiera eso es tan sencillo: el Partido Socialista parece partido en dos, con el PSC que teme perder puestos frente a los separatistas si la policía interviene con mayor firmeza o si se impone un estado de excepción, y el resto del partido, fuera de Cataluña, preocupado por los resultados catastróficos que podría significar para él la apariencia de laxismo y blandura por parte del Gobierno de Pedro Sánchez.​
Nos exponemos así a tres semanas en las que el Gobierno y su fuerza política quizá se dediquen a actuar con espejos deformantes, globos sondas y demás artilugios para dar la impresión de que cumplen sin en realidad cumplir. Ya las reuniones por separado de Sánchez con los líderes de la oposición dan una clara impresión de efectismo, no de efectividad. Iván Redondo, totalmente en su salsa.​
Cuando la política nacional lleva tanto tiempo inmersa en la mentira, la falsificación, los golpes de efecto bajo forma de, particularmente, el famoso desentierro de Franco, el toparse de repente con la realidad de una sentencia judicial –por contemporizadora que se ha intentado hacerla- y de una violencia organizada en Cataluña significa un choque para el que Sánchez está singularmente mal equipado.​
¿Lo estaría algún otro líder, dentro de este creciente abanico de partidos con el que nos estamos encontrando? Quizá, pero no estemos demasiado seguros. Los años de dejadez de Rajoy después de los de falsificación subversiva de Zapatero han debilitado tanto el sistema que casi nos hemos olvidado de lo que significa una emergencia nacional. Esperemos que, al menos, a algunos les regrese la memoria y –sobre todo- que un número suficiente de ciudadanos se percate de ello antes del día 10 y de las urnas salga milagrosamente un equilibrio de fuerzas que permita gobernar efectivamente este país.​

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