Daniel Ramirez Garcia-Mina

¡Benditos cuadros!

¿Pero que sería de la vida sin ellos? ¡Qué divertidos! Porque presidentes y diputados se levantan de la cama, abren el periódico y dicen: “¡No me jodas, yo no quería salir en la foto!”.

Opinión

¡Benditos cuadros!

¿Pero que sería de la vida sin ellos? ¡Qué divertidos! Porque presidentes y diputados se levantan de la cama, abren el periódico y dicen: “¡No me jodas, yo no quería salir en la foto!”.

A finales de los noventa, la palabra ‘framing’ ya sonaba con fuerza en el mundo académico de la Comunicación. El ‘framing’ es algo tan sencillo, y tan complicado, como contar un asunto determinado de una forma concreta. Dos personas pueden amar el mismo cuadro, pero seguro que el marco que quieren ponerle es distinto; y con las noticias pasa lo mismo.

Una libélula, con la maravillosa capacidad de mirar hacia atrás sin mover el cuello que la naturaleza le otorga, podría combatir el ‘frame’ que los periodistas colocan. Afortunadamente, o desafortunadamente, Rajoy, el Rey, y el resto de mortales que muchas cámaras enmarcan día a día, viven a merced del ‘frame’. Luego, si no les gusta el marco, tratarán de cambiarlo, y podrán hacerlo, pero eso es otra historia.

El otro día, Mariano Rajoy conseguía evitar que le enmarcaran con la alcaldesa popular de Alicante, Sonia Castedo, imputada por presunta corrupción. El presidente del Gobierno pudo respirar tranquilo en una visita irrelevante que el posible ‘frame’ tiñó de agobio. ¿Se imaginan al equipo de Comunicación del Partido Popular trazando un mapa de la sala, marcando las huellas de Rajoy y Castedo? Sería curioso ese plano de guerra con las rutas de presidente y alcaldesa dibujadas como dos rectas paralelas que jamás se juntan.

El Rey no tuvo esa suerte. Los dados decidieron que su camino se cruzara con el de Castedo. Los periodistas ganaron la batalla del ‘frame’. Cuando se inmortaliza la imagen, da igual su contenido, el marco la condiciona.

Gaye Tuchman (1945) hablaba así de los marcos y las ventanas: “La noticia es una ventana al mundo (…). Pero la vista desde una ventana, depende de si ésta es grande o pequeña, de si su cristal es claro u opaco, de si da a la calle o a un patio…”.

Porque los cuadros y los marcos son una pesadilla, más y cuando viven fuera de las pinacotecas, adornando y afeando a todo hijo de Rey o de vecino. ¿Pero qué sería de la vida sin ellos? ¡Qué divertidos! Porque presidentes y diputados se levantan de la cama, abren el periódico y dicen: “¡No me jodas, yo no quería salir en la foto!”.

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