Jorge San Miguel

Bienvenida, Mrs. Leyen

«Ha hecho diez años que se murió Berlanga y no comparece el Berlanga de nuestro tiempo. Tenemos una apreciable ficción “de calidad” que se marca pelis sobre el 92, sobre Roldán, sobre la burbuja, sobre la corrupción. Que echa incluso miradas menos tópicas a la Transición o el franquismo. Pero falta quizás esa otra vis»

Opinión

Bienvenida, Mrs. Leyen
Foto: | Youtube

El otro día, paseando por ahí, me llamaron la atención unos tuits de la Filmoteca Española. Me gusta la Filmoteca porque me recuerda cuando éramos jóvenes y nos tomábamos en serio y nos poníamos cuello vuelto y escuchábamos jazz. Al Cine Doré ya casi no voy porque es incómodo y está lleno de pajilleros. Prefiero el Bellas Artes. Alguna tarde me escapaba desde el Congreso a ver pelis del Oeste. Ya contaré cosas del Doré y el Bellas Artes. A lo que iba, unos tuits de la Filmoteca Española sobre Berlanga, entre ellos esta cita: “Bienvenido Mr. Marshall es en la anécdota el reflejo de un problema español con unos Reyes Magos ficticios. En profundidad, trató de repudiar los falsos manás”.

El maná se convierte en un problema cuando se espera y no llega, como en Bienvenido, Mr. Marshall; pero también puede serlo cuando llega. Se ha hablado de la “maldición de los recursos”, que aqueja a los países que encuentran fuentes naturales de riqueza. Aquí no tenemos petróleo -¡ni lo queremos!; se diría que en algunos lugares hemos transitado plácidamente de la agricultura de subsistencia al NIMBY sin detenernos en paradas intermedias. No obstante, algo sabemos de maná y de maldiciones. Por ejemplo, antes de 2008 nos cayó uno en forma de crédito barato, que se transformó en una en forma de burbuja inmobiliaria. Ahora se anuncia otro maná europeo, los fondos de recuperación, que ya veremos en qué se transforma, pero las señales son ominosas. De momento los que se ponen a la cola no son catetos serranos con la sumisa boina en el regazo, sino el IBEX en pleno con sus suministradores de power points. Aquí los Reyes Magos vienen a esquilmar al niño.

Ha hecho diez años que se murió Berlanga y no comparece el Berlanga de nuestro tiempo. Tenemos una apreciable ficción “de calidad” que se marca pelis sobre el 92, sobre Roldán, sobre la burbuja, sobre la corrupción. Que echa incluso miradas menos tópicas a la Transición o el franquismo. Pero falta quizás esa otra vis. Antes sólo se podían decir ciertas cosas con el humor, y ahora va pareciendo que el humor es el más oficial de los géneros; casi un género chico de la propaganda. Hay humoristas oficiales dedicados a poner en la picota no al que manda, sino al que el que manda señale, y a menudo ya no hace falta ni señalar: todos saben de dónde sopla el viento.

No será que falten temas para la sátira coral, con tanto Jaume Canivell pululando por los pasillos del poder y un vicepresidente que parece compartir aficiones con el marqués de Leguineche. Por ejemplo, con lo del programa externalizado de Cintora, Azcona te hacía un clásico: tienes para 25 figurantes, tertulianos con su línea de diálogo -y baratos, que son los mismos de siempre y van haciendo tournée por los platós según el día-, el prota y el que se lleva la morterada al final. ¡Pero si hay hasta una monja! Yo escribiría un tratamiento para un remake inverso de Todos a la cárcel en el que los malversadores y golpistas van abandonando la cárcel, pero me falta imaginación visual y toda la jeta que le sobra a los guionistas oficiales de esta España menguada. Eso sí, mi amigo Sols me ha hecho ver que hoy la bicicleta que pide el chico de la Engracia en Bienvenido, Mr. Marshall, sería un gasto elegible para los fondos europeos: a pedales, verde y sostenible. Que no se diga que este país no avanza.

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