Iker Izquierdo

Botas norcoreanas

Curioso país donde, según la propaganda extranjera, no se puede ver lo que pasa en el resto del mundo por televisión, se medio mueren de hambre y todos visten igual por su totalitarismo igualitarista.

Opinión

Botas norcoreanas
Iker Izquierdo

Iker Izquierdo

Touch darkness, and darkness touches you back. Locutor, traductor y lo que se tercie.

Curioso país donde, según la propaganda extranjera, no se puede ver lo que pasa en el resto del mundo por televisión, se medio mueren de hambre y todos visten igual por su totalitarismo igualitarista.

Verano del 2005. Seúl. Mi por entonces amor platónico me lleva de compras y me señala unas botas. “¿Ves esas botas?”, me dice. “El año pasado, imágenes de unas chicas surcoreanas que llevaban esas botas, aparecieron en la telediario de Corea del Norte. Ahora todas las chicas norcoreanas llevan esas botas”. En ese momento no me percaté de todas las consecuencias de esa revelación aparentemente inocua, pero andando el tiempo, cada vez que leo un artículo, diatriba o propaganda contra Corea del Norte, recuerdo la anécdota de las botas.

Curioso país donde, según la propaganda extranjera, no se puede ver lo que pasa en el resto del mundo por televisión, se medio mueren de hambre y todos visten igual por su totalitarismo igualitarista, pero resulta que ven unas imágenes de botas surcoreanas en la tele y se ponen a llevar esas mismas botas todas sus chicas, botas no precisamente militares, cuando deberían ahorrar para su bol de arroz diario.

Ahora, Corea del Norte señala las bondades de su propio sistema de Derechos Humanos. Es una propaganda por otra, por supuesto; pero sin embargo, se puede decir que Corea del Norte ya ha asumido la ideología de sus enemigos, que es el refrito metafísico eticista de los Derechos Humanos, no asumido ni por la URSS (en su día), ni por China ni por los países musulmanes de la Declaración de El Cairo de 1990.

Cao de Benós, su portavoz en Europa, es un tío simpático que tiene la virtud, verbigracia, de definir acertadamente a Iglesias Turrión: demagogo y hippie que necesita una ducha. Pero asume el mismo discurso y cae en la trampa dialéctica de los que lo critican. Y ahí no puede ganar. Así funciona este tinglado: el que tiene mejor propaganda (y más misiles), gana.

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