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Buenas vibraciones

Foto: LaSexta

Jordi Évole ha entrevistado a Francisco, cabeza de la Iglesia Católica. Évole le llama de “usted” y le habla con el mismo respeto y cariño que a Nicolás Maduro. Es una entrevista muy mundana, en la que el Santo Padre le pide al periodista que rece por él, o que al menos le mande “buena onda”. Un deseo muy New Age, por otro lado.

Évole y Bergoglio, vestido de blanco, compartían esas buenas vibraciones, a las que cantaron The Beach Boys. Quizás fuera porque se entienden a la perfección, dicho sea sin la intención de ser cruel con el Santo Padre. Francisco es un Papa posmoderno, que habla de todo lo divino y lo humano con una producción desbordante. Parece tener una respuesta para todo. Lo que no está claro es que tengan la altura intelectual que se cabe esperar en los últimos siglos de un Obispo de Roma.

Una entrevista televisiva quizás no es el lugar para profundizar sobre un asunto como la inmigración mucho más allá de hablar de muros, puentes y ángeles. Quizá tampoco fuera necesario si lo que quiere es transmitir una concepción moral que predica el libre movimiento de personas.

Lo que no está claro es qué pensaría el mismo Francisco si alguien le dijera que eso, la libre cooperación voluntaria en el movimiento de personas, sin la interferencia de los gobiernos, es capitalismo. El mismo capitalismo al que acusa de crear una sociedad en la que “Cada vez hay menos ricos con mucha plata, y cada vez hay más pobres con muy poca plata”.

Estas palabras son menos defendibles. Porque no son la expresión de un principio moral del ciudadano Bergoglio, sino una proposición de hecho. Cuya única virtud es que es plenamente científica, si seguimos el criterio de Popper. Y no sólo se puede falsear, sino que es una falsedad del tamaño de una catedral.

El número de millonarios no deja de crecer, y hoy son unos 36 millones de personas los que cuentan con un patrimonio superior al millón de dólares. Y el número de personas que viven en una situación de pobreza extrema decrece cada año desde 1990, cuando se desplomó el bloque socialista en Europa.

Como dijo Jean François Revel en El conocimiento inútil, si la Iglesia habla de asuntos mundanos, no se le puede otorgar una credibilidad especial, y sus posiciones sobre el mundo se deben contrastar, como las del resto, con los datos. Las palabras de Francisco son un ejemplo más de que la mentira, como decía Revel, es “la primera de las fuerzas que mueven el mundo”.

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