Melchor Miralles

Cada día es el día

La huelga fue unánime, sin duda. Fue la primera huelga feminista de la historia.

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Cada día es el día
Foto: Oscar del Pozo
Melchor Miralles

Melchor Miralles

Periodista, productor de televisión y cine y escritor. Le gusta leer, viajar, comer, o sea, un disfrutón de la vida.

La huelga fue unánime, sin duda. Fue la primera huelga feminista de la historia. Los verdaderos protagonistas fueron los políticos y los periodistas, que animaron las manifestaciones y movilizaciones, hubo una unanimidad que no es real, porque el asunto era político, aunque las huelgas son laborales. Se trataba de una convocatoria hábilmente capitalizada por la izquierda, con especial entusiasmo en la izquierda caviar. Las mujeres que defienden lo suyo, sus derechos, la igualdad necesaria, pero desde posiciones ideológicas menos sectarias, no militantes, que optaron por no sumarse a la fiesta, fueron tachadas de esquiroles y traidoras, porque en esa izquierda aún anclada en el siglo XIX se trata de imponer por aplastamiento, y cuentan con los medios para ello, y han sido hábiles para ocupar todo el escaparate, y ya saben quienes me leen que las unanimidades no me placen, no son lo mío.

Claro que estoy con las mujeres que sufren discriminación, y defiendo la igualdad en derechos. Por supuesto. Solo faltaría. Pero no soy de los “Día de” y menos aún de los lazos, sean del color que sean. Y porque estoy de su lado defiendo la meritocracia por encima de la imposición por sexo. Y no digamos nada de aquellas que sostienen posiciones equivalentes a las de los machistas más recalcitrantes, pero en sentido contrario.

Entre las miles de huelguistas y manifestantes de ayer había mujeres, y hombres, de diferentes ideologías que defienden que la igualdad de oportunidades sea real. Si el feminismo se desliza no hacia lo inclusivo sino a lo excluyente se ganará más enemigos. Pero, insisto, la izquierda ha sido una vez más hábil, y ha conseguido que hasta Mariano Rajoy Brey, ese hombre, haya pasado en pocos días de quedarse mudo ante una pregunta de Alsina sobre la igualdad a ponerse el lacito morado (el color de Podemos) y proclamar con entusiasmo su defensa de la igualdad, aunque haya dudas.

Lo mejor para la causa de las mujeres que, con toda razón, defienden la igualdad real, sería huir y alejarse del sectarismo activista que ayer se vio en muchos lugares. La igualdad de oportunidades será real cuando salga del debate político partidario y cortoplacista. Cuando todos los ciudadanos, hombres y mujeres, sean educados atinadamente, cuando huyan del eslogan fácil y el debate estéril de nimiedades y se centren en lo esencial. Es real que aún hoy hay una desigualdad que padecen muchas mujeres. No puede negarse. Y es responsabilidad de todos, en especial de quienes ostentan responsabilidades de gobierno, acabar con ello y hacer real ya mismo la igualdad absoluta en derechos y oportunidades. La mayoría de los españoles, según el CIS, corrobora que nuestra sociedad no es igualitaria. El summum de ello es la violencia que muchos hombres ejercen sobre tantas mujeres por el mero hecho de serlo, sintiéndose que son cosas que les pertenecen, y este problema no es solo español, sucede en todo el mundo, con especial incidencia en países muy desarrollados e impecablemente democráticos como algunos países escandinavos. En este punto llegamos a que estamos ante una materia que afecta a la defensa de los derechos humanos más esenciales. Y la clave está en la educación, en la formación, en la escuela y sobre todo en casa, donde los más pequeños aprenden cuales son los comportamientos que deben ser, los modelos a replicar.

El día 8 se ha celebrado en todo el mundo occidental. En los países musulmanes si a una mujer se le ocurre siquiera mencionar el asunto lo que recibirá será un castigo ejemplar, aunque esto a los activistas de la propaganda partidaria y sectaria les importe más bien poco, entre otras cosas porque buena parte de ellos tienen buenos negocios con los países musulmanes más ricos entre los ricos. Cada día debe ser el día de la mujer. Como de tantas otras causas justas que cuando caen en manos del sectarismo político se difuminan y entran en un terreno poco favorable para que se encuentren soluciones reales a los problemas reales.

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