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Campaña oscura

¿Cuál es la dimensión del uso que hacen los partidos políticos de las redes sociales en lo que se conoce como “campaña oscura”?

Foto: Sara Kurfeß | Unsplash

Tu voto bien vale un perfil falso. El uso que hacen los partidos políticos de las redes sociales no está determinado. Tampoco cuánto se gastan las distintas formaciones en lo que se conoce como “campaña oscura”. Se trata de contratar agencias o grupos de ciberactivistas dispuestos a ceder sus espacios en redes para emitir mensajes políticos que condicionen la opinión pública.

Los primeros nombres que quizás vengan a la cabeza son Trump o Bolsonaro, pero una gran mayoría de partidos utilizan este tipo de herramientas. Sí, también partidos españoles en estas últimas elecciones del 28A. Estas acciones, algunas asociadas a las fake news, forman ya parte de la estrategia de movilización de los partidos y los expertos se preguntan ahora si es ético este fenómeno.

El astroturfing consiste en camuflar la propaganda de apoyo a un candidato o a un partido político como si se tratara de un movimiento espontáneo. Busca inundar las redes para crear tendencias y que los usuarios crean que hay más gente defendiendo una postura de la que realmente hay. Mientras que el newsjacking consiste en posicionar bien el mensaje que quieres lanzar aprovechando las etiquetas que son tendencia para obtener mayor notoriedad.

Hace dos semanas algunos tertulianos situaban a Vox tercero en las generales “por todo lo que mueve en redes”. El partido de Abascal obtuvo 24 escaños situándose quinta fuerza en el Congreso. La burbuja de las redes es engañosa. En España todavía existe la brecha analógica y no toda España utiliza estos canales para informarse, por eso los partidos siguen apoyándose en los medios de difusión tradicionales para influir en el electorado.

La preocupación surge cuando las redes sociales son utilizadas por las distintas formaciones como medio de desinformación y pueden jugar un papel clave en la intoxicación del debate público. El uso de bots ‘malos’, entre otros métodos utilizados, en procesos electorales es una práctica común según los expertos. Se trata de cuentas automatizadas para difundir propaganda, interrumpir conversaciones o engordar el número de seguidores para crear una falsa influencia.

El caso probado más reciente fue la injerencia de bots rusos en las noticias y conversaciones online a favor del referéndum en Cataluña, publicado por El País. El objetivo principal fue crear un clima falso de opiniones mayoritarias a favor de la autodeterminación en Cataluña para influir en la sociedad a través de internet.

Numerosos estudios plantean si conviene regular de alguna manera estos mecanismos para evitar que afecten de forma negativa a la democracia y a la comunicación política. Facebook y Twitter llevan tomando nota, especialmente, en los últimos procesos electorales surgidos en todo el mundo para evitar que se extiendan este tipo de prácticas. Los expertos lamentan que no haya estudios concluyentes para saber con certeza si condiciona realmente el voto.

En España, desde la cuenta de Twitter @BotsPolíticosNo denuncian este tipo de prácticas probando mediante la visualización de datos qué partidos y políticos inyectan seguidores falsos a sus cuentas; mientras que los fact-checkers como @malditobulo se encargan de desmentir las informaciones falsas que haya circulando por las redes. Ni en las páginas de transparencia de los partidos, ni en la del Tribunal de Cuentas, viene señalado si las distintas fuerzas destinan dinero público a estos cometidos, ni cuánto es el coste. Simplemente figura la partida de “comunicación”.

Hasta ahora las distintas soluciones proceden del campo académico donde proponen cambios en la legislación, apostar por el periodismo de calidad y confiar en la capacidad crítica del ciudadano. También existen diferentes iniciativas como la del catedrático de Opinión Pública de la URJC de Madrid, Víctor Sampedro, que propone desafiar a los algoritmos mediante unas aplicaciones que nos dirijan a contenidos distintos a los que normalmente nos llevan nuestros “me gusta” en las redes sociales. Las cámaras de eco difunden opiniones en sistemas cerrados para reforzar el sesgo de confirmación y eso puede resultar peligroso. Debemos romper la burbuja del sesgo ideológico.

Desde Twitter ni confirman, ni desmienten, ni dan cifras. Advierten de que la práctica de bots está prohibida y perseguida en la red social, así como la de manipular las tendencias.

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