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Campaña rupturista

Vivimos en campaña permanente. Una mínima acción el último día supone un vuelco en las urnas

Foto: SERGIO PEREZ | Reuters

En los últimos coletazos de precampaña todo está por decidir. La característica principal de estas elecciones es que son abiertas. Vivimos en campaña permanente. Una mínima acción el último día supone un vuelco en las urnas. El panorama es convulso e imprevisible. Nadie se moja con las encuestas hasta los últimos sondeos a pie de urna. Consultores y politólogos mantienen actitud conservadora en las tertulias, mientras en los descansos cotejan sus propias quinielas. Nadie sabe nada.

El panorama político actual puede descolocar a más de uno. Se acabó el liderazgo tradicional y la política partidista. Lo que vemos en esta campaña no son partidos sino personas. Los partidos se centran en sus líderes para ganar. La tendencia global en estos momentos es que los jóvenes son más reacios a participar en política en clave tradicional. Las empresas consideran a los jóvenes ‘la gallina de los huevos de oro’, consumidores estrella, y dedican ingentes cantidades de dinero en dirigir su publicidad hacia ellos. Empresas dirigidas por otras generaciones. Esto último empieza a cambiar en todos los sectores y con ello, la diferenciación.

Los jóvenes españoles no son apolíticos. No quieren participar en un modelo que consideran agotado o asociado a escándalos de corrupción. Buscan una campaña rupturista desde las nuevas formaciones, las que han creado o han confiado en ellos para activar diferentes escenarios. Quieren transmitir un mensaje innovador que transforme el sistema de partidos. ¿Lo conseguirán? Todavía es pronto para responder a esta pregunta. De momento, están en ello.

Uno de los peligros a los que se enfrentan es el populismo. Si los problemas políticos de nuestra época son tan fáciles de arreglar, ¿por qué siguen estando ahí? La solución no pasa por buscar culpables. Ni en lanzar discursos cargados de odio y resentimiento. El mundo real es complejo y las soluciones reales requieren de amplios consensos.

Algunos partidos hacen ver ahora que se ponen las pilas para combatir, esto tan de moda, las fake news. Aseguran que Podemos y Vox son los que más noticias falsas han lanzado en precampaña. Pero la verdad es que lo que ahora llaman ‘fake news’ en política ha existido desde que el mundo es mundo. Y sino que se lo pregunten a altos ex dirigentes cuando desde una oficina alquilada al lado de su sede se dedicaban a formar a jóvenes que ayudasen a su partido lanzando fake news contra su rival más cercano. Pasó hace unos años. No se publicó. Nadie se enteró. Todavía recuerdo la cara de un actual líder cuando se lo pregunté en un pasillo de su sede…

El auge de las tecnologías está ayudando a innovar en campaña. Los chicos de Podemos lo saben bien. Valoraron más llamar tu atención, con una proyección en plena Plaza Mayor, que la multa correspondiente. También lo hizo Ciudadanos con un enorme cartel en la capital señalando que sus preferencias son distintas a las de Sánchez si llegan al Gobierno. De nada sirven los mítines si no los acompañas del factor sorpresa. Quita el logo del partido. Acciones de millennials que apuestan por hacer una campaña rupturista.

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