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Cansancio democrático

Foto: Bernat Armangue | AP

Frente al egoísmo y falta de perspectiva de una generación de nuevos candidatos que todavía no han entendido que la sociedad española se construye pensando en el nosotros y no en el yo, el cansancio democrático.

Las ideas que mueven emociones desplazan a las propuestas ideológicas clásicas. Solo las primeras obtienen ya el compromiso ciudadano firme. Argumentos frente a reproches. Los ciudadanos buscan causas con las que identificarse y no partidos con los que casarse.

No es de extrañar que el número de indecisos aumente en una España tan fragmentada. Ni que en ese porcentaje exista un 10-15% de voto oculto. Un electorado que dice una cosa pero hace otra por miedo a diferenciarse de los que juegan a caballo ganador, por aquello del voto útil. Un voto útil ligado a la opinión pública y a lo “políticamente correcto”, frente a la opinión privada y a lo que de verdad sentimos. Es más importante un like que un retuit. Y para ganar en las urnas, los candidatos deberían de comprender los diferentes estados de ánimo antes que el raciocinio.

Las últimas horas de campaña son previsibles. Los principales hitos giran en torno a dos debates y del primero ni nos acordamos. Lo que permanece es la imagen del segundo, el hecho más reciente y nuestra percepción cuando terminó. Un voto que se mueve dentro de dos bloques ideológicos con dos partidos representándolos, más un ausente que estuvo muy presente.

En comunicación política la percepción es realidad y para seducir hay que convencer. La gente nunca vota agradecida por lo que has hecho, sino basándose en expectativas y en ambos debates faltaron propuestas de futuro. Pero lo importante no fue el hecho de ganar o perder, sino quién ha tenido mayor capacidad de movilizar ese voto indeciso. No quiero hacer spoiler, lo veremos el domingo.

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