Pablo Iglesias

Caos geopolítico

Siempre acudo a Wallerstein cuando me siento desorientado. Es lo que me pasa con la situación en Siria; soy incapaz de comprender con claridad los intereses de los diferentes actores internos y externos.

Opinión

Caos geopolítico

Siempre acudo a Wallerstein cuando me siento desorientado. Es lo que me pasa con la situación en Siria; soy incapaz de comprender con claridad los intereses de los diferentes actores internos y externos.

Quizá porque una de las experiencias que más condicionó mi manera de observar las relaciones internaciones, fue mi estancia en el Institute for Research on World-Systems de California, siempre acudo a Wallerstein cuando me siento desorientado. Es lo que me pasa con la situación en Siria; soy incapaz de comprender con claridad los intereses de los diferentes actores internos y externos.

Acudo raudo y veloz a los comentarios del maestro que regularmente publica la Universidad de Binghamton buscando un poco de luz y me encuentro con que Wallerstein define Siria como el escenario del “caos geopolítico” y recuerda con ironía la pregunta que se hacían en Estados Unidos cuando, en 1949, los comunistas chinos marcharon sobre Shangai; «Who lost China?» se preguntaban los americanos. Para Wallerstein más temprano que tarde habrá que preguntarse «Who lost Syria?».

Internamente en Siria están los defensores de que el sistema del Partido Baath continúe, los que prefieren una solución salafista en el que se establezca una modalidad suní de la sharia y los que no quieren ni una cosa ni la otra. Pero las complejidades ya de por sí enormes aumentan si tratamos de entender los intereses de los actores externos; EEUU, donde Obama recibe presiones tanto para involucrarse más como para involucrarse menos; Irán, que quiere mejorar sus relaciones con EEUU sin dejar de apoyar a Bashar al-Asad; Arabia Saudí, que quiere apoyar a los grupos islamistas pero sin reforzar a sus enemigos de Al-Qaeda; Turquía, antiguo aliado de Siria que parece querer recuperar el peso político en la región del antiguo Imperio Otomano; los kurdos, en busca de un Estado independiente mientras su población se reparte en territorios pertenecientes a Turquía, Siria, Irak e Irán; Israel, que combate a Irán y a  Hezbolá sin tener claro que el resultado del conflicto en Siria vaya a traer un gobierno más favorable a sus intereses. Y todo esto por no hablar de otras potencias con importantes intereses en Siria como Rusia, China, Pakistán, Francia, Gran Bretaña o Alemania.

La semana próxima empiezo a impartir un nuevo curso de geografía política y, por primera vez, tendré un grupo del grado de relaciones internacionales (hasta ahora siempre había explicado geografía política a aspirantes a politólogos y sociólogos); creo que sabré explicarles las implicaciones de la noción de espacio vital en la política exterior del Tercer Reich, también por qué los británicos teorizaron sobre la región pivote (la teoría del corazón continental) para protegerse de una alianza entre Rusia y Alemania y, por supuesto, les podré hacer captar la lógica de la Guerra Fría para entender el breve siglo XX de Hobsbawm. Pero reconozco que me va a dar un poco de corte diseñar un tema que se llame “Caos geopolítico” para que mis estudiantes ¿entiendan? lo que se puede leer todos los días en las secciones de internacional de los periódicos. 

 

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