Javier Quero

Cara a cara caro caro

El debate fue entre Pedro Sánchez, encantado de conocerse; y Mariano Rajoy, conocido por encantarse. Si el candidato socialista se demostró capaz de algo, es de su enorme capacidad de interrupción. Resulta harto complicado hilar dos palabras con Sánchez enfrente. Aparte de eso, el principal ataque del, de momento, jefe de la oposición es reprocharle a Rajoy tardar cuatro años en arreglar lo que el PSOE estropeó en siete. Así, el nerviosismo en el plató se apoderó de quien sabe lo complicado que ha sido gobernar España en la última legislatura -Rajoy- y quien sabe lo complicado que le será llegar a gobernar en la próxima -Sánchez-. Datos frente a lemas.

Opinión

Cara a cara caro caro
Javier Quero

Javier Quero

Español. Periodista. Humorista. Ilustrador. Fundador de creActivos. Observador estupefacto. Superviviente.

El debate fue entre Pedro Sánchez, encantado de conocerse; y Mariano Rajoy, conocido por encantarse. Si el candidato socialista se demostró capaz de algo, es de su enorme capacidad de interrupción. Resulta harto complicado hilar dos palabras con Sánchez enfrente. Aparte de eso, el principal ataque del, de momento, jefe de la oposición es reprocharle a Rajoy tardar cuatro años en arreglar lo que el PSOE estropeó en siete. Así, el nerviosismo en el plató se apoderó de quien sabe lo complicado que ha sido gobernar España en la última legislatura -Rajoy- y quien sabe lo complicado que le será llegar a gobernar en la próxima -Sánchez-. Datos frente a lemas.

Armados ambos con sus respectivos argumentarios, Sánchez soltó sin vergüenza llamativos titulares que luego era incapaz de razonar. El mejor ejemplo, ese momento cumbre en que el candidato de Ferraz acusó a su oponente de haber impedido a las mujeres ser madres, como si Rajoy no fuera don Mariano, con don, sino Mariano condón.

Pero si parecía imposible rebajar aún más el nivel del debate, ese momento llegó cuando Sánchez llamó indecente a Rajoy y éste le respondió con los calificativos ruin, mezquino y deleznable, y por un momento pareció que le iba a espetar aquello de «eso no me lo dices en la calle». El ytumás convirtió entonces el enfrentamiento en un Sálvame de la corrupción con los chorizos de ambos partidos chapoteando en la mierda.

Para el PP, perder sólo 45 diputados es un éxito similar al de que Ciudadanos o Podemos los gane. Por ahí van las encuestas, las mismas que le pronostican al PSOE seguir reduciendo su número de escaños por debajo de su peor resultado histórico. Por eso, el cara a cara les salió a ambos caro, caro. El enorme desgaste de los contendientes bajo una lluvia de puñetazos tuvo un resultado inesperado: Rivera e Iglesias ganaron por incomparecencia.

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