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Casado ante la crisis catalana

Foto: JUAN MEDINA | Reuters

El nuevo presidente del Partido Popular, Pablo Casado, enarboló ante los compromisarios de su formación un discurso de centro derecha sin complejos. Se pronunció inequívocamente por la libertad y por el individuo y en contra de la “colectivización de las personas” por su identidad.

Es precisamente esta última reivindicación la más importante, quizás porque ha brillado por su ausencia en la política española de los últimos tiempos, donde han sido muy pocos los que se han atrevido a defenderlo públicamente. Frente a la crisis de la socialdemocracia, la emergencia de experimentos populistas y la gestión sin política del sorayismo, Casado ha rearmado el partido de ideología.

Pese a los casos de corrupción, la mayoría de españoles confiaron en el PP de Rajoy por encima de otras opciones —como Ciudadanos— por su capacidad de gestión. Y nadie puede cuestionar la valía personal de la funcionaria Santamaría en este ámbito. Pero Cataluña lo cambió todo. Y ahora el reto es vestir al partido de unos principios que enmarquen su actuación ante el desafío nacionalista.

Los gobiernos en minoría en Europa demuestran que cada vez más se gobierna a golpe de gestos. También en Cataluña el nacionalismo ha demostrado que se puede gobernar durante siete años sin gestión y a base de proclamas. Rajoy, por contra, confió en que su gestión diaria y la salida de la crisis económica calmarían las aguas catalanas. Pero lo que está en juego es la batalla de las ideas. Recuperar el acervo ilustrado que desembocó en la democracia liberal y el estado de derecho, amenazados de nuevo por los enemigos de la sociedad abierta.

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