David Mejía

Otro remedio homeopático: adiós al café (para todos)

Seducción, empatía, financiación, plurinacionalidad, reconocimiento, reforma constitucional: remedios que los homeópatas de la política no se cansan de repetir y aplicar sin que se atisbe avance alguno en Cataluña. El inconveniente no es que no exista consenso respecto al tratamiento, sino que no existe consenso en la afección. Y algunas propuestas revelan un diagnóstico desacertado, además de una ingenuidad peligrosa.

Opinión Actualizado:

Otro remedio homeopático: adiós al café (para todos)
David Mejía

David Mejía

Licenciado en Filosofía y Teoría de la Literatura. Ahora en Columbia University. Hace radio en WCKR FM 89.9 FM, New York.

Seducción, empatía, financiación, plurinacionalidad, reconocimiento, reforma constitucional: remedios que los homeópatas de la política no se cansan de repetir y aplicar sin que se atisbe avance alguno en Cataluña. El inconveniente no es que no exista consenso respecto al tratamiento, sino que no existe consenso en la afección. Y algunas propuestas revelan un diagnóstico desacertado, además de una ingenuidad peligrosa.

Junto a la siempre ambigua “reforma federal”, comienza a asomar un reformismo que en los últimos tiempos había permanecido en la sombra. Se trata de quienes consideran que el conflicto en Cataluña no se resolverá federalizando de iure el Estado, sino haciendo casi lo contrario: deshaciendo el famoso “café para todos”. Ahora bien, estos observadores no abogan por la recentralización, sino por una suerte de federalismo asimétrico que estaría en el verdadero espíritu de la Constitución del 78; un espíritu que entienden sucesivamente pervertido —ley orgánica mediante— por las Cortes Generales. Consideran que España resolvería sus problemas territoriales desempolvando la inédita “Constitución de Gades”, aquel borrador de 1977 que reconocía únicamente tres territorios históricos, antes de que las exigencias de Andalucía para ser reconocida como territorio histórico abrieran la cafetera a las demás regiones. Ya saben, de tres parlamentos autonómicos previstos, se pasó a diecisiete, y el tumor territorial estaría precisamente en aquel “no vamos a ser menos” que entonaron algunos.

El diagnóstico que realizan es que de haberse respetado la especialidad de las presuntas naciones históricas, impidiendo la proliferación de parlamentos regionales, se habrían evitado las crisis territoriales de los últimos años. Es decir, el origen de nuestros males está en la homogenización que supuso poner al mismo nivel a regiones anodinas, en muchos casos inventadas, y a “territorios históricos” con “hechos diferenciales”. Parecería que el hecho de que Madrid, Murcia, Extremadura o La Rioja obtuvieran su parlamento y su bandera enfadó tanto a los nacionalistas catalanes que, décadas después, se vieron abocados a romper con el Estado por la vía insurreccional.

Pero esta improbable relación de causalidad entre “café para todos” e independentismo no es lo más grave de este análisis. Lo verdaderamente preocupante es que esta lectura implica una concepción nacionalista del territorio político que compartimos: frente al mapa de la Península estos observadores perciben fronteras naturales que merecen ser reconocidas como tales en la Constitución. Considerar que existen comunidades identitarias prepolíticas (“naciones”, dicen ahora) constituye un error de base: las identidades colectivas no son innatas y, por lo tanto, no pueden ser prepolíticas. No es la nación la que engendra el nacionalismo, sino el nacionalismo el que inventa la nación. Una de las contradicciones más flagrantes de la izquierda reaccionaria consiste en llamar construcción social a casi todo, mientras dan estatus de natural e inmutable a unas supuestas realidades nacionales que, en el mejor de los casos, tienen apenas doscientos años.

Siguiendo con el diagnóstico, esta reforma constitucional no supondría la derogación del texto del 78. Al contrario, sería aplicarlo con más escrúpulo que nunca. El mapa quedaría dibujado con cuatro comunidades históricas: Cataluña, País Vasco y Galicia, y después, “España”. Pero España nunca ha existido con independencia de las anteriores, así que esta reforma supuestamente tan historicista, tan fiel a las realidades culturales de la península, daría como resultado un mapa artificial e inusitado. Y lo que es peor, seguiríamos sin saber si el remedio saciaría la voracidad del nacionalismo. Aunque eso, en realidad, no importa. La propuesta es solo un placebo; uno más. Como nos recordó recientemente la orden que regula los productos homeopáticos, su particularidad es que no curan nada.

Más de este autor

Compañero de naufragio

«Sabemos que no son las creencias las que deciden el voto, sino el voto el que decide las creencias, que nos movemos a ciegas por una meseta incierta»

Opinión

Delirios de censura

«Escuchándole, me acordé del Podemos de 2014, cuyos diagnósticos siempre empezaban bien y después caían en el delirio»

Opinión

Más en El Subjetivo

Andrés Miguel Rondón

Nosotros los de marzo ya no somos los mismos

«Pero sobre todas las cosas tengo ahora un miedo, un miedo tan profundo como políticamente incorrecto, a que me vuelvan a encerrar. Y tengo unas ganas, unas ganas tan grandes como políticamente incorrectas, a volver a ir a la oficina, a viajar bien lejos de aquí y a donde me dé la gana, a vivir en una normalidad donde volvamos a hablar de otras cosas, a ser, en definitiva, el mismo que fui en marzo»

Opinión

Pilar Cernuda

Algo se mueve…

«Al finalizar el debate ha quedado en el ambiente un nosequé que abre la puerta a la posibilidad de que España supere los muchos males que hoy sufre: un gobierno que depende de populistas, independentistas y socios de los terroristas»

Opinión

Daniel Capó

El rencor inmortal

«Pienso mucho en el rencor porque en mi juventud no creía en él, a pesar de la maldad presente ya en la infancia. Ha sido un descubrimiento de la vida adulta, que es la edad de las traiciones y los desengaños»

Opinión

Luis Arenzana

From Pandemic to Pandemonium

«We strongly believe the Pandemic will extend Government influence to most formerly private enterprises because politicians will not be able to contain their desire for this second opportunity at grabbing more power and control over the means of production»

Opinión