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Ciencia contra religión

El ecologismo es una religión deshumanizada y peligrosa. Su sustento es la teoría Gaia: el geoteísmo. La consideración de la Tierra como un ser viviente, que tiene conciencia propia. El ecologismo nos ha traído a los inicios del hombre, cuando sacralizaba al río, a la lluvia, a los astros, al fuego. Esas ideas se sustituyeron por el monoteísmo, la concepción de un Dios creador que dio vida a los hombres y lugar para desarrollarla, y ahora este geoteísmo nos lleva a adorar de nuevo a la naturaleza.

Según la teoría de Gaia, hay una lucha entre la conciencia del hombre, su egoísmo, su creatividad y tecnología, y la conciencia de la Tierra. Greenpeace explica, en su panfleto El paraíso perdido que necesitamos “una profunda conciencia ecológica” y “romper con la tradición científica que hasta ahora ha dominado y dado forma a nuestra relación con la Tierra”. Y eso es, precisamente, lo que ha hecho Greenpeace desde el principio: romper con la tradición científica.

Pero, como dejó claro el caso del marxismo, se puede imponer una ideología genuinamente anticientífica si se reviste precisamente de ciencia. Greenpeace, epítome del ecologismo, viste de ciencia su cruzada contra el conocimiento contrastado y ordenado y sus aplicaciones prácticas. Por eso, declaraciones como la de un centenar de científicos han firmado contra su postura contraria a los transgénicos, le hacen daño. Porque la desnudan y dejan en cueros su odio irracional contra la obra del hombre.

La lucha contra los transgénicos es estratégica para el ecologismo. Es una religión que somete a la humanidad al sacrificio; un sacrificio masivo desde la constatación de que sobra una parte muy importante de quienes poblamos la Tierra. El arroz dorado podría salvar a millones de vidas y contribuir a expandir nuestra presencia en este punto azul del infinito, y Greenpeace hará lo que esté en su mano para evitarlo. Los científicos han acusado a la organización de liderar “un crimen contra la humanidad”. Como diría Talleyrand, “es peor que un crimen; es un error”.

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