Gabriel González-Andrio

Cinco minutos con Pistorius

Hace casi tres años me presentaron a Oscar Pistorius. Fue tras una interesante conferencia impartida en un congreso internacional sobre marketing deportivo en Barcelona (Global Sports Forum). Durante la charla, el atleta sudafricano habló de superación.

Opinión

Cinco minutos con Pistorius

Hace casi tres años me presentaron a Oscar Pistorius. Fue tras una interesante conferencia impartida en un congreso internacional sobre marketing deportivo en Barcelona (Global Sports Forum). Durante la charla, el atleta sudafricano habló de superación.

Hace casi tres años me presentaron a Oscar Pistorius. Fue tras una interesante conferencia impartida en un congreso internacional sobre marketing deportivo en Barcelona (Global Sports Forum). Durante la charla, el atleta sudafricano habló de superación, de su ansiada particiapción en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y al final incluso dejó que el público tocara una de sus prótesis.

En unos cinco minutos es imposible conocer a nadie, pero sí me atrevo a describirle como un chico normal, sonriente, optimista y cercano. Todo eso unido a una cuidada imagen y el apoyo incondicional de Nike le convertía en un mito del deporte mundial.

Tras esta corta pero intensa experiencia, la noticia de sus disparos mortales a su bella novia Reeva Steenkamp me dejó helado. No daba crédito. Me sentía como esos personajes que salen en los telediarios entrevistados tras conocerse que entre sus vecinos había un asesino. La respuesta es casi siempre la misma: “pues parecía un gran hombre”, “nunca levantó sospechas”, “siempre estaba sonriente”, “era un tío normal”, etc.

Cuando uno está cara a cara con Pisturius, su rostro angelical solo dejaba entrever que te encuentras ante un tipo maravilloso, un ejemplo para una juventud necesitada de modelos auténticos.

Y en estas estábamos cuando una madruga Oscar desenfunda su pistola y acaba con la vida de esta mujer. Inexplicable por más explicaciones que ha tratado de dar. No seré yo quien juzge las intenciones del ex atleta sudafricano, pero todo lo que ha salido en los medios huele raro no, rarísimo. Que si oyó ruidos y pensaba que iban a robar, que si el bate era para no se qué historias, que si la pobre Reeva pidió auxilio, que si la oyeron vecinos, etc. Repito, todo suena a fabulación.

Así que si a Luis Suárez le ha caido una buena por parte de la FIFA tras pegar un mordisco a un contrario, ¿qué tendría que pasar con Pistorius? Espero que pronto acabe este lamentable serial, que sólo ha servido para aumentar el dolor de toda una familia a la que sólo le queda rezar, llorar a su hija, a su hermana, a su amiga,… y la justicia.

¿La habrá? Eso espero.

Más de este autor

Descansen en paz

Algunos ya no respetan ni el “descanse en paz, amén”. Debo reconocer que en algunos velatorios a los que he asistido no hubiera sido extraño ver una escena como la foto que ilustra la noticia. No digo yo que velar a un cadáver se deba convertir en un paño de lágrimas, pero otra cosa es convertir aquello en una especie de mercadillo donde todos hablan a grito pelado.

Opinión

El padre del novio

Al parecer la idea nació del padre del impronunciable Üzümcüoglu, quien dijo al diario Serhat Kilis que espera que “si Dios quiere, esto llevará a otros a compartir sus fiestas de bodas con sus hermanos sirios”. Esto es un corazón gigante y lo demás son sueños quiméricos.

Opinión

Más en El Subjetivo

Jaime G. Mora

Las transiciones del rey

«¿Será Juan Carlos el rey que lideró la transición de una dictadura a una democracia, el que la aseguró el 23-F, y al mismo tiempo el rey que facilitó la transición de una monarquía parlamentaria a una república?»

Opinión

Daniel Capó

Hijos de la ira

«Las estatuas nos juzgan con sus ojos. Nos miran y nos observan sin decir nada, calladas como una sombra que pesa sobre nuestras conciencias»

Opinión