José Carlos Rodríguez

Comisión de la verdad

En Política, las palabras quieren decir algo distinto de su verdadero y prístino significado. “Justicia” quiere decir habitualmente robo y reparto. La palabra “progreso” últimamente nos conduce a reavivar el racismo y el sexismo, tan atávicos.

Opinión

Comisión de la verdad
Foto: Alik Keplicz
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

En Política, las palabras quieren decir algo distinto de su verdadero y prístino significado. “Justicia” quiere decir habitualmente robo y reparto. La palabra “progreso” últimamente nos conduce a reavivar el racismo y el sexismo, tan atávicos. “Respeto” y desprecio son casi sinónimos. Un caso señero es el del partido Derecho y Justicia, que tiene la mayoría en el Parlamento de Polonia. Gracias a su impulso se ha aprobado una “ley”, otro término prostituído, que pena con hasta tres años de cárcel quien afirme, o sugiera, que Polonia participó o fue cómplice del Holocausto. La ley quiere establecer, a un tiempo, la “verdad” y el “orgullo” del país; más términos tergiversados. Y esa verdad, verdad política, afirma que la responsabilidad por los campos de concentración nacional socialistas recae en exclusiva en el pueblo alemán.

Cualquiera que haya estado en Auschwitz (nombre alemán de Oswiecim), haya leído el lema, hiriente y brutal en su cinismo Arbeit macht frei, y haya visto el corto que muestra la maquinaria del crimen nazi, o conozca someramente la historia sabrá que los campos polacos los crearon y operaron los alemanes.

Quizá eligieron aquél país por la combinación entre una gran concentración de población judía y el antisemitismo de la población polaca. También es cierto que muchos católicos arriesgaron su vida, no siempre con buen término, para salvar a miles de judíos. Pero lo es asímismo que muchos colaboraron con entusiasmo en el aparato criminal nacional socialista.

La norma no será ley hasta que no la firme el presidente Andrzej Duda, pero amenaza con dar un hachazo a la libertad de expresión de los polacos y de cualquier extranjero que pase por aquél país. Desde Europa se ve con enorme preocupación este último intento por parte de los populistas polacos de cercenar la libertad. Cuando los políticos definen la verdad, ésta es su primera víctima. Ardo en deseos de conocer cuál será la reacción de Europa cuando se enteren de lo que tienen previsto hacer los populistas en España.

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