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Cómo ser científico social en Twitter (en cinco cómodos pasos)

Foto: Marten Bjork | Twitter

Uno es lo bastante viejo para recordar cuando aquello del debate político basado en datos iba, al menos sobre el papel, de emplear la evidencia disponible para debatir sobre policies, no de usar credenciales académicas para mover cubiletes con bolitas, despistar al personal y hacer trilerismo sobre politics. Vale; quizás nunca sucedió así, pero la idea no estaba mal. Sobre el papel. No obstante, dada la deriva actual del concepto, creo que ha llegado el momento punki de que cualquiera se pueda montar la ciencia social por su cuenta en Twitter o el foro que se tercie. Con la voluntad de servicio público que siempre me anima, pongo a disposición de los lectores una sucinta guía para fungir de científico en cinco cómodos pasos. No se requieren conocimientos previos de estadística, pero ayuda la superioridad moral y cierta dosis de jeta.

  1. A los míos por lo estratégico, al enemigo por lo normativo. El principio básico de todo buen tertuliano con PhD, que permite convertir una intolerable perversión del sistema democrático o un ataque brutal a las instituciones en una jugada maestra de la estrategia o la comunicación política si lo hacen los míos. Lo importante es dar por hecho que los fines de unos son legítimos, buenos y benéficos, y los de los otros no. Con la práctica esto se llega a hacer de manera casi inconsciente y ni se nota.

 

  1. Los procedimientos y las reglas son fundamentales, salvo cuando dan exactamente igual. En relación con el punto anterior, la mejor forma de convertir el análisis normativo en lectura estratégica es minimizar la importancia de las reglas, procedimientos o principios que pone en juego la iniciativa o declaración. Sin embargo, por el mismo expediente, se niega la legitimidad estratégica del adversario tomando esos mismos procedimientos o reglas como tablas mosaicas de la ley cuando toque. Igualmente, los elementos simbólicos pueden ser clave de bóveda de la legitimidad del sistema, o bien una fruslería, dependiendo de a quién interese. Insistimos: la práctica y convertir el movimiento en reflejo lo son todo.

 

  1. Juegue con los tamaños, las proporciones y las perspectivas. Por ejemplo, con el CIS en la mano se puede sostener que, baudrillardianamente, los disturbios de Gamonal no tuvieron lugar: la preocupación por los aparcamientos en España es inapreciable. Sensu contrario, si de lo que se trata es de exagerar una realidad sobre la que las magnitudes agregadas no permiten tirar cohetes, vayamos al grano fino, a los enfoques cualitativos e incluso, si es preciso, a la observación participante: todo el mundo tiene un primo, un cuñado o un taxista a mano para encarnar la preocupante realidad que toque. Por otra parte, a veces interesa subrayar el flujo (la renta, los contratos que se celebran, la gente que entra por la frontera), a veces el stock (la riqueza, los contratos “vivos”, la población residente); no se confunda.

 

  1. Mucha Teoría de Juegos. Da lo mismo que la GT tenga relevancia o aplicación en el caso concreto, que hayamos identificado correctamente a los actores, que estos sean unitarios o que, cuando analicemos una organización, sepamos algo de su funcionamiento interno o tengamos información relevante sobre el caso. La Teoría de Juegos es lo bastante arcana para el vulgo para epatar y que parezca que no estamos tirando los dados o enmascarando prejuicios con fórmulas. Puntos extra por ir más allá del “dilema del prisionero” o el “juego del gallina”, que están muy vistos.

 

  1. Salga de su “zona de confort”. Es usted un experto, pero nada de lo humano le es ajeno. Siempre hay un ascua metodológica a la que arrimar su sardina. Y si no la encuentra, no se preocupe: vuelta al punto 4.

Consejo final: Si alguien, en el ejercicio de sus nuevas funciones como científico de guardia en internet, le afea el uso a la ligera de las técnicas anteriores, siempre puede atacar las motivaciones y la preparación intelectual del crítico, en la versión débil (“cuñado”) o fuerte (“trumpista”). Y, sobre todo, nunca olvide el principio ejemplarmente expuesto por el personaje de George Costanza en Seinfeld: It’s not a lie if you believe it.

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