Roberto Herrscher

Compañeros

Debáltsevo ha caído. Los prorrusos –ellos se definirían como rusos a secas– se han quedado con este vital cruce de caminos y vías férreas en el este de Ucrania. Los soldados que obedecen las órdenes de Kiev se retiran.

Opinión

Compañeros
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

Debáltsevo ha caído. Los prorrusos –ellos se definirían como rusos a secas– se han quedado con este vital cruce de caminos y vías férreas en el este de Ucrania. Los soldados que obedecen las órdenes de Kiev se retiran.

Debáltsevo ha caído. Los prorrusos –ellos se definirían como rusos a secas– se han quedado con este vital cruce de caminos y vías férreas en el este de Ucrania. Los soldados que obedecen las órdenes de Kiev se retiran. Esta semana Putin ha ganado. Es una jugada más en la larguísima partida de ajedrez entre dos rivales que todo el mundo daba por amortizados: los viejos enemigos de la Guerra Fría.

La batalla es de hace unas horas, pero esta foto parece sacada del baúl de los recuerdos. Es antiquísima, es actual, y es el futuro de un mundo que se ha vuelto más complejo, más oscuro.

Dime quién te acompaña en tu momento más oscuro y te diré quién eres. A este sobreviviente solo lo acompaña el único amigo que le queda a los soldados derrotados: su fusil. A su lado, erguido, impávido, el compañero de batallas no lo abandona.

Los que estuvimos en guerras – cualquier guerra – lo sabemos. A mí me tocó una, la lejana y exótica de las Malvinas en 1982. En otra vida yo fui un soldado argentino en esa demente aventura para recuperar unas islas perdidas en la niebla. “El fusil es como su novia”, nos decía el suboficial. “Cuídenla más que a su vida”. El mío tal vez me salvó de la locura.

Puede que el fusil que viaja a su lado haya salvado la vida de este triste soldado. Puede que juntos hayan matado a uno o más enemigos. Puede que alguna de sus víctimas esté aullando de dolor a esta hora en la cama de un hospital de campaña en Debáltsevo.

¿Hacia dónde vamos, compañeros, hermanos de un siglo violento y enrevesado? Este soldado y su fusil vuelven a casa. Se saben amigos. Se tienen. Se acompañan. Hoy por hoy, es lo único claro.  

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