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Con los ojos abiertos

Al nuevo gobierno, sea cual sea, le pido lo mismo que a mí: esforzarse por mantener los ojos abiertos

Foto: Javier Etxezarreta | EFE

En democracia, la política catalana de las élites del Estado ha consistido en un esfuerzo prolongado y constante por tener los ojos cerrados. Por élites del Estado no solo cabe entender a los partidos políticos nacionales y sus líderes, sino también a los creadores de opinión, intelectuales y periodistas, cuya actitud preferente ha sido la de no querer darse por enterados de la masa de intolerancia fronteriza con la xenofobia que crecía en Cataluña bajo la hegemonía –regalada, inobjetada y no prescrita por ningún mandato divino– del nacionalismo. Es verdad que hubo quien –como esos canarios que en las minas alertaban a los mineros, pues ya el veneno les impedía cantar, de la presencia de letales gases tóxicos– dio la voz de alarma y auxilio al resto de españoles. Pero la actitud habitual fue la de menospreciar esos avisos, y aun la de escarnecerlos entre acusaciones de tremendismo y temperamento conflictivo. Todavía lo es. Como en una vieja viñeta de El Roto, a quien señalaba el problema, le acusábamos de crearlo.

Algunos acontecimientos recientes nos han obligado a abrir los ojos y lo que hemos visto es tan desagradable a la vista que la tentación natural es volver a cerrarlos. Hemos visto a gente usar desinfectante para “limpiar” el suelo por donde ha pasado el rival político constitucionalista. Políticos electos que necesitan escolta policial para hacer campaña en ciertos pueblos, no necesariamente pequeños. O incluso en ciudades: Barcelona y Bilbao no se libran de ser escenario de intimidaciones y acoso al discrepante. Por cierto que en el País Vasco, donde los ojos nunca se pudieron cerrar del todo a causa de la naturaleza criminal que allí tomó una rama del nacionalismo, los párpados empiezan a pesar. Como si la convivencia y la reconciliación, como ha escrito con acerada melancolía el tuitero Prizbylewsky, consistiera en que el nacionalismo vasco pueda hacer política con normalidad y que las personas a las que antes se asesinaba deban hacerlo entre una lluvia de insultos. Hay quien dice que todo esto pasa porque hay que gente que busca problemas o que solo quiere provocar. Y tienen razón en cierto sentido, porque ejercer la libertad a veces es buscarse problemas (se tiene la libertad que uno se toma, decía Julian Marías) y porque provocar, provocan: las conciencias.

No sé quien ganará las elecciones el domingo qué viene, ni qué gobierno podrá formarse. Tampoco sé cual es la solución arquitectónica global que servirá para poner fin a nuestra pertinaz querella territorial. Pero sí sé lo que le pediré al nuevo gobierno, sea cual sea. Lo mismo que me pido a mí: esforzarse por mantener los ojos abiertos.

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