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Construir pueblo

Desde que su tren precintado llegó a la estación de Finlandia Pablo Iglesias no ha dejado nada a la imaginación. Ni siquiera quién patrocinó el viaje. Todo el corpus teórico de Podemos, como el de ElRubius, está en Youtube. A causa de la incontinencia que provoca la arrogancia, también conocemos al detalle el plan estratégico del partido. Mucho antes de que nadie le hubiera preguntado, Iglesias ya reveló cuál iba a ser la coartada iraní: Yo, como Lenin, tengo el deber de tomar mi tren. Política, amigos, es “cabalgar contradicciones”.

A Iglesias y Errejón les podrán acusar de muchas cosas pero jamás de falta de sinceridad. Podemos es el primer partido que viene con vídeo tutorial.

A Errejón desde hace algún tiempo se le está poniendo cara de personaje de Arthur Koestler. “Desgraciados de los vencidos a quienes la historia convierte en polvo”, decía el pobre Rubashov en ‘El Cero y el infinito’. Al portavoz todavía le queda un hilo de voz, disculpen el chiste, con el que seguir anunciando la concepción del nuevo hombre: “Hay quienes quieren aumentar la izquierda y otros queremos construir pueblo”. Esa hórrida formula de “construir pueblo” parece el lema de los Errejón. Así como los Lannister pagan sus deudas, los Errejón construyen pueblos. Hasta el punto de que ese es el título de la obra que compendia el pensamiento político del Gramsci de Somosaguas: ‘Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia’. De verdad.

Construir un pueblo, dicen, y todavía se alarman de que se les llame populistas.

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